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lunes, 8 de diciembre de 2025

HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA

Lc 2, 26-38

    En aquel silencio que envuelve las primeras luces del día, Pedro meditaba sobre el misterio de María. Aquella joven, sencilla y humilde, fue la elegida para ser la Madre de Dios. Sí, un Dios encarnado en naturaleza humana; un Dios que se hace hombre y elige por madre a María, a la que preserva de pecado y la crea inmaculada.

    Y es que no podía ser de otra manera. ¿Cómo la Madre de Dios puede estar manchada de pecado? ¡Sería irrazonable y contradictorio! “A la Madre del Redentor, Dios la quiso pura desde el principio. No por necesidad, sino por la delicadeza de su Amor.

    Solo una Madre Inmaculada puede concebir, por medio del Espíritu Santo, al Redentor y Salvador del mundo.

    —¿Qué opinión tienes tú, Manuel, de este dogma de fe: La Inmaculada Concepción? —le preguntó Pedro.
    —Cómo muy bien dices, es un dogma de fe. María fue preservada de pecado original por una Gracia singular de Dios en previsión de los méritos de su Hijo.  

    Miró para Pedro y otros que le escuchaban, y dijo:

    —Nuestra propia razón lo entiende así. De una madre manchada no puede salir un hijo limpio. Por tanto, María fue concebida inmaculada desde el principio. Era la llena de Gracia de donde había de tomar naturaleza humana la Gracia que venía a salvar al mundo.
     —Y así lo creemos. Al menos yo lo creo —respondió Pedro.

     Y todos los que escuchaban lo corroboraron levantando el brazo.

    Por medio de María vino la Luz al mundo. Dios tomó naturaleza humana, sin perder la Divina, para, caminando entre nosotros, anunciarnos el infinito Amor y Misericordia de su Padre. Desde ese momento, María participa de manera singular en la obra de su Hijo y acompaña, como Madre y Sierva, el camino de la redención.

    Y allí, bajo la mirada de la Inmaculada, todos hicieron la señal de la cruz y rezaron un Ave María, dejando que la Gracia de Dios descansara en sus corazones.

lunes, 15 de septiembre de 2025

LA PRESENCIA DEL DOLOR

Jn 19, 25-27

 Una enfermedad, un accidente o cualquier obstáculo puede desencadenar una situación de dolor. Todos, de alguna manera, hemos vivido esa experiencia.

    A esa conclusión llegaba Pedro tras conocer la muerte de un querido amigo. Pensaba en el dolor de sus familiares, y sentía cierta nostalgia al saber que ya no volvería a encontrarse con él.

   —¿Qué piensas del dolor, Manuel?
  —Un tiempo de tristeza y amargura. Una experiencia —fuerte— que todos tendremos que vivir en algún momento de nuestra vida.
   —Y muchos —dijo Pedro, acongojado— no podrán superarla.
  —Sí, suele ocurrir. Sin embargo, las personas que tienen fe cuentan con otra manera de enfrentarse al dolor. Les sostiene la esperanza de la resurrección.
   —¿Lo crees así?
   —Es la experiencia que tengo al ver a muchas personas que conozco. Además, en Jn 19, 25-27, María, la Madre de Dios, permanece al lado de Jesús y nos enseña a acompañar a quienes sufren. La fortaleza se muestra hacia fuera para sostener, pero el dolor hiere por dentro. María expresa el amor incondicional de madre y la fidelidad plena de discípula.
   —Pero … el dolor —dijo Pedro con titubeo— sigue ahí, y por dentro te desgarra.
  —Es una situación difícil. Pero, detrás de ese dolor de cruz, se esconde la esperanza de la resurrección. Y eso fortalece.
    
   Bajo la cruz, María se convierte en madre de todos los creyentes; ella sigue acogiendo nuestras noches oscuras, nuestras heridas y sufrimientos. En ella encontramos esperanza los abatidos, los despreciados y los olvidados.

lunes, 8 de septiembre de 2025

EL CAMINO DE DIOS

Mt 1, 28-23

    Pedro se sentía orgulloso al descubrir parte de su historia familiar. El árbol genealógico de su familia le parecía un tesoro que deseaba compartir.
    Al encontrarse con Manuel, le dijo:

