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lunes, 12 de enero de 2026

CONVIÉRTETE Y CREE

Mc 1, 14-20

    Se preguntaba por qué sentía esa inquietud dentro de sí. No sabía decir qué es lo que realmente le movía, pero la realidad era que no estaba tranquilo y no descansaba.

    Era algo temprano y se decidió a salir. Pensaba que un buen paseo le tranquilizaría y calmaría sus nervios. Echó a andar a paso ligero y su respiración acelerada le marcaba el paso. Trataba de despejar su mente y cansar su corazón.

    Llevaba una hora con este trote cuando decidió descansar al pasar por una terraza. El olor al buen café y unas cómodas sillas le tentaron.

    —Buenos días —se oyó la agradable voz de Santiago. —¿Desea algo el señor?
    —Buenos días —respondió amablemente Gustavo—, un café, y agua, por favor.
    —Enseguida, señor —respondió Santiago.

    Al cabo de un breve rato. Gustavo volvió su cabeza ante las voces que le llegaban del otro lado de la terraza. Observó que un grupo de personas dialogaban sobre la inquietud de una realidad compleja, triste, que nos afecta… guerras, violaciones y matanzas que no parecen importar mucho al mundo en general que nos rodea.

    —El mundo parece dormido y no despierta ante los acontecimientos de lo que está pasando —era Pedro, que se lamentaba de la situación internacional.
    —Hoy, cuando los avances técnicos son más y se supone que debería haber más humanidad, resulta que es cuando más muertes, guerras y hambre hay —dijo Octavio, otro de los tertulianos que participaban en el debate.

    La conclusión era evidente: el mundo, según los acontecimientos, iba a peor cuando lo esperado era que mejorara y hubiese paz y concordia.

    Entonces, Manuel, que seguía el debate atento, decidió intervenir y poner el punto sobre la i.

    —Es una realidad que el mundo va para atrás cuando todos pensamos que mejoraría, pero la triste realidad es que es el resultado de haber dado la espalda a Dios.

    Muchos pusieron cara de extrañeza, como que discrepaban un poco. Otros se sonrieron irónicamente, y algunos guardaron silencio.

    Entonces Manuel, levantando una de sus manos y señalando el Evangelio de Marcos 1, 14-20, leyó:

    Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios, convertíos y creed en el Evangelio»

    Al terminar, miró con ternura a los tertulianos y cariñosamente dijo:

    —La vida se nos va casi sin darnos cuenta, pero la vida es un don del infinito amor de Dios, y es también el tiempo de verificación de nuestro amor por Él.

    En ese momento, Gustavo, que había pasado todo ese rato escuchando con mucha atención, se sobresaltó interiormente. Su inquietud se transformó en serenidad al oír las palabras con las que Manuel concluía su intervención:

    —Por eso, cada momento, cada instante de nuestra existencia es un tiempo precioso para amar a Dios y para amar al prójimo, y así entrar en la vida eterna. Estoy seguro de que todos coincidiremos en que el mundo cambiaría a mejor.

    El silencio daba la razón a Manuel. Las miradas hablaban por sí solas. Y resonaban esas hermosas palabras que Jesús dijo a Simón y Andrés: «Vengan en pos de mí y les haré pescadores de hombres».

domingo, 7 de diciembre de 2025

NECESIDAD DE CONVERSIÓN

Mt 3, 1-12
    Su corazón estaba lleno de ideales que buscaban el éxito, los honores, la fama, el poder y la riqueza. Su afán diario era conseguir popularidad hasta el extremo de que por donde quiera que pasara fuera reconocido.

   Le molestaba que en la tertulia no le reconocieran sus privilegios de gran orador y de destacado tertuliano. Quería destacar y todo lo que le movía era distinguirse y ser notorio ante los demás.

   —Buenos días, señores tertulianos —dijo con alegría y una abierta sonrisa. Un día espléndido y una mañana llena de acontecimientos.
   —¿De qué acontecimientos hablas? —respondió Fernando. ¿Acaso sabes algo notable?
   —Mi presencia ya es notable, ¿no te parece? —dijo Felipe con un tono persuasivo y risueño. Por donde quiera que paso, cantan los ruiseñores y avivo el ambiente. Muchos esperan admirados escuchar mis palabras y propuestas.
    —¿Acaso piensas que te basta con tus conocimientos y tus habilidades? —intervino Manuel—, que escuchaba plácidamente.

