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domingo, 30 de noviembre de 2025

EN ESTADO DE VIGILANCIA

Mt 24, 37-44

    A pesar de los conflictos y las amenazas que atraviesan la historia, los hombres desean la paz. Sin embargo, esclavos de sus egoísmos y de su soberbia, se enredan una y otra vez en enfrentamientos, disputas y guerras que ponen en peligro la estabilidad y la convivencia.

   —Siempre estamos en las mismas —comentó uno de los tertuliano —. Cuando menos te lo esperas, surge una amenaza y se arma un conflicto. No hay descanso.
    —Sucede lo de siempre —respondió Manuel, con gesto de disgusto     —. La vida está llena de desencuentros que provocan choques y violencia. Y al final, se arma el lío. Es el cuento de nunca acabar.
   —Afortunadamente —intervino Pedro—, en mi país llevamos un tiempo de paz. Pero aun así, siempre percibimos el riesgo de que estalle un conflicto que nos lleve a una guerra.
    —Eso es cierto —asintió Manuel—. Nunca hay tranquilidad.
Tras una breve pausa, prosiguió con semblante serio:
    —Jesús nos lo recuerda en Mateo 24, 37-44: igual que en los días de Noé, cuando el diluvio sorprendió a todos, así sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
    —¿Entonces? —exclamó el tertuliano, visiblemente preocupado—. ¿Qué va a pasar?
   —Lo que está escrito —respondió Manuel—. Algún día Cristo volverá, y hemos de estar vigilantes para cuando llegue ese momento. Él instaurará su Reino, una familia humana reconciliada, y conviene que nos encuentre preparados.

   El silencio se apoderó de la tertulia. Las miradas se cruzaron y, en medio de la inquietud, se dibujó también una esperanza: alcanzar algún día esa paz definitiva que sólo puede venir de Él.

sábado, 2 de diciembre de 2023

VIGILANTES EN ESTADO PERMANENTE

No te está permitido relajarte ni descansar. Esos instantes, al menor descuido, el tentados aprovecha la ocasión para seducirte, para llenar tu corazón del ruido mundanal que te atrae, te distrae y termina por seducirte.

¿Y qué es lo que busca? Simplemente, llenar tu corazón de las cosas del mundo que te procuren placer, satisfacción y divertimento. La sensación es aparentemente de felicidad, pero, pronto, todo vuelve a su cauce y tu estado vuelve a ser el mismo. Todo lo de aquí abajo es obsoleto y caduco y, en consecuencia, están destinado a desaparecer. Y lo que desaparece no puede nunca hacerte feliz. Sencillamente, desde que desaparece nada queda y tu ilusoria felicidad se evapora.

¿Qué hacer entonces? Reconocerte débil, pecador y caminar unido e injertado en el Espíritu Santo. ¡Recuerda!, lo has recibido el día de tu bautizo. Ha venido precisamente para eso, para acompañarte en ese camino lleno de peligros y tentaciones y fortalecerte para que puedas soportarlo y superarlo. Para mantenerte despierto y vigilante y firme en tu fe, esperanza y caridad.

Viene, el Espíritu, a sacarte de ti mismo, de tu entorno viciado, de tus problemas de siempre y de tu rutina de cada día. Porque, eso te cansa, te aburre y te paraliza. Te da pereza, dejadez y tedio y buscas alegrar tu vida con las cosas de un mundo caduco. Entras, casi sin darte cuenta, en la raíz del letargo y la pereza de la que habla precisamente el Evangelio.

Es el Adviento un tiempo que nos ayuda a salir de ese ambiente tronador de luces y fiestas que nos tientan a divertirnos y a olvidarnos precisamente de que Dios, hecho hombre, ha nacido. Es la Buena Noticia de salvación.

miércoles, 19 de octubre de 2022

LA CUESTIÓN ES LA ORACIÓN Y VIGILANCIA

Damos mucha importancia a la seguridad de este mundo. Seguridad para guardar a buen recaudo nuestros bienes, nuestros objetos de valor, nuestro tesoros con minúscula…etc. Pero, esa es la pregunta: ¿Guardamos nuestra alma vigilando estar preparados para cuando llegue la llamada de nuestra hora final? Porque, todo lo demás aún siendo importante no llega a la importancia y trascendencia de lo que nos jugamos en ese momento de nuestro ocaso.

Sin embargo, no se trata de esperar vigilando ese trascendental momento, sino, ¡esperar sí, pero con el mazo dando! Es decir, viviendo cada momento, cada instante como si fuera el último. En estado de alerta ante la actitud de actuar siempre en la verdad y según la Voluntad del Padre. En situación activa e inquietante de preguntarnos que nos pide nuestro Padre Dios en cada momento de mi vida.

Y en ese planteamiento de vida, la oración ocupa un lugar privilegiado. Hasta el punto de ser imprescindible como lo es la respiración o el alimento. No se puede llevar adelante un vida cristiana sin vigilancia – dice el Papa Francisco – pero, tampoco se podrá sostener esa vigilancia sin oración. La oración nos mueve y fortalece a estar vigilantes y atentos. A tener nuestra alcuza llena y nuestra lámpara encendida, ¿recuerdas?

En estas circunstancias la muerte – ese momento de nuestra partida de este mundo – no nos asusta tanto. Es la hora de la cita con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es el momento sublime de encontrarnos con la Verdad Absoluta. No le falta razón a Soeur Emmanuelle – monja francesa – cuando dijo que el momento de la muerte era el momento más glorioso de nuestra vida. Es el momento de nuestra verdad y esperanza.

Sería muy importante y cobra gran actualidad en el Evangelio de hoy esos diez consejos que propone el Papa Santo para la serenidad: ver aquí.

miércoles, 20 de octubre de 2021

¿HAS PENSADO QUE TU VIDA ES UNA ESPERA VIGILANTE Y PERMANENTE?

 

Quieras o no, la vida, tu vida, te exige un estar permanentemente vigilante. Vigilante de tu cuerpo y también de tu alma. Aunque, a decir verdad, eso lo de tu alma pasa más desapercibio. ¡La gran contradicción!, siendo el alma lo más importante se descuida más su vigilancia y su preparación. ¿Estás de acuerdo?

Mira, todo lo que consigues en este mundo tiene poco valor. A pesar de que, tú, yo y todos, le demos mucho valor. Su valor es relativo, dura poco su acción de disfrute y, sobre todo, tiene sus días contado. Porque, todo aquí abajo tiene fecha de caducidad. Las emociónes, los sentimientos, las satisfaciones, el poder, las riquezas, la gula, la concupiscencia, la envida, el egoísmo...etc. Todo se acaba menos la capacidad de amar. Amar olvidándote de ti y dándote a los demás. Amar como nos ama el Señor.

Porque, estamos hecho para amar y sin el verdadero amor nuestra alma no alcanza la plenitud a la que está llamada. Por y para eso necesitas estár permanentemente en guardia, en vigilia y en estado de alarma para no ser sorprendido viviendo en el desamor.  Jesús te lo expone claramente en el Evangelio corresponodiente: Lc 12,39-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre». 

Nuestra vida, por tanto, nos exigirá estar en una vigilia permanente poque no sabemos cuando se hará presente el Señor en nuestra vida.

martes, 19 de octubre de 2021

EN ESPERA VIGILANTE

 

Con el paso del tiempo descubres que la vida es una espera en vigilia. Sabes, y es lo único cierto en este mundo, que un día llegará tu hora final, y, aunque no piensas ni la tienes presente, te mantienes vigilante de tu salud. Y lo haces a través de los síntomas y enfermedades que te van avisando de tu estado de salud. 

Sin embargo,  esa preocupación por tu salud no se corresponde con la vigilancia por tu alma. Al menos en una gran mayoría de las personas. Y ese es el problema, porque la vigilancia más importante es cuidar la salud de nuestra alma. Y a eso se refiere el Evangelio de hoy:  

Lc 12,35-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!». 

Conviene estar vigilante, no sólo de la salud del cuerpo, que importa y debemos cuidarlo, sino - y es lo más importante - de la salud del alma, para que cuando llegue el Señor nos encuentre bien despierto y dispuestos con nuestras lámparas bien encendidas. O lo que es lo mismo, nuestra Vida de Gracia bien surtida y sostenida por nuestro amor escondido en nuestras obras de caridad.

Porque, cuando amas sirves y te pones a disponibilidad del que lo necesita. Y esa es nuestra esperanza, perseverar en el amor a la hora que decida el Señor presentarse en nuestra vida. Para que nos sorprenda en esa actitud de reconocerle como el Señor y Padre nuestro. Y amar como él nos ha enseñado con su Vida y su testimonio.

jueves, 26 de agosto de 2021

ATENTO A TU HORA

Mt 24,42-51

A nadie se le esconde que tiene asignada una hora final en este mundo. Y digo en este mundo porque, todos, sin ninguna excepción, esperamos que después de este mundo la vida siga. Es posible que muchos no lo piensen así o no lo crean, pero, independientemente de lo que tú pienses, tu corazón te dice que has sido creado para la eternidad. Y ese deseo, lo quieras o no, está impreso y deseado en tu corazón.

Muchos están, en estos instantes, consumiendo su tiempo en este mundo. Están en su hora final. Otros están casi en el instante, y a todos nos va llegando esos momentos. Muchos casi sin darnos cuenta, y otros repentinamente. Pero, cierto es que a todos nos llega. Luego, conviene prepararse y estar vigilante para que ese momento no nos coja desprevenidos. Ahora, ¿cuál es la preparación a la que debemos estar vigilante y, valga la redundancia, preparados?

