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martes, 4 de febrero de 2025

DESESPERACIÓN Y ESPERANZA

El curso normal de las cosas nos lleva, si no hay remedio y arreglo, a la desesperación. Hay momentos, incluso, estamos al borde del suicidio, cuando nuestras esperanza están al límite. Es el caso que hoy nos narra el Evangelio de ese jefe de sinagoga, o esa mujer que, por detrás, toca el manto de Jesús. Ambos desesperados al tener todos sus recursos de solución agotados. Entonces viene a su corazón la posibilidad de ese Jesús que han oído que cura.

Quizás nosotros no estemos tan lejos. Muchos nos acercamos a Él, participamos en la misa, pero no damos el brazo a torcer. No estamos seguro de que es el Mesías, el Salvador de nuestra vida. Necesitamos una demostración, un milagro, algo espectacular y … quizás creamos. Incluso, muchos practicamos y cumplimos, pero no llegamos a conectar personalmente ni profundamente con Jesús. Nos quedamos en eso, en meros cumplimientos.

¿Qué es lo que nos ocurre? ¿Acaso necesitamos un milagro? ¿Acaso estamos esperando algo espectacular que nos deslumbre y nos convenza? ¿No se nos ha sembrado en nuestro corazón la semilla que nos asemeja al amor de Dios? ¿No nos damos cuenta de que, la vida, esa hermosa oportunidad que nos da nuestro Padre Dios, es para que nos liberemos del pecado y seamos felices eternamente? ¿Tan ciegos estamos?

Al menos, aquel jefe de sinagoga y la mujer que padecía de flujo de sangre confiaron en que Jesús era su única solución, y se movieron en buscarlo. Y nosotros, ¿qué hacemos?

sábado, 26 de noviembre de 2022

EN ESTADO DE ALERTA

Lc 21, 34-36

No cabe duda de que cuando estamos en peligros y sospechamos que podemos ser atacados por sorpresa nuestra vigilancia y actitud de alerta es máxima. Es evidente que nos puede caer el enemigo en cualquier instante y podemos ser sorprendidos con consecuencias fatales. La alternativa será estar en permanente alerta y montar un equipo de vigilia.

Nuestro comino en este mundo es un camino en constante peligro. No ya solo en el aspecto físico sino también espiritual. Estamos constantemente en peligro. Y no solo por lo que venga de afuera, sino fundamentalmente por lo que está dentro de nosotros, nuestra naturaleza, inclinada a satisfacerse carnalmente. Son nuestras pasiones, concupiscencias, odios, venganzas, soberbias y un largo etc. lo que seduce a nuestro corazón y lo pone en peligro de abandonar su recto camino.

La realidad es que nos enfrentamos a muchos sufrimientos y penalidades. El mundo es un camino de permanente peligro y nos costará permanecer con la cabeza bien levantada y firme si nos dejamos arrastrar por el ambiente cómodo, pernicioso y corrupto que nos rodea. Nunca debemos perder la fe en la esperanza de que el final llegará y con él vendrá la hora del Banquete Eterno. Un Banquete donde la felicidad será plena para siempre. Esa idea nos debe ayudar a sostenernos firmes y con gran esperanza. Dios, nuestro Padre no nos falla.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

LA CRUZ, SIGNO DE MÁXIMO AMOR Y SALVACIÓN

Posiblemente no podría haber sido de otra forma. Era necesario un Signo como la Cruz para darnos cuenta de la Entrega, el Amor y la Misericordia de Jesús, el Hijo de Dios, que entregó su Vida para y por nuestra redención de todos nuestros pecados. Es precisamente ese Signo nuestra salvación. Un Signo que nos exige fe y fidelidad; obediencia y compromiso.

Dice el Evangelio: Jn 3, 13-17: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él sino que tengan Vida Eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».