    Le miró fijamente y con voz desafiante le dijo:

    —¿No crees que tu corazón está tan lleno de cosas de este mundo que no hay lugar para ti mismo, para tu propio conocimiento y para conocer de dónde vienes?
    —No necesito saber más, sino alcanzar más poder y riqueza. Ese es mi gran objetivo.
   —Sin embargo, sabemos que en el momento del sufrimiento profundo, en el momento de la última soledad, de la muerte, ningún seguro podrá protegernos.
Hizo una pausa y, con un tono cálido y suave, le invitó a reflexionar, advirtiéndole:
   —El único seguro válido en esos momentos es el que nos viene del Señor, que nos dice también a nosotros: «No temas, yo estoy siempre contigo». En Mt 3, 1-12, Juan el Bautista nos propone convertirnos porque está cerca el reino de los cielos.

    Su semblante se estremeció y, agachando su cabeza, adoptó una posición reflexiva, dando un suspiro profundo y escondiendo su cabeza entre sus manos, tratando de encajar esas palabras que había escuchado.

   —Podemos caer —continuó Manuel—, pero al final caemos en las manos de Dios, y las manos de Dios son buenas manos.

   El ambiente se había contagiado de una atmósfera introspectiva que movió a Felipe a detenerse y mirarse a sí mismo. ¡Quizás tendría que hacer hueco a ese Niño Dios que viene!

    Convertirse durante el tiempo de Adviento supone ante todo atender lo pequeño: cuidar de los débiles y los enfermos; cultivar la amistad; contemplar y admirarse con la creación; practicar la solidaridad y la hospitalidad; reservar un tiempo tranquilo para orar y leer la Escritura o un libro de espiritualidad; conversar amigablemente con las personas; servir con sencillez allí donde uno esté, sin aspavientos y sin reclamar reconocimientos; quererse a uno mismo sin vanagloria.

martes, 29 de octubre de 2024

UNA CONVERSIÓN EN CRECIMIENTO

Es evidente que nuestra conversión no es cosa de hoy para mañana. Es cosa de tiempo y de maduración. Todo, al parecer, lleva su proceso y su tiempo, y la conversión es algo que se va fraguando al calor de la paciencia, la comprensión, el sacrificio y el dolor. Empieza de forma insignificante, pequeño y a penas perceptible, pero, como la levadura en la masa o la semilla sembrada, llegan a fermentar y crecer hasta el punto de transformarse en alimento – como pan o árbol donde los pájaros anidan –.

Estamos en continúa conversión y, dejaremos de estarlo en cuanto nos instalemos cómodamente en el camino y no seamos capaces de estar atentos al paso de Jesús como lo hizo Bartimeo. En cuanto no seamos capaces de saltar y dejar el manto de nuestras seguridades, afanes, búsquedas y preocupaciones para, despojados de toda esclavitud buscar al Señor.

Y ese camino nos exigirá levadura para fermentar, y semilla para hundirnos en la tierra y morir a nosotros para dejar paso a los frutos. Es decir, estamos en conversión y eso sólo lo lograremos de la mano del Espíritu Santo, que ha bajado a nosotros en nuestro bautismo para ser la Mano que amasa nuestra propia levadura y siembre nuestra propia semilla.

lunes, 4 de marzo de 2024

EL TESORO DE LA HUMILDAD

No cabe ninguna duda que la humildad es nuestro tesoro. Un tesoro que nos salva y que nos hace pequeño. Porque, realmente somos pequeñas criaturas ante la grandeza de nuestro Padre Dios. Y no reconocernos humildes es como no querer salvarnos. Nuestra Madre, la Virgen María canta en su Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.

La humildad es por tanto el verdadero y único camino hacia la Casa de nuestro Padre Dios. Somos humildes en cuanto nos reconocemos pecadores y aceptamos la infinita misericordia de Dios nuestro Padre. Lo contrario, nuestra soberbia, nos pone en actitud de rechazo y de creernos suficientes y capaces de bastarnos a nosotros mismos. Y es entonces cuando nos alejamos de nuestro Padre, nos ensoberbecemos y queremos hacer nuestro camino según nuestros proyectos, ideas y objetivos. En una palabra, nos creemos suficientes sin necesidad de nuestro Padre Dios.

Y esa actitud arrogante y soberbia hace que Dios, aunque nos espera y sostiene tendida siempre su mano misericordiosa, haga imposible que su mirada llegue a nosotros. Se hace necesario abrirnos, salir de nuestro ostracismo y ser capaces de ver lo nuevo ante lo ya conocido y dado como ley y costumbre. Esa forma de ser coincide con el refrán de que nadie es profeta en su tierra. Nuestra vida es un camino de perfección y eso implica y exige renovarse, abrirse a lo nuevo a lo que va haciéndonos cada día más perfecto.

