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viernes, 2 de abril de 2021

Y TÚ, ¿CON QUIÉN ESTÁS?

Jn 18,1—19,42

Es un día y una hora santa para mirarnos interiormente y tratar de vernos tal y como somos y actuamos a lo largo de todo el año. Preguntarnos, ¿con quién estamos? sería una pregunta que nos puede ayudar como punto de apartida y reflexión para este día concreto y con perspectiva de todo el año.

Porque, no se trata de ponerme al lado del Señor simplemente estos días santo, sino, lo importante y fundamental, que estos días nos sirvan de prolongación todo el año y todos los días de nuestra vida santificándolo. Se trata, pues, de tomar una decisión y sostenernos en una actitud de perseverancia y permanencia en su Palabra y estilo de Vida: Amarle sobre todas las cosas y al pobre, necesitado y marginado como te amas a ti mismo.

En el fondo es tomar un postura coherente y decidir en qué lado estoy, si con el mundo o con el Señor. No puedo negar que durante la mayor parte del año paso el tiempo algo distraído y quizás no tan consciente de la presencia de Dios en mi vida. Estos días en los que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor - Triduo Pascual - deben ayudarnos a esa toma de conciencia diaria de cada día del año.

Experimentar que te estancas es muy malo y negativo. Caminar con Jesús significa avanzar en tu camino de perfección. En, con y por Él nuestra vida tiene que perfeccionarse y aumentar en fe y amor. Y eso es lo que pretendo e invito a todos a intentar. Para ello se hace necesario resistirnos a los falsos encantos que nos ofrece el mundo, todos pasajeros y caducos, y sumergirnos en los valores de la belleza, verdad, libertad, justicia y amor. Una Amor del que la referencia es el Señor. 

Precisamente, en estos días celebramos ese Amor que se manifiesta de forma hermosa y expresiva en entregar su Vida por cada uno de nosotros.

sábado, 25 de julio de 2020

POR EL CAMINO DE SANTIAGO

MATEO 20, 20-28 | Imagenes cristianas de fortaleza, Versículos bíblicos,  Imágenes cristianas
Mt 20,20-28
Hay un camino que no es el camino. A ver si me explico. Quiero decir que recorrer el camino de Santiago no consiste en recorrerlo solo físicamente, sino en vivirlo como un camino que nos ayuda a acercarnos a Jesús, el único y verdadero Camino, Verdad y Vida. Así lo ha recorrido el mismo Santiago apóstol aprendiendo de su seguimiento a Jesús en el esfuerzo de ser manso y humilde como Él.

Porque, el seguimiento a Jesús se nota en la medida que tratamos de ser más tolerante y comprensivos con los otros; más abiertos a ver la verdad desde la profundidad del corazón de los otros y a despojarnos de esas nuestras ambiciones personales, a la que experimentamos inclinaciones naturales irresistibles y de las que nos sentimos esclavizados y sometidos. Esa es nuestra lucha de cada día y a la que la vida de Santiago nos puede ayudar siguiendo su camino.

Conocer que a Santiago, como también a los demás apóstoles, les costó enormemente despojarse de sus actitudes humanas y de aceptar y asumir que seguir a Jesús es pasar irremisiblemente por la cruz. Y que es único camino y no tiene alternativa. Por eso, a todos nos cuesta mucho y sin el concurso del Espíritu Santo, que recibimos en nuestro bautismo, no podemos encararlo, atrevernos o enfrentarnos a recorrerlo. 

Estar cerca de Jesús y seguir sus pasos nos ayuda a ir entendiendo su Palabra y cambiando, por su Gracia, las intenciones y deseos de nuestros corazones. Así lo hizo Santiago y, su corazón, fue asumiendo la cruz, el despojo de sus apetencias, ambiciones y egoísmos, el servicio a los demás, característica fundamental del amor a los demás. Esta es la actitud con la que hemos de recorrer el camino de Santiago. O dicho de otra forma, Santiago debe servirnos para encontrarnos también nosotros con Jesús y, abriendo nuestros corazones, dejarnos transformar por sus enseñanzas y su Palabra.

domingo, 1 de diciembre de 2019

EN ACTITUD DE VERDADERA ESPERA

Resultado de imagen de Mt 24, 37-44"
Se acerca el Adviento y la Palabra de Dios nos recuerda que se acerca la celebración del nacimiento del Señor. Un nacimiento que hay que preparar esperando vigilantes y atentos y llenos de esperanza. Porque, de ese acontecimiento va a depender la felicidad que todos buscamos. Jesús es nuestra esperanza y de la escucha de su Palabra dependerá nuestra felicidad eterna.

