| Lc 6, 20-26 |
No es buen síntoma cuando percibes que todo el mundo habla bien de ti. Y digo esto porque siempre, aunque hagas las cosas bien, siempre hay algunos a los que les suscita envidia y no les cae bien lo que haces.
Pedro se sintió molesto y, levantándose, protesto:
—¿Entonces hay que portarse mal para que esos envidiosos no se enfaden contigo?
Manuel, mirándole con paciencia, respondió:
—No se trata de eso. Lo que sucede es que nunca llueve a gusto de todos.
Hizo una pausa y, con ternura, dijo:
—Sí, bueno; unos porque no lo entienden; otros porque difieren un poco y otros por envidia o egoísmo.
Pedro, con un gesto de la cabeza, asintió estar de acuerdo.
En nuestra vida, esto es lo extraño. Porque si nunca incomodamos a nadie, quizá deberíamos preguntarnos si estamos viviendo realmente todas las exigencias del Evangelio.
El anuncio del Reino de Dios (Lc 6, 20-26) y los valores que conlleva no siempre están en consonancia con ciertas realidades religiosas, políticas o sociales que nos rodean.
Y eso trae desacuerdos, desasosiegos, rompe la paz y nos complica la vida. Viene el llanto, el esfuerzo, la lucha… por permanecer fieles a la solidaridad con los hermanos descartados en una sociedad de apariencias farisaicas.
Manuel se levantó, dio un paso hacia delante y dijo:
—¿Estarán de acuerdo en que quienes buscan romper la paz y pisotear la justicia no querrán hablar bien de nosotros?
Guardó un breve silencio y, mirándonos, añadió:
—Cuando nuestras opciones por la justicia cuestionan intereses, privilegios o formas de vivir poco solidarias, es posible que encontremos rechazo. No debemos responder con enfrentamiento, sino con firmeza, paciencia y misericordia.
Nuestra fidelidad al Reino de Dios nos alienta a trabajar para que nadie se sienta desamparado, para que la fuerza del Evangelio vaya creando un clima de solidaridad y cercanía entre todos los hombres y mujeres de este mundo.
Pero esto no es nada fácil; esta fidelidad tenemos que cuidarla día a día, pedirle a nuestro Dios, que es Padre misericordioso, que nos dé la fuerza necesaria para mantenernos firmes, aunque no todo el mundo hable bien de nosotros.
Moniciones:
Es evidente que la presencia del Reino de Dios entre nosotros crea un clima de paz y justicia. ¿Buscamos nosotros hacer presente ese Reino con nuestra manera de vivir?
Jesús nos recuerda que el Reino de Dios pertenece a los pobres y llama dichosos a quienes viven desde la confianza en Dios. ¿Sabemos desprendernos de aquello que nos aleja de Él y acercarnos a quienes más necesitan nuestra solidaridad?