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martes, 13 de agosto de 2024

EL SERVICIO EXIGE HUMILDAD

Será muy difícil servir sin humildad. El evidente que el servicio implica ser humilde, pues quien carece de la humildad le será muy difícil agacharse, empequeñecerse y ponerse en el último lugar. Por eso, para llegar a ahí necesitamos ser niños, es decir, pequeños, inocentes, confiados, obedientes, sin malicia, esponja limpia y abierta a engullir y aspirar todo lo que ve hacer a los demás. De ahí también nuestra responsabilidad, porque lo que verá el niño hacer, será lo que él también hará.

Ante la Palabra de nuestro Señor Jesús, necesitamos mostrarnos y ser como niños: abiertos, sin malicias, confiados, obedientes, necesitados, dependientes de esa Palabra que Dios, nuestro Padre, a través de su Hijo, nuestro Señor Jesús, nos proclama, nos da y nos enseña. Porque, ser como niños, nos hace escuchantes, obedientes, confiados, dependientes, necesitados y hacer lo que tu padre, en este caso, nuestro Padre Dios, nos manda, nos dice y nos enseña.

Sólo así iremos aprendiendo, construyéndonos, edificándonos  y creciendo apoyado sobre Roca firme – nuestro Señor Jesús – que nos ira modelando hasta convertirnos en personas humildes capaces de darnos y servir a los demás. Sobre todo a los más necesitados. Es entonces cuando llegamos a comprender que ser primero exige ser último. Último, para servir a los demás.

miércoles, 17 de julio de 2024

BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

Sólo los pobres son los que pueden abrirse a la Palabra de Dios. Porque, abrirse a la Palabra de Dios exige humildad, y la humildad se esconde en el pequeño, en el pobre que experimenta deseos de rezar, de buscar a un Dios Padre que le proteja, defienda y le salve de los abusos del fuerte, del poderoso y del que domina.

De ahí que Jesús, el Señor, tome la palabra y diga: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños…

Y es que la inteligencia, la verdadera inteligencia de saber qué es lo que realmente conviene no está en el conocimiento ni en el saber, sino en descubrir que tu vida, por muy fuerte y poderosa que te parezca, está en manos de su Creador. Y es ese Creador al que nos remite Jesús, el Señor. Nos anuncia el Amor Misericordioso de su Padre y, en consecuencia, nuestra salvación eterna.

Esta es la revelación de nuestro Señor Jesucristo: Dios nos quiere y nos perdona de todos nuestros pecados. Dependerá ahora de nosotros aceptarla, creerla y reconocerla, y abrir nuestro corazón para que entre en él la luz de la Verdad. Y no olvidemos que para eso necesitamos abajarnos humildemente y reconocernos pequeños y necesitados. Es decir ser pobres de espíritu.

lunes, 4 de marzo de 2024

EL TESORO DE LA HUMILDAD

No cabe ninguna duda que la humildad es nuestro tesoro. Un tesoro que nos salva y que nos hace pequeño. Porque, realmente somos pequeñas criaturas ante la grandeza de nuestro Padre Dios. Y no reconocernos humildes es como no querer salvarnos. Nuestra Madre, la Virgen María canta en su Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.

La humildad es por tanto el verdadero y único camino hacia la Casa de nuestro Padre Dios. Somos humildes en cuanto nos reconocemos pecadores y aceptamos la infinita misericordia de Dios nuestro Padre. Lo contrario, nuestra soberbia, nos pone en actitud de rechazo y de creernos suficientes y capaces de bastarnos a nosotros mismos. Y es entonces cuando nos alejamos de nuestro Padre, nos ensoberbecemos y queremos hacer nuestro camino según nuestros proyectos, ideas y objetivos. En una palabra, nos creemos suficientes sin necesidad de nuestro Padre Dios.

Y esa actitud arrogante y soberbia hace que Dios, aunque nos espera y sostiene tendida siempre su mano misericordiosa, haga imposible que su mirada llegue a nosotros. Se hace necesario abrirnos, salir de nuestro ostracismo y ser capaces de ver lo nuevo ante lo ya conocido y dado como ley y costumbre. Esa forma de ser coincide con el refrán de que nadie es profeta en su tierra. Nuestra vida es un camino de perfección y eso implica y exige renovarse, abrirse a lo nuevo a lo que va haciéndonos cada día más perfecto.

