Jesús vive en el
Padre y hace lo que ve hacer al Padre. En el Evangelio de hoy, Jesús, se
declara íntimamente relacionado con el Padre, de tal forma que dice: «En
verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo
que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará
obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre
resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los
que quiere.
Jesús y el Padre
están tan unidos que son uno mismo. Lo que hace Uno, también lo hace el Otro.
La deducción está clara: Dios, encarnado en Naturaleza humana, se hace Hijo en
la segunda Persona de la Santísima Trinidad. De modo que el Padre, Hijo y
Espíritu Santo, que seguirá alumbrando a la Iglesia concurren en un solo Dios.
Tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, en un solo Dios, Uno y Trino.
Y Jesús lo deja muy claro en el Evangelio de hoy: En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio.