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viernes, 11 de agosto de 2023

LA FE EXIGE UNA VIDA DE RIESGOS, ESFUERZOS Y RENUNCIAS.

La vida de fe es un camino de renuncias que van contra la voluntad de nuestra propia naturaleza. Porque, nuestra naturaleza está contaminada por el pecado. Un pecado que nos arrastra a satisfacernos de nuestras pasiones, egos y vanidades. Y eso establece una lucha diaria y constante con nosotros mismos. Amar nos supone desprendernos de todos nuestros apegos, vanidades y, purificados en el Amor de Dios, darnos en servicio gratuito a los más necesitados.

Es evidente que quienes lo tienen todo en este mundo poco o nada necesitan. De ahí la gran dificultad, ya lo dijo el Señor, de que los suficientes materiales y espirituales – los ricos – les sean imposible salvarse. Porque, la salvación tiene que pasar irrevocablemente por la humildad. Y eso exigirá siempre desprendimiento, abajamiento y, sobre todo, pobreza de espíritu. Y será imposible conseguirla cuando en nuestros corazones la prioridad es el dinero, el poder, la fuerza, la fama, el éxito y todo tipo de vanidades.

La dificultad es perentoria, pero la fe nos alimenta y fortalece para seguir confiando en la superación, en la lucha y resistencia al mal. Es verdad que no lo conseguimos del todo, pero eso, por descontado, la sabe nuestro Padre Dios y nos anima, nos auxilia en y con su Espíritu y nos perdona con su Infinita Misericordia. A nosotros nos toca insistir, perseverar y confiar que con Él y por su Gracia podemos alcanzar un día la perfección. Cristo y yo mayoría aplastante.

sábado, 22 de septiembre de 2018

TÚ TAMBIÉN ERES SEMBRADOR

Resultado de imagen de Lc 8,4-15
Aunque no lo percibas toda tu vida es una siembra. Una siembra que va dejando sus frutos. Frutos buenos y menos buenos, pero también malos. Y muchos que te han precedido y dependerá de ti que los que te sucedan en el tiempo recojan buenos frutos.

Muchos de tus esfuerzos han quedado a la orilla del camino y se lo ha llevado el viento. Otros han tenido cierta acogida, pero no han llegado a echar raíces. Las circunstancias, el ambiente y el estrés con que se vive terminan por ahogarlos. Otros han sido escuchados y bien recibidos, pero las seducciones del mundo y los afanes de la vida terminan por distraerlos y sofocarlos. Al final quedan sometidos al mundo, esclavizados e instalados en él.

Finalmente, hay otros esfuerzos que encuentran la tierra apropiada, bien abonada y fértil, donde escuchan la Palabra, la trata de reflexionar y, con humildad se esfuerzan en vivirla. Por la Gracia de Dios son los esfuerzos que dan buenos frutos, perseverando y soportando también las posibles inclemencias del camino.

No cabe duda que esa siembra de cada día necesita del riego de agua pura, del agua de la Gracia que se alimenta en la oración constante, de la frecuente penitencia y, sobre todo, de la Eucaristía, el alimento fundamental que nos vigoriza y fortalece para dar buenos frutos.

miércoles, 19 de marzo de 2014

LOS OBSTÁCULOS DE MI CAMINO

(Mt 1,16.18-21.24a)


Cuando miras para atrás no debe ser para acomodarte en la nostalgia o vivir de lo logrado, o simplemente para instalarte en los éxitos pasados. ¡No!, debe ser para recordar tu camino y animar tu destino. Saber a dónde tienes que ir marca tus pasos y aviva tu ritmo, pero más si ese destino es la felicidad que buscan y la que ansías por encima de tu propia vida terrenal.

Sí, hay muchos obstáculos que te lo impiden y que amenazan tu caminar, pero el esfuerzo diario por seguir adelante mantiene tus esperanzas y fortalece tus pasos. Experimentar la debilidad de tu egoísmo y la loza pesada que te invita a hacer lo que no quieres hacer, es la dificultad presente en la caminata de cada día. Ayunar, dar limosna y orar rompen el ritmo de tu vida egoísta, placentera, egocéntrica y gozosa. Hay muchas posadas a lo largo de tu camino que te invitan a entrar, a descansar en tu egoísmo y vanidad, y a dejarte mecer por la corriente del placer y la buena vida.

