jueves, 28 de mayo de 2026

ESPÍRITU PRONTO, CARNE DÉBIL

Mt 26, 36-42

Es evidente que anhelamos el bien y la perfección. Todos queremos ser buenas personas y deseamos quedar bien ante los demás, pero…

Aquello hizo recordar a Teodoro los momentos en los que experimentó la lejanía y la desidia respecto al Señor, sintiéndose débil y sin voluntad para mantenerse firme y fiel.

Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, nos pone en nuestro sitio y nos señala caminos y horizontes.

Todos somos sacerdotes por el bautismo; todos estamos llamados a ser mediadores al estilo de Jesús. Un modo de hacer, de estar y de relacionarnos que poco tiene que ver con nuestros egoísmos y apetencias.

Jesús, encarnado en nuestra naturaleza humana, también sufrió la debilidad corporal y, en la oración del huerto de Getsemaní (Mt 26, 36-42), pidió al Padre: «Si es posible, que pase de mí este cáliz». Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú.