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miércoles, 17 de junio de 2026

APARIENCIAS E IMAGENES

Mt 6, 1-6.16-18

Armando se movía con verdadero entusiasmo. Gozaba al verse rodeado de gente que admiraba su generosidad y su forma de relacionarse.

A veces, advertimos que lo que nos impulsa a hacer algo bueno es el lucimiento y los aplausos. Son apariencias que ocultan nuestra verdadera realidad, una realidad que nos traiciona y nos seduce.

—En muchos momentos —dijo Pedro—, me pregunto si hago las cosas porque las siento o, simplemente, para que me vean.

Manuel le miró con recriminación y añadió:

—Todo depende de tu intención…

Guardó unos breves segundos en silencio, bajó la voz y dijo:

—Si lo haces para que te vean, mala señal. Eso no tiene ningún valor delante de Dios…

Hizo una pausa y, mirándole con ternura, agregó:

—Pero, si tu intención es desinteresada y procuras pasar lo más inadvertido que puedas, llegando incluso a ocultar tu acción, la cosa cambia.

Pedro, algo confuso, comentó:

—¿Cómo que la cosa cambia? ¿A qué te refieres?

Manuel, con una suave sonrisa, le miró agradablemente y le dijo:

—No es cosa mía, lo dice Jesús en Mt 6, 1-6. 16-18, cuando habla de que nos cuidemos de no practicar nuestra justicia delante de los hombres para ser vistos…

Abrió la Biblia y, leyendo, concluyó:

—Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno no lo noten los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido…

Cerró la Biblia y elevando la voz, proclamó:

—Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

Armando permanecía mudo, y Pedro reconocía que sus actos no eran consecuencia de su buena intención, sino de su deseo de honores y reconocimientos.

Cuando se ama de verdad, no se busca el reconocimiento; se procura poner buena cara ante la adversidad, mudando el rostro en sonrisa y contento.

sábado, 6 de junio de 2026

APARIENCIAS

Mc 12, 38-44

Humberto se afanaba en demostrar que era una buena persona. Se paseaba por las calles más importantes luciendo su buena presencia y su generosidad.

Le gustaba destacar, ser tenido en cuenta y ocupar los primeros puestos en los lugares significativos. Para ello aprovechaba las ocasiones para hacer visibles sus obras de generosidad donde más gente pudiera contemplarlas. 

Humberto, avergonzado por su actitud, sostenía la cara agachada, incapaz de levantar la mirada.

Viudas invisibles, ignoradas por quienes viven pendientes del prestigio y del aplauso; mujeres espléndidas que lo dan todo y se entregan por completo.

Descubrir la grandeza en lo nimio, enseñar a ver de verdad, porque «solo en el corazón se puede ver bien», para que deje de ser invisible lo esencial.

jueves, 1 de enero de 2026

CONSERVABA TODAS ESTAS COSAS MEDITÁNDOLAS EN EL CORAZÓN

Lc 2, 16-21

    A veces vemos solo con los ojos de la cara y no con los del corazón. Entonces juzgamos por las apariencias y no por el conocimiento y la    relación. Nos importa más el continente que el contenido.

   Desde ese punto de vista, le damos más importancia a lo grande y espectacular, mientras lo pequeño lo miramos con cierta indiferencia.

   Desde esta perspectiva, Manuel se dirigía a los tertulianos. Reflexionaban sobre el valor de lo aparente frente a lo real.

    —Y pienso —dijo Manuel— que lo real es más grande e importante que lo espectacular y llamativo.
    —No lo veo así —dijo Federico—, interesado en demostrar que las apariencias tienen su valor.
    —Lo aparente no existe —dijo Manuel—. Es simplemente una especie de espejismo que vemos, pero que no es real.

    Teodoro, uno de los tertulianos más antiguos, no pudo quedarse callado, y  agregó:

    —Pero es lo que se ve, y en ese momento se hace realidad. Al menos para el que lo ve.

    Manuel esbozó una sonrisa en su rostro, y con gran paciencia y ternura, respondió:

  —En ese momento está aceptando una mentira por una verdad. Una apariencia que esconde una realidad, lo que realmente es. Y eso no tiene valor. Es falso.

    Permaneció unos breves segundos mirándolos, y tras una pausa, añadió:

   —Les invito a que lean el pasaje evangélico de Lucas 2, 16-21. Jesús no solo nace pobre, sino que quienes le visitan son los pastores, despreciados de la sociedad, que son bienvenidos y acogidos por la familia.

    El semblante de sus caras había cambiado. Ahora percibían que el valor de las cosas no está en lo que se ve, sino en lo que se es.

    Tras observar la transformación de sus caras, Manuel concluyó con estas palabras:

    —Ha venido a liberar y salvar a los humildes, despreciados, pecadores. Porque son ellos los únicos que se dejan acoger por ese niño tan pequeño y humilde, que se nos regala.

    El encuentro con los pastores tiene sus consecuencias: ver al otro desde lo que es y no desde los estereotipos o prejuicios, descubrir cómo la cercanía con lo pequeño genera agradecimiento, seguir esperando en las promesas de Dios, vivir desde la esperanza.


¡FELIZ AÑO 2026!

domingo, 5 de noviembre de 2023

EL PODER COMO SERVICIO

Vivimos en una continua apariencia tentados por nuestra propia vanidad. El diablo lo sabe y se aprovecha de esa inclinación para seducirnos hacia la satisfacción del tener, poder, riqueza y ser más que los demás. Incluso llegan hasta perjudicar o someter a aquellos que consideramos un obstáculo para poder acceder a algún determinado título u honor.

El poder alcanza su mayor prestigio y honor cuando se aplica, como servicio gratuito, sobre todo, al más necesitado. Esa es la condición que nos distingue de los que aparentando solo buscan y les interesa trepar y subir en poder y honores aparentes. Y no debemos excluirnos también nosotros porque todos somos pecadores y todos estamos tentados a esa inclinación.

Esa es la lucha de cada día y para la que necesitamos al Espíritu Santo. Precisamente, ha bajado a nosotros en la hora de nuestro bautizo para prevenirnos, avisarnos, fortalecernos y darnos luz a este respecto y a todos los peligros que nos seducen y acechan. Porque, nuestra naturaleza está profundamente herida por el pecado y necesita la asistencia del Espíritu Santo para poder resistir las tentaciones y seducciones del Maligno.

Cuando la comunidad está contaminada con estas intenciones trepadoras de poder, de saber, de ser el mejor, su apoyo es falso, arena movediza y, más pronto que tarde se derrumba, se contagia de apariencias, de falsedades y mentiras. Ahí dentro no puede crecer limpia la semilla del amor fraterno, y menos dar frutos.

Y esta realidad está presente en nuestras comunidades. Tenemos que reconocerlo y desde ahí tener la humildad de pedirle al Espíritu Santo que nos dé la luz y la humildad necesaria para saber vernos, interiorizar y reconocernos pecadores. Porque, ese es el problema del hijo pródigo, saber lo que ha hecho y levantarse humildemente.

Nosotros tenemos la ventaja de saber que nuestro Padre Dios nos espera con los brazos abiertos y nos perdona. Por tanto, reconozcámonos pecadores y, levantándonos emprendamos el camino de regreso a casa.

martes, 17 de octubre de 2023

APARIENCIAS ESCONDIDAS BAJO LA LEY

Hay muchas mentiras escondidas bajo las apariencias con las que nos mostramos y tratamos de presentarnos de una manera cuando la realidad es que somos otros. Porque, no es el cumplimiento y la ley la que refleja nuestra identidad sino lo que vive y palpita en lo más profundo de nuestro corazón.

Y es que el pecado se hace presente en nuestro corazón cuando escondemos nuestra verdad de manera consciente y deliberada. Mentir es ocultar la verdad al otro a través de falsas apariencias que la ocultan presentándola como buena y apetecible.

Refiriéndonos al evangelio que hoy nos ocupa diremos que aquel fariseo escondía sus mentiras bajo su ordenado cumplimiento de las normas exteriores que la ley dictaba pero, ¿y su corazón? ¿Qué sentía su corazón? ¿Acaso se puede aparentar ser bueno y rebosar de rapiña y maldad por dentro? ¿Qué prevalece?

No perdamos de vista que llegada nuestra hora nuestras apariencias serán descubiertas y seremos mostrados tal y como realmente somos, no como hemos querido mostrarnos. Evidentemente, eso nos ayuda a darnos cuenta de nuestros innumerables pecados. Al menos yo soy consciente de ello en los que se refiere a esconderme en mis apariencias ocultando mi verdadero rostro.

Una vez más me doy cuenta de la Infinita Misericordia del nuestro Padre Dios, que a pesar de nuestras mentiras y apariencias, pacientemente nos mira con amor y nos tiende su mano misericordiosa invitándonos al Banquete eterno que nos proponía el domingo pasado.

viernes, 14 de octubre de 2022

¡TENGO MIEDO, SEÑOR, DE MIS APARIENCIAS!

