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lunes, 2 de diciembre de 2024

PEQUEÑEZ Y GRANDEZA

Nos cuesta, o mejor, nos resulta muy dificultoso reconocernos pequeños, pero, sobre todo, indignos de presentarnos delante del Señor. Es verdad que lo decimos cada vez que comulgamos, pero una cosa es lo que se dice y otra, muy diferente, lo que se vive y como se vive.

Posiblemente no tengamos capacidad para darnos cuenta de la grandeza de, a quien recibimos y, quizás mediatizados por la frecuencia de recibirlo, nos acostumbramos a hacerlo sin caer en la cuenta de a quien estamos recibiendo. Recordar y tener en cuenta esas palabras de aquel centurión nos aviva y advierte la importancia y grandeza de lo que significa y tiene la comunión.

Es evidente que creer en Dios es darnos cuenta de que Él nos ha creado tal y como somos, y de que también ha creado todo lo visible e invisible que no alcanzamos a ver. Por lo tanto, descubramos nuestra pequeñez, no sólo para darnos cuenta de nuestra impotencia, sino para apreciar y maravillarnos de la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios.

miércoles, 17 de julio de 2024

BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

Sólo los pobres son los que pueden abrirse a la Palabra de Dios. Porque, abrirse a la Palabra de Dios exige humildad, y la humildad se esconde en el pequeño, en el pobre que experimenta deseos de rezar, de buscar a un Dios Padre que le proteja, defienda y le salve de los abusos del fuerte, del poderoso y del que domina.

De ahí que Jesús, el Señor, tome la palabra y diga: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños…

Y es que la inteligencia, la verdadera inteligencia de saber qué es lo que realmente conviene no está en el conocimiento ni en el saber, sino en descubrir que tu vida, por muy fuerte y poderosa que te parezca, está en manos de su Creador. Y es ese Creador al que nos remite Jesús, el Señor. Nos anuncia el Amor Misericordioso de su Padre y, en consecuencia, nuestra salvación eterna.

Esta es la revelación de nuestro Señor Jesucristo: Dios nos quiere y nos perdona de todos nuestros pecados. Dependerá ahora de nosotros aceptarla, creerla y reconocerla, y abrir nuestro corazón para que entre en él la luz de la Verdad. Y no olvidemos que para eso necesitamos abajarnos humildemente y reconocernos pequeños y necesitados. Es decir ser pobres de espíritu.

martes, 21 de noviembre de 2023

LA CLAVE: LA CURIOSIDAD POR VER A JESÚS

Podemos preguntarnos: ¿Sentimos nosotros curiosidad por ver y conocer a Jesús?  Porque, el motivo que posibilitó el encuentro de Zaqueo con Jesús fue precisamente la curiosidad.

Es evidente que esa curiosidad despertada en Zaqueo tenía sus consecuencias: posiblemente lo que había oído hablar de Jesús; sus buenas obras y milagros; lo que se decía de Él y, evidentemente, lo que decía Jesús. Su Palabra no dejaba indiferente a nadie que la escuchara con atención y seriedad.

No cabe duda de que Zaqueo fue una de esas personas que quiso escuchar a Jesús. Sus motivos tendría, y la consecuencia de esa escucha la resumió Jesús en estas palabras: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

A veces las limitaciones, aparentemente más simples y sencillas, nos hacen pensar. Zaqueo un hombre poderoso en riqueza y gobierno, sin embargo, pequeño de estatura. Esa pequeñez, si quieres física, le limita su grandeza de gobierno y de riqueza. No puede ver a Jesús cara a cara, sin embargo su curiosidad es tan grande que no le importa llamar la atención hasta casi rozar el ridículo, prueba evidente de su interés por conocer a Jesús. Se da cuenta de que es pequeño. No pequeño simplemente de estatura sino de poder, de humanidad, de verse criatura necesitada de amor y misericordia que perdonen sus egoísmos, sus pecados.

