Mostrando entradas con la etiqueta coherencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta coherencia. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de febrero de 2026

COHERENCIA

Mc 6, 7-13
  Se tenía por buena persona y buen cristiano. Cumplía todo lo establecido por la Iglesia, pero de puertas para afuera nadie intuía su pertenencia católica.

Un día, que andaba atareado en sus asuntos personales, pasó por un lugar donde había una persona algo descuidada, tumbada en un banco de aquel parque y con un semblante enfermo. Nadie se paraba a ver qué le ocurría. Todos, eso sí, miraban, pero seguían su camino.

Antonio se detuvo y, apartándose a un lado, observaba a aquella persona. No daba señales de vida y, por un momento, pensó que podía estar muerto. Sin embargo, no se atrevía a moverse ni a hacer nada.

Pasaron unos minutos y no parecía suceder nada hasta que acertó a pasar por allí una persona de aspecto humilde y algo desaliñado. Vio a la persona tendida en el banco y se acercó con mucho cuidado. Notando que no se movía, la tocó y, viendo que no respondía, la zarandeó un poco.

Fue entonces cuando la persona abrió sus ojos y dijo:

—Me siento mal, ¿puede ayudarme?

La persona que se había acercado quedó sorprendida y respondió:

—¿Qué puedo hacer por usted?

—Llame a alguien que pueda socorrerme, me siento muy débil y sin fuerzas.

Juan, que así se llamaba la persona que se había acercado, miró para todas partes y acertó a ver a Antonio. Con un gesto y grito, le llamó:

—Oiga, usted, venga, por favor. Si tiene a mano un móvil, llame a una ambulancia, por favor; esta persona está muy mal.

Antonio se acercó tímidamente y sin mucho interés por ayudar, pero al llegar, la persona tumbada en el banco se incorporó con naturalidad. Ambos se quedaron asombrados.

—Pero, ¿qué le ha pasado? —dijo el desaliñado—, ¿se encuentra ya bien?

Mirando a ambos, sobre todo de manera más tierna y directa a Antonio, dijo:

—No tengo nada. Simplemente se me ocurrió ver cómo responde la gente ante un caso de necesidad o de auxilio. Y la prueba ha sido reveladora. Son muy pocos los que viven su fe coherentemente.

Y mirando para Antonio, le susurró de forma indiscreta:

—Una fe sin obras es una fe muerta.

En ese momento, Antonio comprendió que su comportamiento dejaba mucho que desear. Sintió vergüenza y que estaba muy lejos de lo que él pensaba. Desde ese momento se prometió ir mejorando y tratar de que su fe fuese más acorde y coherente con su vida.

martes, 28 de octubre de 2025

ORACIÓN Y ACCIÓN

    Su disciplina y horario le exigían madrugar. Juan era madrugador, pero no tanto porque le gustara, sino porque su ruta de trabajo se lo imponía. Desde las seis de la mañana, los pasos de Juan se oían en la casa.

    «Juan ya está levantado», pensaba la madre al escuchar sus pisadas.
    Y así era. Pero tras el ruido de asearse y vestirse, venía un silencio. Su madre conocía la causa: era el momento de la oración.

   Juan exponía ante el Señor su trabajo del nuevo día y a Él se encomendaba. Luego venía la segunda parte: la acción, la realización concreta de lo orado.

    Si tu oración no va acorde con tus obras, algo está fallando.

    La falta de sincronía entre lo espiritual y lo humano revela una incoherencia que deja al descubierto la hipocresía. Porque quien no hace lo que dice, es hipócrita.

    Era domingo, y tras la celebración eucarística —la misa—, Juan solía dar un largo paseo y descansar luego en la terraza. Los domingos no solían formarse grandes tertulias, pero algunas veces sí… ¡y de las buenas! Aquel día se había reunido una bastante numerosa y muy prometedora.
Juan escuchaba atentamente y, cuando algo le tocaba el corazón, intervenía.
 
