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viernes, 5 de septiembre de 2025

EN LA PRESENCIA DE JESÚS

Lc 5, 33-39

     Era día de fiesta. Se celebraba una boda y, como miembro de la familia, estaba invitado. Pensé: «hoy haré día libre, dejaré la dieta aparcada. Es día para celebrar la boda de estos amigos»

    De esta manera, Pedro, había borrado la dieta de ese día para celebrar la alegría de la celebración de la boda. Y es que, a veces, por circunstancias especiales, hay que interrumpir la dieta o ayuno, para disfrutar del momento puntual que se presenta en nuestra vida. Ya, cuando el momento sea el adecuado, tomaremos de nuevo la dieta, o haremos el ayuno pertinente.
    Viendo llegar a Manuel, aprovechó para pedirle su opinión al respecto.

    —Manuel, ¿qué opinas sobre suspender las dietas en algún momento determinado?
    —¡Hombre!, el sentido común te dice que, puestos a celebrar algo especial, se puede dejar la dieta o el ayuno pertinente, para disfrutar del momento presente.
    —Eso había decidido. ¿Qué te parece?
    —Pues, muy bien. Hay un pasaje del Evangelio, precisamente en Lc 5, 33-39, donde Jesús, en respuesta a fariseos y escribas, que le reprochaban que sus discípulos no ayunaban, dice:
    «¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días».
    En la presencia de Jesús nadie se acuerda del ayuno. Todo está centrado en celebrar el encuentro con Él. ¡Es el Mesía, el Salvador que nos librará de la esclavitud! No hay lugar para el ayuno, sino para la fiesta.
    —Estoy de acuerdo. Sería contradictorio ponerse triste cuando hay motivos para estar alegre; privarse de algo cuando no hay por qué hacerlo. ¿No piensas, Manuel, que eso es lo correcto?
    —Totalmente, el ayuno, de cualquier tipo, está reservado para momentos de penitencia, de sobriedad y de entreno, para guardar el equilibrio y no dejarnos dominar por el vicio, el ego, bienestar y comodidades. Es aconsejable para luchar contra el relajamiento excesivo, la indisciplina y flaquezas que llevamos en nuestra naturaleza.

    El Espíritu de Jesús sigue soplando, trayendo novedad e invitándonos a ser valientes y estrenar caminos.

sábado, 5 de julio de 2025

AYUNO Y ENCUENTRO

Mt 9, 14-17

     En las puertas de un encuentro, tú eres consciente de que tienes que prepararte. Y en la medida que ese encuentro cobra gran importancia, tus preparación debe ser mayor. Y, para ello no escatimarás sacrificios, ayunos y lo que sea necesario. Cualquier estudiante responsable y ávido de superar la prueba hace todo sacrificios y ayunos a su alcance con tal de superar el examen. Luego, lo mismo sucederá mientras no tengamos al Señor con nosotros, sobre todo en víspera de un encuentro con Él. Pero, en su presencia y, ¡Él ya entre nosotros!, todo es gozo, alegría y fiesta.

Manuel meditaba esta lectura del Evangelio tomando su acostumbrado café. Se preguntaba muchas cosas, pero entendía muy bien que solo en la ausencia del Señor era evidente ayunar. ¿Cómo – asentía él también – vamos a ayunar estando con Jesús? En ese momento su meditación se vio interrumpida con la presencia de Pedro. 

—¡Hola, amigo!, parece que hoy has madrugado. Veo que ya has tomado café. Te invito a otro, ¿te apetece? 
—Sí, gracias, te lo acepto. No sé porque razón me he adelantado hoy. Hay días que todo lo haces más rápido y, en consecuencia, llegas antes. Además, hoy parece que me apetecía un paseo mañanero. Quizás sea esa la razón. —¡Oyes!, meditaba sobre este Evangelio de hoy – Mt 9, 14-17. ¿Lo has leído? 
—Supongo que sí, pero ahora no lo tengo presente. ¿De qué se trata? 
—Sobre el ayuno. Se pregunta los discípulos de Juan, el por qué los discípulos de Jesús no ayunan, cuando ello y los fariseos si lo hacen. ¿Tienes una opinión? 
—A mi entender, creo que estando con Jesús, el Maestro, no tiene sentido el ayuno. Él es nuestro ayuno, nuestra alegría, nuestra paz y descanso. ¿Qué sentido tiene privarnos y sacrificarnos con ayunos u otras cosas? Estamos con Él, ¿no? Hay mayor alegría. Me parece que he contestado a tu pregunta, ¿no lo piensas así? 
—Supongo que sí. Yo también pienso lo mismo. Cuando lo perdamos, estemos alejados o no lo veamos, necesitaremos ayunar, sacrificarnos, renunciar a todo lo que nos aleja y nos impide acercarnos a Él. Es entonces cuando cobra sentido el ayuno. Entiendo y comprendo ahora el tiempo de cuaresma, es un tiempo que nos prepara, nos recuerda y nos enseña la necesidad de estar preparados ante la amenaza del mundo, demonio y carne. Cuando estamos en Él, nace entre nosotros relaciones y convivencias fraternas.