Ahora, esa espera debe ser inquieta, anhelante, deseosa. Nunca puede estar doblegada y distraída en la indiferencia, en la superficialidad y en la rutina. No podemos dejar que se convierta nuestra espera en costumbre y actos que repetimos sin sentido como unos hábitos adquiridos sin coherencia ni fundamento. Si realmente los vivimos como una tradición festiva que celebramos cada año, podemos perdernos en la superficialidad de quienes celebran algo que no viven ni le llenan de esperanza.

Necesitamos descubrir en nuestros corazones esa esperanza de nacer cada día a un nuevo deseo de mejorar, de perfección y de encontrarnos con Jesús. Viene el Mesías esperado que nos colma de felicidad, de gozo y de paz y nos anima a estar vigilantes y atentos para no distraernos y, entretenidos en otras cosas, le dejemos pasar. 

Y es que dependerá de nuestra actitud de espera, porque, se puede esperar a alguien como costumbre y tradición sin experimentar ningún cambio en mi persona ni, por supuesto, ninguna esperanza. Y se puede esperar con la actitud de ponerse en camino y de dejarse acompañar para orientar mejor cada día su vida hacia ese Camino de Verdad y Vida. Y para eso debemos estar a la escucha de la Palabra y vigilantes ante las tentaciones y seducciones que el mundo nos propone y con las que nos quiere apartar de prepararnos para la venida del Señor, razón y fundamente de nuestra fe esperanzada.

sábado, 4 de noviembre de 2017

ACTITUD ANTE LA OBSERVACIÓN

Lc 14,1.7-11
En mucha ocasiones se nos ha dicho que todo depende de cómo lo mires. Es decir, según la mirada que tengas ante los acontecimientos de tu vida, así será tu actitud y comportamiento. Es posible que, ante cualquier situación tu mirada sea de desagrado, pero dispuesta a aceptar y a modificar con tu buena intención la vivencia de esa nueva o casual situación.

Las cosas se tornarán mal o bien según tu las interpretes y trates de llenarlas de buena intención, de actitud positiva y de un deseo de corrección en aras del bien de todos y de mejorar y buscar la verdad. Una verdad que duerme dentro de nosotros, pero que corre peligro de contaminarse y de, envenenada, actuar y buscar el mal.

En el Evangelio de hoy encontramos retratadas esas actitudes. Mientras los fariseos, nos dice el Evangelio, están observando y atentos a lo que hace Jesús, no con sana intención de aprender y sacar buenas conclusiones, sino esperando algún fallo para sensurarle y criticarle negativamente. Jesús observa, viendo la ambición y protagonismos de muchos que buscan los primeros puestos, y saca conclusiones que nos vienen bien a todos con una buena y sana actitud de mejorarnos y ayudarnos a crecer en perfección.

Entonces nos adoctrina con una parábola: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidad ... Jesús que está por encima de todos nosotros no busca ser honrado, ni tampoco ser servido. Nos lo ha dicho ya en otra ocasión -Mt 20, 17-28- y ahora con su actitud nos lo recuerda. Y nos aconseja ser humilde y no buscar ser ensalzado ocupando los primeros puestos.

Porque, quien busca que lo ensalce terminará siendo humillado, y quien se humilla, será ensalzado. Miremos a Jesús, que no busca su Gloria sino la del Padre. Ha venido a servir y no a ser servido. Y miremos también a nuestra Madre, ella con su humillación hizo posible la venida del Hijo prometido a este mundo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

COMPARACIONES Y PRIVILEGIOS

(Lc 9,46-50)

Todos buscamos los mejores puestos. Quien dice que no, posiblemente miente, pues es una inclinación que está genéticamente impregnada en nuestra sangre. Y para desapegarla necesitamos la Gracia, pues solos estamos vencidos. Pero, nos ocurre también que, a pesar de buscar lo mejor, también protestamos porque lo que tenemos en relación con otros. ¡Y Dios me libre que me pase algo malo! Protestamos y nos creemos con derecho.

La primera lectura de la Eucaristía de hoy nos refleja muy claro estas actitudes nuestras. El ejemplo de Job es una advertencia a no actuar así y confiar en la Misericordia, Generosidad y Amor de Dios.

Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo:
Desnudo salí del vientre de mi madre
y desnudo volveré a él.
El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó;
bendito sea el nombre del Señor.
A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

La reflexión es clara: ¿Es esa nuestra actitud ante las adversidades de la vida? ¿Buscamos los últimos puestos con la intención de servir y no lucirnos? ¿Proponemos el Mensaje y damos testimonio de él sin más intenciones? ¿Nos abrimos al amor venga de dónde venga?

Pidamos al Espíritu de Dios que nos dé la sabiduría y la serenidad de, como el santo Job, ver con paciencia y confianza la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

martes, 10 de septiembre de 2013

LA VOLUNTAD DEL PADRE

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(Lc 6,12-19)


Supongo, es de lo primero que pensamos, que Jesús hubiese preferido escoger para su equipo un grupo de gente importante, con medios y de las mejores preparadas. Cuando se trata de proclamar un mensaje, lo lógico es buscar a los mejores proclamadores.

