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viernes, 3 de diciembre de 2021

UNA FE QUE REALIZA EL MILAGRO

 

Supongo que muchas veces te has dirigido al Señor -sobre todo si eres creyente y practicante- a la intercesión de su Madre o algún santo con la intención de pedirle una necesidad o curación propia o de alguien. Y no sé tu experiencia, pero, sí puedo hablar de la mía, y lo hago afirmando que el Señor siempre me escucha y me atiende. Posiblemente, mi fe no sea suficiente, pero, si sé que si estoy aquí en este momento es porque el Señor, a través de mis peticiones, ha querido que así sea.

En muchos momentos la respuesta del Señor no coincide con la mía, pero, a largo plazo voy comprendiendo que la mejor era la que el Señor ha elegido. Y, como esos dos ciegos, de los que habla hoy el Evangelio, no he podido quedarme quieto, sino que he sentido la necesidad de proclamar que el Señor Vive y nos salva.

Me pregunto si me celo apostólico – a través de las redes -  nace de ese deseo inevitable, como aquellos dos ciegos, de proclamar las maravillas que el Señor hace en cada uno de los que creen en Él. Porque, creer en una persona no es simplemente decirlo o confesarlo, sino ponerte en movimiento y dar pasos que descubren gestos y signos que crees en esa persona. Piensa que si hablas con Jesús y le ruegas para que te ayude o sane a alguna persona estás, de alguna forma, creyendo en Él. No dudes de que el Señor te escucha y te da lo que realmente te conviene para tu salvación, que es precisamente lo que importa.

lunes, 2 de agosto de 2021

UN CORAZÓN DISPONIBLE A COMPARTIR

 

Enterado de la muerta de Juan el Bautista, Jesús busca un lugar tranquilo y apartado donde descansar y, quizás, meditar la muerte de Juan, pero, la gente al saberlo le sigue y al desembarcar se encuentra Jesús con el gentío.  

Y lejos de mostrarse indiferente se compadece y curó a muchos enfermos. Más tarde los discípulos le dicen que despida a la gente pues, se hace tarde, para que vayan a las aldeas y compren de comer. Sin embargo, Jesús les responde: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer».

Una respuesta sorprendente pero que lleva implícito una preocupación que denota una preocupación por los problemas de los demás. Sobre todo por aquellos que tienen pocas posibilidades de solucionarlos y se siente impotentes ante la dificultad que se les presenta. Sabe que los apóstoles muy poco pueden hacer, pero quiere despertar en ellos esos sentimientos de solidaridad con los demás.

También nos enseña a pedir al Padre por todas nuestras necesidades y a confiar en su acción y providencia. Pero, sobre todo, a tener un corazón compasivo y misericordioso con las necesidades y problemas de los más pobres, limitados y excluidos. Nos enseña también a ponernos en disponibilidad de servicio según nuestras posibilidades y capacidades y a confiar en que Dios, nuestro Padre, está con nosotros.

sábado, 12 de mayo de 2018

LA VOLUNTAD DEL PADRE

Resultado de imagen de Jn 16, 23-28, por Fano
Jn 16, 23-28
Jesús pidió al Padre que apartara de su camino el cáliz de la Pasión que se avecinaba, pero no fue así. Fue escuchado, pero recibió la respuesta que se cumpliera la Voluntad del Padre, que no era otra que aceptara el sufrimiento de su Pasión y la entrega voluntaria de su muerte. 

Nosotros no sabemos pedir, y menos aquello que nos conviene. No entendemos al Padre y en muchas ocasiones recibimos lo que no nos gusta ni esperábamos. Nuestra naturaleza está tocada y vencida por el pecado y necesitamos ayuda del Espíritu de Dios para vencernos y aceptar la su Voluntad, que es, precisamente buena y la que nos conviene.