En la Cruz vemos expresada toda la perversidad del mundo, demonio y carne que esclaviza y ciega a los hombres, pero, también vemos el poder, la omnipotencia mansa – como dice el Papa Francisco – de la Misericordia de Dios. Esa es nuestra esperanza y lo que nos sostiene y nos da fortaleza. Porque, a pesar de nuestras debilidades, nuestras caídas, nuestros pecados, tenemos siempre presente el Infinito Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios, y en Él esperamos ser redimidos y salvados.

 

—Esa es la experiencia y la esperanza que sostiene mi vida y me da fortaleza —afirmó Manuel. Sin ella me derrumbaría al menor tropiezo y debilidad.

—Supongo que debe ser así —respondió Pedro. De otra forma no me lo puedo imaginar. No podemos vencer al mundo, demonio y carne por nuestras propias fuerzas. Necesitamos esa Cruz que nos fortalece, nos redime y nos salva.

—Ese es el valor de ese sagrado Signo de la Cruz. Muchos se preguntan como una cruz puede ser levantada y centro de nuestras miradas. Pues, muy sencillamente, mirar la Cruz y creer en ella nos da esa esperanza de salvación —concluyó Manuel.

domingo, 7 de agosto de 2022

ALIMENTADOS EN LA ESPERANZA QUE DA LA FE

Es evidente que el camino se hace pesado y cansino. La dureza a que te somete te hace perder tu propio equilibrio y esperanza. Precisamente, es la fe la que te sustenta en la esperanza de un mundo mejor. Un mundo nuevo en el que la vida es eterna en gozo, felicidad. Un mundo pleno en la presencia de Dios.

Esperanzados en la segunda venida de nuestro Señor y en estado de alerta. Preparados y cuidados de estar perseverantes y fieles según la Voluntad de nuestro Padre Dios. La vida es una vigilia permanente en la espera de la segunda venida de Dios. Un espera que se concreta en una constante presencia del Señor en nuestra vida. ¿Cómo? Tratando de amar en cada momento. Porque, amar no es amarse, sino darse. Porque, cuando te amas a ti mismo cae en puro narcisismos y egoísmo.

Será, pues, de vital importancia gastar tu vida en verdadero amor. Ese amor que se da gratuitamente buscando el bien del otro sin más interés que el amor. Y esa será la mejor y única manera de ser sorprendido en esa segunda venida de nuestro Señor Jesús.

 

—¿Crees, Pedro, —dijo Manuel— que vale la pena vivir pensando en acumular riquezas y poder y ser sorprendido de esa manera?

—Creo que lo mejor será construir tu vida pensando en ese otro mundo que se esconde tras la muerte. Ese mundo que Jesús, el Señor, nos promete que vendrá para llevarnos a él.

—Supongo —dijo Manuel— que es la mejor opción. Porque, ¿de qué te vale ganar esta vida si pierde la eterna?

—Esa es la cuestión —afirmó Pedro. La que importa es la eterna, no está pasajera y llamada a caducar.

 

Flotaba en el ambiente que la vida tiene verdadero valor en cuanto se construye pensando en esa segunda venida del Señor. Cuando lo que se acumula son valores del Reino; actos de amor y de verdad. Es, entonces, cuando todo cobra sentido y verdadero valor. Porque, sorprendidos en esos menesteres, nuestra vida será plena y eterna de gozo y felicidad.

viernes, 27 de mayo de 2022

EL BILLETE A LA GLORIA PASA POR LA CRUZ


La vida es un viaje. Partimos de cero cuando nacemos y, a través del tiempo, crecemos y vamos madurando. Caminamos sin prisas, pero sin pausas. Nunca nos detenemos y ese camino debe llevarnos a alguna parte. Es de vital importancia saber y conocer a dónde nos lleva, porque, sabiendo donde terminamos, al menos en este mundo, podemos hacer el camino mejor.

