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viernes, 6 de septiembre de 2024

UN TIEMPO PARA CADA COSA

Es evidente que cuando se está alegre no se puede estar triste. Sería una contradicción. Sabemos por nuestra propia experiencia que haya momentos para celebrar, para hacer fiesta, comer, beber y saltar de alegría. Pero, también, por desgracia, sabemos que llegarán momentos de tristezas, de despedidas, de enfermedad, de muerte y…etc.

Hay momentos donde celebraremos con alegría la fiesta y otros, donde reinará la amargura y tristeza. Pero, como dice el refrán, «eso es ley de vida». Cada tiempo viene marcado por sus circunstancias, y muchas veces son favorables y otras no tanto. La realidad del mundo en el que vivimos nos enseña que eso es así.

Sin embargo, a pesar de todo ello, estamos llamados a sobreponernos, a echar para atrás lo viejo, lo establecido y buscar nuevos horizontes, nuevos tiempos que den sentido a nuestro camino y vida. Y es que el Señor está con nosotros, y como va en nuestro mismo camino debemos alegrarnos, y, hasta en los malos momentos, saber que Él está presente y nos consuela, nos fortalece para seguir adelante.

La esperanza de vivir en su presencia nos anima e impulsa a renovarnos constantemente, a no quedarnos con lo viejo, sino a alimentarnos en la esperanza de avanzar, de vivir, injertados en el Señor, los nuevos retos que la vida en nuestro propio camino nos va presentando. No olvidemos que cada tiempo trae sus problemas y alegrías, y éste que nos toca vivir a nosotros no va a ser diferente.

Por tanto, vivamos con la alegría de saber que Jesús, el Señor, está con nosotros, y con la serenidad, la paz y la esperanza de que también nos acompañará en los momentos de tristeza y penuria. Y con la esperanza de renovar nuestros odres viejos para así poder- en odres nuevos – beber del vino nuevo que nuestro Padre Dios nos ofrece cada día. 

viernes, 10 de mayo de 2024

MOMENTOS DE TRISTEZA Y SUFRMIENTO

Y está sucediendo, vivimos momentos de persecución y exclusión. Se nos acorrala hasta el extremo de querer prohibirnos hablar con Dios. Se nos impide rezar en defensa de la vida y la ley, se nos dice, no protege la vida de los más inocentes.

¿Qué está pasando? Precisamente lo que nos dijo Jesús: (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

Sus Palabras se cumplen exactamente tal y como Él ha vaticinado y prometido. No fueron palabras dichas ayer sino que nos separan miles de años. Y experimentamos y comprobamos que se han ido cumpliendo en el transcurso de los siglos. Si queremos encontrar milagros aquí tienen uno muy claro: Jesús nos dice lo que va a suceder en nuestra vida, ya así está pasando.

Y esa es nuestra esperanza que, evidentemente, nos sostiene y nos fortalece para seguir adelante a pesar de las espinas del camino. Vivimos esperanzados en saber que el final nos sonríe, nos llena de gozo y alegría. Este mundo es algo pasajero, caduco y pasar por él nos da, siguiendo fiel a la Palabra de Jesús, el gozo y la felicidad de vida eterna. Realmente, ¡vale la pena!

jueves, 9 de mayo de 2024

TRISTEZA CONVERTIDA EN ALEGRÍA

Con estas palabras termina el Evangelio de hoy: (Jn 16,16-20): En aquel tiempo, Jesús habló así… En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

Y con esa alegría que Jesús nos promete terminará nuestro camino por este mundo. Esa es la idea y esperanza que debe permanecer a flote en el centro de nuestro corazón. Nuestro final, pase lo que pase, de permanecer en el Señor, será un final de gozo y alegría. Porque nuestro destino, llamados a una vida eterna en plenitud, está en creer y ser fiel a la Palabra de Dios. Esa perseverancia y fidelidad se convertirá en un inmenso gozo de felicidad eterna.

Y es que nuestra vida es sencillamente un «poco». En más de una ocasión hemos oído decir que la vida son cuatro días, y la realidad es que es así. Aparentemente nos parece mucho tiempo, pero se nos va sin darnos cuenta. Basta echar la mirada hacia atrás para darnos cuenta cuantos familiares y amigos nos han dejado ya.