    —¿Qué opinan ustedes cuando las palabras no van de acuerdo con las obras? —preguntó uno de los tertulianos.
    —Pues que se está mintiendo —respondió Manuel—. O dicho de otro modo: quienes actúan así son hipócritas; dicen lo que luego no hacen.
    —¿Alguna opinión más, aparte de la de Manuel? —preguntó el primero.
   —Estoy de acuerdo —comentó Pedro—, pero esa hipocresía pronto queda descubierta, y trae sus consecuencias.
    —Claro. De ahí la importancia de decir no solo lo que se piensa, sino también mostrarlo con la vida. Eso fue precisamente lo que hizo y enseñó Jesús a sus apóstoles (Lc 6, 12-19), cuando, después de pasar una noche entera orando a su Padre, eligió a sus discípulos íntimos, a quienes llamó apóstoles.
    —Pero… al parecer eso no basta —replicó Pedro algo disconforme—. Jesús tuvo algún fallo en su elección.
    —Sí, Judas Iscariote lo traicionó —admitió Manuel—, pero eso no demuestra un fallo de Jesús, sino la libertad del hombre. Cuando uno se aparta de la oración, puede quedar en manos del maligno y hacer el mal.
     —Solo hay que ver cómo terminó —dijo quien había iniciado el debate.
    —Lo evidente —concluyó Manuel— es que toda acción lleva una preparación. Y nada mejor que abrirse en oración a nuestro Padre Dios, pidiéndole luz, fortaleza y voluntad para hacerla lo mejor posible.
 
    Los apóstoles aprendieron de la práctica de Jesús, al contemplar cómo vibraba ante las personas, cómo se entregaba a ellas y cómo servía desde lo que lo animaba: una unión constante y afectiva con el Padre, y una compasión que lo llevaba a cuidar y sanar.

    También tú, y yo, somos elegidos para llevar su Palabra a través de la humildad de nuestras vidas: sin aspavientos ni suficiencia, sino con el testimonio sencillo de quienes proponen una vida de amor, justicia y misericordia.

sábado, 3 de agosto de 2024

SOLO LA VERDAD PERSISTE Y TRIUNFA

Lo hemos experimentado muchas veces, la vida apoyada en la mentira y cobardía siempre termina frustrada y perdida. La historia nos da muchos ejemplos, pero más permanece escondido en la conciencia de cada cual que haya dejado que su conciencia se someta al engaño, a la cobardía y al pecado.

La historia de Herodes refleja esta constante de despotismo y de irresponsabilidad escondida en la debilidad, los caprichos, la satisfacción y el pecado. Frente a él, un Juan Bautista que personaliza todo lo contrario: fe, convicción, personalidad, dignidad y verdad. Proclama la hora de la llegada del Mesías. Anuncia su llegada y su presencia ya entre nosotros. Denuncia la vida disoluta y de pecado de tetrarca Herodes y eso trae como consecuencia su muerte.

Hay momentos que nuestra conciencia nos inquieta y nos llama a cambiar de actitudes, a reconocer que Dios está presente en nuestra vida y a emprender camino de conversión. Pero, quizás, como sucedió con el tetrarca Herodes, nosotros también titubeamos y nos resistimos al cambio. Quizás debilitado por nuestras comodidades, nuestros hábitos y egoísmos permanecemos inmóviles y sin reacción. Y cortamos la cabeza a nuestra propia actitud de conversión.

Sin embargo, el Camino, la Verdad y la Vida seguirán adelante, y la Buena Noticia será proclamada hasta la consumación de los siglos. Y siempre, tanto tú, como yo, tendremos, por la Misericordia de Dios, la oportunidad – mientras dure nuestra cabeza – la oportunidad de cambiar y proclamar que Dios Vive y nos salva.

martes, 9 de enero de 2024

UNA VIDA COHERENTE Y CONFORME A SU PALABRA

No hay mejor ni más fuerte testimonio que la coherencia entre lo que dices y haces. Jesús vivía lo que predicaba y de ahí manaba su autoridad. Su Palabra tenía reflejo en los actos cotidianos de su vida. Coincidía lo que decía con lo que hacía. De ahí la autoridad y admiración que desprendían sus palabras y el entusiasmo y asombro con las que eran acogidas.

Jesús, consciente de la realidad que pisaba con sus pies cada día y de la conciencia que había de que los padecimientos venían del maligno, actúa y libera y da otro sentido a la vida  de aquellos que se consideraban excluidos y sin esperanza. De un creer y pensar que ya todo está perdido, de que no hay esperanzas de nada, Jesús con su poder va sembrando esperanza, anunciando la Buena Noticia y que Dios es un Padre Bueno y Misericordioso que salva a sus hijos del poder del demonio y del pecado.