Había quedado meridianamente claro. El ayuno es necesario en tiempo de desierto, de desencuentro y de búsqueda. Estando ya en y con Él, todo se vuelve paz, alegría y gozo. La Misericordia de Dios ha nacido, por los méritos de su Hijo – Pasión, muerte y Resurrección – en nuestros corazones. No es momento de ayunar, sino de exultar de alegría, paz y gozo.

viernes, 16 de febrero de 2024

UN AYUNO DE AMOR Y MISERICORDIA

Resulta más fácil y hasta cierto punto más cómodo privarse de algo durante este tiempo cuaresmal que tratar de vivir en actitud de bondad, misericordia y generosidad. Resulta más fácil y cómodo cumplir con ciertos ayunos que vivir en una actitud de servicio, disponibilidad y desprendimiento.

Es evidente que tanto la privación como la disponibilidad por amor son actitudes de ayuno y sacrificio, pero al Señor le gusta más la de estar disponible, por amor, al servicio a quienes lo necesitan. Porque, no se trata de privarte sino de darte. Es posible que al dar tú te prives. Es ese el verdadero ayuno.

Y un ayuno que se hace desde la voluntad de amar, de servir y de corresponder al amor que recibimos de nuestro Padre Dios. Un ayuno que se vive cada día desde la alegría de estar cooperando en la construcción de un mundo mejor, más justo, verdadero y misericordioso. No se trata, pues, de privarnos sino de darnos y compartir. Es la respuesta a: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 9,13). Y es evidente que eso se hace con gozo y alegría, porque en el dar encontramos esa paz que nos llena precisamente de ese gozo y alegría que llena plenamente nuestra vida.

lunes, 15 de enero de 2024

CON EL ESPÍRITU SANTO NOS ABRIMOS A UNA VIDA NUEVA

No hemos recibido el Espíritu Santo para seguir igual. Todo lo contrario, el Espíritu de Dios nos invita a abrirnos a una vida nueva. Una vida que, poco a poco, va germinando, como si de una semilla se tratara, para dar frutos de amor y misericordia. Porque, para eso ha venido el Hijo de Dios, para transformar nuestros corazones en corazones – valga la redundancia – de amor y misericordia.

Y ha llegado el Reino de Dios. ¡Está entre nosotros!, por tanto no podemos ayunar mientras vivimos injertados en el Señor. Él vive en nosotros y derrama su Gracia en nuestros corazones de modo que no necesitamos ayunar porque estamos en y con Él. Otra cosa que en muchos momentos de nuestra vida debamos prepararnos para fortalecernos ante las seducciones y tentaciones. La oración se fortalece con el ayuno y también nuestra voluntad se ve reconfortada y fortalecida con la sobriedad y sacrificio.

Sin embargo, lo verdaderamente importante es nuestra actitud para estar abiertos al Espíritu Santo y a la novedad que cada día nos alumbra la Palabra de Dios. Una novedad cuyo fundamento principal es el amor y la misericordia. Porque, de nada vale el sacrificio y el ayuno si dejamos a un lado al pobre, al que sufre y al que nada tiene.

Nuestro principal ayuno es abrirnos a las necesidades de aquellos que sufren y que carecen de lo imprescindible para vivir dignamente. Ese es el vino nuevo que hay que echar al odre nuevo.

viernes, 24 de febrero de 2023

ORACIÓN, AYUNO, LIMOSNA

Tres condiciones que no constituyen un objetivo ni una estrategia de equilibrio físico o filántropo. Se trata de observarnos y desde una relación con nuestro Padre Dios – oración – ir experimentando un dominio sobre nuestras apetencias, apegos y satisfacciones para vivir en el deseo y la actitud de amar cada día más y mejor.

Tanto el ayuno como el desprendimiento de la limosna nos exigen una disponibilidad y desapego de nuestras propias ambiciones y deseos que el mundo, en el que vivimos, nos ofrece y nos seduce. La lucha ha de ser constante porque la seducción está viva dentro de nosotros. La Cuaresma es precisamente tiempo para prepararnos en ese sentido. Ese es el objetivo, fortalecernos espiritualmente para ser lo que queremos ser, amor tal y como nos ha propuesto y enseñado Jesús.