Es evidente que si somos pecadores tendremos que avanzar, corregir nuestros errores y pecados e ir perfeccionándonos. Y eso solo podemos hacerlo con la asistencia y auxilio del Espíritu Santo. Nunca podremos alcanzar la perfección si no nos ponemos en camino y en actitud de renovarnos. Quedarnos parados es aceptar nuestro pecado y no abrir nuestra mirada a lo nuevo, a lo que el Espíritu nos suscita. Y esa actitud exige y necesita la humildad. 

miércoles, 14 de febrero de 2024

CONVIERTETE Y CREE EN EL EVANGELIO

Es miércoles de ceniza y, de nuevo, renovamos ese deseo apoyado en nuestra fe de convertirnos y creer en el Evangelio. Digamos que nuestra vida es un camino de conversión apoyado en la fe de creer en la Palabra de Dios. Una Palabra que nos va convirtiendo en la medida que también nosotros nos abrimos a ella y nos esforzamos en dejarnos convertir. 

Pero, ¿qué significa conversión? Simplemente ir transformando tu endurecido corazón en un corazón nuevo, humilde, sencillo, paciente, comprensivo y bueno. Un corazón donde la justicia y la misericordia sean el objetivo principal y el centro de su latir.

En ese intento de cada día nos estamos convirtiendo. Bien es verdad que afrontarlo solos, sería un gran y grave disparate. En la hora de nuestro bautismo hemos recibido al Espíritu Santo. Será Él, ¡si le dejamos!, quien nos irá transformando nuestro corazón según la Voluntad de nuestro Padre Dios. Una Voluntad que se concreta en justicia y misericordia. Esa es la esencia de nuestro Padre, y por ella seremos juzgados y perdonados si caminamos con ese firme propósito de creer y abrirnos a la conversión. Su Misericordia es Infinita y nos salva.

sábado, 3 de febrero de 2024

UNA MISERICORDIA SIN PRISA Y QUE ESPERA

Mientras tu vida está en camino, la Misericordia de Dios va a la par. No sabe de prisas ni de tiempos. Te espera pacientemente y te ofrece su incondicional amor misericordioso. Solo necesitas abrirte a su Palabra y poner tu corazón en camino de conversión. Precisamente vamos a entrar en pocos días en la Cuaresma, camino para acrecentar nuestra fe y conversión.

Sin el Señor nuestro camino está desorientado, dubitativo, perdido y sin posibilidad de encontrarlo. El mundo nos puede y nos seduce hasta vencernos y, quizás sin darnos cuenta, alejarnos del Señor y debilitar nuestra fe hasta el punto de destruirnos. Necesitamos imperiosamente encontrarnos con el Señor, escuchar su Palabra y abrir nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo que ha venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo.

Se hace necesario tener paciencia, no correr, pero tampoco quedarnos parados. El camino de conversión es camino lento pero sin pausas, sin estridencias, sin locuras. Paciente, confiado, esperanzado y abierto a la acción del Espíritu Santo. Es camino de injerto en el Espíritu de Dios y de alimentarnos de su Cuerpo y Sangre que nos proporciona la maduración de la fe y los frutos del Espíritu Santo.

Tengamos presente que Dios camina a nuestro lado. Lo tenemos siempre presente y abierto a recibirnos misericordiosamente. Nos lo digo de manera magistral y cariñosa en la parábola del hijo pródigo. ¿Recuerdas?

domingo, 21 de enero de 2024

INVITADOS AL REINO DE DIOS A TRAVÉS DEL AMOR

Las primeras palabras de Jesús, tal como narra Marco en su Evangelio, al anuncia la Buena Nueva, una vez encarcelado Juan el Bautista, fueron: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Se produce el intercambio esperado y prometido. Juan ya ha terminado su misión, ha preparado el camino y, encarcelado por Herodes, da paso ya a Jesús, el Mesías anunciado y prometido.

De esta manera empieza Jesús ha proclamar la Buena Noticia de salvación. Una noticia que es gratuita, sin exigencias ni condiciones. La tomas o la dejas desde tu propia libertad y elección. Pero una Noticia que, experimentada, enciende en tu corazón el gozo y la llama de la felicidad. Una Noticia que es buena, que llena de alegría y gozo porque habla de lo que anida en todo corazón humano: amor y misericordia. No en vano es la semejanza que tenemos con nuestro Creador.

La esperanza del hombre es vivir en convivencia de concordia, de paz, de verdad, de amor y misericordia. Esa es la esperanza que anhela el mundo y que se ve interrumpida por el pecado. Jesús viene a poner paz, amor y misericordia y sus Palabras llegan al corazón del hombre que se abre al bien, al amor y a la misericordia que anuncia Jesús de su Padre del Cielo: Dios nos ama misericordiosamente y busca nuestra conversión y arrepentimiento para rescatarnos y devolvernos nuestra dignidad de hijos suyo.