Es evidente que durante este camino pasamos quizás más tiempo con tristezas, penas y sufrimiento que con alegrías y felicidad. Pero, también sabemos, al menos los que creemos en la Palabra del Señor, que al final llegará el gozo, la alegría y felicidad eterna. Entonces ya no habrá más llanto ni tristeza, todo será eternamente alegría y felicidad junto a Padre Dios.

martes, 2 de abril de 2024

NO HAY MOTIVOS PARA ESTAR TRISTES, Y MENOS PARA LLORAR

Seguramente no costará comprenderlo, y más todavía controlar nuestro llanto y tristeza. Pero, ¡ya no hay motivo! ¿Es que no nos hemos dado cuenta? La muerte, nuestra azote y miedo ha sido vencida. Ya no debes asustarnos, si bien es necesario que tengamos que sufrir el dolor de la enfermedad y la separación, pero no para quedarnos en ella sino para nacer a la Vida de la Gracia, la Vida Nueva que nos llenará de dicha y alegría.

¡Jesús ha Resucitado!, y eso significa que también todos los que crean en Él resucitaremos para vivir la dicha de ser felices y bienaventurados eternamente. Porque, solo en Él está contenida toda nuestra felicidad eterna. Sin El nunca seremos felices y ese es el único y verdadero temor que debemos tener. Separarnos del Señor es entregarnos al mundo, demonio y carne, quedar sometido y esclavizados al pecado, dolor y sufrimiento.

Dios, nuestro Padre, nos hace libes, dichosos y felices para la eternidad. Pero antes tenemos que pasar por nuestra propia cruz. Jesús, el Hijo de Dios, nos lo ha señalado y testimoniado con su Vida y Obras. Y, precisamente, la Cruz, donde Él ha entregado su Vida, nos libera de la esclavitud del pecado, nos devuelve la libertad y dignidad de hijos de Dios y nos da Vida Eterna. Amén.

viernes, 29 de diciembre de 2023

NUESTRO GOZO SE ESCONDE EN NUESTRA RESURRECCIÓN ETERNA.

Es verdad, el gozo del Niño Dios nacido parece enturbiarse pronto con la profecía del anciano Simeón. ¿Cómo nos va a sentar bien que alguien nos diga que una espada de dolor va a atravesar nuestro corazón? Supongo que eso nos dejaría tocados por un buen tiempo. Pienso e imagino como le caería eso a María, tanto por su hijo como por ella misma.

El creyente y seguidor de Jesús tiene que saber que tras el dolor del camino y las luchas de cada día contra el ma,l está el gozo y la infinita alegría de la Resurrección eterna que celebramos cada domingo. Jesús, tras su Pasión y muerte, Resucitó para gloria del Padre. Y nos lo ha prometido también a todos aquellos que crean en Él. Una Resurrección para vivir eternamente en el gozo y la plena felicidad en la Gloria del Padre.

Ahora, ¿vale la pena recorrer ese camino? ¿Qué dirías tú? Supongo que no hay duda, ¡evidentemente, claro que vale la pena! Todos aspiramos y luchamos a brazo partido para eso, ser felices eternamente. Y Jesús, con su venida, pasión, muerte y Resurrección nos rescata de la esclavitud del pecado, nos libera y nos salva para el gozo eterno. ¿No es eso lo que realmente buscamos todos?

Quizás nuestros caminos son los equivocados y nuestra propia experiencia nos lo demuestra. No está nuestra salvación en este mundo, sino en el que Jesús, el Señor, nos propone. Ha venido para eso, y en Él nos regocijamos y fortalecemos para hacer también nuestro recorrido de salvación. Así lo percibió el anciano Simeón y, cumplida su misión, pidió ya descansar en paz porque había visto al Salvador. Y, alumbrado por el Espíritu Santo, profetizó el camino que Jesús, ese Niño encarnado en naturaleza humana, había de recorrer para salvación de muchos.

viernes, 19 de mayo de 2023

UN CAMINO DURO, DIFÍCIL Y DE ALEGRÍAS Y TRISTEZAS

Es evidente que la vida es un camino donde hay alegrías pero también muchas tristezas y sufrimientos. Todos hemos experimentado alegrías pero también tristezas que a veces llenan nuestra vida de sufrimiento y penas. Y es ese camino donde tenemos que descubrir el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios.

Por el pecado estamos sometidos a la perdición. Nuestro corazón herido está corrompido y contagiado de odio, venganza, concupiscencia, ambición, envidia…etc. En una palabra, sometidos por los efectos y consecuencia del pecado. Y de ese pecado nos libra el Señor. Su Infinito Amor Misericordioso nos rescata de esa esclavitud y nos devuelve esa dignidad de hijos de Dios.

Y ese es el motivo de su venida, acercarse al hombre, su criatura preferida, y anunciarle que su Padre quiere ofrecerle la salvación. Una salvación que pasa por su Infinita Misericordia.  Y esa es nuestra esperanza a pesar de caminar por este mundo duro, difícil y con más penas que alegrías. Para muchos, camino de miseria y pobreza. De ahí la preferencia por los pobres y excluidos.