Jesús no entabla diálogo ni discute, simplemente cura, expulsa el mal, reconoce que hace daño y que tiene poder sobre el hombre, pero la desautoriza con la fuerza del Espíritu de Dios. Sabe que su Padre lo puede todo. Jesús viene a eso, a decirnos, demostrarnos y ofrecerse que la desesperanza y que la nada haga nido en nuestros corazones. Nos da su Palabra, nos enseña su Camino, su Verdad y su Vida y llena toda nuestra vida de esperanza alumbrándonos el camino en la oscuridad a la que nos somete el mundo, demonio y carne.

martes, 7 de marzo de 2023

UNA AUTORIDAD NACIDA DE LA COHERENCIA

Cuando oímos a alguien hablar en verdad y justicia quedamos admirados y abiertos a aceptarle y a seguir esos caminos que traza desde la verdad y la justicia. Pero, resulta que luego su vida no coincide con su palabra y quedamos decepcionados. Una palabra sin coherencia es una palabra vana, nacida desde la mentira y fabricada en la apariencia.

No es cosa que se descubra de repente. Por desgracia la hemos vivido en nuestras propias carnes con los políticos. Más en estos momentos de corrupción que vivimos actualmente. Y es que la Palabra del Señor alumbra todos los tiempos y es siempre actual. Hoy apreciamos que la Palabra de Jesús, pronunciada hace ya unos dos mil o más años es actual.

Debemos clarificar que no es la Palabra la que se pone en duda. Los que dicen, sean los que sean, referente a la Palabra del Señor es cierto y es la Verdad. Es, como decimos, Palabra de Dios. Pero, cosa muy diferente es la sintonía que hay entre la vida del quien la proclama y la Palabra. Porque, la autoridad de Jesús nace de su coherencia entre su Palabra y su Vida. Van a la par y se corresponden mutuamente. ¡De ahí el asombro de la gente de su tiempo al ver con que autoridad Jesús exponía su Palabra y nos revelaba la Buena Noticia de salvación.

Y es que la autoridad nace desde la coherencia de la palabra proclamada. De modo que todo será vano si tu palabra no coincide con tu vida sino que busca el lucimiento, la apariencia falsa, el hacer creer que eres lo que no eres y las malas intenciones que se esconden en tu corazón. Nos viene bien este tiempo cuaresmal para mirarnos por dentro y vernos tal cual somos. Y, desde ahí, presentarnos ante el Señor abiertos a su perdón misericordioso y arrepentidos de nuestros pecados.

jueves, 31 de marzo de 2022

JESÚS SE REVELA COMO EL HIJO DE DIOS


Si el Evangelio de ayer me dejaba sin palabras, en el de hoy, Jesús, me deja asombrado al revelarse de forma clara y contundente. No creer en sus Palabras es, humildemente, desde mi punto de vista, disparatado, absurdo y de un corazón endurecido hasta el extremo de estar sometido al mismísimo demonio.

Las Palabras de Jesús son tan claras y coherentes con lo que dice y hace que su autoridad es firme, segura y coherente – valga la redundancia – hasta el extremo que todo lo que dice se cumple. Verdaderamente, no queda otra alternativa que converger en afirmar que es el Hijo de Dios y que ha sido enviado para darnos y ofrecernos el Amor Misericordioso del Padre y Vida Eterna en plenitud.

En verdad, no se puede decir más claro: Texto del Evangelio (Jn 5,31-47): En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.

»Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.

»Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

sábado, 21 de agosto de 2021

ENTRE DECIR Y EL HACER VA UN TRECHO

 

Cuando se dice se espera que se haga, y si no sucede así nace la decepción y se aminora la autoridad. Porque, una gana autoridad cuando su palabra tiene cumplimiento en la vida. No todo termina en y con el decir, sino que luego debe concretarse y plasmarse en la realidad de lo cotidiano e cada día. Es pues lógico que entre el decir y el hacer va un trecho, y si ese espacio de tiempo no se concreta ese decir en obra, la palabra queda al descubierto e infravalorada. Como decíamos, pierde toda su autoridad.

Jesús nos lo advierte muy claramente: (Mt 23,1-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y...

