domingo, 9 de agosto de 2026

ESCLAVIZADOS POR EL MIEDO

Mt 14, 22-33

Detrás de muchas de nuestras parálisis se esconde el miedo. Él es la causa de que todo nuestro ser quede paralizado esperando que ocurra lo peor.

Las dudas no son el enemigo de la fe, sino el miedo; de hecho, es normal la coexistencia en nuestro interior de la fe y las dudas… Incluso cuestionarnos lo que vivimos es sano y nos ayuda a madurar en el seguimiento del Señor.

Otra cosa bien diferente es cuando permitimos al miedo andar a sus anchas y nuestro corazón se centra en eso que nos provoca miedo y los sentimientos que genera.

El miedo nos vence y olvidamos los momentos de encuentros, las certezas vividas anteriormente, la presencia que nos ha hecho sobrellevar situaciones complejas y nos ha impulsado adelante incluso en los momentos más difíciles.

—Cuando dejamos que el miedo domine nuestro corazón —dijo Pedro algo tembloroso— estamos perdidos y paralizados.

Manuel, con la mirada fija en él, añadió:

—No solo paralizados, sino sometidos y esclavizados hasta el extremo de quedarnos inmóviles sin posibilidad de movernos…

Hizo una pausa, guardó un breve silencio y agregó:

—Perdemos nuestra autonomía y no sabemos qué hacer… Desde ese momento estamos a merced del tiempo y esperando que ocurra algo malo.

Sacando la Biblia por el pasaje evangélico de Mateo 14, 22-33, dijo:

—Cuando Pedro tuvo miedo por el fuerte viento y le vino la duda, empezó a hundirse en el agua. Fue entonces cuando gritó: «Señor, sálvame».

Entonces, mirando a todos los que le escuchaban, preguntó:

—¿Y nosotros, qué hacemos cuando nos sentimos en mar abierto, zarandeados por los vientos contrarios? ¿Cómo reaccionamos cuando solo vemos oscuridad y creemos que nos hundimos?

En el silencio de la terraza parecía abrirse paso una misma convicción: actuar como Pedro. Cuando arrecian la oscuridad y la tormenta, nuestra esperanza no consiste en confiar únicamente en nuestras fuerzas, sino en levantar la mirada hacia Jesús y suplicar, como él: «Señor, sálvame». Él siempre extiende su mano.