Lo primero es conocer que el billete para esa gloria y felicidad eterna que bulle en nuestro interior nos cobrará esfuerzo, dificultades y cruz. La esperanza que nos sostiene es precisamente la alegría de la que nos habla hoy Jesús: … También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

Y es ahí donde debe apoyarse nuestra esperanza y afirmarse nuestra fe. Jesús vive, y si vive, también viviremos nosotros. Él padeció una muerte de cruz. Fue condenado, mal tratado, ridiculizado, abofeteado, flagelado y, después de tanto sufrimiento, crucificado en la cruz. Él es nuestro modelo para el camino y, nuestros padecimientos pasan también por la cruz. Una cruz que cada cual debe soportar con esperanza y fe. Al final, como muy bien leemos al final del Evangelio de hoy, Jesús nos da la respuesta que esperamos y necesitamos.

sábado, 9 de octubre de 2021

LA ALEGRÍA DE VIVIR

 

La vida es siempre gozo. Y lo es porque hemos sido creados para vivir gozosamente y ser felices eternamente. Ahora, es preciso recorrer una etapa que nos llevará a ese punto de gozo y felicidad eterna. Y es gozo porque también es esperanza. Una vida sin esperanza no será nunca gozosa. Ahora, podemos preguntarnos, ¿por qué es gozosa la vida? ¿Acaso aquellos que no lo son -  lo pasan mal -  experimentan gozo en sus vidas? Tendrá que haber alguna razón o razones que den esa alegría y ese gozo a la vida.

No puedo hablar por otros, pero si puedo dar razones del por qué para mí la vida, vivida en Jesús, es fuente de gozo, alegría y esperanza. Primero, porque, la Palabra de Jesús, no sólo el Jesús humano - Naturaleza - sino el Jesús - Divino - Resucitado para Gloria de su Padre, me lo proclama y lo dice bien claro: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

Segundo, porque, aún en  los momentos de zozobra, tempestades, sufrimientos y miserias, siempre está viva la esperanza de levantarse - parábola del hijo pródigo -  y volver a la Casa del Padre. Y, tercero, entre otras muchas, porque en ese camino, ya sea con o sin sufrimiento, la experiencia de amar llena plenamente mi alma.

martes, 25 de mayo de 2021

LA MEJOR OPCIÓN, SEGUIR A JESÚS

 

Mantener viva la esperanza en la promesa de Jesús te ayuda y sostiene firme en la perseverancia de seguirle, escuchar su Palabra y hacerla realidad en la cotidianidad de la vida. Porque, su Promesa tiene cumplimiento a pesar de la oscuridad, la confusión, el desconcierto y las dificultades que el camino te va presentando. Pasan día por tu vida de desconcierto y sufrimiento, pero, siempre la llama permanecerá viva, perenne y encendida.

Tener presente la Promesa de Jesús: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros». 

Su Palabra tiene verdadero cumplimiento y es garantía para encontrar fortaleza y esperanza en la lucha de cada día por sostenernos firmes y fieles a esa Palabra del Señor que nos fortalece y nos impulsa. Sin embargo, tendrá que llegar la hora y el día señalado. Eso es innegable, pero, no perdamos nunca de vista que lo único y verdaderamente importante es que cando llegue esa hora final estemos en la presencia del Señor como primera y única opción de nuestra vida.

Sin descartar y conocer que, ese tenerlo como primera opción nos exigirá lucha, persecuciones, sufrimientos y pasión, tal y como sucedió con Jesús. Son las pruebas que descubren nuestra fe y nos llenan de humildad - virtud necesaria - ayudándonos a crecer en el seguimiento del Señor.

jueves, 13 de mayo de 2021

EN ACTITUD DE ESPERA

 

La actitud del creyente es una actitud de espera y, por supuesto, de esperanza. Y mientras espera hay momentos de incertidumbre, de  tristeza y de oscuridades. Jesus se va al Padre y también, nosotros queremos irnos al Padre pero tendremos que esperar a que venga Jesús, su segunda venida, y, tal como nos promete llevarnos al Padre. Él tiene la última Palabra y, su Palabra siempre se cumple.

