| Mt 11, 25-27 |
Alfonso observaba con cierta admiración que las grandes cosas estaban contenidas en pequeñas partes.
Miraba el mar e imaginaba cómo una simple gota, arrojada por las olas sobre las piedras, desaparecía rápidamente al recibir el calor del sol.
Sin embargo, ¿no está el inmenso mar formado por incontables gotas?
Lo pequeño es el comienzo de lo grande. Hay semillas diminutas que llegan a desarrollarse y alcanzar grandes alturas. De la misma forma, una gotita de amor puede hacer mucho bien.
—¿Te parece —dijo Alfonso—, mirando a Manuel, que en lo pequeño se esconde lo verdaderamente importante?
Con una expresión de aprobación, Manuel respondió.
—¡Hombre!, todo tiene su comienzo, y lo grande empieza por lo pequeño. De ahí que convenga no olvidar que todos empezamos por ser pequeños…
Sin dejar de mirarle, tomó la Biblia en su mano y dijo.
—Jesús, en Mateo 11, 25-27, dice: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños…
Hizo una pausa y, al terminar de leer toda la cita, continuó.
—La sencillez como actitud de honestidad, autenticidad y transparencia nos lleva a valorar lo que realmente es importante…
Guardó silencio unos breves segundos y, observando el rostro de Alfonso, agregó.
—Y a poner el corazón en esas cosas pequeñas que nos hablan de Dios y de la vida…
Cerrando la Biblia y con una suave sonrisa, concluyó.
—No nos compliquemos tanto la vida; Jesús nos da la receta: sencillez, confianza y cercanía como ventanas que nos abren a Dios.
Sin lugar a dudas, la verdad se esconde en el corazón de los pequeños y sencillos, de quienes no buscan destacar, de quienes prefieren permanecer en segundo plano…
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