lunes, 24 de agosto de 2026

INVITADOS AL ENCUENTRO

Jn 1, 45-51

Es notorio que la rivalidad siempre ha existido entre los pueblos cercanos. Aquel joven tenía la idea de que del pueblo vecino no podía salir nada bueno y menos importante.

Ocurrió que un buen amigo le invitó a visitarlo y allí conoció a otros amigos de los que quedó encantado. Su opinión fue tomando otro derrotero y se dio cuenta de que la realidad no era tal como él la veía.

—¿Te das cuenta —le dijo Manuel— de cómo las cosas no son como uno las piensa?

Jacinto agachó la cabeza y, algo avergonzado, respondió:

—Tienes razón, a veces nos apresuramos a juzgar y a criticar lo que no conocemos y sin ningún fundamento. Solo porque lo pensamos así y nos lo metemos en nuestras cabezas.

Manuel, mirándolo con compasión, añadió:

—Tienes razón, aunque nosotros juzguemos, rechacemos o desconfiemos, el Señor sigue saliendo a nuestro encuentro. Nada lo derrumba.

Entonces, abrió la Biblia por Juan 1, 45-51, y leyó:

—En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: Aquel de quien escribieron Moisés y la Ley y los Profetas lo hemos encontrado: a Jesús, hijo de José, de Nazaret. Natanael le replicó: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: Ven y verás. 

Cuando terminó de leer todo el pasaje, dijo:

—Aquel encuentro de Natanael con Jesús le despoja de sus prejuicios y vence su escepticismo. Su respuesta fue: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Hoy nosotros nos podemos preguntar también por nuestras propias barreras y recelos; parece que Jesús nos invita a dejarlos de lado.   

Detrás de cada instante de nuestra vida se puede esconder un encuentro con el Señor. Él nos espera. ¿Nos damos cuenta nosotros?