Por tanto, nuestras esperanzas son fundadas y reales.  Jesús no falla, pero, sí nos exige que seamos pacientes y perseverantes y, por supuesto, que tengamos confianza en Él. Esa es la prueba de la fe, de nuestra fe personal en la Palabra que nos ha dicho Jesús: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver».

Nos cuesta entender, sobre todo cuando vemos como el mundo vive alegre sin preocupaciones sino centrado en sí mismo y buscando toda clase de comodidades y satisfacciones. Mientras, nosotros, como nos dice Jesús: En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.

Y esa es nuestra esperanza y gozo, llegará el día y la hora en donde nuestras tristezas se convertirán en gozo y alegría. Son momentos de tribulación y momentos de pruebas. Momentos de tristezas, de lamentaciones y llantos, mientras el mundo lo pasa bien, pero, lo verdaderamente importante es la Palabra del Señor que tendrá su cumplimiento al final y nos llenará de alegría eterna.

martes, 16 de marzo de 2021

¿QUIERES CURARTE?

 

¿Acaso ignoramos que Jesús, el Hijo de Dios, lo puede todo? Viene a este mundo en nombre de su Padre Dios, y viene a liberarnos de la esclavitud del pecado y a darnos esa Vida Eterna que todos buscamos. Y, digo esto, porque, yo soy el primero, ponemos muchas pegas a la acción del Espíritu Santo en nosotros. Desde la hora de nuestro bautismo estamos desconfiando e impidiendo su acción en nosotros. Y, ya en mi caso, son más años que los de aquel paralítico de la piscina de Betesda.

No vemos sino dificultades y obstáculos para justificar nuestras parálisis. Buscamos y vemos excusas por todas partes con la intención de permanecer anclados en nuestra parálisis tradicional, cómoda y de acuerdo con nuestras formas de entender nuestro camino y nuestra vida. Y, tal es la situación que decidimos resignarnos y continuar anclado en nuestra costumbres y tradiciones. Diría que, de alguna manera, estamos diciéndole al Señor que, ¡nos gustaría, pero seguimos establecidos en nuestras parálisis!

Sin embargo, pese a nuestra actitud negativa, Jesús, que ha venido a levantarme y darme esperanza de Vida Eterna, deja a un lado todas esas tus especulaciones y te ofrece su Mano invitándote a levantarte, a tomar tu camilla - cruz - y continuar el camino. Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda». Y, también nos lo dice ahora a cada uno de nosotros. La cuestión es que tú y yo nos lo creamos, confiemos en su Palabra e iniciemos ese camino de levantarnos y empezar a cargar con nuestra cruz. De ti y de mí depende.

martes, 20 de octubre de 2020

EN ACTITUD DE VIGILIA

 

La vigilancia es una prueba de felicidad, porque solo vigila quien espera a alguien. Quien no espera es signo de estar distraído y, por tanto, se relaja, pero quien espera permanece despierto y en actitud vigilante y, por supuesto de esperanza. Esa actitud de espera descubre también una inquieta y vigilante fe en Aquel a quien se espera.

La pregunta es, ¿estoy yo vigilante y en actitud de esperar a alguien? Y si estoy en espera vigilante, ¿a quién espero? En esas preguntas pueden estar implícitas nuestras repuestas, porque, lo lógico no es esperar a alguien de nuestra misma naturaleza humana y categoría, pues no nos resolvería nuestras expectativas y esperanzas. Lo lógico es esperar al que nos llena de verdadera paz y felicidad y, además, nos ofrece y nos da la Vida Eterna. Porque, Él ha vencido la muerte con su Resurrección.

Esa es la espera buena y la que debemos aguardar con fidelidad, esperanza y alegría. Porque, el Señor vendrá, y vendrá, si nos encuentra vigilantes y cumpliendo su Voluntad,  a servirnos, pues son sus mismas Palabras la que nos dicen: (Lc 12,35-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!». 