El encuentro con Jesús le abre los ojos y le ayuda a verse tal como es: criatura pequeña, necesitada de humildad, de amor y misericordia. Y de compartir sus talentos, sus bienes, su riqueza…etc. Así termina este pasaje evangélico del encuentro de Zaqueo con Jesús: Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo». Ya conocemos la respuesta de Jesús. Ahora, ¿Cuál es nuestra respuesta?

lunes, 2 de octubre de 2023

DIOS SE ESCONDE EN LO PEQUEÑO Y DÉBIL

Una y mil veces Jesús repite que ha venido a redimir a los pecadores. Una y mil veces nos muestra su Infinita Misericordia, y, una y mil veces su Infinito Amor queda probado hasta el extremo de entregar su Vida por cada uno de nosotros. De modo que no hay ni queda ninguna duda, Jesús ha venido a salvarnos, pero de manera preferente a los más pequeños, desvalidos y pobres. A aquellos que no tienen defensa ni voz, pensemos en los niños vivos dentro del vientre de sus madres, y a los que, necesitados de todo, esperan su Amor Misericordioso que les salve de la esclavitud del pecado.

Es evidente que debemos tener un corazón de niño para humildemente rendirnos y abrirnos a su Amor Misericordioso. Con el tiempo y los años, el corazón del hombre se ha ido endureciendo y, ahora se rebela contra su Creador. Ya no le basta su Palabra, ni siquiera sus milagros. Exige pruebas que le satisfaga y que le demuestra cuando le apetezca que su Dios es un Dios de Poder Infinito y Creador de todo lo visible e invisible.

Quiere imponer su voluntad y su razón. Su corazón ha dejado de ser dócil y creer en lo que le dice su Padre. Ya ha crecido y se cree fuerte y suficiente. No está dispuesto a creer sino en lo que ve y su razón le asiste. No se fía de su Padre Bueno. Ya no es aquel niño confiado en la bondad de su padre que le buscaba todo lo mejor para él y le defendía de todo peligro. Ahora es él el que lleva la voz cantante.

Y se vuelve a equivocar. Mientras su corazón – nuestros corazones – no vuelva a ser como cuando era niño – es decir, confiado, sabiendo que su padre siempre le buscará y dará lo mejor y que lo que le propone es su felicidad – se perderá y errará el camino de salvación. Mientras no se de cuenta de que la propuesta de su Padre es la mejor y la única que le conviene seguirá rechazándole y apostando ciegamente por esté mundo y sus ambiciones caducas y de perdición.

martes, 7 de diciembre de 2021

EL VALOR DE LO PEQUEÑO

 

A todo lo pequeño – por lo general -  se le da poco valor o importancia. Quedan en un segundo o tercer plano. En este mundo lo importante es lo que tiene mucha demanda y se le estima en gran manera por todos. Influye en sus vidas y les da gran importancia. 

Sin embargo, Jesús, el Señor, piensa de otra manera. Para Él, todo tiene importancia, pero, si hay algo que tiene un lugar preferente en su Corazón son los pequeños, los débiles e insignificantes. El hombre, su criatura preferida, creada a su imagen y semejanza no para morir, sino para vivir eternamente a su lado es su mayor preocupación. Sobre todo, los pequeños e indefensos.

 El Evangelio de hoy nos habla de eso al referirse a la parábola de la oveja perdida. Nos manifiesta cuán grande es el Amor del Padre con respecto a sus hijos cuando no quiere que ninguno se pierda, sobre todo los más débiles y pequeños. Ira, sin dudarlo, a su rescate hasta el extremo de dar su Vida.

Sin embargo, se nos ha dado el don de la libertad y dependerá de nosotros perdernos o no. Esa decisión nos corresponderá a cada uno de nosotros. Pero, estemos seguros que Jesús siempre, sea cual sea nuestra respuesta, saldrá a nuestro rescate.

martes, 26 de octubre de 2021

SER PEQUEÑO, PARA, LUEGO CRECER

 

La humildad es el arma del seguidor de Jesús. Y lo es porque, Jesús se hace presente entre los hombres desde la humildad y pequeñez. No nace de cuna de palacios, ni de nobleza de gran poder, sino de familia humilde que le lleva a un pesebre donde pasa desapercibido. Simplemente, los humildes y pequeños – los pastores – son anunciados de su nacimiento.

La grandeza del Reino de Dios empieza por lo pequeño y humilde. Es condición indispensable, porque, el crecimiento tiene siempre un origen pequeño, que no siempre coincide con ser humilde. Jesús lo ha querido así, ser humilde, porque la humildad es el punto de partida de experimentar la necesidad del Padre, del Dios que nos Ama Misericordiosamente y nos Salva.