El Señor, nuestro modelo y referencia, sabía lo que debía hacer y lo que tenía que cumplir, aunque sintió, porque también tenía naturaleza humana, la debilidad y la tentación de eludir su cruenta Pasión hasta entregar su propia muerte. Por eso, debemos tener en cuenta que el Padre nos dará todo lo que pidamos, pero no según nuestros deseos y súplicas, sobre todo con racionalidad mundana a la que estamos sometidos, sino realmente lo que nos conviene y nos ayuda a encontrar el único y verdadero camino de salvación.

Es esa la línea como deben ir dirigida nuestras súplicas y peticiones. Y también como debemos esperar la respuesta del Señor, que como un buen Padre nos dará lo bueno, lo que nos sienta bien y nos ayude a conseguir nuestro verdadero objetivo, que no es otro sino la salvación eterna. 

El Señor es nuestro Padre, nos quiere y envía a su Hijo para comunicárnoslo y a todos los que creen al Hijo, que viene de parte del Padre, les recibe con los brazos abiertos. Por lo tanto, creamos firmemente y no tengamos la mínima duda de que el Padre nos escucha y nos atenderá en todo aquello que pidamos en el nombre del Hijo.

sábado, 27 de mayo de 2017

LA ORACIÓN ES EL VÍNCULO

(Jn 16, 23-28)
Necesitamos ponernos en relación con el Señor, porque necesitamos su intervención para crecer, perseverar y superar los obstáculos a la vida de la Gracia. Y nuestra relación está fundamentada en la oración. Por medio de ella nos relacionamos con el Señor y le pedimos por nuestras necesidades y por nuestra fe.

Tenemos la promesa de que lo que pidamos al Padre en su Nombre nos será concedido, porque, precisamente, Él nos quiere por  nuestro amor al Señor Jesús, su Hijo, y, al menos yo, lo quiero compartir, tengo claro lo que he de pedirle. No es que lo haya tenido claro siempre, ni que no haya pedido otras cosas, pero ahora experimento que lo fundamental y más importante es la "Fe". Porque con la fe todo lo demás vendrá por añadidura.

Eso es realmente lo que quiero y en donde quiero centrar mi petición. Mi oración es pedirte, Padre, en Nombre del Señor Jesús, tu Hijo, que aumentes mi fe, y también la de todos los creyentes. Enciende en nosotros nuestros corazones, para que abandonados a tu Espíritu seamos fortalecidos con la fuerza del Espíritu Santo. Y llenos de sabiduría y voluntad, fortalecernos para enfrentarnos con esperanza de victoria contra todos los obstáculos que nos salen al paso en nuestro camino hacia Ti.

También nosotros, por el Hijo, iremos al Padre. Ese es nuestro destino y, como reflexionábamos ayer, el gozo y la alegría nos inundarán al final de nuestro camino, porque veremos al Padre y al Hijo a su derecha. Esa es nuestra meta que recompensará todas las dificultades que nos presente el camino.

jueves, 9 de marzo de 2017

LA LEY Y LOS PROFETAS

(Mt 7,7-12)
Todo se reduce a amar. Todo el mensaje y la Obra de Jesús, el Señor, se reduce a entregarse al servicio y al amor por los más pobres y necesitados. Todo lo contenido en la Ley y los profetas va dirigido a la conversión del corazón del hombre. Un corazón duro y soberbio, para transformarse en un corazón tierno, suave y amoroso al servicio de los más pobres.

Y para eso, el hombre necesita pedir. Pedir la fe  y la capacidad de amar renunciando a sus ambiciones y apetencias, para darse y entregarse al servicio por amor. Y el amor se refleja en esa actitud de querer y desear que te traten con la misma actitud e intención que tú tratas a los demás. Ese camino nos lleva a tener una constante relación con el Señor, centro de nuestra vida, por medio de la oración. Porque la vida de un cristiano está vinculada a Cristo, y en Cristo permanecemos unidos a Él por medio de la oración.

De modo que la oración, es decir, nuestra relación con el Señor es vital. Sin él no podemos avanzar ni superar todos los obstáculos que nos salen al paso. Necesitamos pedir, buscar y llamar, pues así nos dice el Señor: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá».