Soy consciente de que, aunque trate de evitarlo mis apariencias siempre están activas y, quizás sin darme cuenta, saltan en muchos momentos incluso sin mi permiso. Son impulsos instintivos que, conscientes o inconscientes, tratan de disimular mi circunstancias, mis errores, mis egoísmos y mi manera de ser.

Es evidente, Señor, son mis pecados. Pecados que quiero ver y descubrir en el cada día de mi vida. Pecados que quiero corregir de forma concreta y tratar, uno a uno, de ir limando, enderezando y mostrando tal y como se presentan y actúan. Porque, confío, Señor, en tu Misericordia y Bondad Infinita.

No quiero sostenerme y permanecer conforme en una vida de apariencias que sostengan mi fe de forma aparente sin estar sostenida y apoyada en raíces auténticas que la mantengan firme. No quiero, Señor, vivir en un cristianismo muerto y enterrado en las apariencias. Y, aunque confieso que tengo mucho de ese cristianismo de apariencia, mi actitud, Señor, es la de salir de ahí y, por tu Gracia y Espíritu, limpiar mi corazón de toda esa inmundicia de apariencias y convertirme a tu Palabra y responder a tu llamada.

A pesar de mis apariencias, experimento, Señor, tranquilidad. Y la siento porque sé que quiero salir de esa apariencia y mostrarme tal como soy. Pecador, sí, pero con deseos de arrepentirme y cambiar. Y esperanzado en tu Amor Misericordioso, mi Señor, que me fortalece y me asiste para que pueda vencer el mal, las desganas, la hipocresía y todo aquello que envuelve mi vida en nubes de apariencia y mentira.

Me pongo en camino y trato, con la asistencia del Espíritu Santo, despojarme de toda apariencia y ponerme el vestido de la autenticidad. ¡Adelante!

martes, 11 de octubre de 2022

SI TU CORAZÓN LO PONES EN LAS APARIENCIAS ANDAS MAL

Podíamos estar hablando de la necedad cuando damos más importancia a las apariencia, a lo externo que a lo propiamente interno. Porque, no es lo importante lo que está afuera y viene del exterior. Eso no contamina. Contamina y corrompe lo que arde dentro de tu corazón. Es el caso del Evangelio de hoy: lo externo, como el lavarse las manos, la vajilla y demás normas son necesarias e importantes, pero, nada más que eso, higiene y protocolo. Lo verdaderamente importante es lo que tú piensas y vives desde lo más profundo de tu corazón.

Jesús lo expresa muy claramente en el Evangelio de hoy lunes: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo».

Y esta forma de vivir y de actuar te va inundando de insensatez y, sin apenas darte cuenta, instalándote en la corrupción. ¡Cuidado! Se observa mucho en el terreno de lo político. Se empieza con buenas intenciones pero, luego, las tentaciones, los sobornos y la oportunidad de hacerte rico terminan por corromper tu corazón. Y cuando lo adviertes se te hace difícil volver atrás. Por tanto, mejor tener siempre limpio el corazón – lo interior – para que nunca seas corrompido.

 

—Suele suceder con mucha frecuencia, políticos con buenas intenciones terminan por someterse al confort, a la buena vida, y al dinero. Y, una vez instalados se les hace difícil salir de esa situación —comentó Manuel.

—Coincido con tu comentario —añadió Pedro. Cuidamos las apariencias, pero hacemos lo contrario con nuestras actitudes más profundas, ¡las escondemos! Y sin darnos cuenta caemos en la necedad.

—Es lo que suele suceder —dijo Manuel. Y al final todo su discurso se convierte en mentiras e hipocresías. Es eso lo que se transparentaba en aquellos fariseos del tiempo de Jesús.

 

Pero ¿sucede hoy lo mismo? Es la pregunta que hoy nos cuestiona y nos lanza la reflexión del Evangelio de hoy. Nos lavamos las manos y platos de nuestra vida exterior – apariencia – pero ¿hacemos lo mismo con nuestros compromisos y actitudes que salen de nuestro corazón?

martes, 15 de marzo de 2022

LAS APARIENCIAS ESCONDEN MENTIRAS

Tu vida puede tener dos caminos. Un camino en la verdad y otro en la mentira. Si optas por la verdad estás en el buen camino. Un camino difícil, pero bueno, gozoso y eterno. Un camino para el que necesitas la asistencia del Espíritu Santo, que has recibido en tu bautismo. De ahí, la gran importancia del bautismo.

