lunes, 28 de septiembre de 2026

ABIERTOS A TODOS

Lc 9, 46-50

A pesar de que tratemos de rechazar toda vanidad, siempre tendremos la inclinación de mirarnos el ombligo.

Y eso nos exige estar siempre en lucha contra nosotros mismos para no considerarnos mejores que los demás.

—Estoy de acuerdo —dijo Pedro—, pero creo muy difícil que los hombres dejen de ambicionar más y más. Hasta la canción lo dice: “Todos queremos más…”

Manuel le miró y, con una leve sonrisa, comentó:

—Así es, pero hemos sido creados libres para poder resistirnos y negarnos a obedecer a nuestras apetencias.

Hizo una pausa y siguió:

—Ahora, la tarea es ingente y necesitamos la asistencia del Espíritu Santo para poder vencernos… Y no solo eso, sino considerarnos abiertos a todos aquellos, vengan de donde vengan. Se trata de no apropiarnos de Dios ni del bien que otros hacen. .

Entonces, abriendo la Biblia, leyó:

—Del santo evangelio según san Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.

Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».

Entonces Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».

Jesús le respondió: «No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».

Aquella manera de pensar de Pedro empezaba a desvanecerse. No se trata de ascender, sino de bajarse. Lo hizo Juan el Bautista y también Jesús en el lavatorio de los pies durante la última cena. 

El amor no se demuestra solo con palabras. Se demuestra estando cerca, ayudando, acompañando y sirviendo cuando hace falta.  

Y cuando somos capaces de amar y también de dejarnos amar, descubrimos que somos valiosos para los demás. 

Quizá esa sea la verdadera importancia que Jesús nos propone: no ser más que nadie, sino estar al servicio de todos. 

Y también nos toca a nosotros ahora. La clave es el servicio. Estamos todos llamados a eso. Y en esa medida, el más importante será quien, en este mundo, se ponga al servicio de todos.