| Mt 7, 1-5 |
Con frecuencia juzgamos a los demás sin conocer a fondo la situación que viven.
—¿Te parece bien —dijo Pedro— que juzguemos sin mirarnos a nosotros mismos?
Manuel, mirándole con fijeza, respondió:
—No, nada bien. Primero tienes que pensar que podrías estar en su lugar… Y en ese caso, ¿qué harías?
Guardó un breve silencio y, fijando los ojos en él, añadió:
—¿Cómo te verías y cómo actuarías en esa situación?
Pedro sostuvo la respiración. No supo qué decir ni cómo reaccionar. Se dio cuenta de que sus juicios carecían de fundamento.
Manuel, que observó su reacción, agregó:
—Lo primero, antes de criticar… mírate a un espejo…
Hizo una pausa, abrió la Biblia que ya tenía en la mano y dijo:
—Jesús, en Mt 7, 1-5, lo dice con cierta retranca y un toque de humor: «Sácate primero la viga del ojo, entonces verás claro» …
Luego, con paciencia y ternura, añadió:
—Entonces podrás ayudar a tu hermano a sacar la mota de su ojo.
Pedro permanecía con la cabeza entre sus manos. Se había dado cuenta de su error.
No se trata de ser clarividentes y realizar un listado con los errores de los demás, sino de mirar a la manera de Jesús, con suavidad y ternura.
Dejemos los juicios en manos de Dios y no nos convirtamos en jueces de nuestros hermanos.
¡Seamos amables, humildes y contemos hasta diez antes de criticar!