Ahora tú decides: permaneces vigilantes o te relajas y distraes con las cosas que te ofrece el mundo. Tú tienes la palabra, porque, el Señor ha querido dejarte libertad para que por ti mismo decidas.

miércoles, 5 de agosto de 2020

INSISTENCIA - PERSEVERANCIA = RESPUESTA

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Mt 15,21-28
Jesús nos lo sugirió en otro momento: Pedid y se os dará... Mt 7, 7-12. Y en el Evangelio de hoy nos da una prueba de su admiración a aquellos que insisten y perseveran en la confianza de que Él responderá a la suplica confiada en su Poder y Palabra. Al final eso descubre la medida de nuestra fe.

Porque, una fe verdadera se descubre cuando persevera en la insistencia, confiando y esperando ser correspondida. Supongo y pienso que Jesús, el Señor, nos pone a prueba cuando permite, con su silencio, descubrir la verdad y autenticidad de nuestra fe. Porque, cuando es verdadera no desfallece, y, además, persevera en la insistencia de ser escuchada y atendida. La insistencia materializa esa esperanza que, valga la redundancia, espera la respuesta. Eso es precisamente la fe. 

Podemos ahora, humildemente y esperanzados, preguntarnos, ¿es nuestra fe así? ¿Está apoyada en esa generosa caridad y misericordia de la que habla y manifiesta con sus obras Jesús? Porque, de no ser así desfallecería y se quedaría en el camino sometida a los poderes maliciosos del mundo, demonio y carne. 

Jesús es el Señor, nos ama y quiere salvarnos de la esclavitud del pecado. Pero, al crearnos libre nos pide nuestra disponibilidad y confianza. Una confianza apoyada en la fe que nos fortalece y nos refuerza el fiarnos de su Palabra, a pesar de nuestras debilidades, dudas y noches oscuras. Una fe que se hace visible en la persistencia, como la de aquella mujer cananea, a la que Jesús admira por su insistencia y su esperanza. Porque la verdadera fe está inmersa y revestida de gran humildad, perseverancia e insistencia.

lunes, 27 de julio de 2020

EL CREYENTE VIVE EN LA ESPERANZA Y SABE QUE LLEGARÁ EL DÍA

Mateo 13, 31-35 | Grano de mostaza, Evangelio del dia, Evangelio
Nada podrá detener al cristiano porque, la muerte que era la que se suponía que acabaría con sus esperanzas, ha sido vencida y la Resurrección de Jesús, el Hijo de Dios, ha marcado el Camino, la Verdad y la Vida de todos los creyentes en Él. Por eso, un cristiano creyente en Jesús nunca desistirá de seguirle y de esperar en Él. Y, por eso, la Iglesia fundada por Jesús nunca será destruida, porque, la Iglesia vive en el corazón de cada creyente y, mientras haya un creyente, siempre habrá Iglesia.

Todo empieza por lo pequeño; Jesús nació pobre, de manera sencilla y sin llamar la atención. Desconocido y pobre pasó su infancia y juventud de manera desapercibida y en muy pocos momentos tuvo actos de cierta relevancia. Y, como un grano de mostaza, la semilla más pequeña, crece hasta convertirse en la más grande, así es el Reino de Dios, empieza de forma muy simple, pequeña y se hace grande hasta llegar a la plenitud. Nada ni nadie puede destruirlo.

Y en esa esperanza vivimos los cristianos creyentes. Es verdad que hay muchos momentos de cruces, pero, sabemos y esperamos que lleguen el momento de la Verdad Plena y con ella, la Felicidad Eterna. Por eso no nos desanimamos, y es más, no podemos desanimarnos, porque la esperanza fortalecida y apoyada en nuestra fe nos mantiene siempre esperanzados, firmes y sostenidos en el Amor y la Misericordia de nuestro Padre Dios.