Nos preparamos para esa Semana Grande y Santa donde vivimos la Pasión, muerte y Resurrección de nuestro Señor y en la que vemos como Él nos ha amado hasta el extremo de ofrecer y entregar su Vida en una muerte de cruz, por todos nosotros. Y queremos y deseamos vivir en esa actitud de desprendimiento, de servicio, de compartir y de ser cada día más amor como lo es nuestro Señor.

Por tanto, dispongámonos a vivir este tiempo cuaresmal de la mejor manera posible. No como un tiempo concreto que empieza y se acaba, sino como un tiempo permanente que se manifiesta y vive durante toda nuestra vida. Eso nos exigirá siempre estar cerca del Señor.

lunes, 16 de enero de 2023

UN AYUNO, NO RITUAL, SINO SEGÚN LA VOLUNTAD DE DIOS

Jesús trae la novedad, pero no una novedad por moda o porque hay que cambiar, sino una novedad que renueva lo sin sentido y ritual. El ayuno no es moda ni rito. Dios no quiere ni nos pide sacrificio sino amor y reconocimiento de su Divinidad misericordiosa. Dios busca y nos revela su amor misericordioso y, en consecuencia, nos pide fe en Él y en su bondad. Quiere que despertemos a su rescate de nuestra dignidad de hijos perdida por el pecado y quiere nuestra libertad en sintonía con su Voluntad, que es el mejor regalo que podamos conseguir.

Porque, su Voluntad es nuestro bien y nuestra felicidad. Es, precisamente, lo que buscamos aunque sin darnos cuenta y sin advertirlo. Pero, esa felicidad que anhelamos está escondida en nuestro corazón, pero un corazón misericordioso y compasivo. Ese es el Corazón de nuestro Padre Dios, Misericordioso y Compasivo. Por tanto, si queremos acercarnos y ser semejantes a Dios, a nuestro Padre Dios, tendremos que acercarnos a su Corazón. Tratar de imitarle en el esfuerzo de hacer de nuestro pobre y pecador corazón un corazón humilde, misericordioso y compasivo.

Por supuesto, eso no lo podremos conseguir por nuestra cuenta ni con solo nuestro esfuerzo. Necesitamos el concurso imprescindible del Espíritu Santo que, para eso, lo hemos recibido en nuestro Bautismo. Y es ese el verdadero ayuno que nos pide Dios. Un ayuno sacrificado en hacer su Voluntad. Una Voluntad que en muchos momentos exigirá eso, abstinencias, renuncias, sacrificios y penitencias. Evidentemente, no cuando estamos con Él – Novio – sino cuando la oscuridad nos lo quiere arrebatar.

Hagamos de nuestro corazón un paño nuevo, un odre nuevo para instalar en él un vino nuevo para que quede en él la impronta del Corazón de Jesús..

viernes, 2 de septiembre de 2022

¿CÓMO AYUNAR ESTANDO EL NOVIO PRESENTE?

Lc 5,33-39

—¡Imposible, no se entendería ni tiene sentido ayuna estando el Novio presente y en plena fiesta —exclamó Pedro.

—No solo sentido ni lógica —añadió Manuel.  No puedes estar en dos estados a la vez, triste y festivo; ayuno o abundancia. Menos aún cuando el Novio está presente. Es evidente que se celebre y las celebraciones, ¡ya sabemos!, son festivas y con abundancia de comida y bebida.

—Es lógico —replicó Pedro. Tiempo habrá de ayunar cuando – ausente el Novio – la situación lo requiera.

 

La vida es alegría y esperanza. No se puede vivir en la tristeza porque hemos nacido para ser felices. Esa es la idea para la que Dios, nuestro Padre nos ha creado, y a la que, a pesar de vivir en un valle de lágrimas, nuestro destino es el gozo y la felicidad eterna. Y Jesús, el Novio, ha venido a enseñarnos el camino. Un Camino, Verdad y Vida a donde, Él, nos guía y conduce. Por eso hay que seguirle y creer en su Palabra.

Jesús no puede enseñarnos a estar triste aunque, el Camino que Él nos señala tenga muchos momentos de tristeza – la Cruz – porque, Él es la Vida, es la Alegría y Felicidad Eterna. Sin embargo, sí nos enseña a amar. Un amor que muchos momentos de nuestra vida nos exigirá dolor y sufrimiento. Lo experimentamos en nuestras propias familias con nuestros padres e hijos y personas más cercanas. La vida nos enseña que hay momentos de tristeza y alegría.

sábado, 2 de julio de 2022

LA CUESTIÓN DEL AYUNO

 
Detrás del ayuno debe haber un motivo de amor. Es decir, ayunamos para fortalecernos en la sobriedad y equilibrio de no dejarnos vencer por la pereza, la comodidad, la irresponsabilidad, el deseo de la vagancia y el placer…etc. El ayuno tiene valor y significado cuando su causa demanda solidaridad, fortaleza y deseos de levantar a otro. Por tanto, no hay motivos de ayuno cuando no hay causa que lo justifique. Esa es la respuesta que da Jesús hoy en el Evangelio: ¿Es que puede guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegaran días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.