Sin embargo, Jesús elige casi lo inservible, lo último, lo menos preparado. ¿Por qué esa elección? Esconde misterio, pero podemos pensar que tras lo pequeño, lo humilde, lo de abajo será más fácil aceptar y darse a la proclamación. Porque primero, son los necesitados, los que nada tienen y nada pierde. Y segundo, porque están abiertos a toda esperanza y deseos de cambiar, de ser ayudados.

Ocurre eso con los niños. Todo lo obtienen de sus padres. Nada saben, ecepto que sus padres le darán lo mejor, lo que necesitan. Y se abren a sus palabras y ayuda.

Al parecer esa fue la Voluntad del Padre. Jesús, después de estar una noche en oración con Él, muy temprano, interpreta lo que el Padre quiere para la proclamación de su Mensaje, y en consecuencia actua. ¿También nosotros disponemos de esa actitud de consultar al Padre ante la elección del camino a tomar en nuestra vida? Es quizás la pregunta que hoy debemos reflexionar.

lunes, 27 de diciembre de 2010

ENCONTRAR Y LLAMAR AL VERDADERO TESORO

Sólo cuando se descubre que mi verdadero tesoro está en darme, ...


ENCONTRAR,
la magia de los pequeños milagros de tu día en el día a día de tu vivencia. Cada día es un milagro, porque nuestra vida se sostiene en el SEÑOR. ¡Sí ÉL dejase de sostenerla desapareceríamos! Y, como niños inocentes en brazos de su PADRE, nos preocupa más el juguete o la urgencia que tenemos delante, antes que sentirnos amado y queridos por nuestro PADRE, junto al cual no debemos temer nada.

Sin embargo, no nos apercibimos de su venida, de su estancia entre nosotros, y, como ignorantes criaturas corremos y desesperamos detrás de la urgencia económica olvidándonos de ÉL, "nuestra verdadera salvación".

No significa esto que, siendo seres humanos y necesitados de satisfacciones materiales, nos quedemos impávidos y quietos ante las dificultades y carencias que la vida nos presenta, pero en el esfuerzo y la lucha de cada día y momento, tengamos presente que JESÚS está con nosotros y nos ayuda a resolverlas o aceptarlas. No nos dejemos llevar por estas secundarias necesidades para, por sus causas, abandonemos la Primera, Única y Principal.

Esa fue la voz que oímos en el desierto y la que muchos, ¿estaremos nosotros también?, han desoído y olvidado. Hagamos memoria y acerquémonos al Belén de nuestro corazón para que en medio de tanto ruido y luces no nazcan otras preocupaciones en nuestro pesebre sino el Verdadero Niño que colma mis esperanzas y dicha.

 LLAMAR,
a esa persona de tu familia con la que menos hablas y con la que te cuesta esfuerzo hablar. Se hace muy cuesta arriba, sobre todo cuando esa persona está en una actitud agresiva y de malas intenciones. Te sientes impotente e incapaz de servirle porque no se deja servir sino su inminente deseo es servirse y aprovecharse de ti.

Es el momento que experimentas el amor que JESÚS tiene y da por ti cada segundo del tiempo. El te ama y ha muerto por ti, pero tú lo rechazas o te muestras indiferente, si no siempre, sí en muchos momentos del día. Sólo desde ahí puedes llegar a comprender que lo importante es aceptar y aguantar incluso aquello que no se comprende.

Es el momento de encender la luz en tu corazón y dejar un hueco, el mejor y principal, para que se acomode el Niño DIOS en él y nazca de nuevo una vida nueva en ti. Es el momento de hacer Navidad en tu particular pesebre y derramar toda la luz de tu Belén entre los que te rodean y se acercan a tu lado.

Porque contigo hace lo mismo JESÚS, y ÉL espera pacientemente a que tú puedas reaccionar y darte cuenta. Tengo en mi vida, ahora hablo personalmente, algún caso de estos y me ayuda a superarlo, al menos a aceptarlo con paciencia, esta idea de saberme perdonado y querido por mi PADRE del Cielo a pesar de mis rechazos e indiferencias.

Tomar conciencia, y sentirme esperanzado de que JESÚS vendrá de nuevo a  oír  mi decisión y recoger todos mis frutos de amor, como ÉL me ha enseñado y me enseña diariamente, me hace retomar fuerzas y deseos de superarme y vencerme para, olvidándome de mí, aceptar  darme a los demás, incluso en esos casos ininteligibles por mi razón.


Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

domingo, 5 de diciembre de 2010

LA HUMILDAD ES LA LLAVE DE LA CONVERSIÓN

 
De Belén nos viene la LUZ
La humildad es la llave de la conversión
Adviento, repetido en estos días hasta la saciedad, nos puede sonar tan familiar que, sin darnos cuenta y deslumbrados por luces y ofertas tentadoras, pase sin ser nada más que unos buenos propósitos e intenciones, para ser alojadas en el baúl de los recuerdos.

¿Dónde fijarnos para no desviarnos del camino? JESÚS es un niño a punto de nacer y sólo su Madre y Padre están en el camino hacia Belén. María es la elegida, la portadora maternal del Unegito HIJO prometido que nos dará la Salvación. Es Ella, por ahora, la que marca las actitudes a reflexionar e imitar.

María, cuando oye la palabra del ángel, se preocupa mucho y se pregunta qué querría decir semejante saludo. María le pregunta al ángel cómo se va a realizar el plan de DIOS, siendo ella virgen. Sin embargo, la Santísima Virgen ofrece su persona a DIOS como la esclava del SEÑOR para que se cumpla en Ella lo que se le ha dicho.

DIOS también tiene un plan sobre ti y sobre mí. Y también, como a María, te ha dado la Gracia necesaria para que puedas cumplirlo. Y, seguro, que has sentido, al menos a mí me pasa, preocupación, miedo e impotencia por no saber como cumplirlo. "No temas, le dice el Ángel a María"; también te lo dice a ti y a mí: no temas Salvador o Ángel, yo voy contigo y Conmigo puedes hacerlo y vencer.

Sin embargo, no nos libraremos de los miedos, las inseguridades, las preocupaciones... María tampoco escapó a eso, ni siquiera el JESÚS Hombre. ¿Somos nosotros diferentes o priviligiados? Eso debemos asumirlo desde el principio del camino, pero sabiendo que va Alguien que no falla conmigo.

Mis planes, mis propósitos, mis proyectos... ¿son los mismos que DIOS tiene pensado, al igual que María, para mí? Y, ¿acaso lo que me ha y está sucediendo en mi vida estaba dentro de mis planes? ¿Era eso lo que yo había pensado, qué mis hijos no creyeran en TI?, ¿qué mi empresa se fuese a pique?, ¿qué mis empleados pensaran mal de mí?, ¿qué la fuerza de mi palabra y la sinceridad de mi vida deja mucho que desear?, ¿qué mi matrimonio ha pasado por momentos muy difíciles y tentaciones de fracaso y quedarme en la cuneta,?, ¿estaba dentro de mis planes que sucediera lo que ocurrió con este último cursillo...?

¡Claro que no, nada de eso estaba dentro de mis proyectos y todo ello me ha preocupado enormemente! Sin embargo, hay una cosa muy clara: muchas veces perdemos el dominio de nuestra vida y es, en ese momento, cuando se lo tenemos que dejar a DIOS.

Pero, ¿qué pasa cuando se lo tienes que dejar a ÉL? ¿Qué pasa cuando DIOS te dice: "El control lo quiero YO? Y quiero que me entregues esto de tu vida..., esto de tus hijos..., esto de tu matrimonio..., esto en el ámbito material..., esto en el ámbito social. Posiblemente surgen en nosotros preocupación, discernimiento, que son lógicas reacciones, pero, ¿hacemos lo mismo que María?

Nos sentimos turbados, confusos y desorientados. Nos cuesta desapegarnos, morir a nosotros mismos, y dudamos y, en muchos casos decimos que no (joven rico). Y la única respuesta es un "SÍ" como el de María. Un "SÍ" que pone a DIOS por delante de todo lo que uno es. Ese "SÍ" es el camino y preparación de nuestro particular "Adviento", de nuestro significado Belén.

Y, detrás del "SÍ", se descubre, si ha sido de verdad, el ofrecimiento total y pleno: "He aquí la esclava del SEÑOR, que se haga en mí según su Palabra". Es lo que debemos repetir en estas cuatros semanas de preparación: "Qué se haga en mi, cada uno ponga su nombre y su persona, según su Palabra".

Y las luces de tu Belén se encenderán y serán las más brillantes de tu vida. Nada habrá tan grande en tu corazón que rebose de gozo y felicidad que esa disponibilidad a aceptar todo lo que está atormentando tu vida, tus fracasos, tus debilidades, tus desesperanzas... Ha nacido la salvación, en, con y por ese Niño DIOS, en tu vida.

Dice San Pablo: "Hemos sido elegidos, en CRISTO, para ser santos e irreprochables" ¿Cuál es el camino para lograrlo? Cada uno de nuestros caminos es distinto, cada uno de nuestros modos de caminar es diferente, pero si seguimos el camino de María "aquí está la esclava del SEÑOR, que se haga en Mí según TÚ me dices", será siempre un camino de gozo y de esperanza, no un camino de miedo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

EL CAMINO EXIGE NO DESFALLECER


 En cada momento tenemos un esfuerzo que hacer. Nos cuesta despertarnos y levantarnos; nos cuesta hasta comer en muchos momentos, o determinados alimentos que necesitamos nos lo tenemos que comer con esfuerzo; nos cuesta enfrentarnos cada día a nuestro trabajo diario, y así podríamos describir muchas otras situaciones. 