Es evidente que si somos pecadores tendremos que avanzar, corregir nuestros errores y pecados e ir perfeccionándonos. Y eso solo podemos hacerlo con la asistencia y auxilio del Espíritu Santo. Nunca podremos alcanzar la perfección si no nos ponemos en camino y en actitud de renovarnos. Quedarnos parados es aceptar nuestro pecado y no abrir nuestra mirada a lo nuevo, a lo que el Espíritu nos suscita. Y esa actitud exige y necesita la humildad. 

sábado, 4 de noviembre de 2023

HUMILDES DESDE LA CONCIENCIA DE CRIATURAS DE NUESTRO PADRE DIOS Y CREADOR

No somos nada, simples criaturas creadas por Dios. Desde esa perspectiva y realidad nos será mucho más fácil adoptar una actitud de humildad frente a todos los acontecimientos y actos de nuestra vida a pesar de que, por la Gracia de Dios, hayamos recibido grandes talentos que nos ponen por arriba de muchos hermanos. Sobre todo los más desfavorecidos y pobres.

Vivir desde esa perspectiva y consideración nos dará la justa medida de lo que realmente somos, simples criaturas como parte del conjunto de este Universo creado por Dios y visibles como una mota de polvo al trasluz. Eso ayudará a que nuestra humildad sea realmente la que nos corresponda y podamos mirar a los demás de otra manera.

Porque, nuestro mayor valor es darnos cuenta y tomar conciencia de que a pesar de nuestra pequeñez, Dios nos ama y nos ha dado la consideración de ser sus hijos. Y lo hace gratuita y voluntariamente. Simplemente por amor. Esa es la medida auténtica que da sentido a nuestra humildad y nos aleja de competir y buscar actitudes trepadoras y puestos que no nos corresponden.

Ser humilde no consiste, ni por supuesto es, abajarse, es reconocerse criatura de Dios del que ha recibido todo lo que es. Eres, por tanto, humilde cuando pones todos tus talentos recibidos al servicio de los que lo necesitan, sabiendo que no son tuyos, y de nada tienes que enaltecerte, sino entregarlos tal como los has recibido – gratuitamente – y por amor según la Voluntad de quien te los ha dado.

sábado, 29 de octubre de 2022

RECONOCE QUE TÚ NO ERES MEJOR

Lucas 14, 1. 7-11

Sucede que cuando eres invitado a cualquier acontecimiento o fiesta tratas de ir vestido con la intención de destacar, e incluso dar la campanada. Llevas dentro de ti la actitud de ser notado y ocupar un puesto principal, si no el más principal.  En el fondo tratamos de exaltarnos para ser más que el otro.

Eso fue lo que Jesús notó en aquella casa de uno de los principales de Jerusalén. Notaba que los convidados escogían los primeros puestos y, en base a esto, les propuso esta parábola: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces… Lucas 14, 1. 7-11.

Ahora, teniendo en cuenta la audiencia del Papa Francisco de estas últimas semanas, tratemos de esforzarnos en discernir. ¿Qué me esta diciendo el Señor con esto de ocupar los últimos puestos? ¿Me estará pidiendo que sea humilde? ¿Querrá decirme que no trate de enaltecerme y que, al contrario, me esfuerce en humillarme, es decir, en tomar una actitud humilde que dará como resultado ser enaltecido.

Ahora, continuamos discerniendo: ¿Es esa nuestra actitud? O dicho de otra manera, ¿tratamos de ser humilde y buscar los últimos puestos? Es decir, se trata de estar disponible y abierto a servir, a estar en una actitud de disponibilidad y de servicio. Ser último no significa quedarte en último lugar o permanecer en la cola. Ser último, en mi humilde opinión, significa, al menor en el sentido evangélico, ponerse a la misma altura del pequeño, del necesitado y pobre y tratar de servirle.

Por tanto, la conclusión, después de nuestro discernir, sería: Tratemos de no enaltecernos y, sí, de humillarnos. Porque, quien se enaltece, será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

domingo, 23 de octubre de 2022

SE TRATA DE ANUNCIAR LA VERDAD, LA BUENA NOTICIA. NO DE CONVENCER NI DE TENER ÉXITO.

Lucas 18, 9-14

Te corresponderá a ti decidir y tomar la opción – la vida o la muerte – según elijas. Pero, también corresponderá a creyente – misionero – proclamar esa Verdad y advertir de las consecuencias de rechazarla. Porque, la Buena Noticia es Noticia – valga la redundancia – de salvación. Nunca se impone, sino se propone con toda libertad. Pero, eso sí, se dice y se anuncia con amor misericordioso. Y se abre el corazón al arrepentimiento y a la conversión.

Muchas parábolas que nos dijo Jesús hablan de esa posibilidad de conversión y de misericordia. Precisamente, en el Evangelio de hoy domingo, nos habla del fariseo y del publicano. El uno se jacta de sus cumplimientos y de su diferencia con aquellos que no cumplen. Incluso con ese publicano que tiene a su lado. El otro, el publicano, humillado y avergonzado de sus faltas y pecados, no se atrevía ni a levantar la cabeza. Simplemente se limitaba a pedir compasión y misericordia.