El amor y la misericordia de nuestro Padre Dios lo vemos reflejados en los padres y madres de este mundo: ¿Acaso no son amorosos y misericordiosos con sus hijos? ¿Y ese amor y misericordia que manifiestan no son reflejos y semejanza del Amor y Misericordia de nuestro Padre Dios? Pue bien, ese Amor y Misericordia son las que anuncia Jesús, el Hijo de Dios, al proclamar la Buena Noticia.

martes, 21 de marzo de 2023

CON LA CAMILLA A CUESTA

Nunca debemos dar por hecho que ya estamos convertido. O lo que es lo mismo, que ya hemos hecho lo que teníamos que hacer y ya, de alguna manera solo nos queda esperar pues hemos llegado a la meta. Sería el peor error en el que podíamos caer. La camilla nos puede servir de recordatorio para nunca olvidar que fuimos paralitico – pecador – y que podemos volver a caer si nos relajamos y nos dejamos seducir por el tentador, que ese sí que está al quite y al acecho.

Posiblemente desde el momento que olvidemos nuestra camilla, el demonio, nos caerá arriba y tratará, con más astucia e inteligencia que nosotros, de seducirnos, engañarnos y hacer que nos olvidemos de que fuimos paralítico. Al final volveremos a caer en una parálisis mayor. Esa es la intención del Maligno.

Es curioso y significativo que el Señor nos busque después de habernos curado. Tanto el la curación del ciego – Evangelio del domingo – al que devuelve la vista, como en el de hoy que cura de la parálisis, Jesús se hace el encontradizo y se da a conocer dejándoles la ruta a seguir para permanecer en Él.

También con nosotros hace lo mismo. Nos abre los ojos y nos cura de nuestras parálisis, no como nosotros esperamos, pero sí como nos conviene. Solo Él sabe lo que nos hace bien y lo que es mejor para nuestra felicidad eterna que, a fin de cuenta, es lo que interesa y buscamos. Pero, necesitamos estar pendiente de su presencia aunque no le conozcamos, atento a sus Palabras y en actitud de escucha. No cabe ninguna duda que el Señor pasa y no habla, nos pregunta si realmente queremos ver, caminar o ser eternamente felices. Solo falta que le oigas y le respondas. De ti depende.

sábado, 25 de febrero de 2023

UNA INVITACIÓN OFRECIDA PARA PROPICIAR EL CAMBIO

Lc 5, 27-32

La intención de Jesús es otra de la que a primera vista se ve. Los escribas y fariseos no ven más allá. Se refugian en su razón, que aparentemente la tienen. ¿Cómo se puede aceptar una invitación sufragada con dinero sucio y robado a sus propios compatriotas? No parece ético ni con sentido.

Sin embargo, su cerrazón y su resentimientos no les dejan ver lo que hay más allá de la posibilidad del cambió, de la misericordia y el amor. Ese momento vale un gran Tesoro y toda una eternidad plena de gozo y felicidad. Porque, ese encuentro propició el cambio de vida de Leví – Mateo – que le señaló el camino de conversión y salvación. Esas son las circunstancias de los hechos que hoy nos habla el Evangelio.

Sin embargo, tomando la ocasión y reflexión de ese pasaje lo que verdaderamente nos importa es verme yo y mirarme yo. En lugar de Leví, estoy yo, y Jesús se me acerca y me dice: «Sígueme» ¿Cuál es mi respuesta? Y no pienses que es un supuesto hipotético o imaginativo. ¡No!, es la realidad. Jesús nos llama a cada uno de nosotros como hizo con Leví. Ahora, somos cada uno de nosotros los que debemos decidir cómo le respondemos. Posiblemente nuestra vida hasta ahora nos irá descubriendo cuál ha sido nuestra respuesta. Simplemente nosotros solo tendremos que mirarla.

Ver si la tenemos que cambiar es la cuestión. Aunque, es cierto que siempre tendremos que irla mejorando. La respuesta al Señor solo depende de ti. Está en tu mano. Precisamente este tiempo de cuaresma te invita a la conversión y creer en el Evangelio.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

VIVIR PARA SERVIR, NO SERVIRME

Lc 9,57-62

Diríamos que la cuestión de seguir a Jesús no consiste en ir detrás de Él sino en el esfuerzo de vivir como Él. Es cierto que nuestra fortaleza no es la de Él, pero asistidos en su Espíritu podemos llegar a actuar como Él. Es esa la misión del Espíritu Santo que lo recibimos en el instante de nuestro bautizo.

La tentación está detrás de nosotros y esperando su oportunidad. Sabe y conoce nuestra debilidad y deseo de ser importante, de alcanzar puestos relevantes y de servirnos de ese seguimiento al Señor. Lo hemos conocido en los mismos apóstoles cuando los hijos de Zebedeo solicitaban Jesús los primeros puestos. Y cada uno de nosotros estamos avocados a esa tentación inherente a nuestra naturaleza por el pecado. El sacramento del bautismo nos limpia, pero no para siempre. Estamos, pues, en peligro de mancharnos en cada paso que demos, sobre todo si lo hacemos solos y por nuestra cuenta.

La conversión es el objetivo. Una conversión apoyada en la actitud del desprendimiento, del desapego y del olvido de uno mismo para, amasado todo en el servicio que dé como resultado el fruto del amor. Un fruto que necesitará el auxilio del Espíritu Santo y la perseverancia de nuestra fe.

 

—Corremos el peligro de convertir nuestro seguimiento al Señor en un camino cómodo, de rosas sin espinas y que nos dé seguridad, prestigio y buena imagen —dijo Manuel.

—No entiendo —dijo Pedro— por qué el camino debe tener espinas, dolor y ser incómodo. ¿Acaso hay que buscar el sufrimiento?

—¡No, no se trata de eso! ¡Se trata de amar! —respondió Manuel. Y, por experiencia, sabemos que amar incluye momentos e instantes de dolor, renuncias y sacrificio. El amor tiene también sus cruces y cuando amas tendrás también que amar esas cruces. Por tanto, seguir a Jesús supondrá abrazar también esa cruz del dolor, de la incomprensión y de la lucha de cada día contra el pecado. Y ya sabemos y conocemos la dureza de esa lucha. Lucha no solo contra el mal exterior sino también interior (nosotros mismos).

martes, 30 de agosto de 2022

POSEIDOS SIN DARNOS CUENTA

Lc 4,31-37

Vivimos en constante amenaza aunque no lo percibamos. Nuestra vida camina al filo de la navaja, sin embargo no llegamos a percatarnos de tal amenaza. La vida puede tornarse en muerte sin apenas tomar conciencia de esa posibilidad y, lo más grave, no es la muerte en sí, sino que nuestra alma no esté preparada, que nuestra lámpara no tenga el aceite suficiente para sostener nuestra vida en espera vigilante a la llamada del Esposo. Reflexionábamos el otro día a este respecto. ¿Recuerdas?

No nos está permitido descansar. Tenemos que mantenernos expectante y en atenta escucha a la Palabra de Dios, porque, al menor descuido y debilidad el demonio nos asalta y nos seduce. Mucho cuidado con relajarnos, sobre todo en estos tiempos veraniegos y de vacaciones. Es bueno tomarlas, pero siempre bien agarrados al Espíritu Santo para mantenernos protegidos ante las tentaciones y seducciones del demonio.

Necesitamos crecer en conversión. Nunca estancarnos, y menos, instalarnos en la comodidad y mediocridad. Es ahí donde el demonio nos quiere, tranquilos, sin inquietudes ni crecimientos. Conforme con unos cumplimientos y actos piadosos, pero nada más. Una conciencia tranquila, acomodada, confortable y adormilada para que nuestros talentos no rindan ni demos frutos.

Quizás no nos damos cuenta de que el diablo está en el mundo. Muchos lo ignoran o no se preocupan de él, y eso juega a su favor. Nos observa e intenta seducirnos. Sabe que nuestra naturaleza está herida y sometida al pecado y, fácil, por tanto, de seducirla. Y si observa que está sola y alejada de Dios, el terreno queda bien preparado para su actuación. Así muchos viven en la necedad, en la ignorancia y acomodados en el pecado. Necesitamos despertar y abrirnos al Espíritu Santo.

domingo, 12 de junio de 2022

EL ESPÍRITU SANTO NOS GUIARÁ

No nos convertimos de un día para otro. No es cosa de un instante, aunque esa chispa interior transforme nuestro corazón en un santiamén. La conversión es un camino progresivo que va en aumento, en conocimiento, en disponibilidad y en entrega.

—Todo eso siempre que el Señor no quiera que se realice de otra forma, porque, poder tiene para hacerlo según su Voluntad. —Dijo Manuel. Nos ha creado libre para eso, para contar con nuestra decisión de optar por seguirle, por conocerle y amarle libremente. Por eso, aceptarle y seguirle es un proceso de maduración y, por supuesto, de tiempo.

—Sí, estoy de acuerdo —respondió Pedro—. En la parábola del sembrador podemos encontrar la respuesta a eso que dices. Las semillas caídas en el camino, entre abrojos y zarzas o en tierra poco profunda, necesitan tierra buena y tiempo para dar fruto. Y eso es el proceso que necesitamos para transformar nuestro corazón.

—Dices bien —añadió Manuel. No se trata de oír, de entusiasmarse y de ilusionarse. Se trata de escuchar y de llevar a tu vida esa Palabra escuchada, rumiada e ir experimentándola en tu propia vida.

—Y abiertos a la acción del Espíritu Santo.

—Evidentemente —concretó Manuel—. Es el Espíritu Santo quien hace la obra de conversión. Eso sí, necesita tu permiso, pero, sin Él no hay conversión. Quien nos asiste, nos auxilia y nos va revelando todo lo que, a su tiempo, necesitamos conocer, experimentar y vivir, es el Espíritu de la Verdad.

Y así es. Precisamente, el Evangelio de hoy nos revela eso de lo que hablan nuestros amigos hoy. Son Palabras del Señor que nos dicen: (Jn 16,12-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: ‘Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’».

domingo, 5 de diciembre de 2021

UN BAUTISMO DE CONVERSIÓN

 

Juan, personaje del Adviento, donde aparece, es importante protagonista y en él termina su misión. Juan el Bautista es el Precursor que irrumpe en el Adviento y llama a preparar el camino para que haya una actitud de arrepentimiento y conversión.

 El Evangelio lo describe así: (Lc 3,1-6): En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, com…   

Observamos que se dan datos – reinado del emperador Tiberio; siendo Poncio Pilato gobernador de Judea; Herodes virrey de Galilea…etc., para que conste que este hecho de Juan sucede en un tiempo concreto de la historia. También podemos considerar que hoy mismo está sucediendo esto en nuestra vida e historia personal. La Palabra proclamada por Juan, hace unos dos mil años, nos invita a renovar nuestro compromiso bautismal y crece en conversión.

Y es bueno, a tal efecto, preguntarnos: ¿Cómo y qué hago cada día para que mi conversión permanente y perseverante vaya creciendo y dando frutos? Discernir a la Luz del Espíritu Santo, abriendo nuestro corazón a la Palabra de Dios, es la actitud paciente, perseverante y disponible con la que debemos caminar y este tiempo de Adviento.

domingo, 18 de julio de 2021

LEYES Y MÉTODOS

Mc 6,30-34

No es cuestión de leyes ni de métodos, ni siquiera de estructuras. Tampoco consiste en prácticas ni cumplimientos. Es cosa del corazón. Se es o no se es, porque, si se es, se hace. Y si se hace es porque se es.

¿Cuál es entonces la cuestión? Simplemente, tener un encuentro real, verdadero y sincero con Jesús. Un encuentro que llegue al centro de tu corazón y, como resultado, se produzca la conversión. Una conversión, que no tiene que ser un fogonazo como sucedió con Pablo de Tarso, sino un camino progresivo y ascendente en aras de irte comprometiendo con su Palabra y cambiando el rumbo de tu vida.

Se trata de la bondad de tu corazón. Si tu corazón ama, también será compasivo y misericordioso. Y un corazón así reunirá y guiará a las ovejas dispersas y desorientadas. Por eso, más que leyes necesitamos convertir y transformar nuestro corazón - conversión - en un corazón como el de Jesús. Precisamente, eso fue lo que hizo Jesús con sus apóstoles transmitirles al Amor de su Padre a través de su relación, sus enseñanzas y su propia Vida. Señalarles el Camino, la Verdad y la Vida.

Un corazón bondadoso y misericordioso como el de Jesús que nos mueve a la compasión de aquellos que andan desorientados, dispersos y sin rumbo y que buscan, desesperadamente, un buen pastor que los reúna, les guíe y les dé verdadero sentido a sus vidas. También, ahora nos toca a nosotros, injertados en Xto. Jesús, responder a esa misión de cuidar, guiar y reunir a las personas hacia un verdadero y real encuentro con Jesús, nuestro y único verdadero Pastor.

viernes, 19 de febrero de 2021

CUARESMA Y CONVERSIÓN

Mt 9,14-15

Conversión no significa cumplir y practicar unos actos piadosos que luego no tienen expresión y vivencia en el día a día de tu vivir y obrar. Conversión es algo más profundo que subyace en lo más hondo del corazón humano y que, encontrado, emerge con vitalidad y gran fuerza y se hace centro de cada instante de tu vida. Esa conversión se centra y constata en un estilo propio de valores y vida. Y es ese estilo - el de Jesús - el que seguimos y queremos hacer vida en nuestra vida.

Por lo tanto, no es cuestión de ayuno, limosna u oración, es algo más profundo de lo que se deriva ese ayuno, esa limosna y esa oración. Es un encuentro con Jesús que afecta a toda tu vida y cuestiona tu manera de actuar y de ser. Es una toma de conciencia en centrarte en ti mismo, para despojarte de todo aquello que te esclaviza, que te paraliza y te acomoda egoístamete. Es, en definitva, salir de ti mismo para, olvidado de ti, darte en servicio y caridad al necesitado.