Pero, por tu naturaleza herida y pecadora, estás tentado a elegir otro camino más cómodo, ancho y espacioso. Un camino donde tus apetencias, instintos, pasiones y ambiciones tienen vía libre para satisfacerse. Pero, un camino con final triste y trágico, un camino de eternidad de sufrimiento y dolor. Una verdadera tragedia. Es el camino de la mentira.

Mi humilde consejo: elegir la puerta estrecha. Ese camino en búsqueda de la Verdad con mayúscula. Un camino que desecha y se despoja de las apariencias. Un camino donde te muestras tal como eres, con tus defectos, con tus ambiciones y pecados, pero, un camino de esfuerzo por mejorar, por despojarte de todo aquello que te aleja de la verdad y te invita a mentir, a aparentar y a mostrarte engañosamente como lo que no eres.

Un camino donde las apariencias tratan de ocultarte y mentir con falsos cumplimientos que luego no se traducen en realidad. Mandan las circunstancias y tus caras y actos se adecuan a ellas. Son los que presumen de primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las celebraciones; son los que les gustan que le hagan reverencias y ser admirados en las plazas y ser llamados maestros. Jesús deja todo muy claro en el Evangelio de Mateo 23, 1-12: En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a

Solo tenemos una Referencia: El Hijo de Dios, nuestro Señor Jesús. Él, nos lo ha dicho el mismo, es el Camino, la Verdad y la Vida, y sólo Él nos guía y nos conduce al redil del buen Pastor. Él es nuestro único Maestro y en quien debemos fijarnos y escuchar todo lo que su Palabra nos enseña. Y, como Él ha hecho, tratemos de ser últimos – servidores – para ser primero; humillarnos para ser enaltecidos.

domingo, 29 de agosto de 2021

LA VERDAD SE ESCONDE EN EL CORAZÓN

Mc 7,1-8.14-15.21-23

Puedes aparentar y sacar muchas cualidades que en realidad no son tuyas sino tomadas en circunstancias que favorecen tus intereses y egoísmos. Porque, por muchos brilles en el exterior y ante los demás, lo único verdaderamente importante se cuece en tu corazón. Ahí está la realidad de tu ser y pensar y, a pesar de estar escondido a los ojos de los demás, la mirada de Dios penetra hasta el último rincón de tu corazón. Y, por supuesto, ve la verdad de todos tus pensamientos y actos reflejados también en el exterior.

Dicho esto, podemos comprender mejor las Palabras de Jesús: Mc 7,1-8.14-15.21-23): En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén, y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas. Es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas. Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: « ¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?».

La respuesta de Jesús es categórica: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres». Llama la atención las duras Palabras de Jesús. Entre ellas "hipócritas" porque viven en la apariencia y la mentira. Y eso debe servirnos también a nosotros hoy como medida de atención. Lo importante no son nuestros actos de piedad, sino nuestra relación con los demás en todos los órdenes de la sociedad en que vivimos.

Por tanto pongamos mucho cuidado a sus últimas Palabras: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».

sábado, 21 de agosto de 2021

ENTRE DECIR Y EL HACER VA UN TRECHO

 

Cuando se dice se espera que se haga, y si no sucede así nace la decepción y se aminora la autoridad. Porque, una gana autoridad cuando su palabra tiene cumplimiento en la vida. No todo termina en y con el decir, sino que luego debe concretarse y plasmarse en la realidad de lo cotidiano e cada día. Es pues lógico que entre el decir y el hacer va un trecho, y si ese espacio de tiempo no se concreta ese decir en obra, la palabra queda al descubierto e infravalorada. Como decíamos, pierde toda su autoridad.

Jesús nos lo advierte muy claramente: (Mt 23,1-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y...

La razón es que hoy sucede lo mismo que ayer. Mandan las apariencias y es lo que importa. Interesa aparentar aunque después pensemos y vivamos de otra manera. Se dice, pero no se hace lo que se dice. Simplemente se aparenta. Y eso ocurre dentro, afuera y en todas partes. En la familia incluso y en nuestras relaciones sociales como comunitarias. Y, sobre todo, en la política. Un mundo donde la palabra queda desvalorada y siempre en sospecha de engaño.

Así experimentamos como en los medios, la prensa, las televisiones se respira muchas apariencias que esconden mentiras revestidas de falsas verdades. Se dice lo que interesa, pero, luego se hace lo que mejor me va a mí y a mis intereses egoístas. Una mentira revestida de falsos progresismos que ya se respiraba en tiempos de Jesús. 

Porque, la única verdad es la coherencia entre la palabra y la vida. Y está claro que solo tiene un camino, el servicio, porque, será el mayor aquel que se convierte en servidor de la verdad y coherencia entre su palabra y vida. Pues, será ensalzado aquel que es capaz de humillarse y servir. Por el contrario, será humillado aquel que con sus mentiras y apariencias pretende ser ensalzado.

miércoles, 16 de junio de 2021

APARIENCIAS INFRUCTUOSAS

 

Las apariencias se quedan, valga la redundancia, en eso, en simples apariencias y no valen para nada. Puedes aparentar que eres tal o cual, que rezas, que eres una persona piadosa y que haces buenas obras de caridad, pero, si todo eso no sale del corazón y es consecuencia del amor de Dios y por amor a Dios, no vale para nada. Todo queda reducido a simple apariencia y solo sirve para engañarte a ti mismo.

Sin embargo, debemos tener siempre presente y en cuenta nuestra condición humana. Y sabernos que somos tentados constantemente a aparentar lo que realmente no somos y nos gustaría ser. Es la tentación con la que estamos llamados a luchar en cada instante de nuestra vida. Por naturaleza, heridos por el pecado original, somos egoístas y todos nuestros actos van dirigidos a satisfacer nuestros intereses y egoísmos. Eso nos empuja a aparentar y a no aceptar nuestras debilidades y flaquezas.

Salir de nosotros mismos, vaciarnos de nuestros egos nos cuesta mucho. Son superiores a nuestra propia capacidad y nos es imposible resistirnos a sus tentaciones. Necesitamos abrirnos al Espíritu Santo recibido en nuestro bautismo para lograr ser como nos gustaría ser.

sábado, 5 de junio de 2021

ESCONDIDOS BAJO LAS APARIENCIAS

 

Las apariencias engañan. A simple vista todas las personas representan y dan una imagen que luego tendrán que confirmar en su vida personal y ordinaria. No se es lo que se aparenta ser ni lo que se trata de parecer. Se es lo que realmente se hace cuando nadie te ve o cuando actúas espontáneamente sin ser vigilado ni observado. Por eso, en una ocasión: Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna... - Mt 6, 1-6 -.

Se trata de no buscar lucimiento escondido en las falsas apariencias, ni mostrarte tus bondades para ser visto y admirado. Porque, todo nos viene dado y regalado por la Gracia de Dios, y, de Él recibimos la fortaleza, la sabiduría y el poder para superar nuestros egoísmos, dificultades y hedonismos.

Se vive mucho de apariencias y de cumplimientos, y eso, aunque tiene su importancia, pues, no solo hay que ser, sino también parecer, no es lo fundamental si realmente detrás no hay una sincera actitud de vida coherente y comprometida con lo que haces, dices y vives. Tratemos de cuidarnos y de ser coherentes con nuestro diálogo con el Señor. 

Tratemos de no llevar dos vidas, una la aparente y otra la auténtica. Tratemos de que nuestra vida de relación con Dios coincida con nuestra vida real de cada día, donde el amor que reflejamos sea un fiel reflejo - valga la redundancia - del amor de Dios.

miércoles, 17 de febrero de 2021

LO AUTÉNTICO Y VERDADERO NO NECESITA EXHIBIRSE

Con frecuencia vemos que muchos exhiben sus bondades y generosidad con la intención de ser aplaudidos y admirados. Nadie quiere callarse sus buenas obras y trata de ponerlas a la luz con bombo y platillo. Sin embargo, en el caso contrario, es decir, cuando hacemos algo que nuestra propia conciencia nos tacha de malo y de que no está bien, inmediatamente lo escondemos. Es decir, buscamos sacar y exhibir lo bueno y esconder lo malo.

Y eso no parece correcto. Uno debe y tiene que mostrar lo que realmente es y como es. Ayer decíamos que tus frutos - tus cosas buenas o malas - dictarán sentencia sobre tu persona. Clamarán al viento tu forma de ser y no esconderán nada de lo que realmente tú seas. A pesar, como descubre hoy el Evangelio de - Mt 6,1-6.16-18 - de que te guste aparentar mostrando lo que no eres delante de los demás. 

Jesús nos lo dice hoy claramente:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.»