Y, sobre todo, confiar y creer que el Señor nos escucha y está atento a nuestras peticiones. Pues, al respecto, también nos dice: ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! 

Todo queda muy claro. Por falta de decirlo que no quede. El Señor nos habla con una claridad absoluta. Ahora, por nuestra parte, nos queda fiarnos, poner en Él toda nuestra confianza y tener paciencia, pues la Palabra del Señor se cumple siempre.

domingo, 16 de octubre de 2016

CERCA DE DIOS SIN DEJAR DE PEDIR


(Lc 18,1-8)
El refrán dice que quien no llora no mama. Y eso quiere significar la necesidad que hay de insistir en nuestras peticiones. Porque, por nuestra débil humanidad, parece que no obedecemos a la primera y hay que repetir las cosas insistentemente. El Evangelio de hoy nos recuerda esa necesidad por boca del mismo Jesús. Nos invita a ser constante e insistente en nuestras oraciones de petición.

En otra ocasión nos dijo:  "Pidan y se les dará" (Lc 11, 9). Jesús quiere que pidamos, porque eso descubre confianza. Quien pide es porque confía en que se le dará, y por eso insiste. Tanto es así que nos cuenta la parábola del juez injusto, donde, precisamente, es una viuda la que insiste al juez que, no por temor de Dios ni a los hombres, termina por atenderla para que no le importune más.

¿No hará nuestro Padre Dios más que ese juez injusto si le insistimos y le pedimos? ¿Acaso no ha entregado a su único Hijo, el Señor, a una muerte de Cruz para salvarnos? ¿Y no nos va a escuchar y a darnos lo que realmente nos conviene? ¡Claro que sí! Dios es nuestro Padre y nos dará todo lo que le pidamos si es para nuestro bien. Y nuestro bien es liberarnos de la esclavitud del pecado para vivir eternamente junto a nuestro Padre Dios. Plenamente en gozo y felicidad.

Ahora, no nos dejemos vencer porque no veamos o no comprendamos lo que sucede en nuestras vidas. Pensemos que con nuestros padres de la tierra nos ha sucedido algo parecido. Nos han exigido cosas que quizás nosotros no comprendíamos y no nos gustaban, pero, ahora, ya de mayores, lo comprendemos. Eran para nuestro bien.

No dejemos de insistir constantemente y de pedir con confianza. Seamos constante para que cuando llegue el Señor, como nos ha prometido en su segunda venida, encuentre fe sobre la tierra.

sábado, 7 de mayo de 2016

EN LA CONFIANZA DE DIOS

(Jn 16, 23-28)


Supongo, porque la lógica de la Palabra de Dios así lo explica y transmite, que todo lo que se pida al Padre, en nombre de Jesús nos será concedido. Así lo ha dicho Jesús: "En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre".

Claro, se entiende que lo que pidas sea en relación con el amor a los demás y para tu propia salvación y la de los demás. Porque es de sentido común no pedir para ti mismo, ni riquezas, ni poder, ni otras cosas en este sentido. Ejemplo de esta oración de petición es el Rey Salomón que pidió sabiduría para gobernar a su pueblo. Y le fue concedida, porque gusto a Dios que no pidiése riquezas ni poder.

Ahora, ¿confiamos nosotros en que el Padre nos escucha y nos dará lo que nos conviene? ¿Y sabemos nosotros que es lo que nos conviene pedir? ¿No será mejor, salva excepciones, dejarlo en las Manos del Señor? El Señor nos dice claramente que el Padre nos quiere porque ustedes creen en Mí y me quieren: "El Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre".

Es lógico deducir con toda certeza que si Jesús se ha ido del mundo para volver al Padre, ha Resucitado. Porque nadie muerto puede hacer eso. Y si ha Resucitado es Dios, y cumplirá su Palabra de volver para resucitarnos con Él al final de los tiempos y llevarnos al Padre. 