El ayuno tiene sentido cuando en él perdemos algo que beneficia a otro. Es de sentido común sacrificarnos, a costa de menoscabar nuestra seguridad o bienestar, para ayudar y beneficiar a los que realmente lo necesitan. De modo que, ayuna por ayunar no tendría sentido, y menos cuando celebramos y tenemos al Novio con nosotros. Dios no quiere que lo pasemos mal ni que hagamos sacrificios. Al contrario, quiere misericordia, comprensión y solidaridad con aquel que necesita del que tiene para vivir con dignidad. Es entonces cuando el ayuno cobra todo su sentido.

 

―Me cuesta entender lo del ayuno ―comentó Pedro. No llego a entender el motivo por el que hay que mortificarse ayunando y privándote del gozo de un placer.

―El ayuno tiene sentido ―dijo Manuel― cuando está orientado a hacer algo en favor de otro. Te mortificas, te privas de algo para fortalecer tu equilibrio y resistir ante la tentación o conseguir una mejora para alguien necesitado. Ya sea alguna privación, mortificación o sacrificio.

―Es decir ―dijo Pedro― ayunar por ayunar no tiene sentido.

―Evidentemente ―respondió Manuel. El ayuno siempre debe ir orientado a un fin que ayude y mejore a otro. Incluso a ti mismo. No tiene sentido hacerlo cuando no hay necesidad o está el Novio presente, refiriéndose Jesús a Él. Son momento de alegría y gozo y, por supuesto, no cabe el ayuno.

viernes, 4 de marzo de 2022

PRIMERO, DOMINAR NUESTRO CUERPO PARA, SEGUNDO, PONERNOS EN TUS MANOS.

Mt 9,14-15

Nuestra naturaleza está herida. Nacemos con el pecado original y, por tanto, atraídos por nuestra naturaleza humana hacia el mal. ¿Qué es el mal? Pues, sencillamente, esos instintos a satisfacer nuestros egoísmos, nuestras pasiones, nuestras ambiciones y planes que olvidan a los demás sometiéndolos a nuestras satisfacciones y deseos. El mal nos inclina a separarnos, a individualizarnos y a pensar en nosotros tratando indiferente a los demás.

El ayuno significa abstenernos de ese mal y buscar dominar nuestro cuerpo, nuestra mente y corazón poniéndonos en la Voluntad de Dios. En pocas palabras, ayunar significa tratar de cumplir la Voluntad de Dios más  que los preceptos y cumplimientos. Si bien, estos son reflejos de lo otro. Es decir, quien cumple la Voluntad de Dios, reza, hace oración y cumplen con los mandamientos de la santa Madre Iglesia. ¿Y cuál es la Voluntad de Dios? Podemos verlo en – Isaías 58, 1-9ª – y sacar nuestras propias conclusiones.

Ahora, es evidente que estando con el Novio – Jesús – no es momento de ayuno, sino de fiesta. Él representa esa Banquete al que hemos sido invitados – Eucaristía – y en donde quedaremos saciados de Vida Eterna. Sin embargo, sabemos por experiencia que hay momentos duros, de vacilación y duda y donde el Maligno se aprovecha para tentarnos y confundirnos. Quizás sea ese el momento de tratar de dominarnos, de fortalecernos, de hacer ayuno tanto corporal como espiritual. Un ayuno de compartir con los más necesitados y más pobres, tanto material como espiritual.

Quizás estemos viviendo unos momentos de persecuciones en los que necesitamos ayunar solidarizándonos con los que sufren guerras ideológicas en las que se quiere secuestrar el mensaje de la Buena Noticia y borrarlo de la humanidad. Quizás sea el momento de un ayuno solidario y comunitario para oponernos a aquellos que, contrarios a la Voluntad de Dios, quieren construir un orden nuevo según su voluntad mostrándose indiferente a la Voluntad de Dios. Ese es el significado de la cuaresma, oración, ayuno y limosna. Observamos que las tres cosas, de las que el mundo carece, hacen mucha falta. La pregunta es, ¿qué podemos hacer nosotros.

lunes, 17 de enero de 2022

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE NOSOTROS

 

La diferencia y el cambio que existe entre el Antiguo Testamento y el Nuevo están en la venida de Jesús, el Hijo de Dios. El Mesías prometido. Con Él se inaugura el Reino de Dios; con Él ha llegado el Reino de Dios que, desde ese momento, está entre nosotros. Porque, Jesús es el Reino de Dios, es el Mesías, enviado por el Padre a restaurar el Reino de Dios en este mundo.

