sábado, 6 de junio de 2026

APARIENCIAS

Mc 12, 38-44

Humberto se afanaba en demostrar que era una buena persona. Se paseaba por las calles más importantes luciendo su buena presencia y su generosidad.

Le gustaba destacar, ser tenido en cuenta y ocupar los primeros puestos en los lugares significativos. Para ello aprovechaba las ocasiones para hacer visibles sus obras de generosidad donde más gente pudiera contemplarlas. 

Humberto, avergonzado por su actitud, sostenía la cara agachada, incapaz de levantar la mirada.

Viudas invisibles, ignoradas por quienes viven pendientes del prestigio y del aplauso; mujeres espléndidas que lo dan todo y se entregan por completo.

Descubrir la grandeza en lo nimio, enseñar a ver de verdad, porque «solo en el corazón se puede ver bien», para que deje de ser invisible lo esencial.