Llegamos a la conclusión que la vida es un constante esfuerzo, y eso nos obliga a superarnos constantemente y a una lucha despiadada contra los obstáculos, dificultades y contra nosotros mismos. Sin embargo, si tuviéramos todos los problemas resueltos no quedaríamos satisfechos, porque necesitamos superarnos por nosotros mismos.

Hay una fuerza interior que nos impulsa a defender nuestra propia dignidad que, si otro lo hiciera por mí, quedaría dañada y frustrada. Otra cosa es aceptar la ayuda o colaboración cuando nos vemos incapacitados para alcanzar nuestro objetivo.

Y esa es la propuesta que nos ha dejado nuestro PADRE DIOS: "Alcanzar la eterna felicidad junto a ÉL". Para ello nos ha creado libres y con las capacidades suficientes de poder lograrlo entre todos. De ahí se desprende la necesidad de ir juntos y amarnos como ÉL nos ama.

También, por nuestra propia experiencia, experimentamos que solos no podemos, que la cuesta es muy empinada para nuestras fuerzas humanas, pero con JESÚS, que nos lo ha prometido, si podemos alcanzarla. ÉL se ofreció a pagar el rescate por nosotros, y también a acompañarnos en la labor, pero, indudablemente, cuenta con nuestro esfuerzo.

Ese, en mi humilde opinión, es el mensaje que JESÚS nos deja hoy en su Palabra: "Poner toda la carne en el asador, contando con su Gracia, para recorrer el Camino que, la Voluntad del PADRE, me ha señalado. Espera mi respuesta, pues soy libre de decidir:


Sé que quiero responderte, JESÚS,
y quiero seguirte, pero tus pasos se me
hacen muy largos y me canso de seguirte.

A veces pienso que no puedo, o que no tengo
la voluntad y las fuerzas necesarias para hacerlo,
pero, en mi interior, siento que es mi única
oportunidad y lo que quiero.

Dame las fuerzas para avivar mis pasos
y no perderte. No dejes que mi boca
se cierre y mi lengua se duerma.

Despierta mi mente y enciende mi
corazón para que no cese de hablarte,
de pedirte, de creer en TI, y de tomar
conciencia de que TÚ has Muerto y Resucitado por mí, 
de que TÚ me quieres y me has salvado,
de que TÚ sólo esperas que yo diga "SÍ", 
y me ponga en tus brazos. Sólo con eso
me basta. Amén.

martes, 2 de febrero de 2010

¡SEÑOR!, NO ME ARROJES LEJOS DE TU ROSTRO.


Hay muchas ocasiones que buscamos con ahinco y voluntad el rostro de DIOS, pero no parece que lo encontremos, y es más, nos parece imposible encontrarlo. Surgen muchas preguntas en nosotros y muchos deseos de ofrecimiento y disponibilidad, más nos quedamos quietos, paralizados esperando que el SEÑOR se nos haga visible, diáfano, presente, concreto, con una orden de mando a nuestra medida y alcance.

Son los momentos cuando manifestamos que estoy dispuesto a hacer lo que el SEÑOR mande, pero ¿qué hacer? No sé, exclamamos después, y nuestra cómoda espera, apoltronado en mi confortable sillón continúa desafiando la aparición de la Voluntad de DIOS.

Indudablemente, es mucho más difícil y comprometedor actuar según mi conciencia y de forma generosa, desapegada, desinteresada, solidaria... y ocupar el lugar del que sufre, del que vive la angustia de la enfermedad, de la desesperación, de la desesperanza... Es mucho más duro experimentar el dolor y el sufrimiento en carne propia.

Pero, también, más gozoso, más alegre y más feliz, porque detrás de esa experiencia dolorosa se esconde el experimentar mi propia muerte al egoísmo, al apego, a los intereses, a mi propio yo... y derivará en libertad, en sentirme desatado de muchas cadenas que me oprimían, que me sometían, que anulaban mi voluntad y, por supuesto, también la de DIOS.

Sólo la verdad nos hará libre, y la Verdad se encuentra en cada uno de nosotros, de tal forma que, cuando la dejamos salir y actuar según sus deseos más íntimos y profundos, encontramos lo que tanto buscamos. "la auténtica y verdadera felicidad que se encuentra en el Amor.

Como pista de reflexión y luz, les dejo esta clarificadora reflexión ( Catholic. Net) que nos enseña lo cerca que tenemos el Rostro de DIOS y la nitidez del deseo de su Voluntad.

En una ocasión un joven tuvo el deseo de subir a la cumbre de una montaña pues pensaba que ahí podría ver el rostro del Señor.

Preparó todo lo necesario, y un día al amanecer empezó su gran aventura; al llegar a las faldas de la inmensa montaña se topó con un anciano que vivía en una pequeña y vieja cabaña; éste al verlo le preguntó: “¿dónde te diriges con tanta prisa y entusiasmo?”.

El joven contestó: “A la cumbre de ésta montaña, pues en ella espero ver el rostro del Señor”.

El anciano le dijo: “Porque no te quedas un momento conmigo y me ayudas a reparar mi cabaña pues se está cayendo y como ves yo ya soy muy viejo y no puedo solo, y al terminar reanudas tu aventura”.

El joven contestó: “Disculpe, anciano, pero no puedo, se me hace tarde, pero al bajar con gusto le ayudaré”.

Después de un par de horas el joven llegó a la cumbre de la montaña, y con gran ánimo gritó: “Señor, ¿dónde estás? ¿quiero verte? ¿dónde estás?”, una y mil veces repitió las mismas preguntas pero no hubo respuesta alguna. El joven al ver su fracaso se retiró del lugar tristemente.

En su camino de regreso pasó de nuevo junto a la cabaña, que estaba completamente deshecha y el anciano ya no se encontraba en ella. Él sin darle mucha importancia, continuó su camino.

Al poco rato, encontró una iglesia y decidió entrar en ella y dialogar lo sucedido con el Señor. Ya frente al Sagrario exclamó: “Señor, esta mañana he buscado tu rostro y no lo encontré”. Y el Señor contestó: “Hoy, yo también te pedí ayuda…y no la encontré”

lunes, 12 de octubre de 2009

¡ACOGIDA!


En el prologo del Evangelio de Juan, cuando se nos resumen y adelantan todos los temas que serán desarrollados en las páginas que siguen, se nos habla de que la Palabra de DIOS, que desde siempre es DIOS, estaba en el mundo, porque el mundo se hizo por medio de ÉL. Todo llevaba su sello y su imagen, y por eso era "suyo" en un sentido muy profundo. Y sin embargo "el mundo no lo conoció", "vino a su casa, y los suyos no lo acogieron". Ciertamente no fueron todos los que negaron esta acogida, pues hubo quienes si lo acogieron, y "a los que le acogieron les dio poder de ser hijos de DIOS".

Este contraste, este conflicto atraviesa todas las páginas del texto de Juan, clasificando en cierto modo a las personas que se acercan a JESÚS. Pero en realidad este conflicto atraviesa también el corazón mismo de los creyentes, de todos los creyentes. No se trata de un posicionamiento que define los bandos sin más ni más, sino de un movimiento por el que cada uno se siente siempre confrontado a acoger a JESÚS, su Palabra y su obra, y a estar siempre en tensión para no instalarse en la duda, la perplejidad, o el cansancio y la falta de fe.

En el Evangelio de Juan lo siguen y lo abandonan los oyentes en cada página. La expresión "muchos creyeron en ÉL" es tan frecuente como "volverse atrás" o "recoger piedras para apedrearle". De hecho, incluso los que con Pedro pueden decir: "SEÑOR, ¿a quién vamos a acudir? TÚ tienes Palabra de vida eterna, nosotros creemos y sabemos que TÚ eres el Santo de DIOS" (Juan 6, 68-69), lo abandonarán y huirán. Pedro lo seguirá de lejos después del prendimiento en el huerto para negarlo en seguida. Al pie de la Cruz María, la Madre, unas pocas mujeres y el discípulo. "Vino a los suyos y los suyos no lo acogieron".

El tema no es exclusivo de Juan. Lucas nos cuenta cómo y dónde inicia JESÚS su ministerio público, leyendo a Isaías en la sinagoga de Nazaret; y nos relata cómo todos al oírle "les expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca". Pero unas líneas más abajo, en el mismo lugar y momento, ya leemos que "todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio con intención de despeñarlo (Luc 4, 22-29).

Mateo concentrará en el final del ministerio público de JESÚS sus lamentos y juicios sobre el rechazo de su "visita", hasta aquella cariñosa queja dolorida del Maestro: ¡Jerusalén, Jerusalén!, cuantas veces intenté reunir a tus hijos, como la gallina reúne a los polluelos bajo sus alas y no habéis querido" (Mt 23, 37).

El rechazo que el hombre hace de DIOS es el rechazo del HIJO, un rechazo por el que terminamos sacándolo de la ciudad y llevándolo a la Cruz. Pero esa Cruz se convierte en realidad en el gran abrazo de DIOS al hombre. Los brazos abiertos de JESÚS de Nazaret en el Calvario acogen en el corazón de DIOS a todo el que quiere entrar.