No hay mayor esperanza que la de vivir en la confiaza y espera del regreso del Señor Jesús, y, mientras, vivir en su Palabra y Voluntad. ¿No te parece? Porque todo lo demás que puedas ambicionar y encontrar está destinado a perecer como basura.

miércoles, 12 de agosto de 2015

LA DELICADEZA DE REPRENDER

(Mt 18,15-20)


Estamos obligados a reprender, sobre todo si tenemos claro que se ha obrado mal. Reprendemos a nuestros hijos, a nuestros empleados o compañeros de trabajos, a nuestras esposas o maridos...etc. Reprendemos muchas veces en nuestra vida, pero debemos hacerlo con buena intención y siempre en pro de que la actitud a poner de ejemplo sea la que señala Jesús.

La reprimenda no debe ser según nuestras ideas o gustos o criterios. La reprimenda debe ser según el criterio evangélico de la Palabra de Dios, porque es él el que prima y sirve de guía. Y reprendemos cuando actuamos según el Evangelicé dando testimonio de nuestra fe. Porque al vernos aprenden a distinguir lo bueno de lo malo; lo evangélico de lo mundano y perdición y disciernen sobre lo que está bien o mal. Es, de alguna forma, una manera previa de evitar la posible reprimenda.

Ser prudente es evitar que otros caigan en el error y evitarle el ser reprendido o amonestados. Por eso, en los grupos o comunidades debemos ser luces que alumbren el camino y eviten la oscuridad, confusión y las reprimendas, aunque en muchas ocasiones serán inevitables, y motivos de separaciones y conflictos. Pero, a pesar de eso, las cosas deben siempre quedar claras. Y cuando hay buenas intenciones se subsanan y se arreglan, porque en el Señor siempre llegamos a perdonarnos y entendernos.

El conflicto está cuando no queremos escuchar e imponer nuestros criterios. Cuando somos nosotros lo s que queremos marcar el camino y la luz, y cuando nos elevamos tanto que nos alejamos de los hermanos y del Señor, haciéndonos señores de nosotros mismos y subordinando a los demás. Entonces la corrección fraterna se hace casi imposible y hasta desaconsejada, pues mejor será, apurado los testigos y comunidad, considerarlos como gentiles o publicanos. Es decir, gente que se guía por sí mismo y rechaza la Palabra de Dios.

Lo bueno es que tenemos el poder de, en el Nombre del Señor, pedir todo lo necesario para conseguir lo que nos proponemos. Siendo eso que nos proponemos siempre el bien de los demás, porque no será bueno ni de sentido común pedir egoístamente o con ira y venganza.

Es un privilegio tener la promesa de invitar al Señor a hacerse presente en medios de nosotros. Porque así lo ha querido Él: «donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Y sin lugar a duda así es. Jesús se hace presente entre nosotros cada vez que le invocamos y nos lo creemos. ¿Qué necesidad tenía Él de hacernos esa promesa? Si la ha hecho es porque la cumple. El Señor tiene Palabra de Vida Eterna, y todo lo que se ha profetizado y dicho de Él se ha cumplido. ¿Cómo no va a cumplir Él su Palabra?

Ven Señor y dirige nuestras vidas para que, abandonados a tu Voluntad, seamos los hijos que Tú siempre has pensado. 

jueves, 9 de octubre de 2014

¡CÓMO SE VA A CANSAR EL SEÑOR DE OÍRNOS!


(Lc 11,5-13)

Dejaría de ser, si Dios se cansara de nuestras plegarias de petición, ese Padre Bueno que todos conocemos por boca de su Hijo Jesús. Nadie le ha obligado a manifestarse Amor Infinito, y a entregar a su único Hijo como reo expiatorio para redimirnos de nuestros pecados. ¡Su Amor es Inmenso, Eterno, Infinito...!

Y si el Señor está siempre a la escucha, ¿cómo es que nos cansamos nosotros de pedirle? No pensemos nunca que el Señor se marea con nuestras reiteradas peticiones hasta el punto que a nosotros mismos nos parecen majaderas y machaconas. Un padre siempre está, aunque a veces parezca ausente, pendiente de su hijo. Dios, Padre de Bondad Infinita, no sólo está pendiente sino sabe de nuestras necesidades, de nuestra torpeza y miserias.