Y, es evidente, digo esto porque es lo que todos sentimos y experimentamos desde lo más profundo de nuestros corazones. El humilde, el consciente de sus pecados, de su pobreza y limitaciones fue perdonado y exaltado por nuestro Padre Dios. Termina diciendo Jesús: «Porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido» Y así sucedió.

Y sigue sucediendo en nuestra época. Nos cae mal y nos repele aquellos que se jactan de sus virtudes y cualidades e incluso miden sus talentos empequeñeciendo y humillando a los más pequeños, a los más limitados y pobres. Sin embargo, todo aquel que se presenta humilde, aún sabiéndose con talentos y cualidades importantes, y poniéndose al servicio de los más necesitados y pequeños, sientan bien y los ensalzamos. Y es razonable y evidente, porque somos semejantes a nuestro Padre Dios – una prueba más de que somos sus hijos – y como nos conoce, su Hijo Jesús nos lo descubre y revela.

Por tanto, moraleja: tratemos de ser humilde y abajarnos poniéndonos siempre a la altura de los más pequeños y pobres, porque de esa manera seremos ensalzados. Nunca nos creamos mejores y, menos, enaltezcámonos porque seremos humillados.

lunes, 14 de junio de 2021

VENGANZA - AMOR

Mt 5,38-42

No se nos esconde que la venganza engendra venganza. Y, probablemente, las consecuencias de responder a la venganza son todavía mayores y de más intensidad. Eso dió en su momento nacimiento a la ya antigua y conocida ley del talión, cuyo fundamento es "ojo por ojo y diente por diente". Que, si no era la solución, sí equilibraba más esos deseos exagerados y desproporcionados de la venganza.

Ante este trascendental problema, el Amor irrumpe con toda la fuerza necesaria para solucionar el problema. La venganza se derrumba con amor. El amor apacigua, serena, calma, apaga la sed vengativa, suaviza el odio y enciende el corazón de un fuego de paz y de concordia. Nace la vida y mata ese deseo de venganza y de odio que deteriora y desequilibra tu corazón.

Responder a la venganza con venganza es echar leña al fuego y avivarlo más. Por el contrario, contrarrestar la venganza con amor es echar agua al fuego y apagarlo. ¿Acaso no te das cuenta que el triunfo de Jesús en la Cruz, cuando aparentemente se había quedado solo, fué el Amor? No había otra clase de respuesta, pues, responder a la violencia con violencia y deseos de venganza sería dar pausa y continuación al deseo de venganza, valga la redundancia.

Amar, aún a costa de presentar la otra mejilla, de ser paciente, comprensivo, humilde y soportar todas las calamidades que el enfrentamiento provoca sin despertar ni responder con violencia, es el mejor antídoto para llamar y provocar la paz. Eso no significa que te levantes en lucha y alce tu voz por la justicia y la paz, pero siempre desde una actitud de amor y misericordia.

martes, 11 de agosto de 2020

AGACHARSE O HACERSE PEQUEÑO

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Mt 18,1-5.10.12-14
En muchos momentos, Jesús nos invita a ser humildes, a agacharnos ante la apetencia soberbia de nuestras propias ambiciones y pasiones. No podemos seguir a Jesús si no nos vaciamos de nosotros mismos y nos despojamos de todo aquello proyectos e ideas que postergan a Jesús dejándolo en un segundo plano. Para seguir a Jesús hay que despojarse de todo aquello que huele a suficiencia, a poder, a riqueza y a creerte mejor que el otro.

En una palabra, seguir a Jesús te exige ser como niño. Es decir, empequeñecerte, abajarte, humillarte y tener un corazón limpio, inocente, confiado y apoyado en nuestro Señor. Ser como niño implica y significa eso, tener un corazón ingenuo y bien intencionado. Ser importante para Jesús no significa tener éxito y poder en este mundo, sino aquel que se abaja, que se hace pequeño entre los pequeños y, sobre todo, humilde. Es estar en la disponibilidad de servir y de ser el último.

Ser importante es ceñirte a la cintura y agacharte a lavar los pies a los demás. Y eso no son palabras, sino el testimonio que nos dejó Jesús en su vida terrenal y, concretamente, ene el signo del lavatorio de los pies a sus apóstoles en la última cena. No sólo nos dejó su Palabra, sino que también la alumbró con su Vida, entregándola hasta la muerte en la Cruz. El fue Camino, Verdad y Vida.

domingo, 5 de julio de 2020

PEQUEÑO, SEÑOR, PARA ALABAR TU GRANDEZA

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Mateo 11,25-30. | Sagrado corazon de ...
Mt 11,25-30
Somos los pequeños los necesitados de la grandeza de los poderosos. Pero, no podemos obviar que el poder de este mundo es caduco y muy limitado. Nada comparado a la grandeza de nuestro Padre Dios. Por eso, Señor, reconocerte como lo más Grande y Poderoso es la máxima aspiración a la que puede aspirar una criatura humana. Criatura creada por Ti, mi Señor.