Cuesta dejar todo eso y seguir el camino por donde hay espinas, tropiezos, incomprensiones, renuncias, amarguras y tristezas. Momentos de dudas, de sentirte atraído a volverte atrás, de abandono... Sin embargo continúas y permaneces en el camino. Eso tiene un nombre, se llama: "Esfuerzo": Bueno es aquel que, elevando su mirada, hace esfuerzos para que la propia vida se acomode al plan de Dios. Y es bueno aquel que, mirando a los otros, procura interpretar siempre en buen sentido todas las acciones que realizan y salvar la buena fama.

Así lo hizo San José, día que hoy celebramos, y así, no solos sino por la Gracia de Dios y en Él injertados, debemos esforzarnos en hacerlo también nosotros. Pidámoselo al Padre en nombre del Hijo. Amén.

viernes, 12 de noviembre de 2010

EL CAMINO EXIGE NO DESFALLECER


 En cada momento tenemos un esfuerzo que hacer. Nos cuesta despertarnos y levantarnos; nos cuesta hasta comer en muchos momentos, o determinados alimentos que necesitamos nos lo tenemos que comer con esfuerzo; nos cuesta enfrentarnos cada día a nuestro trabajo diario, y así podríamos describir muchas otras situaciones. 

Llegamos a la conclusión que la vida es un constante esfuerzo, y eso nos obliga a superarnos constantemente y a una lucha despiadada contra los obstáculos, dificultades y contra nosotros mismos. Sin embargo, si tuviéramos todos los problemas resueltos no quedaríamos satisfechos, porque necesitamos superarnos por nosotros mismos.

Hay una fuerza interior que nos impulsa a defender nuestra propia dignidad que, si otro lo hiciera por mí, quedaría dañada y frustrada. Otra cosa es aceptar la ayuda o colaboración cuando nos vemos incapacitados para alcanzar nuestro objetivo.

Y esa es la propuesta que nos ha dejado nuestro PADRE DIOS: "Alcanzar la eterna felicidad junto a ÉL". Para ello nos ha creado libres y con las capacidades suficientes de poder lograrlo entre todos. De ahí se desprende la necesidad de ir juntos y amarnos como ÉL nos ama.

También, por nuestra propia experiencia, experimentamos que solos no podemos, que la cuesta es muy empinada para nuestras fuerzas humanas, pero con JESÚS, que nos lo ha prometido, si podemos alcanzarla. ÉL se ofreció a pagar el rescate por nosotros, y también a acompañarnos en la labor, pero, indudablemente, cuenta con nuestro esfuerzo.

Ese, en mi humilde opinión, es el mensaje que JESÚS nos deja hoy en su Palabra: "Poner toda la carne en el asador, contando con su Gracia, para recorrer el Camino que, la Voluntad del PADRE, me ha señalado. Espera mi respuesta, pues soy libre de decidir:


Sé que quiero responderte, JESÚS,
y quiero seguirte, pero tus pasos se me
hacen muy largos y me canso de seguirte.

A veces pienso que no puedo, o que no tengo
la voluntad y las fuerzas necesarias para hacerlo,
pero, en mi interior, siento que es mi única
oportunidad y lo que quiero.

Dame las fuerzas para avivar mis pasos
y no perderte. No dejes que mi boca
se cierre y mi lengua se duerma.

Despierta mi mente y enciende mi
corazón para que no cese de hablarte,
de pedirte, de creer en TI, y de tomar
conciencia de que TÚ has Muerto y Resucitado por mí, 
de que TÚ me quieres y me has salvado,
de que TÚ sólo esperas que yo diga "SÍ", 
y me ponga en tus brazos. Sólo con eso
me basta. Amén.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

ENCONTRAR EL VERDADERO TESORO SUPONE LUCHA


Arrastrados por nuestra inclinación placentera y cómoda hemos confundido el bienestar con la calidad de vida. Entendemos que vivir bien es instalarnos cómodamente y desear pasarlo bien, para ello luchar contra todo tipo de exigencias y sacrificios que nos complican la vida y no ponen en aprietos y circunstancias, a veces, preocupantes y molestan.