Jesús nos lo aclara y descubre en el Evangelio de hoy: Mt 24,42-51 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no... 

Hemos sido creados, no para morir sino para una vida eterna. Y es, precisamente, esa vida eterna la que debemos de salvar en el recorrido que tengamos en esta vida. Por tanto, es evidente, lógico y se sentido común que durante nuestro camino por este mundo busquemos alcanzar la vida eterna para permanecer - eternamente - junto al Señor. ¿Qué nos jugamos?, podemos preguntarnos.  Pues, nada más que pasar la vida eterna - para siempre - en la Gloria de Dios Padre, o, de no lograrlo, el sufrimiento, dolor y rechinar de dientes para siempre. 

Es cosa muy seria, pero, que el demonio se encarga de borrar de nuestros pensamientos seduciéndonos con las cosas de este mundo. Y de dejarnos seducir nos arriesgamos a perder esa Vida Eterna que Jesús, el Hijo de Dios nos viene a anunciar de parte de su Padre. De manera, que no podemos justificarnos de que hemos sido avisados. Avisados estamos a permanecer vigilantes en el amor, porque, llegado el Señor, si nos sorprende en el amor a los demás, nos ha encontrado vigilantes y preparados

lunes, 9 de agosto de 2021

PENDIENTES DE LA HORA

 

En estos momentos no sé qué decir respecto a este Evangelio. Me cuesta encontrar respuestas que respondan - valga la redundancia -  a esa llamada cuando llega el novio. Por un lado me confunde que las unas no compartan con las que lo necesitan, pero, pienso también la irresponsabilidad y falta de preparación de esas cinco necias que indiferentes a la llegada del Novio, se duermen sin el suficiente aceite para mantener sus lámparas encendidas. Y, supongo que por la acción del Espíritu la luz enciende mi corazón y se aclaran las ideas.

La lección es clara, ¡hay que estar preparados! Y esa preparación comporta sacrificios, trabajo y vigilancia. Es verdad que en muchos momentos de nuestra vida nos descuidamos y nos dormimos. La dureza de la vida nos puede, pero el Novio nos avisa y nos despierta. El Espíritu de Dios siempre está pendiente de sus hijos e hijas y los llama con Amor misericordioso. Es posible que muchas veces no nos demos cuenta y permanezcamos dormidos. Hay que estar preparados y vigilantes.

La perseverancia de tu fe es necesaria y no la puedes compartir. Es un don de Dios y la reciben quienes la piden, la buscan y permanecen vigilantes hasta la hora en que llegue el Novio. ¿Qué nos está diciendo eso? Pues, que mi vida tiene que tener la suficiente vida de Gracia para que cuando llegue la llamada del Novio tener mi corazón dispuesto, limpio y encendido por la acción del Espíritu Santo. La puerta se abrirá en algún momento de nuestra vida y tendremos que estar atento y prestos a entrar cuando se abra.

miércoles, 21 de octubre de 2020

LADRONES Y LÍDERES

 
Estar vigilantes es algo consustancial al género humano, porque, el hombre intuye que le pueden quitar lo que tiene. Hemos nacidos por la Gracia de Dios, creados a su imagen y semejanza y, también, se nos ha dado el hermoso regalo de la Vida Eterna. Por tanto, ese espacio entre nuestro origen - venido de Dios - y nuestro destino, la Vida Eterna, se llama vida, es decir, el recorrido de nuestra vida. Y ese hermoso e infinito regalo lo podemos perder si no estamos vigilantes. Así que esa vigilancia es algo natural que debemos de tener muy en cuenta.
 
El ladrón siempre está al acecho buscando que puede substraer o apropiarse. Y no cabe ninguna duda que si supiéramos a qué hora viene el ladrón, no le dejaríamos entrar, pues estaríamos atentos y vigilantes. No sabemos la hora ni el día en que vendrá el Señor y de no estar vigilantes seremos sorprendidos en una actitud contraria a su Voluntad. Porque, vigilantes es estar en actitud permanente en vivir la escucha de su Palabra y ponerla en práctica cumpliendo su Voluntad.

Y esa será nuestra dicha, la de ser sorprendidos cumpliendo la Voluntad del Señor después de escuchar su Palabra y llevarla a nuestras vidas. Porque, eso es lo que ha dicho Jesús: Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Porque, de no estar vigilante podemos caer en la relajación y ser seducidos por los placeres y apetitos del mundo y alejarnos de nuestra misión para la que hemos venido a este mundo. 