La razón es que hoy sucede lo mismo que ayer. Mandan las apariencias y es lo que importa. Interesa aparentar aunque después pensemos y vivamos de otra manera. Se dice, pero no se hace lo que se dice. Simplemente se aparenta. Y eso ocurre dentro, afuera y en todas partes. En la familia incluso y en nuestras relaciones sociales como comunitarias. Y, sobre todo, en la política. Un mundo donde la palabra queda desvalorada y siempre en sospecha de engaño.

Así experimentamos como en los medios, la prensa, las televisiones se respira muchas apariencias que esconden mentiras revestidas de falsas verdades. Se dice lo que interesa, pero, luego se hace lo que mejor me va a mí y a mis intereses egoístas. Una mentira revestida de falsos progresismos que ya se respiraba en tiempos de Jesús. 

Porque, la única verdad es la coherencia entre la palabra y la vida. Y está claro que solo tiene un camino, el servicio, porque, será el mayor aquel que se convierte en servidor de la verdad y coherencia entre su palabra y vida. Pues, será ensalzado aquel que es capaz de humillarse y servir. Por el contrario, será humillado aquel que con sus mentiras y apariencias pretende ser ensalzado.

viernes, 2 de abril de 2021

Y TÚ, ¿CON QUIÉN ESTÁS?

Jn 18,1—19,42

Es un día y una hora santa para mirarnos interiormente y tratar de vernos tal y como somos y actuamos a lo largo de todo el año. Preguntarnos, ¿con quién estamos? sería una pregunta que nos puede ayudar como punto de apartida y reflexión para este día concreto y con perspectiva de todo el año.

Porque, no se trata de ponerme al lado del Señor simplemente estos días santo, sino, lo importante y fundamental, que estos días nos sirvan de prolongación todo el año y todos los días de nuestra vida santificándolo. Se trata, pues, de tomar una decisión y sostenernos en una actitud de perseverancia y permanencia en su Palabra y estilo de Vida: Amarle sobre todas las cosas y al pobre, necesitado y marginado como te amas a ti mismo.

En el fondo es tomar un postura coherente y decidir en qué lado estoy, si con el mundo o con el Señor. No puedo negar que durante la mayor parte del año paso el tiempo algo distraído y quizás no tan consciente de la presencia de Dios en mi vida. Estos días en los que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor - Triduo Pascual - deben ayudarnos a esa toma de conciencia diaria de cada día del año.

Experimentar que te estancas es muy malo y negativo. Caminar con Jesús significa avanzar en tu camino de perfección. En, con y por Él nuestra vida tiene que perfeccionarse y aumentar en fe y amor. Y eso es lo que pretendo e invito a todos a intentar. Para ello se hace necesario resistirnos a los falsos encantos que nos ofrece el mundo, todos pasajeros y caducos, y sumergirnos en los valores de la belleza, verdad, libertad, justicia y amor. Una Amor del que la referencia es el Señor. 

Precisamente, en estos días celebramos ese Amor que se manifiesta de forma hermosa y expresiva en entregar su Vida por cada uno de nosotros.

martes, 12 de enero de 2021

UNA AUTORIDAD DIFERENTE Y QUE HACE CRECER

 

Jesús recorre la comarca y entra en sus sinagogas anunciando y enseñando la Buena Noticia. Lo hace con una autoridad nueva, desconocida y admirada por todos. Una autoridad que no se impone, ni anula a los que la reciben deslumbrándoles con su poder, saber y capacidad, sino Autoridad que hace crecer, que ayuda a emerger las cualidades, dones y talentos que tienen los que reciben las enseñanzas para que, ellos, a su vez las pongan al servicio de los demás.

No conocemos el contenido de esas enseñanzas de Jesús, aunque podemos imaginárnoslos a través de sus conocidas parábolas y palabras. El evangelista San Marcos no nos lo dice, solo se centra en destacar la autoridad con la que Jesús enseña y la admiración de los que le escuchan. ... porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: « ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.
Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: « ¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.  
 