El Reino de Dios puede tener una menguada apariencia, puede aparentar ser algo insípido, débil, pequeño y amenazado a desaparecer. Pero, nada más lejos de la realidad. El Reino de Dios está entre nosotros y seguirá entre nosotros hasta que, fermentando como la levadura en la masa, nos acoja a todos hasta que todo, valga la redundancia, fermente del Amor de Dios.

sábado, 11 de abril de 2020

DESENCANTADOS Y TEMEROSOS

Muerte de Jesús – La Pasión narrada por un médico fisiólogo (6 ...
Son días de tribulación, de tristeza y de miedo. Permanecemos asustados y encerrados, pero, sobre todo decepcionados porque el Señor está muerto. Le hemos dejado solo, a excepción del joven Juan que quedó junto a su Madre. Todos nos hemos escondido y Pedro hasta lo ha negado. ¿Qué pasará ahora?

Supongo que algo así podría haber sido aquellos días anteriores al acontecimiento de la Resurrección. Quizás a nosotros nos suceda algo parecido. No puede ser lo mismo porque nosotros sabemos y creemos en su Resurrección, pero, poniéndonos en el lugar de los apóstoles, podemos imaginar que nuestras dudas pueden ser como esos miedos y decepciones que tuvieron ellos.

Muchos de nosotros pasamos indiferentes estos días, o no somos capaces de esforzarnos en dar un paso hacia adelante. Quizás vivimos desconectados y sin referencias comunitarias o grupos que nos ayuden a comprometernos, a preguntarnos qué y cómo vivimos, no sólo estos días sino la Buena Noticia que Jesús, con su Pasión y Muerte nos ha dejado.

¿Has pensado alguna vez que eres una criatura que tuvo un principio, cuando Dios te creó, pero que no tendrás fin, porque estás llamado a la eternidad? ¿Y qué esa eternidad puedes pasarla apartado de Dios si te alejas de Él y no haces su Voluntad? Porque, Jesús ha venido para revelarnos el Amor del Padre y ha dado su Vida para que nosotros, redimidos y perdonados, nos salvemos y pasemos la eternidad junto a su Padre.

Vivamos estos días con esperanza y con fe junto al Señor. Creamos en su Palabra y en su Resurrección sin desesperar, porque, nosotros a diferencia de sus apóstoles y aquellas mujeres que lo vieron primero, sabemos, por ellos, que Jesús resucitará. Gracias, Señor, por esta hermosa Buena Noticia de Salvación. Amén.

sábado, 1 de febrero de 2020

APARENTEMENTE DORMIDO, SEÑOR.

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Mc 4,35-41
En muchas ocasiones experimentas la ausencia de Jesús. Sientes que no está o que se ha ido o que, quizás, duerme. Te sientes sólo, tímido, débil y asustado. Te encuentras solo, al menos eso piensas, ante tus problemas. Piensas que no te escucha y tus problemas siguen presente, no se solucionan ni desaparecen. Experimentas que no mejoras y te preguntas:  ¿Acaso, Señor, te has ido y me has abandonado? ¿O, simplemente, estás dormido?

El Evangelio de hoy sábado me trae esos pensamientos y esa aparente ausencia que me sorprende e impacienta. Quizás, Señor, en esa ocasión, estando en la barca con tus apóstoles te hiciste el dormido, porque no creo que con esas olas y viento pudieras dormir, para probar la fe de tus apóstoles. Porque, por el miedo llegamos a la fe. No es cuestión de ser valientes sino de creer en Ti, Señor. Creer en la promesa de un Reino nuevo de Vida, de Verdad, de Justicia y de Paz. Un Reino de plena felicidad eterna.

Y, tiene sentido, que nuestros problemas y enfermedades sigan ahí, porque, sólo a través de ellas podemos encontrarte y abandonarnos sin remedio en la esperanza de tu Amor y Misericordia. Sí, Señor, ahora las tempestades de nuestras vidas cobran sentido. Ahora, las necesidades y sufrimiento tienen valor y vale la pena afrontarlas, no con resignación, sino con esperanza. La Palabra y Promesa de Jesús tiene fuerza y en ella deposito todas mis esperanzas. Mi vida se llena de gozo y alegría, porque, a pesar de tener que sufrir los acontecimientos de mi vida, sé que todo será y servirá para llegar a Ti, Señor.