Este tiempo cuaresmal nos ayuda a buscar silencio y espacios de reflexión que nos ayuden a descubrir lo verdaderamente importante, la lucha contra nosotros mismos para, venciéndonos, servir al más necesitado. Y todo sacrificio, privación y esfuerzo - ayuno - limosna - oración - nos ayuda a fortalecernos y a ser capaces de sostener ese equilibro corporal y espiritual que nos sirva para despojarnos de nuestras esclavitudes, ser más libres y poder así avanzar en nuestra conversión de ser cada día un poco más parecido a Jesús.

jueves, 7 de enero de 2021

INVITADOS A LA CONVERSIÓN

Mt 4,12-17.23-25

El despertar de cada día es un regalo de Dios. Un regalo hermoso que nos despierta y descubre que estamos vivo. Y es que la vida es un regalo inigualable, porque, nuestro Padre Dios nos da la vida no por un tiempo ni para una época, sino nos la regala para siempre. Dios nos da la Vida Eterna.

Pero, mientras, vivimos la vida de este mundo como una invitación a "convertirnos", a darle vuelta a nuestra vida y orientarla a ese Niño Dios que nace cada día en nuestros corazones y que nos invita a la conversión. Una conversión que nos pide darle vuelta al orden de tus prioridades. ¿Qué es lo primero en tu vida? ¿Qué ocupa el centro de tu vida? ¿Cuál es tu meta y tu objetivo? ¿Qué persigues y a dónde te diriges?

Ir dando respuestas a esas preguntas que cohabitan y duermen en nuestros corazones nos  abrirán caminos de conversión y transformará nuestros corazones en corazones nuevos capaces de amar al estil que nos ama nuestro Padre Dios. Un Padre que se abaja y tomando naturaleza humana se encarna en ese Niño Dios que, presentado como el Predilecto del Padre en el Jordán, recorre Galilea enseñando en sus sinagogas e invitándonos a la conversión proclamando que el Reino de Dios está cerca.

Por nuestra parte está el aceptar esa invitación o mostrarnos indiferente a la misma seducidos por las ofertas de este mundo que, en apariencias de felicidad, nos seducen y nos engañan arrastrándonos al pecado y a la perdición. De ti y de mí depende.

jueves, 10 de diciembre de 2020

MISERICORDIA Y CONVERSIÓN

 Mt 11,11-15

Juan da voz al anuncio de la llegada del Reino de Dios. Se ha retirado al desierto y desde allí invita a la conversión y arrepentimiento de los pecados. Advierte de la llegada del que es más grande que él y de que habrá un juicio donde se pedirá cuentas de nuestros actos. Por eso, nos exige un bautismo de conversión como preparación de Aquel - más grande que él - que bautizará con Espíritu.

La intención de Juan es despertar y avivar ese ánimo de conversión, quizás dormido en el corazón de la gente. Anuncia la llegada inminente del Reino de Dios y la necesidad de convertirnos y prepararnos para purificar nuestros pecados. Todos se enteran y hasta el rey Herodes se inquieta, pues es amonestado valientemente por Juan de su pecado de adulterio con la mujer de su hermano Filipo.

Jesús se hace presente y se hace bautizar por Juan, que advierte su divinidad y le señala como el Hijo de Dios. Su bautizo en el Jordán es la presentación que su Padre le hace como Hijo predilecto: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Jesús se retira al desierto y fortalece su Espíritu para prepararse para la misión a la que ha sido enviado.

Mientras, Juan anuncia la venida del Mesías como un juicio de cuenta para el que se exige conversión y purificación, Jesús nos anuncia y nos habla del Amor Misericordioso del Padre que nos ofrece el perdón de los pecados y la Vida Eterna. Juan acaba su etapa, su preparación del camino y Jesús empieza a mostrarnos el verdadero Rostro del Padre, el Amor.

domingo, 1 de marzo de 2020

LUCHAS Y TENTACIONES DE CADA DÍA

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Mt 4,1-11
La conversión no es cosa de hoy para mañana. Es un proceso de maduración y para eso se necesita tiempo. Igual que la fruta nace verde y con el tiempo madura, la conversión es un lento proceso donde la fe se va gestando y la disponibilidad a creer y vivir según la Palabra de Dios va cambiando el corazón del hombre. Por lo tanto, es cosa de tiempo, de perseverancia y de ir poco a poco fiíndote de la acción del Espíritu Santo en ti.

El desierto representa el lugar o la etapa donde tus circunstancias y el acontecer de cada día van incidiendo en tu vida y modelando tu corazón. El desierto marca el tiempo necesario para que tu corazón madure, se suavice y se transforme en un corazón manso y humilde al estilo del de Jesús. Esos cuarentas dias con sus respectivas noches significan el tiempo necesario que tú corazón necesita para ablandarse y abrirse a la acción del Espíritu Santo. 

