viernes, 8 de mayo de 2026

EL AMOR NO SE DICE, SE VIVE

Jn 15, 12-17

La tertulia estaba muy animada hasta el extremo de llamar la atención de todos los que se acercaban.

La participación era intensa y el diálogo, fluido y atractivo.

—No entiendo cómo se puede predicar una cosa y hacer otra —defendía Hermelindo con vehemencia—. Eso tiene un nombre: hipocresía.

Pedro, en un tono más desenfadado, dijo:

—Lo que hagas con tu vida será lo que verdaderamente transmitas…

Hizo un breve silencio y concluyó:

—Porque las palabras, si no van de acuerdo con tus obras, quedan vacías y no llegan al corazón.

El ambiente estaba encendido y los aplausos sonaban con facilidad cuando la intervención de algún tertuliano era notable y sintonizaba con el sentir general.

En ese momento, Manuel, que dirimía también en la tertulia, dijo:

—Todo se reduce a amar. Porque el amor tiene que ver con dar y darse, con vida compartida y con sincronía entre palabra y vida.

Sonaron aplausos y Manuel, levantándose y alzando los brazos, agregó:

—En el capítulo 15 de Juan, del 12 al 17, Jesús nos lo dice con claridad: «Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado…

Al terminar de leer, mirando para todos, dijo:

—Es evidente que, si actuamos de esta manera, nuestras relaciones son sinceras, verdaderas y destierran la hipocresía y el engaño…

Permaneció unos segundos en silencio y, al final, dijo:

—Porque las palabras convencen… pero la vida es la que habla al corazón.

Sonó un estruendo de aplausos. Todos los tertulianos se levantaron y aplaudían a rabiar.

Estaba claro: donde hay amor, brotan verdad, justicia y paz.