    —Buenos días, Manuel. ¿Cómo estás?
    —Bien, gracias a Dios. ¿Y tú?
  —También bien, y contento. He visto la historia de mi árbol genealógico y me siento muy orgulloso. ¿Conoces el tuyo?
    —Bueno, sé algo, pero no me he interesado a fondo en conocerlo.
    —Es muy interesante. Te ayuda a saber de dónde vienes y quiénes fueron tus antepasados.
   —Sí, claro. En el Evangelio de Mt 1,18-23 se cuenta la genealogía de Jesús. Y allí hay de todo: buenos y malos, santos y pecadores. Una lista donde también se muestra la fragilidad humana.
    —¿Y eso no es un problema? —preguntó Pedro.
   —Nada de eso —respondió Manuel—. Eso confirma que Jesús, el Hijo de Dios, se encarna en nuestra humanidad, con una familia real, con su historia. Dios no se asusta de la debilidad, sino que camina con su pueblo.
    —¿Cómo el Hijo de Dios…? —intentó replicar Pedro.
    —¡El Hijo de Dios no quiso tener privilegios! —interrumpió Manuel—. Nació pobre. Eligió a María, una joven sencilla y humilde, que acogió al Hijo de Dios para que, por medio de ella, nos alcanzara la salvación.
    —¿De qué salvación hablas? —preguntó Pedro.
   —De la salvación de Dios, que en el Evangelio de Mateo se revela en Jesús, “Dios-con-nosotros”. Ese es su nombre: Emanuel.

   María siempre albergó el deseo de ser cauce del Señor. Durante su vida se preparó para decir “sí” al ángel que traía el mensaje del Padre. Su vida fue un inmenso regalo que hoy celebramos.

viernes, 15 de agosto de 2025

EL MILAGRO DE LA SALUTACIÓN

Lc 1, 39-56

    —¿Sabes, Pedro? Estaba pensando que hay muchos que quieren creer, pero no abren su corazón. Piden un signo, un milagro que justifique su fe. No se fían, como Tomás, aquel discípulo que dijo: “Si no veo, no creo”.
    —La fe es un don de Dios y, al parecer, muchos no la reciben. ¿No lo ves tú así? 
    —Es un don, sí… pero dime, ¿estás tú abierto a recibirlo?
    —Ahora sí que me dejas perplejo. ¿Podemos cerrarnos nosotros mismos a ese regalo?
    —Dedúcelo tú. Pocos hacen caso a los signos que Dios va dejando en sus vidas. Muchos lo atribuyen a la casualidad, pero casi nadie se plantea si Dios está presente y llamando a la conversión.
    —¿De qué signos me hablas? No entiendo lo que dices.
    —Por ejemplo: María, la Madre de Jesús, pudo no creerse lo que el Ángel le anunció. Y más todavía, cuando Simeón le profetizó —Lc 2, 25-35— el camino doloroso que recorrería su Hijo. La huida a Egipto, sin ir más lejos, era suficiente para derrumbar a cualquiera… incluso para dejar al niño. María tuvo muchas pruebas y razones humanas para cerrarse a la llamada de Dios. ¿No te parece?
    —Sí, creo que sí. Su fe es firme, grande, maravillosa. Me asombra su entereza y confianza.
    —¡En Dios, su Salvador!, termina diciendo ella en el Magníficat, como respuesta al saludo que le hizo su prima Isabel.
    —¡Verdaderamente, es un ejemplo de obediencia y fe!
    —Sí, y además, ahí está un gran milagro. Eso es lo que muchos piden, pero que no ven aunque lo tengan delante.
     —¿A qué te refieres? Ahora me dejas intrigado.
     —Cuando Isabel advierte la presencia de María, ocurre algo fuera de nuestro entendimiento. El niño salta en su vientre, Isabel se llena del Espíritu Santo y exclama: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor?”
     —¿Y eso es un milagro? No lo veo claro.
    —Piénsalo: ¿quién pudo decirle a Isabel que María llevaba en su vientre al Mesías? María sabía lo del embarazo de Isabel porque el Ángel se lo dijo, pero Isabel no sabía nada. ¿Cómo, entonces, la recibe como “la Madre de mi Señor”? No hubo mensajeros humanos… fue obra de Dios. Me parece un milagro hermoso y una señal para quienes quieren abrir los ojos.
    —Después de oírte, creo que sí. Es una llamada a todos los que queremos creer.
    —Exacto. María es la primera discípula de Jesús. Dijo sí a la invitación del ángel, acogiéndolo en su seno. Su decisión la llevó a inquietudes y sufrimientos, pero se mantuvo fiel hasta el pie de la cruz. Es nuestra Madre y nos enseña a derribar la soberbia, enaltecer a los humildes, colmar de bienes a los hambrientos y vaciar de autosuficiencia a los ricos. María era de Dios y volvió a Dios, asunta al Cielo. Fiesta que celebramos hoy… y que un día, con la gracia de Dios, celebraremos junto a Ella en la eternidad.

lunes, 9 de junio de 2025

UNA MADRE SIEMPRE NOS ACOGE

Jn 19, 25-34

    Al pie de la cruz, y desde ese momento, María se convierte en nuestra Madre. Es un ofrecimiento de Jesús antes de morir: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

    Creo que no caemos en la cuenta de que tenemos una Madre en el Cielo. Una Madre especial, aparte de la nuestra propia, que intercede a su Hijo por nosotros. Una Madre que nos acoge, nos acompaña, nos sirve de modelo, nos da testimonio con su vida y su perseverancia, y nos alumbra el camino hasta la Cruz de su Hijo.