Visto desde nosotros el texto del Evangelio es la historia de un progresivo rechazo hasta el final de la Cruz, visto desde CRISTO, la historia cambia totalmente de signo y es una permanente, total y misericordiosa acogida, hasta el abrazo final de la Cruz. A lo largo del Evangelio y hasta el final es JESÚS quien mantiene permanentemente abierta la puerta de su corazón y de su vida con la acogida más amplia y total.

Los letrados y fariseo le juzgarán precisamente por esa acogida: "Ese acoge a los pecadores y come con ellos" (Lc 15, 2), y entenderán que en su actuación concreta ÉL es el padre misericordioso que sale de la casa en busca del hijo que marchó lejos, y que ahora les está invitando a entrar a ellos.
No pone condición alguna para entrar en el banquete, pero sólo entrarán quienes sean capaces de comprender que quién está dentro es un hermano y no un extraño pecador. Los oyentes entienden lo que está proponiendo, pero no comprenden ni aceptan la misericordia que se hace acogida fraternal.

La acogida de JESÚS es total y además transforma al acogido, no es un abrazo neutro como simple invitación a entrar. El encuentro acogedor del Maestro cambia al que responde a la acogida con la acogida. Lucas nos cuenta que tras la llamada que JESÚS hace a Leví (Mateo), este le ofrece en su casa un gran banquete, al que se suma un gran número de publicanos. Podemos multiplicar el repaso de estos encuentros acogedores de JESÚS, en los que comprendemos al mismo tiempo su amplitud incondicional, y la transformación que invita a asumir y que provoca en el que es acogido.

Zaqueo, en quién nos queremos fijar ahora, acoge a JESÚS en su casa, porque JESÚS lo ha acogido primero en su corazón al invitarse ÉL mismo a pesar de la previsibles y reales críticas de todos; pero la acogida de Zaqueo en su casa es sólo el principio de un giro total en el enfoque y la marcha de su vida. (Hasta aquí la introducción al Curso Pastoral 2009-2010 de la Diócesis de Canarias por Monseñor Francisco CasesAndreu, Obispo de Canarias).

Situándonos en el contexto histórico observemos que el Sr. Zaqueo era un recaudador, tal como existen hoy, él le adelantaba la posible recaudación que en aquel pueblo de Jericó se calculaba, a los Romanos y luego él se encargaba de cobrarla. Ni que decir tiene que se aprovechaba de la situación, cómo hoy lo hacen muchos en similares oportunidades, y sacaba suculentas ganancias engañando y robando. Su acomodación era privilegiada y tentadora, de modo que salir de ella suponía un cambio duro, difícil de realizar y, sobre todo, compensatorio a tanta riqueza y privilegios.

Zaqueo tuvo que descubrir el gran tesoro que supone seguir a JESÚS que su opción fue lo suficiente pesada para desequilibrar la balanza del estado de su vida actual y optar por la de convertirse a la Voluntad del Reino propuesto por JESÚS. Y cuando se descubre una cosa así no hay muro, barrera ni obstáculo que pueda impedirlo. Pero dónde realmente quiero detenerme es en la posible causa que motivó su cambio.

Creo, por eso la reflexión apoyada en la introducción del Sr. Obispo, que la clave está en la "acogida". Acoger es hacer un lugar dentro de mí, para que el otro lo ocupe. Es permitir la entrada en mi recinto interior, para dar todo el calor y fuego que de mí entrega y servicio soy capaz. Y esa acogida, que no es otra cosa que el fruto de mi amor hace que el otro, en este caso Zaqueo, abra su corazón y responda con su acogida, no sólo física, material, sino con la entrega de su corazón al servicio del amor.

Me parece una buena ocasión para meditar, revisarnos, pararnos y mirarnos cómo está nuestra particular morada interior para estar presta a acoger a los que tocan a mi puerta. Observar como está dispuesta mis actitudes, mi servicio, mi disponibilidad, mi apertura, mis ventanas para, no sólo acoger, sino transmitir y acercarme. Experimentar como JESÚS cree y se comunica firmemente en el PADRE, como se acerca y finalmente acoge con infinita misericordia y amor.




domingo, 14 de septiembre de 2008

DESAYUNOS DE VERANO






puesta de sol - Risco de Famara




Los veranos alteran el ritmo de la vida normal que nos imponemos durante casi todo el año. ¡Nos imponemos!, porque nos dejamos arrastrar por la corriente de lo que vemos en los demás, y de acuerdo conforme la corriente humana va recorriendo su trayecto hacia la búsqueda de la felicidad, porque en el fondo todos buscamos la felicidad. Así todos, integrados en esa corriente, buscamos en similar trayecto lo mismo.