Sus obras y milagros dan testimonio de su Palabra, que no solo se detiene en lo que transmite, sino que guarda estrecha coherencia con su Vida y Palabra. Una autoridad que se refleja en su Vida, y su Vida se descubre en su Palabra.

martes, 10 de marzo de 2020

MAESTROS Y CATEDRÁTICOS

Resultado de imagen de Mt 23,1-12
Mt 23,1-12
En muchos momentos de nuestra vida nos consideramos maestro y catedráticos. Nos consideramos ejemplos para los demás aunque, aparentemente, escondamos nuestra vanidad tras una falsa imagen de humildad. Todos somos pecadores, lo confesamos, pero, nos resulta difícil descubrir nuestros pecados y hasta encontrarlos, porque, aunque los confesamos no los vemos. Y, sin darnos cuenta, nos creemos limpios hasta considerarnos maestros y catedráticos.

La Palabra de Dios actualiza cada instante de nuestra vida interpelando nuestras acciones y descubriendo nuestras incoherencias a la Luz del Evangelio. Hoy, como ayer, las autoridades religiosas de la época proclaman una doctrina que, empezando por ellos mismos, no cumplen y descargan en los demás. Sobre todo, empezando por los más débiles y pobres.

Jesús nos advierte en el Evangelio de hoy que cumplamos lo que nos dicen, pero, no hagamos lo que ellos hacen. Veamos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí"».

No miremos para otro lado, porque entre esos que señala el Señor podemos estar también nosotros. Tratemos de demostrar con nuestras obras y coherencia de fe que salimos de ese grupo incoherente y de malos testimonios. Todo queda muy claro y todos lo comprendemos. Indudablemente, quien quiera oír que oiga.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

BOCA CALLADA

Resultado de imagen de Lc 7,31-35
Lc 7,31-35
No es fácil mantener la boca callada. Y digo esto refiriéndome a la crítica y a las murmuraciones, sobre todo, cuando emitimos juicios sobre la conducta de los otros. Y es que siempre  tenemos algo que decir sobre los demás menos de nosotros. Es como si estuviésemos anclados en nuestras propias ideas y convicciones de forma inamovible, de modo que sólo vemos los errores o defectos de los demás. Nuestra coherencia brilla por su ausencia, pues, para nosotros no existe, pero sí la tenemos presente en los demás. Nuestro ojos miran para afuera y nunca para adentro.

De esta manera y en esta actitud orgullosa y suficiente los judíos de esa época, contemporáneos de Jesús, criticaron a Juan el bautista por su vida austera y sobria. Pero, también a Jesús porque comía y compartía muchos momentos con publicanos y pecadores. Y esta manera de actuar no es sólo de ayer, sino que continúa vigente hoy. Nos cerramos a la Iglesia y criticamos muchas actitudes de sus miembros y justificamos nuestra actitud confesando que creemos en Dios pero no en su Iglesia.

La incoherencia se pone de manifiesto, pues, si decimos que creemos en Dios, ¿por qué no cumplimos sus mandamientos? Son mandatos de Dios, no de la Iglesia. Queda al descubierto que son auto traiciones que tratan de distorsionar la realidad y justificar nuestras actitudes. Hablamos y criticamos a los otros, pero nosotros nos mantenemos al margen como inmaculados y haciendo lo que nos place sin tener ningún compromiso.

Mientras, los hijos de la sabiduría abren sus corazones al Señor y dan la razón a Jesús. ¿Y nosotros? ¿Permanecemos en la incoherencia criticando todo lo que hacen otros de forma negativa sin mirarnos a nosotros mismos? Tratemos de reflexionar con serenidad y coherencia nuestras actitudes.

miércoles, 17 de octubre de 2018

EL SEÑOR DESDE SU LIBERTAD SEÑALA LA INCOHERENCIA

Resultado de imagen de Lc 11,42-46
Lc 11,42-46
Cuidado con nuestras palabras, porque todo aquello que decimos hace efecto y contagia cuando se cumple y se vive, cuando es parte de nuestro ser y obrar de cada día. Pero, ocurre todo lo contrario cuando no es así, cuando la palabra señala una dirección y la vida va por otra. Entonces la palabra no llega porque la vida le impide llegar al corazón de los que la escuchan.

Por eso, Jesús, el Señor, habla con claridad y seguridad. Él es libre y está por encima de todas estas apetencias y esclavitudes que le pueden señalar. Él domina la situación y sabe quienes no cumplen, no con las leyes y los impuestos, que sí que hay que hacerlo, sino con la vida. Y sabe que sus palabras no van en coherencia con sus vidas. Y los señala.

«¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!».

Y no estamos fuera de esas actitudes señaladas nosotros, porque, como pecadores y humanos, caemos también en esas faltas e hipocresías. Pero, lo importante es que podemos mejorar. El Señor nos descubre, pero también nos invita a mejorar, a ser más coherentes y más auténticos para que nuestra palabra vaya de acuerdo con nuestra vida. No podemos quedarnos pasivos e instalados, ni creernos los buenos tal y como le replicó un maestro de la ley: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».

miércoles, 14 de octubre de 2015

COHERENCIA EN LA VERDAD, JUSTICIA, CARIDAD Y FIDELIDAD

(Lc 11,42-46)


Las palabras, las prácticas, las apariencias, la liturgia y todo lo que quieras añadir no valen para nada, si detrás no hay una vida coherente con lo que se piensa. En el Evangelio de hoy, Jesús nos descubre que esa coherencia de vida es lo verdaderamente importante.

No tiene ningún sentido decir que crees en Dios, si después no tratas de acercarte a aquellos que necesitan de ti. En la mayoría de los casos piensas en lo necesitados de limosna, pero no es simplemente eso. La parroquia necesita de ti, de tus carismas, de tus dones, de tu trabajo. Los otros también necesitan de ti, los que van a la parroquia o los que necesitan recibir mejor formación, testimonio y luz.

¿Tú qué puedes dar? Es, quizás, la pregunta que hoy nos hace Jesús en el Evangelio. No te esmeres tanto en cumplir con la ley, que hay que hacerlo, si luego olvidas y dejas de vivir en el amor y la justicia a los demás, y a las necesidades parroquiales. Hay mucha tarea que cubrir, y que nos espera.

No se trata de hacer lo que me gusta, sino lo que puedo y para lo que experimento que puedo ayudar. Tampoco se trata de que hagan las cosas a mi gusto y apetencia. Algo tengo que soltar y sacrificar. Lo que duele es lo que exige amor, y el amor es la esencia y el fundamento que nos hace seguidores de Jesús.

Se trata, pues, de estar disponibles y dispuestos a dar parte de nuestro tiempo, de nuestras comodidades, de nuestros placeres y también, si tenemos, dinero. Se trata de compartir y de dar lo que podamos en el esfuerzo y la preocupación por construir un mundo mejor.

Se trata en definitiva en que nuestras prácticas y cumplimientos, tantos civiles como religiosos, tenga una respuesta coherente en nuestra vida.

viernes, 29 de agosto de 2014

VIVIR EN LA PALABRA EN JUSTICIA Y VERDAD



(Mc 6,17-29)

Vivir en la justicia y en la verdad exige ser coherente y afirmarte en tus convicciones y creencias. Ser fiel a Jesús significa vivir de acuerdo a su Palabra y defenderla incluso hasta el extremo de poner en peligro tu vida.

Eso fue lo que hizo Juan el Bautista. Defendió, incluso a riesgo de su vida la Palabra de Dios, y denunció todo aquello que la rompía y la adulteraba. Y eso le costó su vida en este mundo, pero la ganó para la eternidad. A fin de cuenta eso es lo que importa, porque de que te vale ganar tu vida aquí en este mundo si la pierdes luego para el verdadero y eterno.

Juan supo dar coherencia y cumplimiento a su fe. No sólo predicando sino viviendo de acuerdo con esa Palabra predicada Ese es el mensaje que hoy nos trae la Palabra de Dios. ¿Vivimos nuestra fe, no sólo en la piedad de puertas adentro, sino también en la vida pública de nuestros ambientes?

¿Somos conscientes que nuestra piedad nos compromete a responsabilizarnos, en la medida que podamos, en colaborar en construir un mundo mejor en la verdad, la justicia y el amor? ¿Y que a pesar de ser consciente debe ser creciente y difundida?

El discípulo de Jesús no sólo debe ser, sino actuar, y actuar desde la fe a la luz de la Palabra y asistido en el Espíritu Santo. Pidamos al Señor que alumbrados por su Espíritu seamos capaces, como Juan, vivir la Palabra hasta las últimas consecuencias hasta el extremo de perder la vida misma.