    —Pero, también nos enseña que el dolor nos sirve para probar nuestra fe y perseverancia. María es Madre porque estaba al pie de la Cruz. No se escondió, se mantuvo firme y compartió su dolor con el de su Hijo. ¿Lo hacemos nosotros así?

    —Me dejas algo descompuesto – replicó Pedro – creo que no. Incluso, hablo por mí, pienso que pasa desapercibida para muchos de nosotros.

    —Sí, creo que está en lo correcto. Si bien es verdad que hay muchas manifestaciones piadosas, romerías y actos de piedad, pero al final se aprueba la ley del aborto. ¿Dónde están esos hijos de la Madre de Dios, que defiende la vida de esos niños nacidos en el vientre de su madres?

    —Al parecer la mayoría se esconden.

    —Pues eso al menos parece.

    De todos modos María es nuestra Madre, y ella siempre estará al pie de la cruz de cada uno de sus hijos que Jesús, su Hijo e Hijo de Dios, le ha dado simbolizado en Juan, para acogernos, para consolarnos, para acompañarnos y para hablarnos de su Hijo. Gracias Madre, Madre de Dios y Madre nuestra.

sábado, 31 de mayo de 2025

MARÍA, LA ELEGIDA

Se hace difícil entender el por qué de la elección de María. Por nuestra manera humana de razonar no encontramos méritos que destaquen su persona para atraer la mirada de Dios. Al contrario, una joven sencilla, pobre y humilde que pasa desapercibida. Eso sí, llena de fe y esperanza, y como mujer abierta al Plan de Dios para ser la madre del Mesías prometido. Posiblemente ese sea el mérito – entre paréntesis – para que Dios pusiese su mirada en ella: su disponibilidad a hacer su Voluntad, que más tarde, como respuesta al saludo de Isabel, su prima, cantaría en el Magníficat. 

Y, en y a través de ella, Dios realiza su Plan de Salvación. Su Sí es determinante y, por la Gracia y Misericordia de Dios nos salva.

Podemos preguntarnos; ¿a  cuánto de nosotros ha llamado Dio para una misión concreta? ¿Hemos estado atentos a esa posible llamada, y la hemos escuchado y respondido? Posiblemente no nos hayamos enterado todavía, o, quizás, nuestra misión no sea otra que la de vivir en nuestro ambiente de familia y sociedad de acuerdo con la Palabra de Dios cumpliendo su mandamiento del Amor.

Será concretamente nuestra fe y su Palabra la que nos vaya señalando el Camino. No obstante nos ha dicho: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, de modo que solo tendremos que seguirlo y confiar en Él.

martes, 13 de mayo de 2025

MARÍA, UNA PRESENCIA HUMILDE

El trece de mayo la virgen María bajo de los cielo a Cova da Iria … Con esta canción celebramos y recordamos el acontecimiento de la aparición de la Virgen de Fátima a los pastorcitos Francisco, Lucía y Jacinta de Cova da Iria.

María, aunque aparentemente desapercibida, está siempre presente en el Plan de Dios. Fue la elegida para dar su vientre a su Hijo, y la puerta por donde llega hasta nosotros la redención y salvación. Ella se ofrece como la cuna donde el Hijo de Dios toma naturaleza humana y entrega su Vida para liberarnos de la esclavitud del pecado. Ella es María, la Madre humilde y sencilla que persevera fiel hasta el pie de la cruz de su Hijo.

Es la primera discípula, la que sigue al pie las cosas que enseña su Hijo, la que nos da ejemplo y nos anima a seguirle diciéndonos: «hagan lo que Él nos dice». Y nos acompaña para darnos fuerza y esperanza y no desfallecer. Ella es firme en la fe, y nos contagia de esa fe para que también nosotros, sus hijos, perseveremos también en la fe. Cantemos pues a María …

martes, 25 de marzo de 2025

Y MARÍA DIJO, SÍ.