Esa cambio trae la novedad del significado del ayuno, que deja de ser meritorio e impuesto – por los judíos – para pedir la llegada del Reino de Dios, porque ya está entre nosotros. Ya no tiene sentido, está con Jesús entre nosotros, vive entre nosotros y nos anuncia esa Buena Noticia del Amor Misericordioso de Dios Padre.

Y es lógico y de sentido común: Mientras está el Mesías, el Salvador, el Esposo con sus amigos, ¿cómo van a ayunar los amigos? Ahora, otra cosa será el día que falte y no esté con sus amigos, será, entonces, necesario hacer ayuno. Y así lo manda la Iglesia en algunos días concreto – Miércoles de ceniza y Viernes santo – pero no para mover a Dios en su favor, pues, Dios, ya en el Hijo, nos anuncia que nos ama con locura, y le envía para rescatarnos del pecado y liberarnos de la esclavitud a la que nos somete, dándonos la Gracia y Fortaleza de corresponder a ese Amor Infinito y Misericordioso que Dios, nuestro Padre, nos ofrece gratuitamente.

Ahora, nuestra relación con Dios pasa por Jesús. Él es nuestro camino y llegamos a Dios por Jesús. Es el Salvador que por los méritos de su Pasión y Muerte nos libera del pecado y gana – por sus Méritos – la Misericordia de Dios y nuestra dignidad de hijos. Se rompen las antiguas tradiciones expresadas en las metáforas  paños viejos y nuevos u odres nuevos y viejos. Jesús el Dios encarnado y hecho hombre viene para perfeccionar la Ley y mostrarnos el verdadero y único Camino, Verdad y Vida que nos lleva a la salvación eterna

viernes, 3 de septiembre de 2021

CADA COSA A SU TIEMPO

Lc 5,33-39

La vida nos enseña que cada cosa tiene su tiempo. Hay tiempo para la alegría, la fiesta, el comer y beber, y, también, hay tiempo donde nos toca llorar, sufrir y ayunar. Es la experiencia que tenemos en nuestras familias y en nuestro mundo. La gran diferencia es que nosotros estaremos siempre con el Novio. En la alegría y también en el ayuno. Esa es la cuestión.

Sabemos, por la vida misma, que llegarán días de fiesta, pero, tambíén días de tristeza, dolor y sufrimiento. Sabemos que llegará nuestra hora y el momento de partir a ese otro mundo donde Jesús nos prepara una morada, porque, nos ha dicho: -Jn 14,2 - En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros.

Cuando nos toca disfrutar y vivir momentos de alegría, de regocijo y satisfacción debemos vivirlos - valga la redundancia - con entusiasmo y exultar de paz y alegría. El Señor está siempre con nosotros y, con nosotros vive nuestras alegría y también nuestras penas. Cada cosa a su tiempo.

Sabemos que nuestra vida tendrá su dolor y su propio momento de pasión. La experiencia la vivimos en carne propia dentro de nuestras propias familias. Se han ido nuestros abuelos, nuestros padres y, precisamente en esos momentos hemos soportados días de llanto, de ayuno y dolor. Han venido etapas de carencias, de sufrimientos y hemos ayunado y perseverados en la oración. Pero, a pesar de todo, también sabemos que siempre el Novio está y estará con nosotros. 

viernes, 4 de septiembre de 2020

UNA NUEVA FORMA DE CELEBRAR

Pin de maria selva en 0 Espacio Zen | Frases de santos, Oraciones  religiosas, Oraciones catolicas
Lc 5,33-39
Mientras se espera al que ha de venir es lógico y de sentido común que hay que prepararse - ayunos - y estar en una actitud penitencial de espera expectante y atenta de su llegada. Pero, resulta que, ahora, el Novio, Jesús, está aquí. El Mesías enviado ha llegado ya y es hora y tiempo de gozar de su estancia y presencia entre nosotros.

La vida toma un nuevo camino, es decir, una nueva forma de celebrar la presencia del Novio entre nosotros. Con su venida el ayuno y la espera ha terminado. Vivimos ya la realidad y la llegada del Reino de los Cielos, porque Jesús, el Libertados y Mesías enviado para liberarnos y salvarnos del pecado vive y está entre nosotros. Por tanto, ahora es el momento de la fiesta y del banquete Eucarístico que Jesús nos ha ido preparando con sus fiestas, comidas y Palabra. 

Sus enseñanzas y actitud fraterna desembarca en el gran banquete Eucarístico de su última cena. No es momento ahora de sacrificios y ayunos, sino de misericordia y perdón. Una misericordia y perdón fundamentados en el amor y por amor a Jesús. Un banquete Eucarístico que nos fortalece y nos alimenta para, transformando nuestro corazón, alcanzar la plenitud del amor fraternos entre todos los hombres. Un amor fraterno que nos lleva a la renuncia de nosotros mismos para darnos, por amor, en solidaridad y fraternidad a los demás.

