martes, 3 de marzo de 2026

APARIENCIAS Y AUTOESTIMAS

Mt 23, 1-12

 —Por ahí viene Florencio —dijo uno de los tertulianos de la terraza.  Maestro y doctor, que nos alumbra con sus enseñanzas.

La cara de Florencio brillaba de regocijo. Presumía de que le llamaran maestro y de que le halagaran por sus enseñanzas.

—Gracias, amigos, me satisfacen sus alabanzas y, en prueba de ello, les invito a tomar algo.

No todos habían recibido a Florencio con entusiasmo. Alguien, dando un resoplido, pensó: «Se puede aceptar lo que dice, pero no es ejemplo para nada. Dice, pero no hace, sino que lo carga en las espaldas de los demás».

Al otro lado de la terraza, Manuel observaba la bienvenida dada a Florencio por sus adeptos y amigos. Conocía muy bien al personaje y, enderezando su espalda al mismo tiempo que se levantaba, dijo:

—No siempre es fácil encontrar el equilibrio entre la autoestima y la humildad, aún más en un contexto que nos invita a negarnos pocas cosas y a reconocer nuestros propios logros.

Viendo que había logrado llamar la atención de todos, aprovechó para sacar su Biblia y, abriéndola por el pasaje evangélico de Mt 23, 1-12, leyó:

—En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: hagan y cumplan todo lo que les dicen; pero no…»

—Palabra del Señor… y palabra que nos examina.

Al terminar de leerlo, clavó su mirada en Florencio y sus amigos y dijo:

—La trampa aparece cuando la autoestima se disfraza de egoísmo y se convierte en orgullo, cuando se alimenta del reconocimiento ajeno y nos eleva por encima de los demás.

Hubo un silencio prolongado. Algunos apartaron la mirada, otros encogieron sus cuerpos sintiéndose culpables, y Florencio carraspeó disimulando su nerviosismo.

Las palabras de Manuel habían desnudado el ambiente de tanta hipocresía.

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