Detrás del Sí de María se esconden muchas conclusiones. Primero, dejar paso a la prioridad del Plan de Dios; segundo, confiar en su Palabra y aceptar todas las dificultades que se presenten. El camino no parece fácil ni sencillo. Las incomprensiones se presentan inevitablemente, y los pareceres ante las apariencias auguran un cúmulo de dificultades y obstáculos que no parece fácil superarlos.

A pesar de eso, María dice: Sí al Plan de Dios, y abre su corazón y pone plenamente su voluntad al servicio y Voluntad – valga la redundancia – de Dios. Así, de esta manera, aparentemente simple, empieza el Plan de Dios en este mundo. María, nuestra Madre, hace de puerta para que su Hijo, nuestro Señor Jesús, sea el Redentor que rescatará nuestra dignidad – manchada y herida  – de la esclavitud del pecado. Pero, para ello, María, una mujer sencilla y humilde, acepta participar en la historia de Dios sabiendo de las dificultades, pero consciente de que Dios va a ser la prioridad de su vida.

Vendrán días de soledad, incomprensión, tristezas, sufrimientos e innumerables interrogantes que no entenderá, pero, abre su corazón al Señor para que se haga presente en nuestra historia humana y, por su mérito entre la Gracia y la Misericordia de Dios en nuestras vidas, y, por ello, la salvación.

domingo, 19 de enero de 2025

EL PRIMER «SIGNO»

Poco se habla de María en los Evangelios, pero si algo importante hay que decir de María, uno de esos momentos relevantes puede ser su intervención en la boda de Caná. María percibe el problema de la falta de vino, algo muy importante en una fiesta, más en la circunstancias de una boda. ¿Qué dirán los familiares e invitados si de repente les llega la noticia de que no hay vino? Puede ser un gran problema para el comienzo de esa pareja que inicia y celebra su unión.

Y, percibida la gravedad de la falta del vino, María recurre a su Hijo Jesús, lo cual descubre la intuición de María y su conocimiento de quien era su Hijo. Sus palabras son netamente reveladoras y aleccionadoras para cada uno de nosotros. Dirigiéndose a los sirvientes les dice: «Hagan lo que Él les diga».

Hago un aparte en este momento, porque será muy importante incluirnos nosotros en ese grupo de sirvientes y dejar que esas palabras de María entren también en nuestros corazones: «Hagamos lo que el Señor nos diga». Oiremos también este mensaje, en ese momento de parte de Dios, nuestro Padre, en el momento de la Transfiguración de Jesús en el Tabor:  "Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo".

María, la Madre, y también Madre nuestra, nos pone desde los primeros pasos del anuncio de la Buena Noticia en el camino de escuchar y hacer lo que el Señor nos dice. En otras palabras, hacer su Voluntad. Porque nuestro camino es y será siempre ese, hacer la Voluntad del Señor. Y, no lo dudemos, para ello contaremos siempre con la intersección y compañía de María, nuestra Madre.

jueves, 15 de agosto de 2024

LA ASUNCIÓN DE MARÍA, LA MADRE DE DIOS

Encontrar las palabras precisas que expresen ese acontecimiento de la concepción de María y la revelación que hace su prima Isabel al descubrir su presencia, no es nada fácil. Primero, porque nos cuesta trabajo entenderlo, y segundo, porque escapa a nuestra experiencia. Es don de Dios y, por supuesto de fe, entenderlo y poder expresarlo.

Sin embargo, desde nuestra propia fe, la que, por la Gracia de Dios, tenemos en estos momentos, damos gracias por la presencia de María, su humildad y su fe con la que da respuesta afirmativa al Plan de Dios en ella. Y quedamos asombrados y perplejos a la revelación de Isabel – su prima – al recibirla y proclamar: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Porque nos preguntamos, ¿de dónde sabe Isabel esa concepción de su prima María? No hay otra alternativa que ser iluminada por el Espíritu Santo. ¿Y no es eso un milagro? Y más todavía al responderle María con ese canto del Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos», donde manifiesta y descubre su fe y humildad.

Es de sentido común suponer y creer que María fue asunta al Cielo, pues ¿no es ese el mejor regalo que su Hijo podía darle, tenerla y llevarla con el a la Gloria de su Padre? Y, para nosotros, ¿no es el más y mayor regalo tener una Madre, como María, en el Cielo junto a su Hijo y a su Padre Dios? Yo, al menor, lo creo firmemente.

viernes, 31 de mayo de 2024

¿QUIÉN SOY YO PARA QUE ME VISITE LA MADRE DE MI SEÑOR?

La pregunta me la hago a mí mismo: ¿Quién soy yo para que me visite mi Señor? Porque, si vivo y estoy salvado es porque el Señor, mi Dios, me ha creado, me ha mirado y ha depositado para mí su Infinita Misericordia.