Significan que toda tu vida será una lucha contra las tentaciones que te asedian y tratan de seducirte cada día y contra las cuales te esfuerzas en resistir y ser fiel a la Palabra de Dios. Los cuarenta días con sus noches significan el tiempo necesario que necesitas para convertirte. Quizás toda tu vida, porque durante tu camino en este mundo tendrás que estar luchando contra el pecado y la tentación. Cada día representa una batalla que, si la afrontamos solos quedamos a merced del tentador, el diablo. 

Por eso es necesario nuestro bautizo, porque en él recibimos al mismo Espíritu Santo que acompañó a Jesús al desierto. Está, pues, claro que con Él resistiremos cada día las provocaciones y seducciones que el Maligno nos presenta y con las que nos tienta.

lunes, 14 de enero de 2019

CONVERTIRNOS AL SEÑOR

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Mc 1,14-20
¿Qué buscamos en este mundo? ¿O no buscamos nada? Esa es la pregunta que todo ser humano se plantea, aunque muchos es posible que no la descubran o pasen sin saber a dónde van o para qué están aquí. Quizás nosotros tenemos también algo de culpa en esa actitud y comportamiento de otros. Quizás nosotros no les hemos ayudado a mirarse a sí mismos o descubrir realmente lo que buscan sin saber cómo o para qué.

Todo ser humano quiere ser feliz, y muchos lo descubren haciendo feliz a otros. La felicidad del ser humano es darse y hacer feliz a otros. Sobre todo a los que estamos vinculado por la sangre, familia: padres, hermanos, hijos, parientes...etc. Pero, también a los amigos y, incluso a los extraños. En esas experiencias vamos experimentando que esa felicidad que buscamos se esconde ahí.

Sin embargo, hay una gran dificultad, nuestra naturaleza humana, limitada, herida, tocada por el pecado, egoísta y sometida a apetencias, apegos, ambiciones, poder, vanidades...etc. Pronto nos damos cuenta que nos es muy difícil vencernos por nosotros mismos. Necesitamos ayuda, y no una ayuda humana, sino una ayuda sobrenatural. Alguien que pueda liberarnos de la esclavitud del pecado y darnos esa felicidad eterna a la que aspiramos.

Y ese es Jesús, que hoy, en el Evangelio, nos propone y ofrece esa posibilidad. Nos llama a la conversión, pero a una conversión hacia Él, porque es Él precisamente el Camino, la Verdad y la Vida. «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» Eso nos dice e invita Jesús hacer. Se trata de reconocer en Él al Mesías liberador que nos libera de nuestras esclavitudes y nos da el don de la fe. Significa estar agradecidos y dejarnos conducir por el mismo Espíritu de Dios que también ha sido enviado a todos los que se abren a su acción y darnos en amor para todos los hombres.

Y no es fácil, pero si posible si estamos injertados en el Espíritu Santo. Por eso, Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Siguiéndole y poniéndonos en sus Manos podemos alcanzar esa Conversión de la que Jesús nos habla hoy.

lunes, 7 de enero de 2019

LA HORA DE JESÚS

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Sabido que Juan estaba preso, Jesús se retira a Cafarnaúm y empieza a predicar invitando a la conversión. Sabe que ha llegado su hora y anuncia la llegada del Reino de Dios invitando a hacer penitencia. Y comienza el anuncio de la buena Noticia recorriendo lugares y sinagogas, curando y enseñando. Y así se cumple la profecías que dijo Isaías:  «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz».

Desde ese momento empieza Jesús a proclamar la buena Noticia de salvación, y hoy continúa esa misma misión la Iglesia, y lo hace por medio de sus miembros bautizados. También nos toca a ti y a mí, como miembros de la Iglesia proclamar el Evangelio, la buena Noticia que Jesús, vino a traer al mundo. Es lo que estamos celebrando en estos momentos, la Navidad, que termina el próximo domingo con el Bautismo de Jesús.

Dejemos que esa Luz nacida en Belén nos alcance e ilumine nuestros corazones para que realmente nazca el Niño Dios en nosotros. Porque, para proclamarlo primero tenemos que recibirlo y conocerlo. Dejemos que la Luz de Jesús ilumine nuestros caminos y oscuridades; dejemos que so Voz resuene en nuestros corazones y que sus enseñanzas sean nuestra guia y señalen nuestros caminos.

Esforcémonos en escucharle y seguirle, tal como nos invito el Padre en su Bautismo en el Jordán, porque Él es el Hijo enviado, el predilecto y el amado. Hagamos lo que nos dice.