¿Tiene eso sentido? Todo el del mundo, pues, si exhibes tus buenos actos, ya obtienes tu premio por los aplausos y admiración que obtienes. Has sido pagado. Es lógico que guardes tu secreto para que tu Padre - que ve en lo secreto - te premie por tu humildad llegado el momento. Y lo mismo ocurre con la oración. También nos lo descubre nuestro Padre Dios hoy en el Evangelio: 

 Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

martes, 13 de octubre de 2020

LO QUE SE HACE EN EL EXTERIOR TIENE MUCHO DE APARIENCIA

Lc 11,37-41

 

 

En realidad todo lo exterior puede ser carne de apariencia. Al menos es una posibilidad porque nadie puede garantizar que lo externo sea auténtico. La posibilidad de que se haga apariencia y se trate de esconder lo que se es por cuestiones de interés está al filo de la navaja. El tiempo actúa como juez y, tarde o temprano la verdad emerge para poner la realidad en su justo lugar.

Por experiencia sabemos que las verdaderas intenciones del corazón no se pueden conocer y, por tanto, tampoco juzgar. Nadie puede saber lo que esconde el corazón humano y eso le da oportunidad para aparentar y engañar. Es verdad que nosotros nos sorprendemos de muchas cosas  que vemos hasta el punto de criticarlas, sin embargo no miramos para dentro - nuestro interior -  ni reflexionamos sobre nuestras actitudes y actuaciones respecto a nuestros comportamientos. 

Así ocurrió en aquella casa donde Jesús fue invitado a comer: En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: « ¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros». 

Tratando de reflexionar, nos preguntamos: ¿No es esa nuestra manera de actuar? Nos importan más las apariencias que la verdad. Metemos la basura debajo de la alfombra y, escondida, aparentamos limpieza. Pero, en realidad, ¿está nuestro corazón limpio de malas intenciones? Indudablemente, aparentamos lo que en realidad no somos y escondemos nuestra realidad. Llevamos siempre nuestra careta de apariencia hasta en el mismo carnaval, donde posiblemente nos la ponemos doble aparentando ser otro.

martes, 29 de septiembre de 2020

DESDE LO MÁS PROFUNDO DEL CORAZÓN HUMANO

 

Es de necio esconderse bajo las apariencias de mostrar lo que realmente no se es. Y es de necio porque, la necedad de obviar la realidad es doble necedad. Tarde o temprano la verdad emerge y tu realidad escondida bajo las apariencias te desnuda y te dejan en evidencia. Una evidencia mucha más dura que el mostrar lo que eres desde el primer instante de tu vida.

Repetidas veces, Jesús descubre esa necedad del hombre y habla de presentarse tal como se es, sin apariencias ni dobles intenciones. Parábolas como el fariseo y publicano - Lc 18, 9-14 - o como la de los dos hijos - Mt 21, 28-32 - y otras nos hablan de la apariencia del engaño y la doblez de nuestras profundas intenciones. No vale decir sí y luego hacer lo que te viene en gana. Mejor, aunque digas no primero, luego, después de acercarte y ver, responder con un sí verdadero y comprometido es coherencia y sentido común que hace justicia a la verdad.

Es el caso de Natanael, que en principio pensaba que de Nazaret no podía salir nada - Jn 1, 43-51 - tras acercarse a Jesús ve las cosas de otra manera y se da cuenta de que Jesús es el Hijo de Dios: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Y es que después de escuchar y ver, nuestro corazón percibe la realidad de forma limpia, auténtica y verdadera. Y se da cuenta donde está la Verdad. Esa Verdad que cambia tu corazón y le señala el camino por donde encontrará esa felicidad eterna buscada y anhelada.

Por otro lado, la experiencia de los ángeles nos muestran esa realidad de la que Jesús nos habla en el Evangelio de hoy: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre». Y digo experiencia porque en muchos momentos de nuestra vida hemos experimentado esa cercanía de Alguien que nos ha auxiliado, nos ha avisado, nos ha empujado a salir de aquel atolladero o peligro que nos amenazaba. El Ángel de la Guarda está siempre a nuestro lado y está para protegernos, auxiliarnos y mantenernos siempre en la esperanza de cumplir la Voluntad de Dios.

martes, 25 de agosto de 2020

EL FUNDAMENTO: LIMPIEZA DE CORAZÓN

MATEO 23, 23-26 | Mateo 23, Evangelio de hoy, Evangelio
Mt 23,23-26
Nuestro mundo da más importancia a lo exterior, es decir, a la apariencia delante de los demás que a lo interior, es decir a lo que no se ve y se vive en la intimidad. Parece, al menos así se transmite, que lo que verdaderamente importa es lo que se y parece, sin importarnos lo real, que es lo que verdaderamente debe importar.

Y no es así. Todos nos damos cuenta enseguida de que lo importante es lo que ocurre en la realidad, no en las apariencias. La verdad, la sinceridad y el mostrarse con limpieza y honradez, transparentando lo que realmente guardas en tu corazón es el valor fundamental y real de la vida de cualquier persona. Todos huimos de la mentira y, aunque estamos tentados e inclinados a mentir, sabemos y comprendemos que está mal. 

Sabemos que aparentar es mentir y engañar a los demás y eso, delante de Dios, es un grave pecado. Porque, es una forma de vivir la mentira que tu corazón esconde y lo contrario a lo que dices y aparentas ser. Sin embargo, incluso no queriendo, caemos. Pero, la esperanza de, por la Misericordia de Dios, tener la oportunidad de levantarnos y reconciliarnos por el Sacramento de la Penitencia con nuestro Padre Dios, es la puerta que Jesús, nuestro Señor, nos ha dejado para, limpios, continuar la marcha.

Lo verdaderamente grave es cuando conscientes de nuestras mentiras, engañamos y aparentamos, resistiéndonos en dejarlas vivir en nuestro corazón y nos instalamos en esa vida de engaños y pecado.

martes, 27 de agosto de 2019

¿TENGO LIMPIO MI CORAZÓN?

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La pregunta que todos tenemos en nuestros labios subyace en nuestra conciencia y despierta nuestro corazón. Realmente, ¿tengo limpio mi corazón? Cada día se libra una batalla dentro de mí en el esfuerzo constante por mantener limpio mi corazón. Y lo hago en la medida que me esfuerzo en vivir en la verdad, en la justicia y la misericordia. Es la lucha de cada día y la coherencia que me exige mi fe.

Porque, no basta cumplir con los ritos y las prácticas de piedad, sino que, paralelamente, mi vida interior, y principalmente en mi corazón, donde se cuecen todas las batallas, debe ir en sintonía con la vivida en el exterior. De ser de otra forma lo que transmito son puras apariencias que en lugar de dejar un buen testimonio escandalizan y alejan de Xto. Jesús.

Es pues de vital importancia sostener el equilibrio exterior e interior. Es decir, vivir sin mentiras y sin doble vida. Vivir sin apariencias, sino en la autenticidad de transmitir lo que realmente eres y crees. Si bien, eso no significa que no te reconozcas pecador y aceptes tus pecados cada día. Precisamente, tal y como dijo el Papa Francisco refiriéndose a la fidelidad y tratándola de definirla: "la fidelidad es la debilidad bien acompañada". Es decir, reconocerme débil, pecador y necesitado de ir bien acompañado.

No por cualquiera sino por alguien que pueda orientarme y acompañarme espiritualmente por el buen camino que no es otro que aquel que conduce a un encuentro con el Señor. No cabe ninguna duda que ir de la Mano del Espíritu Santo es lo más indicado, pero también necesitamos recibir buenos consejos de alguien que aquí abajo nos pueda ayudar y orientar.

Vivamos, día a día, en el esfuerzo de sostenernos limpio tanto interiormente como exteriormente transmitiendo una fe coherente y auténtica injertados en el Espíritu Santo y apoyados en la comunidad y el asesoramiento espiritual.

martes, 16 de octubre de 2018

LAS APARIENCIAS NO TIENEN SENTIDO

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Lc 11,37-41
La vida es algo más que reglas y preceptos. Es obvio que se necesitan y son de gran ayuda, pero si el precepto no va acompañado de la vivencia es que algo falla y se falsea en la vida. Porque, las apariencias no tienen sentido, son un engaño y una mentira. Hoy dices sí y mañana no. Todo va según los intereses y conveniencias. 

No se puede vivir de las apariencias exteriores, porque lo que va por dentro es lo verdaderamente auténtico. No se es lo que se parece y aparenta, sino lo que realmente se muestra interiormente cuando habla el corazón. Jesús hace hincapié en esa doble vara de medir de los fariseos, y les descubres en sus apariencias y falsedades ante sus faltas de coherencia en la vida. Por un lado se muestran cumplidores ante la ley, pero, por otros se conducen según sus intereses y caprichos.

No limpia su corazón interiormente sino se cuidan de aparentar exteriormente y de parecer lo que realmente saben que no son. Sólo les interesa ser vistos y admirados sin importarles los demás. Miran para otro lado ante el sufrimientos de los marginados o necesitados. No se preocupan de limpiarse por dentro ni de purificar sus malos pensamientos. Se sienten importantes por su poder y por ocupar los primeros puestos sin importarles las necesidades de los demás.

