sábado, 2 de mayo de 2026

LLAMADOS A PARTICIPAR

Jn 14, 7-14

Hay momentos en que mis fuerzas fallan. Todo se me viene abajo y siento que estoy al borde de un precipicio.

No encuentro salida y la desesperanza hace presencia. Busco en quién confiar y no encuentro palabras de esperanza donde apoyar mis sentimientos en esos momentos.

Todo se desmorona y la vida se hace cuesta arriba hasta el extremo de preguntarte:

¿Qué hago aquí?...

¿A dónde voy?...

¿Qué me espera?...

Al llegar a la terraza, Manuel quedó sorprendido al ver a Pedro desfallecido.

Sin poder remediarlo, le preguntó.

—¿Qué te ocurre? ¿Por qué esa cara depresiva?

Mirándole, casi sin darse cuenta de quién le hablaba, Pedro dio un suspiro y dijo:

—Estoy decepcionado y experimento que mi vida no tiene sentido.

Guardó un breve silencio y, levantando la cabeza, añadió:

—Me fallan las fuerzas para vivir y enderezar mi camino…

Hizo una pausa y continuó:

—No sé a quién acudir y en dónde recuperar mi energía.

Manuel, que se había mantenido en escucha, le puso la mano sobre la cabeza y, con ternura, le dijo:

—Estamos necesitados de una referencia que nos alumbre el camino…

 Y mirándole con compasión, le invitó a fijarse en Jesús.

—Quien le conoce, conoce también al Padre, que permanece en Él y hace las obras.

Se paró un instante, abrió la Biblia y dijo:

—En este evangelio de Juan 14, 7-14, Jesús se identifica con el Padre y nos revela que quien le conoce, también conoce al Padre.

Y pronunció en alta voz las últimas palabras:

—Y lo que pidan en mi nombre, Yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo…

Y mirando hacia el cielo, clamó:

—Si me piden algo en mi nombre, yo lo haré.

El rostro de Pedro parecía transfigurado. Era otro y su semblante transmitía paz. Ahora sabía en quién tenía que fijarse.

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