María, la Madre de Dios, me da ejemplo y su testimonio deber marcar mi vida. Porque, ella, la elegida para ser la Madre de Dios, se ha humillado hasta el punto de ofrecerse como la esclava del Señor. Y ha sido fiel al Plan que Dios le ha asignado.

Y yo me pregunto: ¿Soy fiel al Plan que Dios ha pensado para mí? ¿He tratado de esforzarme y de buscar que me pide Dios que realmente haga? ¿Soy consciente de que yo también he de tener una misión? ¿Trato de escuchar, de abrir mis oídos y mis ojos para  encontrar en Él, mi camino, mi verdad y mi vida?

Dios promete y espera que tú, tal y como hizo María, respondas con fe, fiándote de su Palabra. Y es así como Dios se manifiesta en nuestra vida. Me toca, por tanto, como María, fiarme de la Palabra del Señor y aceptar todo lo que acontezca en mi camino sabiendo que Dios, mi Padre, está presente, me mira y espera que mi respuesta sea como la de su Madre, María: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra.

domingo, 24 de diciembre de 2023

HÁGASE EN MI SEGÚN TU PALABRA

Es la frase que debe estar palpitando en nuestros corazones: «Hágase tu Voluntad». Porque de lo que se trata es hacer la Voluntad de nuestro Padre Dios. Y para eso María es nuestro primer ejemplo. Ella vivió toda su vida en espera y obediencia a la Voluntad de Dios Padre y, una vez visitada y anunciada por el ángel Gabriel su elección para ser la Madre del Mesías esperado, se ofreció de forma firme y decidida, precisamente, con estas palabras: «Hágase en mí según tu Palabra».

Ahora, conocido el Plan de Dios nos pertenece a nosotros confirmar nuestra fe. Creer, a pesar de la complejidad y la limitación de nuestra razón se nos hace hartamente difícil. Las dudas hacen presencia por todas partes, pero, como María, y su prima Isabel, tenemos la evidencia de que Dios es nuestro Padre y quiere nuestra salvación. Su Palabra será y tendrá la decisión final y nuestro corazón arde en deseos de salvación eterna.

Por otro lado, experimentamos cada día que todo lo que nos ofrece este mundo pasa, es caduco y como de una manera imperceptible se borra en poco tiempo. Nada se sostiene y todo se evapora como el tiempo. Solo queda firme y eterna la Palabra de Dios. Solo Él se mantiene en el tiempo y, nuestra espera a su prometida segunda venida, ya la definitiva, nos sostiene esperanzados, gozosos y fortalecidos ante las dificultades y obstáculos que nos presenta este mundo:  mundo, demonio y carne.

En Él, cada día, renovamos su nacimiento, celebrado en estas fechas navideñas de manera más especial, pero siempre presente y actualizada en nuestro corazón cada instante de nuestra vida. 

¡¡Feliz Navidad!!

miércoles, 20 de diciembre de 2023

EL ÁNGEL ANUNCIA A MARÍA SU ELECCIÓN PARA SER LA MADRE DE DIOS.

No hay otra alternativa, el Misterio de la encarnación de Dios se anuncia en el lugar banal de la Galilea de los gentiles, de donde los judíos piadosos no esperan que pueda salir  nada bueno. Nazaret es el sitio y la destinataria del anuncio una mujer joven, virgen todavía, que ignora sin dudar y pregunta sin desconfiar. Características inconfundibles e imprescindible de la fe que identifica al ser cristiano.

María, a pesar de lo inesperado del anuncio y de no entender como se puede realizar, no duda de la palabra de Dios ni tampoco de la del Ángel. Es verdad, no sabe ni entiende como se puede realizar. Incluso no conoce varón y pregunta sin desconfiar. Sin embargo, se fía plenamente y se ofrece como la esclava del Señor.

Desde esa actitud de María podemos sacar muchas lecciones para la fortaleza de nuestra fe, si realmente la tenemos. No solo para fortalecerla sino para  acrecentarla, potenciarla y aumentarla. Darle naturaleza a ese grito de: ¡Señor, auméntanos la fe!

María nos ayuda a hacer una introspección en nuestro corazón y ver realmente hasta donde llega nuestra fe. Mirarnos con esa mirada que nuestra Madre nos regala de confianza y de esperanza en la Palabra de nuestro Padre Dios.