Pero no toda corriente es buena. Las hay dañinas y malas, pues todo lo corriente no es lo normal. Lo normal es lo bien hecho; lo que es bueno para ti y para mí; lo que no nos destruye, sino nos afirma. No dónde va la gente debe ir Vicente, porque Vicente puede elegir un mal camino y…,

Hoy precisamente hay muchos caminos equivocados y son más los que los siguen que los qué no. El hombre del progreso que fundamenta todo su saber en la ciencia y los adelantos y se erige en fundamento de sí mismo, equivoca su camino, pues se pierde en el discernimiento del bien o del mal. Lo descubierto debe estar en función del bien común, pero comprobamos que no siempre es así y a mayor progreso, mayor riesgo de destrucción también.


Por otro lado, en las postrimerías de su vida, no encuentra respuesta a la muerte. Y sí todo acaba en ella, no tiene mucho sentido nuestro camino.

Y no es que eso sea malo, sino que lo que nos debe importar es si eso es bueno. Bueno en el sentido estricto de la palabra, porque bueno significa todo aquello que comporta un bien para mí y no un mal para otro. Y ese bien entendido como lo que me ayuda a crecer tanto físicamente como espiritualmente.

Aunque el comer se hace necesario, no es un bien el comer más de lo que necesitas, ni de forma desordenada. Tampoco es un bien tomar sustancias que son nocivas y a la larga afectan mortalmente tu salud. No es, tampoco, hacer lo que te apetece, pues tomar demasiado sol, aún apeteciéndonos, no es aconsejable. Y así cada cual puede y debe desenmascarar los bienes que su conciencia le atestigua y aprueba.

Y esto en realidad está muy relacionado, implícitamente contenido lo uno en lo otro, diría yo, con la libertad. Bondad y libertad se dan la mano, y eres libre en la medida que haces el bien, el tuyo propio, y el de los demás. Claro, porque como quieres tú que te traten a ti, así debes tú tratar a los demás. Inmediatamente tu conciencia da testimonio de ello y lo aprueba.

Pero ocurre que cuando tu voluntad no lo hace, tu conciencia lo desaprueba. La conciencia no hace ni deshace nada, sólo aprueba lo que tu voluntad pone en acción según tu libertad. Y si decides hacer el bien haces lo que realmente te conduce a ser libre.

No hay bien sin verdad, porque la verdad es buscar lo que es verdadero y bueno para todos. Luego, ser libre es buscar y poner toda mi voluntad en hacer el bien. Y estas reflexiones son la maravilla que nos brinda el verano.

A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita ninguna otra.

En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio (muy propio del tiempo veraniego); la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida.

Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar (Spe Salvi).

Aprovechar el tiempo, del cual disponemos algo más en verano, para ordenar un poco más nuestra vida es algo único que debemos ejercitarnos al calor de estos formidables desayunos, que deberían ser mucho más frecuentes.



Un atardecer en Risco de Famara


El verano, aparte de ser un tiempo para relajarse y descansar, debe ser una gran oportunidad para pararnos un poco más detenidamente en nuestras vidas y buscar las respuestas a las preguntas que todos nos hacemos, así sea en silencio. Porque puede ocurrirnos que, y lo sabemos, todos los veranos hacemos lo mismo, los repetimos, son iguales y la vida se nos pasa quedándonos cada vez un vacío mayor.

Se hace necesario, y lo percibimos en nuestro interior, de una renovación. De hecho hacemos cosas diferentes: caminamos, nos ejercitamos en cuidarnos más, tratamos de relajarnos y descansar de lo cotidiano del año trascurrido y…etc., pero, ¿cuidamos también nuestro espíritu?, ¿respondemos a los interrogantes que nos plantea la vida?



Y es que nuestra vida puede ser como un viaje en autobús:
unos van durmiendo
otros viendo el vídeo
otros pensando en la manera de sacar dinero
otros, políticos, como llevar la voz cantante para su provecho
otros mirando a quien se pueden ligar, su dios es el sexo
otros observan el paisaje, ven por donde van y se hacen las preguntas:
¿a dónde nos llevará este viaje?
¿quién lo ha organizado?
¿cuándo se pare, dónde estaremos?
¡qué pasará?

El verano es tiempo de discernir sobre mi propia realidad: ¿de dónde vengo?; ¿a dónde voy?; ¿quién soy? Y en la medida que nos esforcemos en responder, estaremos dando en el centro del dardo, pues responder a esas preguntas es encontrarse frente a frente con la felicidad, tan ansiosamente buscada.

Porque la felicidad es poseer la sabiduría.
La felicidad es control de la propia vida.
La felicidad es la satisfacción de haberse hecho lo correcto, aún con sufrimiento.
La felicidad es la satisfacción de que se ha cumplido con el deber.

La playa, los baños de sol, los paseos matinales y vespertinos, los juegos, el descanso, así como los desayunos y comidas deben ser el telón y decorados de un profundo diálogo sobre nuestro destino y vocación.