Y es el mismo Jesús, el Hijo, quién nos propone e invita a pedir: «Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!».

Ayer le pedíamos al Señor que nos enseñara a orar, y hoy nos pedimos a nosotros tener la voluntad y la humildad de obedecerle y hacer lo que Él mismo nos dice en su Hijo Jesús. No dejemos nunca de pedir, porque el Señor, nuestro Padre Dios, nos dará todo aquello que nos convenga y necesitemos para vivir en su Voluntad. Para eso ha sido enviado el Espíritu Santo, para acompañarnos, asistirnos e iluminar nuestros pasos.

Por eso, aprovechemos estos momentos de encuentro para que nuestros lazos de amistad en el Señor se fortalezcan y pidámosle que su Gracia, en el Espíritu Santo, llene a rebozar nuestros corazones para que, de nuestros corazones a nuestras vidas, proclamemos sin descanso el Evangelio por las calles digitales.

jueves, 5 de junio de 2014

TAMBIÉN, EL SEÑOR, RUEGA POR MÍ

(Jn 17,20-26)


Es alentador saber que el Señor Jesús reza por mí y por cada uno de nosotros. Eso me invita a mí también a rezar por otros, y no sólo rezar sino a tratar de amarnos hasta el punto de que nuestra unidad sea como uno solo, tal y como son el Padre y el Hijo.

Esa es nuestra meta: "Amarnos como nos ama el Padre Dios en el Hijo". Hoy, en el Evangelio, el Señor nos lo repite por activa y por pasiva: "Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado". «Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos».

Es la Misión del Señor: "Darnos a conocer el Amor Inmenso que el Padre nos tiene". Y nos revela que continuará, ¡está entre nosotros !,pidiéndole al Padre por nosotros y caminando con nosotros alentándonos en el camino ante las dificultades y obstáculos que salen a nuestro paso.

Tengamos la esperanza y la confianza de perseverar a pesar de nuestras caídas y despiste; a pesar de nuestros fracasos y tropiezos; a pesar de nuestros pecados y limitaciones. El Señor sabe de nosotros, nos conoces y nos ama tal y como somos.

 Gracias Padre del Cielo por darnos a tu Hijo para que haga el camino con cada uno de nosotros. Amén.

viernes, 12 de noviembre de 2010

EL CAMINO EXIGE NO DESFALLECER


 En cada momento tenemos un esfuerzo que hacer. Nos cuesta despertarnos y levantarnos; nos cuesta hasta comer en muchos momentos, o determinados alimentos que necesitamos nos lo tenemos que comer con esfuerzo; nos cuesta enfrentarnos cada día a nuestro trabajo diario, y así podríamos describir muchas otras situaciones. 

Llegamos a la conclusión que la vida es un constante esfuerzo, y eso nos obliga a superarnos constantemente y a una lucha despiadada contra los obstáculos, dificultades y contra nosotros mismos. Sin embargo, si tuviéramos todos los problemas resueltos no quedaríamos satisfechos, porque necesitamos superarnos por nosotros mismos.

Hay una fuerza interior que nos impulsa a defender nuestra propia dignidad que, si otro lo hiciera por mí, quedaría dañada y frustrada. Otra cosa es aceptar la ayuda o colaboración cuando nos vemos incapacitados para alcanzar nuestro objetivo.

Y esa es la propuesta que nos ha dejado nuestro PADRE DIOS: "Alcanzar la eterna felicidad junto a ÉL". Para ello nos ha creado libres y con las capacidades suficientes de poder lograrlo entre todos. De ahí se desprende la necesidad de ir juntos y amarnos como ÉL nos ama.

También, por nuestra propia experiencia, experimentamos que solos no podemos, que la cuesta es muy empinada para nuestras fuerzas humanas, pero con JESÚS, que nos lo ha prometido, si podemos alcanzarla. ÉL se ofreció a pagar el rescate por nosotros, y también a acompañarnos en la labor, pero, indudablemente, cuenta con nuestro esfuerzo.