Jesús, con su vida – desde sus orígenes – nos presenta y nos transmite sus orígenes humildes y nos enseña a crecer desde la humildad y la pequeñez. Para ello nos pone varios ejemplos que nos aclaran meridianamente lo que sus Palabras quieren significar: “La semilla – la más pequeña -  de mostaza y la levadura metida en la masa”. Entendamos lo que Jesús nos dice: "Seguirle es tomar ese camino de humildad para – desde ahí – poder servir".  

Por eso, es de suma importancia mirarte y ver - en un espacio de tiempo - si tu humildad, tu servicio y tu pequeñez han crecido, están disponibles y abiertos al amor y la misericordia. Y, si percibes que ese crecimiento es obra y por causa de la Gracia de Dios. Ál final es Él quien crece en ti.

lunes, 27 de septiembre de 2021

¿TU VIDA SUMA, O RESTA?

 

Preguntarnos si con nuestra vida sumamos o restamos es tratar de mirarnos y ver que aportamos nosotros a ésta, nuestra sociendad, de la que tanto recibimos. Es indudable que, lo que no suma, resta. Porque, quedarse separado es retroceder. Por tanto, no aportar equivaldría a restar. Al menos no restar te permite sostenerte en una actitud positiva de aumentar, de sumar y no retroceder. Por esom quien no está en contra, está a favor.

Por otro lado, ¿no es el niño - indefenso, necesitado y dependiente - el centro de atención de toda la familia? Es el más pequeño, débil y pobre, pero el que más atenciones y servicios tiene. ¿No nos hace pensar eso? Son los pequeños, los necesitados y los más pobres los que necesitan estar en el centro de nuestras atenciones porque son ellos los verdaderamente necestiados. Son ellos los que están en el Corazón de Xto. Jesús.

Por otro lado, los que buscan poder y riqueza no se sienten necesitado y, en consecuencia, buscan ser los primeros, los más fuertes y poderosos. Y, en consecuencia, someten, esclavizan y mal tratan a los más pequeños y pobres. Solo piensan en sus intereses, proyectos y beneficios. Precisamente, hoy, Jesús deja bien claro lo que piensa al respecto en el Evangelio: (Lc 9,46-50): En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me...

Conviene reflexionar y abrir bien los ojos, porque, creyéndonos buenos cristianos buscamos los primeros puestos sin darnos cuenta que para ser primeros tenemos que ser últimos.

lunes, 26 de julio de 2021

EN LO PEQUEÑO ESTÁ ESCONDIDO LO GRANDE

 

Todo tiene un principio y, por supuesto y lógico, ese principio nace pequeño hasta hacerse grande. Esa es la  comparación que nos pone Jesús hoy en el Evangelio: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».

La fe se hace presente de esa forma, de lo pequeño a lo grande. No aparece de repente, sino que va creciendo lentamente hasta el punto de no darnos cuenta. Muchos nos preguntamos, ¿por qué no tengo fe? Pero, quizás la respuesta sea, ¿realmente tú la buscas? Porque, para encontrar y tener hará falta buscar, y, sobre todo, pedir. La fe la tendremos que pedir, desear y buscar escondida en los Sacramentos y en la Gracia de Dios.

La fe es la consecuencia de una siembra que tu crazón abona, cultiva y cuida con su esfuerzo, su perseverancia, su obediencia y apertura a dejarse labrar y cultivar para que dé frutos. Solo la Gracia de Dios nos la da gratuitamente, pero, eres tú, y también yo, quienes tendremos que abrirnos para que la masa y la semilla sembrada en nuestro corazón crezcan se desarrolle y fermente.

martes, 11 de agosto de 2020

AGACHARSE O HACERSE PEQUEÑO

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Mt 18,1-5.10.12-14
En muchos momentos, Jesús nos invita a ser humildes, a agacharnos ante la apetencia soberbia de nuestras propias ambiciones y pasiones. No podemos seguir a Jesús si no nos vaciamos de nosotros mismos y nos despojamos de todo aquello proyectos e ideas que postergan a Jesús dejándolo en un segundo plano. Para seguir a Jesús hay que despojarse de todo aquello que huele a suficiencia, a poder, a riqueza y a creerte mejor que el otro.