También a nosotros nos llama y nos llega la Palabra de Dios. Posiblemente con otras misiones muy diferentes a nuestra Madre, pero en la misma línea de salvación y de amor misericordioso. El Señor cuenta con todos nosotros y nos pregunta si realmente queremos estar  con Él y seguirle. Nos pide, como a su Madre, María, que creamos y nos fiemos del Él. ¿Estamos dispuestos?

viernes, 8 de diciembre de 2023

UNA MISIÓN QUE EMPIEZA CON MARÍA

Esa es la obra de Dios, una obra misericordiosa que nunca llegaremos a comprender. Dios busca nuestra liberación desde el día del quebranto de la promesa por la desobediencia y el pecado de Adán y Eva. Dios quiere liberarnos de la inclinación a vernos sometidos por el pecado y privados de libertad. De esa bendita libertad de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Conoce nuestras inclinaciones al mal, al egoísmo, al placer desmedido y a la holgazanería. Conoce nuestra soberbia y avaricia a la riqueza, al poder y al placer de la carne. Conoce todos nuestros defectos y, a pesar de todo eso, confía en nosotros y busca nuestra salvación. Y para ello, elige a María, la criatura pura por excelencia y llena de Gracia para ser Inmaculada sin ser tocada por el pecado. ¡Qué menos que la Madre del Salvador sea pura e inmaculada!

Y tras María nos da la oportunidad, por los méritos de su Hijo Jesucristo, de ser rescatados y liberados de la esclavitud del pecado. María, junto a su Hijo, es corredentora de nuestra liberación. Ella es parte activa de la Obra de Dios por la que todos los hombres son llamados a la salvación. Ella es la primera piedra de donde, encarnado en Naturaleza Humana, su hijo, nuestro Señor, inicia su Camino, su Verdad y su Vida de liberación y perdón de todos nuestros pecados.

Hoy es un día grande. Celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen. Celebramos tener una Madre Inmaculada que nos acompaña, nos protege y nos muestra el fruto de sus entrañas: Nuestro Señor Jesús.

martes, 15 de agosto de 2023

MARÍA, UNA MUJER SENCILLA Y HUMILDE

Posiblemente esa será la imagen verdadera que debemos tomar y hacernos de María, una mujer humilde, sencilla y abierta al plan de Dios. Nada de grandezas, coronas, pedestales y demás alhajas que no la embellecen sino que son indiferentes a la mirada de Dios. María es la elegida por su humildad, su disponibilidad a entregar su vida a Dios y a asumir la misión de ser la Madre del Hijo encarnado.

Debemos estar atentos y prestos a entender donde está el valor y el gozo de Dios. No busquemos, porque no está, en las cosas que nos resultan grandes, valiosas y poderosas de este mundo material. Busquemos en la humildad, en la sencilles, en lo pequeño donde se puede apreciar el bien, la verdad, la bondad y la belleza. Son las características con las que hemos de adornarnos. Precisamente, las que brillan y hacen grande a María, la Madre de Dios.

Su belleza, su bondad, su verdad y su bien andar por la vida están fundamentados en su fe y obediencia a la Palabra de Dios. Recibida a través del Arcángel San Gabriel, María no duda y se fía de Dios. Acepta la misión que le ha sido encomendada de ser la Madre de Dios. Ella, fundamentada en su fe deposita su confianza en José, el esposo que le fue dado por Dios, y guardando todo en su corazón se abandona en las manos de Dios.

¿Miramos nosotros, nos preguntamos, así a María, o solo vemos una imagen recargada de joyas, coronas y belleza material? ¿Sabemos y tratamos de imitar a esa mujer de bien, adornada y llena de verdad y bondad que la hacen precisamente bella entre todas las mujeres? Pidamos al Espíritu Santo que nos dé la sabiduría de mirar a María de esa manera. Amén.

sábado, 17 de junio de 2023

LA FE TIENE UNA CARACTERÍSTICA INCONFUNDIBLE, LOS FRUTOS.

Cuando hablamos de fe no podemos confundirnos. Decir que tengo gran fe y luego no dar frutos es como decir que soy capaz de volar como un avión. La fe tiene una característica inconfundible, da frutos. Una fe que no da frutos en las obras no es fe. Son palabras del Papa Francisco que yo humildemente subscribo.

Hoy, si nos fijamos atentamente en el Evangelio, observamos como la fe de María y José dieron frutos. Toda la vida de María es una exaltación de fe. Fe en el momento sublime y grandioso de la Anunciación. Cree en lo que le dice el ángel enviado por Dios; cree en el Plan que Dios le propone y, fiándose de su Palabra, va confiando en cada momento en los tiempos que Dios propone y ha pensado. Se siente instrumento de Dios y abre su corazón a su Palabra.

