| Jn 14, 1-6 |
Cuando
era pequeño —pensaba Justino— deseaba intensamente ser mayor. En mi época, los
niños usábamos pantalones cortos hasta que llegábamos a cierta edad, y una de
las cosas que más anhelábamos era vestir pantalones largos, como los hombres.
Ahora, ya crecido, te das cuenta de que la mejor etapa de nuestra vida suele ser la infancia. Ignoramos muchas cosas y solo pensamos en vivir y jugar.
¿Por qué, entonces, ese deseo de crecer? Supongo que, como tantas otras, son etapas que vamos atravesando en el camino de la vida.
Con el paso de los años, experimentas que tu vida avanza hacia otro mundo. Este termina… y llegará otro.
—¿Es que piensas que detrás de esta vida hay otra? —preguntó Osvaldo.
—Sin lugar a duda —respondió Justino—. Es más, creo que esta es el camino que nos prepara para vivir felices en la otra.
Algo desconcertado, Osvaldo frunció el ceño y, mirándole con extrañeza, dijo:
—¿Realmente crees lo que dices o son solo suposiciones?
Manuel, que estaba al lado y había escuchado toda la conversación, intervino:
—Justino habla con sabiduría. Esta vida es un camino hacia la otra, pero no de cualquier manera…
Hizo una pausa. Sacó la Biblia, la abrió por el evangelio de Juan (14, 1-6) y proclamó:
—Jesús nos dice que en la casa de su Padre hay muchas moradas, y que va a prepararnos un lugar. Y cuando lo tenga preparado, vendrá y nos llevará con Él.
Continuó, con voz serena:
—Entonces Tomás le preguntó: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Guardó unos segundos, señaló el texto y añadió:
—Jesús le responde: «Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Levantando los brazos al cielo, lleno de gozo, proclamó:
—Nuestra referencia es Cristo. Él nos muestra el camino que conduce a la Casa del Padre. Su Verdad y su Vida marcan nuestras huellas y orientan cada paso.
A Osvaldo todo le había quedado claro. Ahora no solo conocía el camino, sino también a quién debía mirar para encontrarlo.
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