| Mt 12, 1-8 |
«Se hacen leyes con el fin de proteger el derecho del hombre», pensaba Hermenegildo. De no ser así, no tendrían sentido.
Miró para Manuel y con interés le dijo.
—¿Qué opinión tienes —preguntó Hermenegildo— sobre el sentido de la ley?
Manuel, arrugando la frente y con seguridad, respondió con firmeza.
—La ley está para regular la convivencia y ayudar a la persona a vivir en la verdad y en el bien…
Hizo una pausa y, con una mirada persuasiva, añadió.
—Cuando una ley deja de buscar la verdad y el bien de la persona, deja de ser auténtica ley para convertirse en una imposición al servicio de quienes desean imponer su voluntad. …
Entonces, expresando con cara de desprecio, agregó.
—Eso ya no es ley; es una forma de dictadura que oprime y desfigura la ley natural…
Todos escuchaban con gran atención y asentían, confirmando estar de acuerdo con lo que decía Manuel.
Este, después de guardar unos breves segundos de silencio, prosiguió.
—Sin embargo, cuando la ley pierde la misericordia, terminamos utilizándola para justificar nuestras propias elecciones.
Con el ceño fruncido, Hermenegildo levantó la mano y dijo.
—¿A qué te refieres con eso de que terminamos utilizándola? ¿Puedes explicarte mejor?
Manuel, con entusiasmo y ternura, tomó la Biblia e, indicando el evangelio de Mt 12, 1-8, respondió.
—A veces utilizamos las normas como pretexto para justificar actitudes que no reflejan los modos de hacer de Jesús…
Y con una mirada paciente, agregó.
—Jesús nos invita a valorar a la persona antes que cualquier regla.
Se hizo un silencio, y muchos expresaban con la mirada la necesidad de misericordia y justicia que todos anhelamos profundamente.
Es evidente que este mensaje nos obliga a examinar nuestras relaciones y cómo, en ocasiones, transformamos los medios en fines absolutos.
La aplicación estricta de la ley puede terminar siendo injusta cuando no tiene en cuenta las circunstancias concretas de cada persona.
Ahí es donde la misericordia actúa como verdadera equidad, evitando que una norma justa produzca un daño injusto.