jueves, 21 de mayo de 2026

VIVIR EN LA UNIDAD

Jn 17, 20-26

No entiendo cómo unos han recibido mucho, y otros apenas tienen para sobrevivir. Unos han nacido en tierra buena, mientras otros en tierra mala.

La desigualdad es muy grande y, a veces, me asustan los privilegios de algunos y la pobreza de otros.

Cuando me bebo un vaso de agua, me viene la imagen de aquellos que pasan sed.

¿Cómo es posible que exista esto en el mundo?, pensaba Emeterio. ¿No somos todos hijos de Dios?

Levantó la cabeza, miró para Manuel y le preguntó:

—¿Tienes alguna explicación de por qué hay tantas personas que sufren y pasan hambre, mientras otras viven en la opulencia?

Manuel le miró pacientemente y, con ternura, le dijo:

—Dios ha dado lo suficiente a la tierra para que haya para todos. Otra cosa es que el hombre, su administrador, no lo considere así.

Tomó la Biblia de su bolso, la apoyó en la mesa y abriéndola por Juan 17, 20-26, leyó:

—En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego solo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado…

Al terminar de leer el pasaje evangélico, cerró la Biblia y, mirándolo con cariño, añadió:

—Jesús ora por sus amigos, los de entonces y por los que somos, por la palabra de esos primeros.

Entonces, respondiendo directamente a la pregunta de Emeterio, dijo:

El amor ha de ponerse más en las obras que en las palabras, y todo lo recibido debe ser compartido. De modo que a nadie le falte lo necesario para vivir dignamente.

Emeterio empezó a darse cuenta de que era el hombre, con su egoísmo, el culpable de tantas desigualdades.

Nuestro desafío, como cristianos, es no dar lugar a la división ni a las desigualdades entre nosotros.

No debemos dejar que el espíritu de división, el padre de la mentira, entre en nuestro corazón.

Debemos buscar siempre la unidad; aunque cada uno sea como es, permanecer unidos debe ser nuestro fin.

 Una unión que nos permita vivir dignamente como hijos de Dios.

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