domingo, 17 de mayo de 2026

LLAMADOS A ANUNCIAR LA GLORIA DE DIOS

Mt 28, 16-20

A pesar de vivir en un mundo donde las noticias abundan las veinticuatro horas del día, Sebastián no se sentía informado.

No porque no llegaran las noticias, sino porque había muchas dudas de la veracidad de estas.

Estar conectado a tantas fuentes de información no siempre significa acceder a una comunicación verdadera.

Nos enfrentamos a múltiples desafíos y dilemas éticos: la privacidad, la desinformación, el exhibicionismo, la sobreexposición, la manipulación, el impacto en nuestras vidas cotidianas…

No estaba seguro de sí mismo, e incluso llegó a sentir dudas, como los apóstoles, del mismo Jesús en el monte de Galilea.

A la hora de la verdad, nuestro corazón vacila y es Jesús el que nos invita a decidirnos y actuar con determinación, a comunicar de verdad, con el tacto, gestos, pero también con palabras…

Pensativo y desorientado, Sebastián tomó un sorbo de café. Llevaba un buen rato sentado en la terraza de Santiago, y no encontraba la paz que da fuerza para anunciar esa Palabra a la que Jesús le animaba.

—¿Qué te ocurre, amigo Sebastián? —le dijo Manuel—, que llegaba en esos momentos a la terraza.

Le miró con cierta complacencia y añadió:

—¡Qué alegría verte, Manuel!, precisamente estaba reflexionando sobre nuestro compromiso de anunciar la Palabra del Señor…

Guardó un breve silencio y, mirándole con ansiedad, le preguntó.

—¿Qué piensas, Manuel, de ese mandato del Señor?

Con paciencia y cariño, Manuel tomó la Biblia y, apoyándola sobre la mesa, agregó:

—En el momento de su ascensión (Mt 28, 16-20), Jesús nos dice: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.

Levantó la cabeza y, mirando a Sebastián, le dijo:

—Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Tras una pausa breve, concluyó diciendo:

—Nos invita a ser portadores de la Buena Noticia, pero sobre todo de esperanza y consuelo en este tiempo que tanto necesita de ánimo y de Dios para enfrentarnos a la vida de otra manera…

Observando el gesto de asombro y satisfacción que iluminaba el rostro de Sebastián, dijo:

—Sabiendo que «estará con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

La tarea nos sobrepasa, pero todo cambia cuando descubrimos que Jesús camina siempre con nosotros.

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