En una palabra, seguir a Jesús te exige ser como niño. Es decir, empequeñecerte, abajarte, humillarte y tener un corazón limpio, inocente, confiado y apoyado en nuestro Señor. Ser como niño implica y significa eso, tener un corazón ingenuo y bien intencionado. Ser importante para Jesús no significa tener éxito y poder en este mundo, sino aquel que se abaja, que se hace pequeño entre los pequeños y, sobre todo, humilde. Es estar en la disponibilidad de servir y de ser el último.

Ser importante es ceñirte a la cintura y agacharte a lavar los pies a los demás. Y eso no son palabras, sino el testimonio que nos dejó Jesús en su vida terrenal y, concretamente, ene el signo del lavatorio de los pies a sus apóstoles en la última cena. No sólo nos dejó su Palabra, sino que también la alumbró con su Vida, entregándola hasta la muerte en la Cruz. El fue Camino, Verdad y Vida.

domingo, 5 de julio de 2020

PEQUEÑO, SEÑOR, PARA ALABAR TU GRANDEZA

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Mateo 11,25-30. | Sagrado corazon de ...
Mt 11,25-30
Somos los pequeños los necesitados de la grandeza de los poderosos. Pero, no podemos obviar que el poder de este mundo es caduco y muy limitado. Nada comparado a la grandeza de nuestro Padre Dios. Por eso, Señor, reconocerte como lo más Grande y Poderoso es la máxima aspiración a la que puede aspirar una criatura humana. Criatura creada por Ti, mi Señor.

Por eso, quiero sentirme pequeño y abajarme a la máxima humildad para reconocer tu Grandeza, Señor, y poder abrir mi pequeño, pobre y humilde corazón a tu Luz y Sabiduría. No quiero sentirme, a pesar de las tentaciones, grande, autosuficiente y poderoso. Y, mucho menos, despreciar y no necesitar ser enseñado ni creerme más justo que los demás.

Soy consciente de la tentación de creerme más sabio que los otros hasta el punto de despreciarlos y hasta excluirlos, y cargarlos de leyes y preceptos que doblan sus espaldas y les hace el camino de sus vidas insoportable. Supongo, y así lo experimento, pues con un corazón de tal calibre abrirse a tus enseñanzas resultará muy difícil y, diría, que roza lo imposible. Tú lo has dejado muy claro cuando has dicho: Y Jesús dijo a sus discípulos: En verdad os digo... - Mt 19, 23-34 -.

Quiero y me esfuerzo en ser humilde y reconocer todos mis pecados. Pecados que a veces se me esconden en lo más profundo de mi corazón y ciegan mi actuar y obrar con las pasiones, propias de mi naturaleza y tentaciones de este mundo. Quiero estar abierto a la Misericordia de mi Padre Dios anunciado y revelado por Jesús. Quiero vivir en esa actitud de abajarme, de hacerme pequeño, de llenarme de humildad y compartir mi vida con los más necesitados, que com yo, necesitan de tu Amor, Señor.

martes, 4 de diciembre de 2018

HUMILDAD Y AGRADECIMIENTO

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Lc 10,21-24
Cuando alcanzamos alguna meta nos orgullecemos de nuestro esfuerzo y nuestro éxito, pero quizás olvidamos de dar gracias a quien nos ha dotado de esa capacidad y talentos para conseguir ese éxito del que nos sentimos orgulloso y muy contento. Es lo que hace Jesús hoy cuando de forma espontánea dar gracias al Padre por todo lo que ha recibido y por la alegría de sus discípulos: 

«Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».

La humildad es necesaria para experimentar agradecimiento. Sin sentirte pequeño, pobre y necesitado te resultará difícil ser agradecido. Jesús, el Hijo de Dios hecho Hombre, se hace humilde, pequeño, pobre abajándose de su condición divina para hacerse hombre como tú y como yo. Y se siente agradecido y bendecido por el Padre dándole gracias por todo lo que ha recibido y transmitiéndoles ese agradecimiento a sus discípulos.