Y, sin entender muchas cosas que van sucediendo en el camino de salvación que Dios ha propuesto y para la que ella ha sido elegida Madre del Salvador, María confía y sostiene su fe paso a paso. Precisamente, en el Evangelio de hoy se dice: (Lc 2,41-51): «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

¿Y qué nos sucede a nosotros? Nos preguntamos: ¿Tenemos fe? Esa fe como María y José capaz de dar frutos. Frutos en obras que se vean en el camino de nuestras vidas y que puedan en algún momento interpelar, por obra y gracia del Espíritu Santo, a aquellos que se fijen, que vean y se abran al Espíritu de Dios. Será buena ocasión para en el silencio de unos minutos de reflexión pedirle al Espíritu Santo que nos abra el corazón y nos embriague de fe. Amén.

lunes, 29 de mayo de 2023

CON MARÍA, DE CAMINO Y EN SILENCIO, AL PIE DE LA CRUZ

Hemos oído muchas veces que este mundo es una cruz. Y hemos experimentado que hay muchos momentos de cruz en nuestro camino. Sabemos también que otros llevan más cruces en su vida que alegrías. Si, definitivamente este mundo es un mundo de cruz. Y aprender a vivir es aceptar que la cruz estará presente en nuestro camino y en nuestra vida.

En este sentido María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos sirve de referenciar para, asidos de su mano dejarnos conducir y guiar por el camino que nos lleva a un encuentro con su Hijo. Ella supo aceptar el Plan de Dios, ser la Madre elegida del Mesías prometido y caminar silenciosamente hasta el pie de la Cruz en la que su Hijo, ofrecido voluntariamente, nos devuelve, por la Misericordia Infinita del Padre, nuestra dignidad de hijos.

¿Y qué hizo María? ¡Nada extraordinario! Simplemente aceptar, obedecer y poner todo lo recibido en manos de Dios. Y conforme a su Plan ir aceptando humildemente en silencio su Voluntad. Sin muchas palabras, sin portentos ni nada extraordinario, sin hacer ruido y en silencio, María, la Madre de Dios, caminó aceptando y llevando su dolor de Madre hasta el pie de la Cruz.

También nos sucede a nosotros hoy. Cada cual carga con su dolor. Quizás para unos sea más pesado que para otros, pero todo hemos recibido las fuerzas para, injertados en el Espíritu de Dios, soportarlo. Y esa será nuestra misión. Mirar a María desde esa perspectiva nos anima y nos llena de esperanza y fortaleza. Ella llevó su camino con dolor y entereza. Siempre confiada en la fe puesta en su Hijo, y en la esperanza de saber que cumplía la Voluntad de su Padre. María siempre supo esperar y confiar en que tras aquel dolor de cruz llegaría la alegría de la Resurrección.

Esperemos también nosotros esa Resurrección asidos de la mano de María y acompañados por ella dejémonos llevar al encuentro con su Hijo.

sábado, 22 de abril de 2023

MARÍA, MADRE DE DIOS

Jn 19, 25-27

Es lógico que cuando nos sucede algo notable y destacado lo compartamos con nuestros seres más próximos. Lógico que nuestra madre ocupe un lugar destacado en ese compartir nuestros éxitos y también fracasos; nuestras alegrías y también angustias. Por tanto, es lógico suponer e intuir, aunque no se mencione en el Evangelio, que la primera aparición de Jesús Resucitado, según San Ignacio de Loyola, fuese a su Madre.

María ocupa un lugar muy destacado en la Iglesia. Es la Madre y la que estuvo siempre al lado de su Hijo hasta el extremo de acompañarle hasta la misma cruz. Solo ella con su hermana, María, de Cleofás, María Magdalena y Juan el discípulo amado permanecieron firmes a los pies de la cruz. Es natural suponer que Jesús, Resucitado, diese la primera alegría a su Madre.

María es la Madre, la que también ruega por nosotros para que creamos en la Palabra de su Hijo. Ella quiere que todos creamos en su Hijo y sabe que solo su Hijo nos puede dar eso que tanto buscamos en este mundo. Ella, pues, intercede por nosotros y a ella recurrimos todos los que la tenemos por Madre. Ella es también un camino por el que nos podemos acercar a su Hijo. Es evidente que conociendo a la Madre nos adentraremos también en el conocimiento de su Hijo.

Eso no significa que por María alcanzamos la salvación y llegamos a Dios. Simplemente, tratamos de aclararlo, María intercede como Madre que es para que podamos conocer mejor a su Hijo. Es natural y lógico que una madre sepa mucho de su hijo. ¿Cómo no va a saber María muchas cosas de Jesús que nos puede enseñar y dar a conocer? ¡Claro!, por ella podemos intimar y llegar a un conocimiento mejor de Jesús.