Por eso, quiero sentirme pequeño y abajarme a la máxima humildad para reconocer tu Grandeza, Señor, y poder abrir mi pequeño, pobre y humilde corazón a tu Luz y Sabiduría. No quiero sentirme, a pesar de las tentaciones, grande, autosuficiente y poderoso. Y, mucho menos, despreciar y no necesitar ser enseñado ni creerme más justo que los demás.

Soy consciente de la tentación de creerme más sabio que los otros hasta el punto de despreciarlos y hasta excluirlos, y cargarlos de leyes y preceptos que doblan sus espaldas y les hace el camino de sus vidas insoportable. Supongo, y así lo experimento, pues con un corazón de tal calibre abrirse a tus enseñanzas resultará muy difícil y, diría, que roza lo imposible. Tú lo has dejado muy claro cuando has dicho: Y Jesús dijo a sus discípulos: En verdad os digo... - Mt 19, 23-34 -.

Quiero y me esfuerzo en ser humilde y reconocer todos mis pecados. Pecados que a veces se me esconden en lo más profundo de mi corazón y ciegan mi actuar y obrar con las pasiones, propias de mi naturaleza y tentaciones de este mundo. Quiero estar abierto a la Misericordia de mi Padre Dios anunciado y revelado por Jesús. Quiero vivir en esa actitud de abajarme, de hacerme pequeño, de llenarme de humildad y compartir mi vida con los más necesitados, que com yo, necesitan de tu Amor, Señor.

sábado, 14 de marzo de 2020

EL PADRE AMOROSO

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Lc 15,1-3.11-32
Jesús nos habla del Amor del Padre y lo hace de una forma muy singular, con una parábola. En ella nos expresa de forma descriptiva y compasiva como Dios nos quiere, nos espera y nos busca pacientemente durante toda nuestra vida. Nos expone como un padre escucha a su hijo y accede a darle la parte de la herencia que le pide y como le sigue amorosamente esperando cuando, su hijo, experimente que lejos de la casa del padre nunca estará mejor y, alejado de ella encontrará la perdición.

Ese hijo somos nosotros, que, habiendo recibido todo de nuestro Padre Dios, empezando por la vida, la familia, el lugar, los talentos y cualidades y todo lo que tenemos hasta hoy, le correspondemos con indiferencia y le damos la espalda. Pero, quizás nos ocurra que, dándonos cuenta de nuestros errores - pecados- no somos lo suficientemente humildes para levantarnos y volver a Él. Quizás hemos perdido la confianza y pensamos que no nos va a aceptar o nos va a regañar. Quizás nuestra soberbia nos lo impide y no nos decidimos para dar el paso y levantarnos.

Nunca debemos olvidar que un creyente puede caer, y eso le está permitido, pero, lo que no se le permite es que no se levante. Para eso, Jesús ha instituido el Sacramento de la Reconciliación y, en esta parábola nos deja claro que el Padre siempre está vigilante y pendiente de tu regreso. Así nos lo describe en esta hermosa parábola: Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

No perdamos nunca la confianza en Dios. Nos ha creado para ser felices eternamente y nos ha dado toda una vida para que la aprovechemos, por y con su Gracia, para regresar a su Casa donde estaremos eternamente felices.

viernes, 20 de diciembre de 2019

LA PROMESA FUE CUMPLIDA

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Lc 1,26-38
Dios había hecho una promesa a su pueblo. A ese pueblo elegido en Abraham - Is 7, 14. 11, 1-5. - y llegado el momento se cumple en María, la elegida, la llena de Gracia. El Evangelio de -  Lc 1,26-38 - nos descubre el momento de la Anunciación del Ángel Gabriel: Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Dios cumple lo prometido y eso nos da confianza y fortalece nuestra fe. Y lo hace de una forma sencilla, humilde, pobre y sin llamar la atención. Nace entre los pobres y son los pobres los más predispuestos a acogerle y recibirle. ¿Por qué? Porque, un corazón pobre es un corazón abierto, disponible y necesitado de amor. Un corazón pobre se reconoce pecador y necesitado de perdón y de amor. Y eso sólo se encuentra en Dios. Un Dios que se hace Niño y, encarnado en Naturaleza Humana, se hace presente entre nosotros.

Y María encarna todo eso que necesita el Niño Dios para hacerse presente entre nosotros. Es humilde, sencilla, pobre y abierta a la verdad. Recibe al Señor y queda llena de Gracia. El Señor está con ella. Y es ejemplo también para nosotros y nos sirve de guía y de camino para, pareciéndonos a ella poder llegar a su Hijo. María es espejo de humildad, de sencillez, de docilidad a la Palabra del Señor, de perseverancia y de fe. María es también nuestra Madre y corredentora con su Hijo Jesús de nuestra liberación.