Ese, en mi humilde opinión, es el mensaje que JESÚS nos deja hoy en su Palabra: "Poner toda la carne en el asador, contando con su Gracia, para recorrer el Camino que, la Voluntad del PADRE, me ha señalado. Espera mi respuesta, pues soy libre de decidir:


Sé que quiero responderte, JESÚS,
y quiero seguirte, pero tus pasos se me
hacen muy largos y me canso de seguirte.

A veces pienso que no puedo, o que no tengo
la voluntad y las fuerzas necesarias para hacerlo,
pero, en mi interior, siento que es mi única
oportunidad y lo que quiero.

Dame las fuerzas para avivar mis pasos
y no perderte. No dejes que mi boca
se cierre y mi lengua se duerma.

Despierta mi mente y enciende mi
corazón para que no cese de hablarte,
de pedirte, de creer en TI, y de tomar
conciencia de que TÚ has Muerto y Resucitado por mí, 
de que TÚ me quieres y me has salvado,
de que TÚ sólo esperas que yo diga "SÍ", 
y me ponga en tus brazos. Sólo con eso
me basta. Amén.

lunes, 26 de mayo de 2008

SALMO 143

SEÑOR, escucha mi oración,
TÚ, que eres fiel, atiende a mí súplica;
TÚ, que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a TI.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia TI:
tengo sed de TI como tierra reseca.
Escúchame en seguida, SEÑOR,
que me falta el aliento.
No me escondas tu Rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu Gracia,
ya que confío en TI.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a TI.
Líbrame del enemigo, SEÑOR,
que me refugio en TI.
Enseñame a cumplir TU VOLUNTAD,
ya que TÚ eres mi DIOS.
Tu ESPÍRITU, que es bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, SEÑOR, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia;
por tu Gracia, destruye a mis enemigos,
aniquila a todos los que me acosan,
que siervo tuyo soy.

SEÑOR, me encanta la mañana, porque por ella hago mi oración más pura y autentica.

Arrancarme del sueño plácido y cómodo purifica mi oración y le da un sentido más auténtico y sincero. Cuando más a gusto me encuentro, SEÑOR, salgo de mí mismo y me esfuerzo en ponerme en tu presencia y, al menos, sé que te ofrezco algo que me cuesta sacrificio. Es la prueba de mis deseos de estar CONTIGO y de adorarte y ofrecerte alabanzas.

Aunque me distraiga; aunque mi mente se desvié y entretenga con otras preocupaciones y apetencias, tengo la satisfacción de haberte ofrecido algo de mí mismo en prueba de mi verdaderos deseos e intenciones. Por todo ello, te doy las gracias SEÑOR.

En la mañana hazme escuchar tu Gracia. Me gusta bañarme de luz nueva, respirar un aire fresco y limpio, oír cantar a los pájaros anunciando un nuevo día.


Cada día que nace me traslada al día primero de la creación en el que todo era nuevo y transparente. Todavía no había pasado la acción del hombre ensuciando y contaminando este hermoso planeta llamado Tierra.


La mañana me invita a nacer de nuevo, a quedar admirado ante tus maravillas en una oración de adoración y acción de gracias.


La mañana me invita a estrenar. Estrenar la ilusión, estrenar el amor, estrenar la vida, estrenar la fe. Haz, SEÑOR, que mi fe no se quede vieja ni rancia, que siempre tenga sabor a nueva.


LAS FRASES


"Solamente quien acepta sus propios límites intelectuales y morales y se reconoce necesitado de salvación puede abrirse a la fe y, en la fe, encontrar en CRISTO a su Redentor" (Juan Pablo II).


"JESUCRISTO se da prisa en buscar a la centésima oveja que se había perdido...¡Maravillosa condescendencia de DIOS que así busca al hombre! ¡Dignidad grande la del hombre así buscado por DIOS! (San Bernardo).


PREGUNTAS


¿Que actitud adopto ante mi vida pecadora? ¿Trato de justificarme? ¿O más bien me abandono a la misericordia de DIOS?