Todos nuestros ayunos y sacrificios estárán vinculados al banquete Eucarístico que Jesús nos ha dejado y regalado en y con su Cuerpo y su Sangre. Ahora no hace falta ayunar porque Jesús, el Novio, a través de la Eucaristía está presente entre nosotros y, con Él todo basta.

viernes, 28 de febrero de 2020

DÍAS DE ALEGRÍAS Y DE AYUNO

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Hay momentos que la vida te sonríe y te sonríe porque experimentas un gozo y ánimo dentro de ti que te impulsa con alegría y gozo a compartir, a darte y servir a todos los que necesitan alivio, consuelo y compasión. Hay días que te sientes fuertes y lleno de la Gracia y presencia de Dios. Son días de alegrías y de fiesta; días de compartir y de vivir con gozo esa presencia de Dios.

Sin embargo, hay días oscuros, donde la vida y la esperanza se sienten heridas, desanimadas, debilitadas y sumidas en tinieblas que nos deprimen y nos entristece. Dudamos de la presencia de Dios y experimentamos su ausencia. Quizás necesitamos ayunar, fortalecernos en nuestra voluntad y remar contra corriente a pesar de nuestras flaquezas y debilidades.

Hay días o épocas que nos sentimos tocados por la pereza, la comodidad, las apetencias y sentimos como que nos alejamos de la solidaridad, el compartir y preocuparnos por los que lo pasan mal. Ponemos en el centro de nuestra vida nuestro individualismo, nuestro yo y sólo nos preocupa mi yo y mi vivir placentero. Necesitamos ayunar, romper nuestra dinámica de confort y acércanos al Jesús sufriente, misericordioso, solidario, partido para alivio de todos y lleno de compasión y amor. 

Pero, un ayuno más que reglado en normas y prácticas, centrado en el amor al prójimo. Un ayuno en actitud de disponibilidad hacia al que sufre, padece necesidades y necesita tu pan y tu calor. Es un ayuno más complicado y más verdadero, porque, la cuestión no es soltar unas monedas, rezar unas oraciones y cumplir con privarte de algún manjar, sino la de amar y solidarizarte con el compromiso de estar abierto a los problemas de los que padecen enfermedad, injusticias, pobreza...etc.

lunes, 20 de enero de 2020

UNA BUENA NOTICIA

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Mc 2,18-22
Jesús no viene a mortificarnos, a imponernos sacrificios ni ayunos. La vida, por sí sola, nos ofrecerá momentos de tristeza y sufrimiento, pues estamos sujetos a enfermedades y a la muerte, no como lo último de nuestra vida, sino como un paso hacia la verdadera Vida Eterna y plena de felicidad. Pero, antes hay que pasar por este mundo y hacerlo siguiendo la Voluntad de Dios, que no es otra que la de crear espacios de justicia, de paz, de alegría, de verdad y de verdadera felicidad.

Jesús quiere que eso se haga realidad en cada uno de nosotros y, por consiguiente, en esa medida se irá haciendo también en todo el mundo. Porque, el mundo lo forman y lo constituyen las personar que en él viven. Por lo tanto, somos nosotros los que haremos bueno o mal este mundo. Y esa es la esencia del mandato de Jesús, hacernos felices.

Por lo tanto, no es tiempo de ayuno. Está el Novio con nosotros y Él ya ha pagado por todos nosotros. Ahora son tiempos de misericordia y de verdadero amor, que no es otra cosa que buscar el bien, la verdad y la justicia y crear espacios donde todo eso se viva en paz y fraternidad misericordiosa. No es hora de sacrificios ni ayunos que significan más preceptos y normas que verdadero amor y misericordia. 

El anuncio de Jesús es un anuncio de justicia y libertad. Un anuncio donde prima la projimidad y la misericordia. Un anuncio de un Padre bueno que derrama un amor con desmesura y abundancia, sobre todo en aquellos más necesitados por su pobreza, su pequeñez y vulnerabilidad.

viernes, 8 de marzo de 2019

UNA NUEVA FORMA DE AYUNO

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Mt 9,14-15
El ayuno siempre es necesario, porque nos prepara para tener equilibrio y dominarnos ante nuestras propias pasiones y apetencias. Los médicos nos manda a ayunar de ciertas cosas para estar en forma y tener una salud óptima y más cuidada. Y entre los judíos, el ayuno, era un rito de purificación y un medio para dominar los instintos gastronómicos y otras pasiones a las que estamos inclinados.

