Primero debes
preguntarte si quieres, si estás dispuesto a levantarte, si, a pesar de llevar
ya mucho tiempo anclado en tus vicios, en tu manera de vivir, de arreglarte la
vida y de resignarte a tu situación, quieres y estas dispuesto a cambiar de
vida. Esa es la pregunta que late dentro de ti y debes responderte. Porque, si
no quieres, así te quedarás.
Hay mucha gente
tumbada junto a la piscina de Betesda. Y muchos llevan mucho tiempo hasta el
extremo que cambiar le supondrá un gran esfuerzo. Pero, la palabra la tienes tú.
Tú decides, y nadie podrá ayudarte en ese sentido. La decisión es sola tuya.
Por eso, Jesús,
primero pregunta eso: «¿Quieres curarte?». Porque, si no quieres no hay nada
que hacer. Muchos instalados en los vicios – drogas, juegos … En la rutina,
conformismo, pereza, descompromiso y desencanto han tirado la toalla y se han
resignado a ver – resignadamente – pasar el tiempo. Han renunciado a levantarse
y a enderezar su vida dándole sentido.
Jesús se compadece
de todos aquellos que andan perdidos, enfermos, sometidos y debilitados. Quiere
ayudarlos e invitarlos, por su Gracia y Amor Misericordioso, ha levantarse,
pero necesita tu colaboración, tus deseos de levantarte, tus ansias de creer y
esperanzas, y sobre todo, tu fe en Él.
Él te invita, y si
lo hace es porque sabe que puedes en la medida que tengas fe y creas en su
Palabra. Ya, si acaso lo dudabas, sabes que estás invitados por Jesús. Te lo
dice a ti y a todos: ¿Quieres levantarte? Pues, agárrate a mí y empieza a
caminar.