Descubramos también nosotros el ser agradecidos y corresponder al Señor por todo lo que hemos recibido de su Mano generosa. Descubramos nuestra pequeñez y nuestra pobreza y sintámonos humilde para agradecer a nuestro Padre Dios que nos haya enviado su Hijo para rescatarnos de la esclavitud del pecado.

lunes, 2 de octubre de 2017

SÓLO LO PEQUEÑO SE HACE GRANDE

Lc 9,46-50
Es lógico que lo grande haya sido pequeño antes. Todo empieza por el principio para terminar por lo último. Lo primero es pequeño y lo último grande. Por lo tanto, deducimos que sólo lo pequeño se hace grande. De la misma forma, todo en la vida es primero pequeño, y luego grande. Así, para ser grande hay que ser primero pequeño. Es decir, humilde.

Porque, lo que es ya de por sí grande, poco puede crecer. Eso corresponderá a los últimos tiempos, donde ya el crecimiento alcanza la plenitud. De momento necesitamos ser pequeños para continuar creciendo hasta hacernos grande. Eso es lo que plantea el Evangelio de hoy: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».  

Todo crecimiento empieza por la humildad. Sólo el humilde es capaz de crecer, y eso exige combate, lucha y disciplina. Porque el hombre está inclinado a la vanidad, a la notoriedad y a destacar delante de nosotros. Queremos ser los primeros y somos capaces de ponernos en manos de los hilos de la soberbia, el orgullo, el egoísmo y el poder para pasar por encima de otros y alcanzar el primer lugar. Sólo, cuando cortamos esos hilos que nos manipulan y nos someten, nos liberamos para hacer el bien.

A veces, incluso, a aquellos que reman a favor de la corriente de la justicia, la solidaridad y la paz, tratamos de impedirle, por el sólo hecho de que destacan y son admirados,  que lo hagan. Lastiman nuestro orgullo y soberbia, y queremos postergarlos porque no trabajan igual y con nosotros. Y eso genera divisiones y enfrentamientos. Tengamos en cuenta lo que nos dice Jesús: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».

Luchemos contra la lógica humana que nos arrastra a querer ser los primeros, a experimentar deseos de triunfo, de ser reconocidos, de ser centro y apreciados por todos. Y cuando eso no es así rompe nuestra paz y afloran nuestros malos sentimientos.

martes, 11 de agosto de 2015

TU GRANDEZA HAZLA PEQUEÑA

(Mt 18,1-5.10.12-14

Se trata de no engrandecerte por todo lo que tengas y seas. Puedes ser alguien muy importante en el terreno deportivo, cultural, artístico, empresarial...etc., pero todas esas grandezas de poco te servirán si no tratas de empequeñecerla y ajustarla al bien y servicio de los que tienen menos.

Porque tú no tienes nada. Todo los has recibido por la Gracia del Señor, y si tienes esa habilidad para triunfar y tener éxito en cualquier campo de la ciencia, del deporte o del arte, te ha sido dada para que la compartas y la utilices en bien de los que han recibido menos o casi nada. Abre los ojos y mira alrededor y verás las necesidades que hay y que piden tu colaboración.

¿Acaso tienes tú más derecho que aquel niño que ha nacido en un país en constante conflictos y bajo una dictadura que los oprimes y los mata de hambre y sed? ¿Acaso son tus hijos mejores y con más derecho que aquellos niños militarizados y obligados a hacer la guerra? ¿Acaso tú te encuentras con más derecho que los cristianos que son perseguidos, torturados y asesinados?

Posiblemente somos unos privilegiados, pero llamados a colaborar por aliviar y liberar a esos hermanos que están padeciendo las consecuencias del mal de muchos hombres esclavizados por el Maligno. No se trata de mirar para otro lado, lamentar su mala suerte u olvidarnos de lo que sucede lejos de nosotros. Se trata de tomar conciencia y denunciar esos males y pecados para que sean corregidos y se instaure el Reino de Dios. Un Reino de justicia, de amor y de paz.

Y eso nos obliga a salir a buscar a las ovejas perdidas o descarriadas. Nos obliga a movilizarnos, tanto espiritualmente como poniendo los medios que podamos, económicos como de criterios y de concienciación para que las injusticias sean corregidas y los derechos respetados como verdaderos hijos de Dios. Porque todos somos hijos de Dios y con la misma dignidad y derecho.

Y en la medida que pongamos todo lo recibido en función del ayudar a establecer el Reino, ayudaremos a ir restableciendo un mundo mejor en justicia, derechos y paz. En esa medida iremos haciéndonos pequeños, poniéndonos a la misma altura que los marginados y desposeídos, y dando todo lo que gratuitamente hemos recibido, en favor de los que lo necesiten.

El Reino de los Cielos será para esos, para los pequeños, para los pobres, para los que pones su confianza en el corazón de Dios. Desmonta la escala de los valores del mundo y propone la sencillez y la humildad, esos, los que realmente viven el esfuerzo del hacer eso son los verdaderos hijos pequeños de Dios.

martes, 2 de diciembre de 2014

SOLAMENTE ES AGRADECIDO QUIEN SE EXPERIMENTA PEQUEÑO

(Lc 10,21-24)
 
Cuando alguien da gracias es porque siente en lo más profundo de su ser el favor del bien recibido. Dar gracias presupone sentirse necesitado, pequeño y agraciado por el bien recibido. Todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido de Dios, por lo que nuestra vida debe ser en canto de alabanza y agradecimiento a su Amor y Misericordia.

Porque no merecemos nada, y hemos recibido todo y la promesa de nuestra salvación eterna si somos capaces de reconocernos agradecidos y vivenciar en nuestra vida alabanza y agradecimiento al Señor. Hoy Jesús da gracias al Padre, lleno de gozo del Espíritu Santo, por haber revelado estas cosas a los pequeños, porque solamente se es agradecido y se abre el corazón cuando se experimenta la pobreza y la pequeñez.

Te pedimos, Señor, nos des la Gracia de conocer al Padre. Ese Padre que Tú has venido a revelarnos y a decirnos que nos ama hasta la locura de entregar al Hijo encarnado, por la redención y salvación eterna de todos los hombres. 

Danos la fe del centurión y la humildad de reconocernos pequeños, lo que realmente somos, para poder escucharte y seguirte dándote alabanzas de gratitud. Amén.

martes, 3 de diciembre de 2013

SÓLO SI TE HACES PEQUEÑO


(Lc 10,21-24)

Hacerse pequeño no significa ser pequeño. Diría todo lo contrario, abajarse y hacerse pequeño, humilde y necesitado de poder y saber, es ser grande, porque sólo el pequeño tendrá cabida para aprender y mejorar, es decir, perfeccionarse como Dios quiere que nos perfeccionemos.

El grande está lleno y no le cabe nada más. No necesita y su perfección ya la tiene. ¡Qué dicha y gracia es experimentarse pequeño y estar necesitado de hacerse grande! Sólo el pequeño puede y aspira a hacerse grande. Por eso, Jesús le da gracias al Padre porque ha revelado la salvación a los pequeños. Y es que sólo los pequeños pueden recibirla.

La lección es clara: "Hagámonos pequeños, necesitados, humildes de aprender. Aprender a estar disponibles; aprender a aceptar todos nuestros defectos e impotencias; aprender a morir a nuestra soberbia y vanidades; aprender a no sentirnos suficientes y sabios. Aprender a no esperar recompensas ni premios; ni halagos y adulaciones. Aprender a ser manos y humildes como el Señor Jesús.

Y sólo abajándonos y empequeñeciéndonos como Él lo podremos lograr.

martes, 13 de agosto de 2013

EL MAYOR, EL MÁS PEQUEÑO

(Mt 18,1-5.10.12-14)


Es una contradicción, pues el más pequeño nunca puede ser el más grande. Los criterios del mundo son estos: los mayores son los que tienen más, los que almacenan más, los que ostentan más poder, los que coleccionan más títulos y alcanzan prestigios entre los hombres. 

Y, por el contrario, los pequeños son los que carecen de todo o casi todo: aquellos que dependen en todo de los demás. Pero, sin embargo, en el Reino de Dios el criterio es diferente: aquí son mayores los que nada tienen, los humildes y sencillos, los que mantienen una mirada limpia, transparente, capaces de amar. Esos son los mayores, los que ocuparan los primeros puestos.

Porque son capaces de hacerse pequeños entregando todos los talentos recibidos al servicio de los que lo necesitan. Porque siendo grandes se ponen a la altura del pequeño para servirle y ser como ellos. Esa capacidad de prescindir de tu grandeza para caminar en la humildad con los más pequeños es lo quedará a tu altura la grandeza, valga la redundancia, de ser grande en el Reino de Dios.