Sin embargo, ahora con la llegada de Jesús la cosa cambia. Él es nuestro ayuno, porque de y con Él toda nuestra vida se ve fortalecida y animada para seguirle e imitarle. Él es nuestra fuerza para vencer nuestras apetencias e instintos. Por eso, necesitamos estar a su lado, porque Jesús nunca se ha ido. Está entre nosotros, sobre todo entre aquellos que lo llaman y que se reunen entorno a él. Él es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida.

Por eso, está claro, necesitamos la oración, que nos une íntimamente con Él y nos da fortaleza para no desfallecer y seguir adelante. Y, por experiencia lo sabemos, dar y darse exigen un esfuerzo al que el ayuno nos puede ayudar y preparar. Todo esfuerzo cuesta trabajo, pero cuando nos esforzamos descubrimos que detrás de él se encuentra el gozo y la felicidad.

Cuando miras para ti solamente encuentras en tu interior un vacío que, lejos de satisfacerte, te agría el espíritu y te entristece. Es mejor darte y esforzarte en vivir el esfuerzo penitencial que te vigoriza y te prepara para la lucha de cada día contra tus propias pasiones y apetencias. Vivamos en esa actitud y confiemos que el Señor nos acompaña y está con nosotros. Pongamos nuestra voluntad en sus Manos.

lunes, 21 de enero de 2019

LA CUESTIÓN DEL AYUNO

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El ayuno era una práctica muy frecuente en los tiempos de Jesús. Ayunaban los discípulos de Juan y de los fariseos, y éstos se extrañan de que los discípulos de Jesús no ayunen. En ésta tribulación le preguntan a Jesús el motivo por el que sus discípulos no ayunan, y Jesús les responde: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día».

No es de sentido común que cuando se está en la presencia de Jesús la actitud sea de alegría, de paz y de fiesta. Porque, Jesús es el Señor, es el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Cómo se puede estar en ayuno, triste o con sacrificios. El Señor está con nosotros y su sola presencia nos llena de paz y de alegría. Con Jesús llega una nueva vida que comienza en el instante de nuestro bautizo.

Por eso, Jesús también les dice: «Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos»

El Reino de Dios está presente en cada uno de nosotros, porque el Mesías, el Señor está con nosotros. El Hijo de Dios se ha encarnado en naturaleza humana y su Espíritu está presente en nuestras vidas. No es momento de ayuno sino de alegría y entusiasmo. Llegará el momento, la hora de la tribulación, de la tentación y del sacrificio, y para eso y en esa hora será necesario el ayuno y la mortificación.

Pero, se trata de una vida nueva a la Vida de la Gracia. Es momento de entusiasmo y alegría, pues el Señor está presente y se manifiesta en cada Eucaristía dándosenos, bajo las especies de pan y vino, en su Espíritu. Y alimentando nuestras fatigas, nuestro cansancio y fortaleciéndonos para continuar fielmente nuestro camino.

viernes, 16 de febrero de 2018

MOMENTOS OPORTUNOS

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Todo tiene su momento, y el ayuno también lo tiene. En sí mismo no es una meta ni un fin, sino un medio para sostenernos firmes y equilibrados ante las tentaciones e inclinaciones de nuestra propia naturaleza caída. Somos débiles y fáciles de ser vencidos. Diría más, somos incapaces de sostenernos por nosotros mismos, incluso bien preparados y fortalecidos con el ayuno, dietas y ejercicios físicos.

Necesitamos al Señor. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y el único que nos puede salvar y fortalecernos para vencer y vencernos. Necesitamos arrepentirnos y dejarnos conducir y querer por Él, que nos salva y nos libera del pecado. En su presencia estamos salvados y alegres, porque en Él nuestra vida se transforma en gozo, fiesta y salvación plena. Él es la Vida en plenitud de gozo y eternidad.

Nuestro ayuno debe consistir en ser alivio para otros. Nuestro ayuno debe consistir en compartir y dar esperanza al que está necesitado y sufre. Nuestro ayuno es convertirnos en amor y esperanza para aquellos que están desesperanzados porque no conocen a Jesús y no encuentran sentido a esta vida. Nuestro ayuno debe ser siempre un medio para fortalecernos y sostenernos firmes y disponibles al servicio de los demás.

Es bueno ayunar, porque eso fortalece nuestro cuerpo y nos da fuerza y vigor para sostenernos sobrios y equilibrados. El ayuno es fuente de vida, y muchas veces estamos obligados a ayunar en rigurosas dietas para conservar nuestra salud. Muchas enfermedades nos predispone a renunciar a muchos alimentos que nos gustan y nos deleitan, pero se impone la salud. 