Nuestra esperanza, que nos motiva, nos fortalece y nos ayuda a seguir adelante con alegría está contenida en esa promesa del Señor. Su Palabra es ley para nosotros confiados y seguros de su cumplimiento: (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va…

sábado, 24 de diciembre de 2022

Y LA ALEGRÍA NO ES ACOGIDA

Es evidente que el pecado hace estrago en nuestro corazón. Nos engaña y nos seduce haciéndonos ver en la mentira y el dolor alegría. Porque eso es lo que nos sucede, alegría para hoy, falsa y engañosa, y tristeza y dolor para la eternidad. Así nos presenta el mundo, demonio y carne la búsqueda de la felicidad. Nos la revisten de apariencias y mentiras para arrastrarnos a la perdición.

¿Por qué digo esto? Simplemente porque la Navidad, un tiempo de alegría y de esperanza donde recibimos la Buena Noticia de la liberación y salvación eterna, exige simultáneamente también caminos de dolor y tristeza. La felicidad, y eso lo sabemos porque lo hemos experimentado, nos exige esfuerzo, trabajo y sacrificio. Y eso deriva en muchos momentos y circunstancias en dolor y tristeza. Sin embargo, nunca podemos perder de vista que detrás de ese dolor se esconde esa felicidad que buscamos y que es nuestro mayor tesoro. El gozo eterno de alcanzar la Gloria de vivir eternamente junto a Dios.

¿Y por qué sucede esto así? Obviamente porque el amor que ese Niño Dios nos trae y nos ofrece no ha sido acogido. Observamos como ha nacido y como ha sido rechazado en la medid que se va anunciando. Son, muy significativo, los pastores y los pobres los que acogen el Anuncio y se acercan al nacimiento del Niño Dios. Y, también lo sabemos, cuando el amor se rechaza abunda el pecado y los enfrentamientos entre los hombres. Se impone la ley del más fuerte. Entonces, cuando amas sufres y experimentas tristeza.

Por eso, cuando llega la Navidad al mismo tiempo que te alegras experimentas tristezas por todos aquellos que sufren y que padecen dolor, hambre y sed, injusticias y amenazas de muerte. El amor, la Buena Noticia, se rechaza y no se acoge. Y quienes aman e intentan anunciar esa Buena Noticia pasan también simultáneamente alegría, dolor y padecen tristeza.

SEÑOR, QUE CADA DÍA DE MI VIDA
SEA UN POCO MÁS PARECIDO
A TI.
DAME LA SABIDURÍA DE ABRIR
CADA DÍA UN POCO MÁS 
MI CORAZÓN PARA
QUE TÚ NAZCAS
EN ÉL.

FELIZ NAVIDAD



viernes, 3 de septiembre de 2021

CADA COSA A SU TIEMPO

Lc 5,33-39

La vida nos enseña que cada cosa tiene su tiempo. Hay tiempo para la alegría, la fiesta, el comer y beber, y, también, hay tiempo donde nos toca llorar, sufrir y ayunar. Es la experiencia que tenemos en nuestras familias y en nuestro mundo. La gran diferencia es que nosotros estaremos siempre con el Novio. En la alegría y también en el ayuno. Esa es la cuestión.

Sabemos, por la vida misma, que llegarán días de fiesta, pero, tambíén días de tristeza, dolor y sufrimiento. Sabemos que llegará nuestra hora y el momento de partir a ese otro mundo donde Jesús nos prepara una morada, porque, nos ha dicho: -Jn 14,2 - En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros.

Cuando nos toca disfrutar y vivir momentos de alegría, de regocijo y satisfacción debemos vivirlos - valga la redundancia - con entusiasmo y exultar de paz y alegría. El Señor está siempre con nosotros y, con nosotros vive nuestras alegría y también nuestras penas. Cada cosa a su tiempo.

Sabemos que nuestra vida tendrá su dolor y su propio momento de pasión. La experiencia la vivimos en carne propia dentro de nuestras propias familias. Se han ido nuestros abuelos, nuestros padres y, precisamente en esos momentos hemos soportados días de llanto, de ayuno y dolor. Han venido etapas de carencias, de sufrimientos y hemos ayunado y perseverados en la oración. Pero, a pesar de todo, también sabemos que siempre el Novio está y estará con nosotros. 

viernes, 11 de mayo de 2018

EL RESULTADO HACE OLVIDAR LAS PENAS Y EL SUFRIMIENTO

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Todos hemos oído alguna vez esta frase: "Se han pasado muchos apuros, pero ha valido la pena". Significa que aunque el sufrimiento ha sido grande, la recompensa final lo hace olvidar y el regocijo es hermoso y grande. Todos lo entendemos así y es que así es como único tiene sentido. En la vida todo lo hermoso esconde grandes esfuerzos y sacrificio. Llegar a una meta importante en tu vida significa esfuerzos y renuncias, que no todos están dispuesto a padecer. Solos los perseverantes y firmes en su propia fe lo alcanzan.

