sábado, 11 de abril de 2026

INCRÉDULOS

Mc 16, 9-15

La noticia se había dado, pero eran pocos los que la creían. A veces no queremos entender más que aquello que encaja con nuestros propios intereses. Nos cuesta dar crédito a lo que otros nos revelan.

Vivimos en la era de la información: abundan los datos, pero también las opiniones y pareceres subjetivos. Cualquiera transmite lo que considera noticia, sin contrastar si corresponde realmente a la verdad.

Se oye y se repite. Y cuando lo que se divulga no nace de nosotros o no responde a lo que esperamos, tendemos a rechazarlo.

Cada Pascua celebramos la “Buena Noticia” de la Resurrección del Señor. Decimos que ha resucitado y que está vivo. No es solo algo que ocurrió, sino una presencia viva entre nosotros: nos acompaña y camina a nuestro lado.

Sin embargo, puede sucedernos que no lo veamos… o que no queramos verlo. Y volvemos al inicio: cuando la noticia no entra en nuestra lógica o nos compromete, se nos hace difícil aceptarla, aunque intuyamos que creer es el mejor camino.

No nos han faltado mediadores y testigos: María Magdalena, los de Emaús… También hoy: signos, testimonios, la vida de la Iglesia… y, sobre todo, la Palabra de Dios transmitida en la tradición y en los Evangelios.

Y, aun así, no siempre responden a nuestras expectativas. Eso puede desalentar a quienes anuncian y esperan ser creídos.

—Sin embargo —decía Manuel a sus oyentes—, necesitamos que los mediadores sigan anunciando la Vida. Porque es el mismo Jesús quien se acerca, quien abre los ojos y, aun reprochando nuestra incredulidad, sigue confiando en nosotros y nos envía en misión.

Sería bueno preguntarnos: ¿Qué me impide hoy creer de verdad que el Señor está vivo y camina conmigo?