De la misma forma, el ayuno voluntario nos sirve para fortalecernos espiritualmente y estas disponible para responder a los impulsos y acciones que nos señala el Espíritu Santo. Ayunar no es un fin, sino un medio para convertirnos y responder a la llamada de Dios, que busca y quiere fundamentalmente nuestro bien, nuestra alegría, nuestro gozo y felicidad eterna.

lunes, 16 de enero de 2017

VIVIR EN CONSTANTE RENOVACIÓN

El ayuno era una práctica frecuente dentro de las costumbres de los judíos. Un acto de piedad más que lo practicaban en ciertos momentos y para ciertas misiones o fiestas como expresiones de duelos, de penitencia y preparación...etc. Les extraña mucho que Jesús no inculque el ayuno.

Y Jesús les responde dándoles razones fundamentales. El esposo está con ellos, y la esposa, el pueblo de Israel, ahora el pueblo de Dios, no necesita ayunar cuando está con el Esposo. El esposo, según la expresión de los profetas de Israel, indica al mismo Dios, y es manifestación del amor divino hacia los hombres (Israel es la esposa, no siempre fiel, objeto del amor fiel del esposo, Yahvé). Es decir, Jesús se equipara a Yahvé. Está aquí declarando su divinidad: llama a sus discípulos «los amigos del esposo», los que están con Él, y así no necesitan ayunar porque no están separados de Él (Comentario: Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll (Barcelona, España).

Jesús da un giro y un sentido nuevo a esta práctica del ayuno. El ayuno fortalece la oración y sirve para prepararnos para la lucha y el combate contra las tentaciones de la vida diaria. Jesús ayuna en el desierto como preparación a su vida publica. El ayuno como instrumento de preparación para estar fortalecido en la oración y en el desapego. Por eso, Jesús nos habla de renovarnos y nos pone el ejemplo del paño viejo puesto en el nuevo: 
«Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».

viernes, 2 de septiembre de 2016

CADA INSTANTE LLEVA SUS AFANES

(Lc 5,33-39)

No es cuestión de hacer una sola cosa, ni tampoco estar con el martillo todo el día. La vida es una sucesión de instantes, y cada instante lleva su afán. Ora contemplación, ora trabajo, ora distracción o alegría, ora descanso. En cada momento nos aplicamos a lo que toca.

Lo importante es dar a cada hora su aplicación. Un tiempo para rasgar y otro para coser. Lo disparatado sería que al tiempo de coser, rasgáramos, y al de rasgar, cosiéramos. Y eso es lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy: « ¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

No busquemos la tristeza, porque habrá momentos tristes. Eso sin ninguna duda. Cuando haya momentos de alegría, aprovechémoslo, porque también llegaran los tristes. Sabemos que el verdadero camino pasa por la pasión y muerte, tal y como sucedió con Jesús. Y que ese es el único camino de salvación. Por lo tanto, la vida nos pondrá a cada uno en su hora y su momento.

Conocemos nuestro camino de cruz, pero eso no es obstáculo para alegrarnos en los momentos de alegría. Porque la Cruz es camino de salvación, de gozo y de paz. Por lo tanto siempre tendremos motivos para, aun en el dolor, experimentar alegría, paz y gozo. Porque, lo importante, Jesús está siempre con nosotros.

sábado, 2 de julio de 2016

EL MEJOR AYUNO CREER EN JESÚS

(Mt 9,14-17)

Algo parecido dijo Jesús cuando le dijeron que su Madre y hermanos lo buscaban (Mt 12,46-50). Respondió:  Ante la presencia de estos vínculos familiares, Jesús aprovecha la oportunidad para dar una gran lección, señalando con la mano a sus discípulos, agregó:  "Éstos son mi madre y mis hermanos, pues añadió: Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre". 

Hoy nos dice que el Novio está con nosotros, y que estando con Jesús (el Novio) no hay motivo para ayunar., porque su sola presencia nos llena de gozo y nos aviva a darnos en amor a los demás. ¿Y es que hay mayor ayuno que ofrecerse y renunciar a ti mismo para vivir, injertado en Xto. Jesús, en servicio y caridad a los demás?

No se trata de mortificarse, si bien la circunstancias de la propia vida te propician momentos de sacrificios y ayunos. Y estando con, por y en el Señor todo será más llevadero y suave, pues tiene sentido y esperanza. El ayuno tiene un sentido purificador y fortalecedor, que nos prepara para estar disponible y libres a cumplir la Voluntad de Dios. Se trata de renovar nuestros corazones y de transformarnos en hombres nuevos, abiertos a la Gracia del Espíritu Santo, para que en Él seamos dirigidos a vivir la Palabra de Dios y cumplir su Voluntad.

Es el ejemplo que nos da María, la Madre de Dios, y todos aquellos que han vivido el ayuno como una actitud de entrega, de servicio y caridad, por la Gracia de Espíritu Santo, hacia los demás.