Hoy el Evangelio nos habla de eso. De una meta que todos llevamos escrita dentro de nuestro corazón. Queremos vivir felices y por eso luchamos. Pues bien, esa meta no está en el mundo que vives, ni en tus proyectos mundanos. Tampoco la encontrarás en el poder, ni en el placer. Y menos en el dinero. ¿Por qué? Por una simple y sencilla razón que todos entendemos, porque este mundo es caduco y todo lo que procede de él también es caduco. Y lo grande, lo que vale la pena si muere no es grande ni vale la pena.

Sólo vale la pena ese deseo que tú tienes dentro de ti, que quizás lo tienes dormido y ahogado por el ruido del mundo y no lo adviertes, y lo buscas en el mundo. Ese deseo de gozo eterno en plenitud. Porque, eso es lo que tú buscas, quizás de forma errónea en la lujuria, la concupiscencia, en el dinero, en el poder...etc, pero no acabas de encontrarlo nunca. Pasan los años y empiezas a pensar que este mundo es un engaño o un pozo sin salida. 

Sin embargo, si hay salidas. Hay dos, seguir al mundo con todo lo que él te ofrece, o seguir a Jesús, el Hijo de Dios, ese que hoy te habla en el Evangelio y te dice: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

jueves, 10 de mayo de 2018

TRISTES PERO, APOYADOS EN LA ALEGRÍA Y EN LA ESPERANZA

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Jn 16,16-20
Nuestra tristeza se vuelve alegría por la esperanza en la venida del Señor. Se ha ido, pero permanece entre nosotros. Tenemos su Palabra, que es Eterna y tiene siempre cumplimiento. Por eso, estamos tranquilos, confiados y esperanzados. Nos dice: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

Y todo va sucediendo como Él nos ha dicho. El mundo se alegra y los seguidores de Jesús caminamos contra corriente en una lucha constante ante las seducciones que el mundo nos presenta. Pero, también hay persecuciones de muchos clases, unas cruenta y de muerte, y otras de una guerra fría, hedonista y contra los valores, la justicia y la moral. Se pretende aparta a la Iglesia de la sociedad y de la familia y de que el hombre viva de espalda a Dios. Un Dios con el que se quiere terminar y erradicarlo de la vida del hombre.

Pero, será imposible, porque Dios está dentro del corazón de cada hombre y muchos hombres responden a su llamada. Él Vive, Resucitado en su Hijo Jesús y vendrá de nuevo a encontrarse con los que en Él cree. Nos lo ha dicho de muchas formas y en varias ocasiones. Hoy nos lo recuerda cuando nos dice que dentro de poco le volveremos a ver.  Está presente en nuestras vidas y vendrá, como ha anunciado, en su segunda venida.

Jesús no se ha ido, se ha quedado presente en la Eucaristía. Está con nosotros, y cada día podemos verle, tocarle y alimentarnos de su Cuerpo espiritualmente. En la Eucaristía, misterio de fe, podemos conmemorar la resurrección del Señor y la presencia de Él entre nosotros. Sí, Jesús nos acompaña y todas nuestras penurias, sufrimientos y penalidades se convertirán al final en gozo y plenitud eterna. Es Palabra de Dios.

viernes, 6 de mayo de 2016

COMO DOLORES DE PARTO

(Jn 16,20-23a)

Por experiencia sabemos que todo esfuerzo conlleva una responsabilidad y preocupación. Exige trabajo y no nos es agradable emprenderlo. Pero, la razón nos dice que hay que hacerlo porque es un bien para todos. Todo lo que se haga bien es beneficioso para el bien común. Y de la misma forma, cuando actuamos mal, todos nos perjudicamos.

Hoy nos dice el Evangelio: La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. Y realmente ocurre así. Después del esfuerzo todo se olvida y queda compensado con la alegría de fruto del esfuerzo. En este caso el hijo o hija.

Igual ocurrirá con el sufrimiento y tristezas que padezcamos en este mundo. Lo que realmente importa es el final, porque eso es lo que perdurará para Siempre. Sí, no cabe ninguna duda, se sufre y es tremendo sufrir, valga la redundancia, y padecer, pero la esperanza del gozo pleno y eterno, como ocurre con las madres en los partos, nos da fortaleza y voluntad para soportar esos tormentos. 

