Nuestra naturaleza
está inclinada a crear clubs exclusivos. Ponemos – es una fuerte tendencia
humana – muros entre las relaciones de unos con otros. Queremos distinguirnos
unos de otros, y, en consecuencia ponemos límites que excluyan a los más
débiles, pobres e ignorantes.
Miramos para otro
lado, cuando muchos son pobres e ignorantes por nuestras exigencias, abusos e
imposiciones. Hacemos grupos y exclusiones porque no nos consideramos iguales. Y,
precisamente, Jesús, el Señor, viene a decirnos que somos iguales, y nos
propone esa igualdad en dignidad, y ese amor en compartir lo que tenemos para
que a nadie le falte lo necesario para vivir dignamente.
Por lo tanto, la Buena Noticia nos hermana, nos incluye – no excluye – y nos hace colaboradores del Amor. De modo que quienes no estén en contra de amar y amarnos tratando de hacer el bien, están con la Buena Noticia. Y eso significa lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros».