viernes, 20 de marzo de 2026

ENVIADO

Jn 7, 1-2. 10. 25-30

Le acechaban, estaban pendientes de él. Aun así, sabía que tenía que cumplir con su deber. Había sido enviado a establecer la paz en aquel lugar donde los conflictos eran asiduos y los enfrentamientos sus consecuencias.

Había tomado cierta prudencia y trataba, con mesura, de no despertar sospechas. Sin embargo, Octavio intuía que tenía que subir y presentarse en el epicentro del terremoto. Quien lo había enviado esperaba su respuesta.

«Aunque algunos no me reconozcan e interpreten que vengo a provocar, no puedo evitar que surja el conflicto», pensó.

Fortalecido con ese pensamiento y actitud, Octavio entró en la oficina principal y presentó sus credenciales.

Lo hizo de forma decidida, valiente y hasta enérgico. Rompía con la imagen dulce o complaciente de la que gozaba. Nada de diluido y sin fuerza.

 Estaba decidido; se dijo: «Si es necesario arrostrar el conflicto, lo afronto, porque he sido enviado por el que es veraz».

Como esperaba, tuvo problemas y muchos dudaron de su identidad y le pusieron resistencia. Sabían quién era y de dónde venía y no respetaban su autoridad. Pero Octavio no se amedrentó,

—Estoy aquí —dijo con voz firme— porque cumplo la voluntad del que me ha enviado, y vengo a poner paz y orden en este lugar.

Entonces se armó un tumulto entre todos los obreros de la empresa y se rompió la paz. Algunos se abalanzaron sobre él, pero, sin saber de qué manera, Octavio pudo esfumarse y desaparecer.

Momentos después, y ya en un lugar seguro, buscó un sitio para descansar y reflexionar. Abrió su Biblia y leyó: Evangelio de Jn 7, 1-2. 10. 25-30:

En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.

Cuando acabó de leerlo, tuvo la sensación de que había vivido una experiencia parecida a Jesús.

«Igual tampoco había llegado su hora», pensó.