Y, esa es nuestra esperanza y nuestra fortaleza, llegará el día en que todo acabe y empezará lo esperado y deseado, la eterna y plena felicidad. Y esto no son deducciones de nosotros o de la Iglesia, son Palabras del mismo Jesús: También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada. Entonces no nos hará falta preguntar nada, porque lo estaremos viendo con nuestros propios ojos. En la presencia del Señor ya no nos hará falta la fe ni la esperanza, sólo quedará el amor, que perdurará para Siempre.

viernes, 15 de mayo de 2015

LOS DOLORES PRECEDEN A LA ALEGRÍA

san Juan 16, 20-23


Sabido es que detrás de la tristeza viene la alegría. No hay mal que cien años dure, y eso es lo mismo que decir que tras el mal viene la paz y con ella la alegría. Toda empresa comporta riesgos, pero tras ellos se espera la alegría de conseguir los objetivos. Tener hijos supone un camino de privaciones, renuncias y sacrificios. Se sufre y al parto se va con miedo y dolor, pero la alegría del nuevo ser es inmensa y compensa todo sufrimiento pasado.

En el camino de salvación ocurre lo mismo. Todos los sufrimientos se dan por buenos si al fina se consigue el objetivo, es decir, la salvación. Vuelve la alegría y eso es lo que importa. Todo lo pasado, incluso los sufrimientos y tristezas se olvidan y se dan por buenos. La alegría es lo que queda y lo que verdaderamente importa.

"También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar".

Sabemos que las fiestas celebran el triunfo del esfuerzo, del trabajo y de la perseverancia con el premio de la alegría y la recompensa. Detrás de cada fiesta hay un sacrificio y una lucha celebrada. Un cumpleaños premia el esfuerzo y el trabajo de todo un año, y, cumplido este, lo celebramos con una fiesta alegre y festiva. 

Así nos presenta el Señor su venida. Nos invita a esperar con fe y paciencia. Nos habla de tristeza y sufrimiento porque el mundo nos tienta y nos persigue, pero nos revela su venida y la recuperación de la alegría de encontrarnos con Él. 

Además, no estamos solos. Contamos con la presencia del Espíritu Santo y con la promesa de su venida y de su presencia constante entre nosotros. Recordamos que nos dijo que donde dos o más se reunen en su Nombre, allí está Él con nosotros. Nuestro Dios es nuestro Padre, y nosotros sus hijos. No hay ninguna religión que tenga a su Dios por Padre como la nuestra. Y que nos llame hijos, porque en su Hijo Jesús nos ha hecho hijos adoptivos suyos.

Es una maravilla nuestro Dios, un Dios que es Misericordioso, pero lo es porque nos Ama hasta la locura de comprometerse entregándonos a su Hijo, haciéndolo hermano nuestro y hasta el extremo de una muerte de Cruz. 


viernes, 5 de septiembre de 2014

GUERRA Y PAZ

(Lc 5,33-39)

Guerra y paz es el título de un película, pero hoy nos puede venir muy bien para nuestra reflexión del Evangelio, porque no podemos estar tristes cuando la alegría nos visita, ni vale estar en guerra cuando gozamos de días de paz. Cada cosa tendrá su tiempo.

Esta vivencia de nuestra vida la podemos aplicar a los momentos alegres o tristes que nos toca vivir a lo largo de la vida. Hay momentos de renuncias, de sacrificios y de oración, y hay otros momentos donde el descanso, la alegría o la fiesta nos deparan un buen rato. Dios, nuestro Padre, busca y quiere que lo pasemos bien. ¡Estariamos arreglados si Dios quisiera nuestros sacrificios y que lo pasáramos mal!

Otra cosa es que, llegado los malos momentos, quizás las guerras, por ambiciones políticas, envidias, soberbia...etc., y otros enfrentamientos, vivamos momentos de tristeza, de sacrificio o renuncias. Y es entonces cuando no debemos desesperar, sino vivirlos en justicia y paz y, sobre todo, en la Voluntad de Dios. La enfermedades y problemas, que llegarán, y eso lo sabemos todos, nos exigirán aceptación y renuncias que debemos vivirlas en presencia del Señor y en constante intimidad con Él.

Pero todo tiene su tiempo, y en tiempos de alegría debemos disfrutar, también en presencia del Señor que siempre está con nosotros, esos momentos que nos alegran el corazón y nos hacen la vida grata y hermosa. 

Pidamos al Señor sabiduría para saber discernir esos tiempos de oración, de búsqueda de justicia y de paz sin desviarnos de su presencia y Voluntad. Amén.