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domingo, 8 de diciembre de 2024

LA LLENA DE GRACIA

No es María una criatura más, es la Madre, la elegida y, por tanto, «la llena de Gracia». Desde su concepción fue elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo, el Mesías prometido, y para ello, fue concebida sin pecado original. Llena de Gracia desde el primer instante.

Y no podía ser de otra manera. La Madre del Redentor tendría que estar limpia, llena de Gracia, y sin pecado. No se podría entender que la Madre del Redentor estuviese manchada por el pecado. De sentido común que la Madre fuese limpia, limpia de toda duda, de toda mancha y dispuesta a la Voluntad de Dios.

Por eso, María nos enseña el camino hacia su Hijo: primero creyó en su Palabra. Fue su primera discípula y, como tal, esperó, pues quien cree espera. María no desesperó, al contrario siempre mantuvo una actitud de espera. Y, al mismo tiempo acepta los acontecimientos que se van sucediendo en su vida. Confía, fortalece su fe en esa confianza que la anima a estar disponible, abierta al servicio.

Es evidente, María nos enseña el camino en ese Adviento de espera. Es la Inmaculada, la Madre que con su vida ejemplar nos lleva a la presencia de su Hijo, nuestro Mesías y Salvador.

viernes, 8 de diciembre de 2023

UNA MISIÓN QUE EMPIEZA CON MARÍA

Esa es la obra de Dios, una obra misericordiosa que nunca llegaremos a comprender. Dios busca nuestra liberación desde el día del quebranto de la promesa por la desobediencia y el pecado de Adán y Eva. Dios quiere liberarnos de la inclinación a vernos sometidos por el pecado y privados de libertad. De esa bendita libertad de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Conoce nuestras inclinaciones al mal, al egoísmo, al placer desmedido y a la holgazanería. Conoce nuestra soberbia y avaricia a la riqueza, al poder y al placer de la carne. Conoce todos nuestros defectos y, a pesar de todo eso, confía en nosotros y busca nuestra salvación. Y para ello, elige a María, la criatura pura por excelencia y llena de Gracia para ser Inmaculada sin ser tocada por el pecado. ¡Qué menos que la Madre del Salvador sea pura e inmaculada!

Y tras María nos da la oportunidad, por los méritos de su Hijo Jesucristo, de ser rescatados y liberados de la esclavitud del pecado. María, junto a su Hijo, es corredentora de nuestra liberación. Ella es parte activa de la Obra de Dios por la que todos los hombres son llamados a la salvación. Ella es la primera piedra de donde, encarnado en Naturaleza Humana, su hijo, nuestro Señor, inicia su Camino, su Verdad y su Vida de liberación y perdón de todos nuestros pecados.

Hoy es un día grande. Celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen. Celebramos tener una Madre Inmaculada que nos acompaña, nos protege y nos muestra el fruto de sus entrañas: Nuestro Señor Jesús.

martes, 8 de diciembre de 2020

LA INMACULADA

Lc 1,26-38

María es nuestra Madre pr regalo expreso de su Hijo en la Cruz. Jesús, en los últimos momentos de su vida en la tierra, y antes de expirar y consumar su misión, nos regaló la maternidad de su Madre. Un regalo inmaculado, sin pecado y lleno de la Gracia del Padre Dios. Ella es la Inmaculada, la sin pecado, la llena de Gracia y la Madre que nos señala el camino del Hijo llenándonos de esperanza y fortaleza para que, también nosotros, luchemos con, en y por la Gracia de Dios, para expulsar el pecado de nuestro corazón.

¡Y, no es una utopía, por supuesto, lo podemos conseguir yendo asidos de la mano de Jesús! En Él podemos sostenernos limpios. Esa es nuestra principal motivación, nuestra esperanza y nuestro objetivo. Y, por todo ello nos congratulamos en, por la Gracia de Dios, tener una Madre Santa e Inmaculada que intercede por todos nosotros, nos acompaña en nuestro camino y nos cobija de los peligros que nos amenazan bajo su santo manto.

Ella es nuestra referencia inmaculada humana. Siendo persona como nosotros es, por la Gracia de Dios, Inmaculada, y nos abre el camino esperanzado de que nosotros, por la Gracia de Dios, podemos también alcanzar algún día esa limpieza pura y vencer al pecado. Esa es nuestra meta y a lo que estamos llamados. Es una alegría inmensa descubrir que tenemos una Madre que intercede por nosotros y nos da ese calor maternal que todo hijo necesita y espera. ¡Gracias Madre!