Se trata de limpiar nuestro corazón y poner a disposición de los más necesitados lo que hemos recibido y guardamos en nuestro corazón. Se trata de compartir y sacar al exterior lo bueno de nuestro interior, los buenos sentimientos que dignifican al hombre y alivian a los necesitados. Se trata de cumplir dando ejemplo y testimonio de misericordia y de amor.

sábado, 25 de agosto de 2018

VIVIENDO EN APARIENCIAS

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Sucede en muchos momentos de nuestra vida, vivimos de apariencias y, sin darnos cuenta o dándonos cuenta, engañamos a los demás, pues hacemos de nuestra vida una farsa. Quizás cuando lo hacemos sin caer en la cuenta, de forma impulsiva e instintiva, estamos en el mejor de los casos, pues no somos muy consciente de lo que hacemos. Pero, sea como sea, nunca será bueno vivir de las apariencias, pues apoyamos nuestra vida en una base poco solida - arena - falsa y proclive a hundirse a la menor tempestad.

Siempre es mejor, y también lo correcto, vivir en la verdad, aunque en algunos momentos nos duela y sea difícil sostenerse en ella. Aunque, a veces, no sepamos muy bien qué hacer cuando las equivocaciones son causa del error humano o por la pobreza de nuestra limitada sabiduría. Siempre encontraremos consuelo y misericordia en el Señor.

Otra cosa diferente sucederá cuando nuestras obras son conscientes y apoyadas en una suficiencia orgullosa y soberbia que nos eleva por encima de los demás. Queriendo ser ejemplo para otros y cargándolos con tus exigencias y recomendaciones  doctrinales y erigiéndote maestro y señor ante los demás y queriendo que así te traten.

Jesús nos recomienda hoy que escuchemos lo que dicen y, en espíritu, hagamos lo que dicen pero no lo que ellos hacen, porque sus ejemplos dejan mucho que desear. Ellos dicen, pero no hacen. Es lo que en muchos momentos de nuestra vida nos ocurre con compañeros, sacerdotes y otros. No nos dan buen ejemplo. Dicen pero no viven lo que dicen, o al menos no lo intentan. Por eso, para nosotros lo importante es la Palabra de Dios y, apoyados en el Espíritu Santo, discernir qué hacer y cómo obrar. 

Porque, no se trata de ser ejemplo ni de adoptar poses para que se fijen en ti y te admiren, sino de servir en silencio y en verdad. Lo que importa es que el Señor sea el centro de tu vida, pues Él te ve y sabe profundamente de tu silencio y de tu obrar.

martes, 27 de febrero de 2018

INFECTADOS POR DENTRO

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Mt 23,1-12
Todos buscamos en algunos momentos aparentar. Sobre todo cuando nos cogen de sorpresa o cuando tenemos una cita importante. La convivencia con otros cataliza la apariencia, pues no nos justa quedar mal o por debajo del otro. Todos sacamos nuestras mejores virtudes, prendas o cualidades o, en su lugar, buscamos aparentarlo. Es una tendencia natural contra la que tenemos que luchar, porque, por encima de las apariencias está la verdad.

Eso, característica muy natural del género humano, sucedía en tiempos de Jesús. Y los escribas y fariseos hacían uso de esa artimaña de apariencia para sobresalir y quedar bien ante los demás. Mandaban, pero ellos no movían un dedo. Buscaban los primeros puestos y los lugares destacados donde eran bien vistos y tratados con honores y bendecidos saludos. ¿No nos suena eso también en nuestro momento? Pero, bien sabemos que todo eso, aunque suele engañar, termina por derretirse por sí mismo. Lo falso se desvirtúa y se descubre a sí mismo. Sólo la verdad se sostiene y siempre emerge para afirmarse y salir victoriosa.

De nada nos vale aparentar, porque, sabemos que, tarde o temprano sólo permanece y triunfa la verdad. Ese es el problema de los matrimonios y también de las familias y todo grupo o convivencia.. Cuando se convive en la mentira y en la apariencia, pronto se enfrentan a la verdad, y, por consiguiente, nace la discordia, el enfrentamiento y la separación. Y en esa realidad subyace todos los problemas de la humanidad. 

Todo lo que reluce por fuera confunde y engaña, pues una nuez cocosa o vana, por fuera es lo mismo que una nuez sana. Pero, al abrirla, una está hueca y vacía, y otra llena del fruto buscado. De la misma manera, los hipócritas pretende presentarse de una forma, cuando en realidad son otra. Y eso, a la larga se descubre y se ve. No hay nada con sentido por dentro. Todo es falso y engañoso. Buscan ser vistos, honores y primeros puestos, y pierden el verdadero sentido del valor de la persona y la dignidad de ser hijos de Dios.