Ahora, solo por Jesús podemos salvarnos. Él es el único mediador entre los hombres y su Padre, y solo por Él podemos alcanzar la salvación. Sin embargo, sabemos por experiencia que por muchos caminos podemos encontrarle y María, su Madre, es uno de los más importantes.

sábado, 24 de diciembre de 2022

Y LA ALEGRÍA NO ES ACOGIDA

Es evidente que el pecado hace estrago en nuestro corazón. Nos engaña y nos seduce haciéndonos ver en la mentira y el dolor alegría. Porque eso es lo que nos sucede, alegría para hoy, falsa y engañosa, y tristeza y dolor para la eternidad. Así nos presenta el mundo, demonio y carne la búsqueda de la felicidad. Nos la revisten de apariencias y mentiras para arrastrarnos a la perdición.

¿Por qué digo esto? Simplemente porque la Navidad, un tiempo de alegría y de esperanza donde recibimos la Buena Noticia de la liberación y salvación eterna, exige simultáneamente también caminos de dolor y tristeza. La felicidad, y eso lo sabemos porque lo hemos experimentado, nos exige esfuerzo, trabajo y sacrificio. Y eso deriva en muchos momentos y circunstancias en dolor y tristeza. Sin embargo, nunca podemos perder de vista que detrás de ese dolor se esconde esa felicidad que buscamos y que es nuestro mayor tesoro. El gozo eterno de alcanzar la Gloria de vivir eternamente junto a Dios.

¿Y por qué sucede esto así? Obviamente porque el amor que ese Niño Dios nos trae y nos ofrece no ha sido acogido. Observamos como ha nacido y como ha sido rechazado en la medid que se va anunciando. Son, muy significativo, los pastores y los pobres los que acogen el Anuncio y se acercan al nacimiento del Niño Dios. Y, también lo sabemos, cuando el amor se rechaza abunda el pecado y los enfrentamientos entre los hombres. Se impone la ley del más fuerte. Entonces, cuando amas sufres y experimentas tristeza.

Por eso, cuando llega la Navidad al mismo tiempo que te alegras experimentas tristezas por todos aquellos que sufren y que padecen dolor, hambre y sed, injusticias y amenazas de muerte. El amor, la Buena Noticia, se rechaza y no se acoge. Y quienes aman e intentan anunciar esa Buena Noticia pasan también simultáneamente alegría, dolor y padecen tristeza.

SEÑOR, QUE CADA DÍA DE MI VIDA
SEA UN POCO MÁS PARECIDO
A TI.
DAME LA SABIDURÍA DE ABRIR
CADA DÍA UN POCO MÁS 
MI CORAZÓN PARA
QUE TÚ NAZCAS
EN ÉL.

FELIZ NAVIDAD



jueves, 22 de diciembre de 2022

MARÍA, NOS ENSEÑA A DECIR SÍ

En el fondo la cuestión es responder como María. Su respuesta es la respuesta – valga la redundancia – que todos queremos dar también en nuestra vida. Y, mirándola, podemos aprender mucho de cómo hacerla y darla. Su Magníficat es un compendio de cómo debemos actuar y proceder en respuesta a esa llamada que Dios también nos hace a cada uno de nosotros.

La primera actitud que nos enseña María es la humildad. Ser humilde es reconocernos criaturas de un Padre Dios que nos ha creado por amor y que todo lo que somos y seremos es por su Gracia gratuita y misericordiosa. María, diríamos que de alguna manera profetiza que será felicitada y venerada por todas las generaciones. Y así ha sucedido. ¿Qué pueblo no venera a María bajo alguna advocación? Y también nos avanza la Infinita Misericordia de Dios para todas las generaciones.

También, María nos enseña a estar disponible y pronto al servicio. A dejar a un lado la suficiencia, la vanagloria y todo lo que nos enaltece egoístamente para olvidándose de sí misma, de ser la mujer más importante del universo por ser la elegida para ser la Madre de Mesías prometido, salir pronto con la actitud de servicio a casa de su prima Isabel.

María nos enseña y muestra la acción de Dios sobre los hombres dispersando a los soberbios, derribando a los poderosos y enalteciendo a los humildes. María nos señala el camino por donde vamos a encontrarnos con su Hijo. Mará, Madre de Dios, camino para todos sus hijos que bajo su amparo y su intercesión nos encontramos con el Mesías, ese Mesías que ella, por la Gracia de Dios, dio a luz en Belén. María, camino de encuentro con el Salvador que nos libera de la esclavitud del pecado.

Gracias Madre porque tu vida es un libro abierto de humildad y obediencia a la llamada de Dios que nos estimula y nos anima a actuar como tú.