Y en Ti, Señor, la Vida será diferente y plena de gozo y felicidad. Es entonces esta vida un camino para llegar a Ti y valdrá la pena recorrerlo asido a tu Mano e injertado en tu Palabra.

domingo, 1 de diciembre de 2019

EN ACTITUD DE VERDADERA ESPERA

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Se acerca el Adviento y la Palabra de Dios nos recuerda que se acerca la celebración del nacimiento del Señor. Un nacimiento que hay que preparar esperando vigilantes y atentos y llenos de esperanza. Porque, de ese acontecimiento va a depender la felicidad que todos buscamos. Jesús es nuestra esperanza y de la escucha de su Palabra dependerá nuestra felicidad eterna.

Ahora, esa espera debe ser inquieta, anhelante, deseosa. Nunca puede estar doblegada y distraída en la indiferencia, en la superficialidad y en la rutina. No podemos dejar que se convierta nuestra espera en costumbre y actos que repetimos sin sentido como unos hábitos adquiridos sin coherencia ni fundamento. Si realmente los vivimos como una tradición festiva que celebramos cada año, podemos perdernos en la superficialidad de quienes celebran algo que no viven ni le llenan de esperanza.

Necesitamos descubrir en nuestros corazones esa esperanza de nacer cada día a un nuevo deseo de mejorar, de perfección y de encontrarnos con Jesús. Viene el Mesías esperado que nos colma de felicidad, de gozo y de paz y nos anima a estar vigilantes y atentos para no distraernos y, entretenidos en otras cosas, le dejemos pasar. 

Y es que dependerá de nuestra actitud de espera, porque, se puede esperar a alguien como costumbre y tradición sin experimentar ningún cambio en mi persona ni, por supuesto, ninguna esperanza. Y se puede esperar con la actitud de ponerse en camino y de dejarse acompañar para orientar mejor cada día su vida hacia ese Camino de Verdad y Vida. Y para eso debemos estar a la escucha de la Palabra y vigilantes ante las tentaciones y seducciones que el mundo nos propone y con las que nos quiere apartar de prepararnos para la venida del Señor, razón y fundamente de nuestra fe esperanzada.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

EN LA ADVERSIDAD TENEMOS OPORTUNIDAD DE DAR TESTIMONIO DE NUESTRA FE

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Lc 21,12-19
A lo largo de nuestra vida hay siempre momentos comprometidos, de cierto peligro y graves amenazas. Y son, precisamente, esos momentos los que nos brindan la oportunidad de descubrir y dar testimonio de nuestra fe. No se trata de que sean una bendición, pero, siendo inevitables que se presenten en nuestra vida porque el mal está siempre al acecho, nos dan la posibilidad de probar nuestra fe y con ello fortalecerla consolidando nuestra fidelidad al Señor.

Está escrito, y hoy nos lo dice el Evangelio, que seguir a Jesús nos exige sacrificios y renuncias. A la hora de defenderle y dar testimonio en su Nombre recibiremos y sufriremos toda clase de injurias, insultos, desprecios y amenazas. Y hasta en ciertos momentos pondremos en peligro nuestra vida. El Evangelio no deja duda respecto a esto y el mundo en el que vivimos nos lo ratifica.

Dar testimonio de nuestra fe en muchos países compromete a riesgos cada vez más graves hasta el extremo de arriesgar nuestra vida. Sin embargo, pese a todo esto, los cristianos continúan dándolo y arriesgando sus vidas porque, la esperanza se mantiene viva y porque nuestra fe nos alienta en la creencia que al final de nuestra vida la victoria está garantizada. Cristo ha vencido a la muerte y, nosotros, en Él también la venceremos.