jueves, 3 de febrero de 2011

¿ESTAMOS TAMBIÉN NOSOTROS ENTRE LOS DOCE? (Mc 6, 7-13)


El sentido común nos dice que si, porque lo lógico es que ellos no puedan llegar a todos, pero a través de otros y otros, el boca a boca, el Mensaje de JESÚS puede y llega a todo el mundo. Nosotros somos cristianos porque nos ha llegado el Mensaje a través de nuestros padres, nuestros profesores, nuestros párrocos, nuestro pueblo o por cualquier otro conducto que nos ha impactado y nos ha transmitido, por obra del ESPÍRITU SANTO, la Buena Noticia.

Todos tenemos la mecha necesaria para que, encendida por la Palabra y vida transmitida, prenda en nosotros la fe y conversión. La mecha necesaria guardada y sellada en nuestro corazón que necesitamos prender, pues en lo más profundo del mismo hay un deseo de búsqueda de felicidad por encontrar la vida que no acaba nunca, porque para ser feliz es necesario vivir eternamente y gozoso, y eso sólo lo podemos lograr en JESÚS de Nazaret, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

La muerte nos asusta, nos da miedo, y eso nos entristece. Huimos de ella y buscamos la vida, que nos alegra, nos llena plenamente y nos hace feliz. Pues bien, para eso envío JESÚS a los doce apóstoles elegidos, y nos envía también a nosotros hoy a proclamarlo a este nuestro mundo temeroso y perdido en buscar donde no se encuentra la verdadera vida.

Por todo ello, cuando encontramos el tesoro tan ansiosamente buscado no podemos dejar de ofrecerlo a todos aquellos que nos rodean, a pesar de no ser escuchados, con nuestra palabra y nuestra vida. Luego ellos decidirán.

Dame la luz y la Gracia, SEÑOR,
de ser sal y levadura que
fermente, con mi vida,
los ambiente en donde
vivo. Amén.