Mostrando entradas con la etiqueta fariseos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fariseos. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de febrero de 2021

LAS BUENAS OBRAS DESCUBREN LA VERDAD

Mc 8, 14-21


Tu fe queda descubierta con tus obras. Puedes esconderla tras las apariencias, pero, tarde o temprano la verdad emerge y todo queda a la luz. Así sucede con esa levadura de los fariseos y Herodes de la que habla hoy el Evangelio. Serán tus obras las que hablarán de tu fe y de su medida, porque, de nada vale vivir y esconderse en la apariencia y en la mala intención.

Los primeros engañados somos nosotros mismos si vivimos con una intención más de apariencia que de realidad. Solo la verdad será buena levadura que fermentará la masa y dará buenos frutos. Por eso, el Señor nos recuerda la actitud de vivir en la verdad para que nuestros frutos sean también frutos nacidos de la verdad. Porque, solo la verdad nos hará libres.

Y, más todavía, solo la verdad puede dar frutos buenos, frutos que dan vida y que establecen la justicia y la paz. Por eso, Jesús nos advierte: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes». Porque, una levadura contaminada de mentiras y malas intenciones fermentará la masa de mentiras y malas intenciones. Por todo ello, debemos cuidar nuestras amistades y ambientes que pueden estar contaminados de levaduras peligrosas y envenenadas.

Miremos con que levadura fermentamos  nosotros nuestras familias, nuestros ambientes y lugares de trabajo, de ocio y los frutos que, como consecuencia de nuestro obrar y actuar dejamos en ellos.

miércoles, 17 de octubre de 2018

EL SEÑOR DESDE SU LIBERTAD SEÑALA LA INCOHERENCIA

Resultado de imagen de Lc 11,42-46
Lc 11,42-46
Cuidado con nuestras palabras, porque todo aquello que decimos hace efecto y contagia cuando se cumple y se vive, cuando es parte de nuestro ser y obrar de cada día. Pero, ocurre todo lo contrario cuando no es así, cuando la palabra señala una dirección y la vida va por otra. Entonces la palabra no llega porque la vida le impide llegar al corazón de los que la escuchan.

Por eso, Jesús, el Señor, habla con claridad y seguridad. Él es libre y está por encima de todas estas apetencias y esclavitudes que le pueden señalar. Él domina la situación y sabe quienes no cumplen, no con las leyes y los impuestos, que sí que hay que hacerlo, sino con la vida. Y sabe que sus palabras no van en coherencia con sus vidas. Y los señala.

«¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!».

Y no estamos fuera de esas actitudes señaladas nosotros, porque, como pecadores y humanos, caemos también en esas faltas e hipocresías. Pero, lo importante es que podemos mejorar. El Señor nos descubre, pero también nos invita a mejorar, a ser más coherentes y más auténticos para que nuestra palabra vaya de acuerdo con nuestra vida. No podemos quedarnos pasivos e instalados, ni creernos los buenos tal y como le replicó un maestro de la ley: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».

viernes, 4 de septiembre de 2015

LA VIDA SE ENCARGA DE PONER TODO EN SU SITIO

(Lc 5,33-39)


En la vida hay de todo. No siempre se disfruta ni tampoco se sufre. Hay momentos para lo uno y también para lo otro. Lo importante es saber discernir cuando toca uno y cuano el otro. Es esa la pregunta que, con muy mala intención, dirigen los fariseos a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben».

Los que están sujeto a las leyes y normas se esclavizan y se someten a ellas. Así el sábado de alguna manera reinaba, y también otras normas y leyes, sobre los fariseos. Y eso es descabellado, pues de sentido comú es que todo debe estar sometido y en función del bien del hombre. Por eso, los fariseos, con unas seiscientas trece leyes, no podían ni respirar. El hombre sometido al dictado de las leyes.

Ni que decir tiene que el sentido común no entiende eso. Y lo lógico es que en el tiempo se imponga la sensatez y el buen sentido. El ayuno tendrá su debido tiempo, porque llegará inevitablemente. La vida es un camino de rosas y espinas, y cuando rosas, toca aprovecharlas, saborear su perfume y olor, y si espinas, toca soportar el aguijón del dolor, la tristeza y el contra sentido.

Sin lugar a dudas que en muchos momentos conviene purificarse y prepararse para conseguir el equilibrio y dominio de tu voluntad. Abandonarse a los malos hábitos no es bueno, pero todo de una forma natural y en sintonía con la misma vida. Las normas sistematicas esclavizan y angustias, porque el hombre ha sido creado para amar, y el amor es paciente, comprensivo, generosos, misericordioso...ect. No sabe de rigidez ni de cumplimientos sistematicos ni de leyes. Es bueno respetarlas y tenerlas, pero sabiendo que por encima de ellas está el amor.

Ayunar exige tener una razón para hacerlo, no por supuestas leyes, costumbres o ritos. Detrás del ayuno hay un motivo que da sentido a ese sacrificio, y siempre ese motivo llega cargado de amor.

viernes, 2 de enero de 2015

JUAN, EL PRIMER TESTIGO

(Jn 1,19-28)

Juan el Bautista anuncia que Jesús está entre nosotros. Ya, desde el vientre de su madre, Juan salta de gozo al sentir cercana la presencia del Señor en la visita de María a su prima Isabel. Ahora, ya como precursor del Mesías, Juan testifica que él no es el Mesías, ni Elías ni el profeta.

Y preguntado por su persona, Juan se define como «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». Y les notifica «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia».

El término desatar la correa de su sandalia significaba en el pueblo judío aquel que era superior, el más fuerte, el poderoso... Juan señala al Señor como el Mesías, el Salvador. Aquel que nos bautizará con Espíritu Santo para que revestidos de la Gracia del Padre podamos proclamar y vivir la Buena Noticia de salvación.

Pidamos la Gracia de, como Juan, ser también nosotros testigos del Señor y proclamar la Buena Nueva de palabra y vida. Amén.