DIOS no quiere eso, ¡exclamamos y nos decimos!, DIOS quiere nuestro bien y que no suframos, pero, sabemos, que todo proceso de crecimiento y conversión conlleva esfuerzo y sacrificio. No se trata del sacrificio por sacrificio, sino el sacrificio y la mortificación para crecer y perfeccionarnos.

Nuestra oración si no va acompañada de desprendimientos (limosna) y renuncias [sacrificio (ayuno)] es una oración incompleta, porque orar es hablar con DIOS y pedirle fuerzas para cumplir su Voluntad. Y eso significa que nos libre de todo mal y nos ilumine para hacer el bien. Y el bien empieza por renunciar a mí mismo y darme a los demás.

Renuncia y sacrificio hacen que mi oración sea completa y valida. Lo mismo podemos decir de limosnas y ayunos (sacrificios), si damos limosna y ayunamos pero no hacemos oración, algo falla, porque todo converge para, por y con el SEÑOR. Cuando no lo hacemos en ÉL, lo estaremos haciendo por otro u otras cosas, o por mí mismo.

La oración del PADRE Nuestro nos explica todo esto, si la reflexionamos cuando la decimos, y en ella está contenido todo lo que tenemos que hacer. Hacer la Voluntad del PADRE es seguir el mismo camino que JESÚS.

Esta anécdota nos puede ayudar a entender que las cosas están pensadas para nuestro bien, y todo sacrificio tiene la misión de hacernos mejor y acercarnos al verdadero rostro de JESÚS: el Amor:

En inglés tienen una frase que lo dice todo: “easy comes, easy goes”, o sea, fácil viene, fácil se va. Vemos cómo la depresión abate despiadadamente los que lo tienen “todo”, y la melancolía es parte triste de sus vidas, al comprobar lastimosamente que no “todo” lo compra el dinero.

¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué tantos grandes ricos son presa fácil del consultorio del psiquiatra, del psicólogo? ¿Por qué los que heredan fortunas tienden frecuentemente a vivir una vida vacía, de hastío existencial?

Entonces, ¿será necesaria la lucha diaria por la vida para lograr ser felices?

Cuentan de un hombre que encontró un capullo de mariposa. Lo llevó a su casa para observar la mariposa cuando saliera.

Un día notó que tenía un pequeño orificio. Había llegado el momento tan esperado. Ahí permaneció durante varias horas, viendo la mariposa luchar para lograr pasar su cuerpo a través del pequeñísimo huequito.

Pronto pareció que había cesado de forcejear pues no lograba salir. Parecía estar atascada.
Sintiendo lástima, el hombre quiso ayudarla. Con una tijerita cortó a un lado del agujero agrandándolo, y la mariposa salió al fin del encierro.

Pero no era el hermoso ejemplar que el hombre esperaba. Tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre confiaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y la hinchazón del cuerpo cedería.

No pasó ni lo uno ni lo otro. La infeliz solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Jamás logró volar.

Lo que el hombre no había entendido era que la restricción de la apertura del capullo y el esfuerzo de la mariposa de salir por el diminuto agujero, eran parte natural del proceso, que forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que alcanzaran el tamaño y fortaleza requeridos para poder volar y ser libre finalmente.

¿Qué fue lo que pasó? Muy sencillo. Al privar la mariposa de la lucha, también le fue privado su normal desarrollo.

Si Dios nos permitiera progresar en todo sin obstáculos, nos convertiríamos en seres inútiles. No podríamos crecer y ser fuertes como podríamos haberlo sido a través del esfuerzo y la constancia, a través de la lucha, a través del trajín de cada día.

¡Cuánta verdad encierra esta pequeña historia!
¡Cuántas veces queremos tomar el camino fácil para salir de las dificultades, tomando en nuestras propias manos esas tijeras y recortando el esfuerzo, para encontrarnos al final con un resultado insatisfactorio y muchas veces desastroso!

Apliquémonos la lección, y agradezcamos a Dios que tengamos que luchar para conseguir con Su ayuda el pan nuestro de cada día.
Bendiciones y paz.