Porque, tú y yo tenemos un liderazgo que cumplir en el ámbito doméstico, educacional o profesional. Todos somos líderes en algún sitio por insignificante que sea y en él hemos de derramar todos esos talentos que nos han sido regalados, porque, de ellos, se nos pedirá cuenta.

martes, 20 de octubre de 2020

EN ACTITUD DE VIGILIA

 

La vigilancia es una prueba de felicidad, porque solo vigila quien espera a alguien. Quien no espera es signo de estar distraído y, por tanto, se relaja, pero quien espera permanece despierto y en actitud vigilante y, por supuesto de esperanza. Esa actitud de espera descubre también una inquieta y vigilante fe en Aquel a quien se espera.

La pregunta es, ¿estoy yo vigilante y en actitud de esperar a alguien? Y si estoy en espera vigilante, ¿a quién espero? En esas preguntas pueden estar implícitas nuestras repuestas, porque, lo lógico no es esperar a alguien de nuestra misma naturaleza humana y categoría, pues no nos resolvería nuestras expectativas y esperanzas. Lo lógico es esperar al que nos llena de verdadera paz y felicidad y, además, nos ofrece y nos da la Vida Eterna. Porque, Él ha vencido la muerte con su Resurrección.

Esa es la espera buena y la que debemos aguardar con fidelidad, esperanza y alegría. Porque, el Señor vendrá, y vendrá, si nos encuentra vigilantes y cumpliendo su Voluntad,  a servirnos, pues son sus mismas Palabras la que nos dicen: (Lc 12,35-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!». 

Ahora tú decides: permaneces vigilantes o te relajas y distraes con las cosas que te ofrece el mundo. Tú tienes la palabra, porque, el Señor ha querido dejarte libertad para que por ti mismo decidas.

jueves, 27 de agosto de 2020

EN CUALQUIER INSTANTE

Mateo 24, 42-51 | Evangelio del dia, El hijo del hombre y Tiempo ...
Se nos olvida con facilidad que, nuestra vida, está y camina por el filo de la navaja. Eso significa que en cualquier momento puede ser herida y atravesada por la hoja afilada de la navaja. Es decir, pendemos de un hilo y en cualquier instante nuestra vida puede aspirar y desfallecer. Por tanto, esa posibilidad permanente nos exige máxima concentración y máxima vigilancia.

El ruido del mundo, que nos rodea, es una gran tentación y un gran peligro. Nos distrae, nos seduce y hace que perdamos nuestra atención y vigilancia. No cabe ninguna duda que nuestros compromisos mundanos los tenemos muy presentes e incluso nos preparamos para que no nos sorprendan ni se nos olviden. Ahora, nos preguntamos, ¿de la misma forma, sabemos lo que nos ha dicho nuestro Señor Jesús respecto al final de nuestra vida o a su segunda venida?

¿Tenemos en cuenta que nuestra hora - la muerte - puede venir sin avisarnos y, en cualquier momento, sorprendernos? Por tanto, es obvio repetirnos e insistir que necesitamos estar vigilantes y preparados para no ser sorprendidos a la llegada del Señor. Y nuestra preparación consiste en vivir según los talentos recibidos y posibilidades que nos ofrece la vida siguiendo la Palabra de Dios escuchada y fortalecida en y por los Sacramentos de la Reconciliación y Eucaristía. 

Y en el esfuerzo de cada día de vivir según la Voluntad de Dios. Una Voluntad que se traduce en dejarme llevar según los impulsos que el Espíritu de Dios mueve dentro de mí y actúa en mi corazón.

miércoles, 23 de octubre de 2019

NECESARIO ESTAR PREPARADO


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Lc 12,39-48
Es muy importante saber que el Señor está a nuestro lado y nos quiere salvar. Nos lo ha dicho por activa y pasiva. Pero nos pide que confiemos en Él, que tengamos confianza en Él. Estar preparado significa que le esperamos y que puede venir en cualquier momento.

Y tú y yo, y también todos, tenemos que estar vigilantes, atentos y preparados. La batalla comienza cada día y termino cada noche, para, de nuevo, con el amanecer del nuevo día empezar otra vez la lucha. Nuestra misión es impedir que nuestro corazón quede herido y perforado, dejando un hueco por donde pueda colarse el Maligno y dejar en nuestro corazón el veneno del pecado, contaminándolo y alejándolo del Señor. Y para evitar esa amenaza y esa herida, tenemos que estar en alerta vigilancia y tensión, de la misma forma que lo hacemos cuando realizamos una labor importante de riesgo y que demanda concentración.

Hay ladrones en el mundo. Ladrones que quieren vivir sin trabajar adueñándose del dinero y bienes trabajados por otros. Pero, ladrones también que viven en el pecado buscando  la manera de llevar a otros al pecado. Y nuestra naturaleza humana, débil y propensa a caer en la trampa está siempre en peligro antes estas tentaciones y seducciones que el mundo, demonio y carne le proponen.

Por todo ello, necesitamos estar preparados y en constante vigilancia, agarrados al Espíritu Santo para hacernos fuertes, no desfallecer y superar ese asedio y seducción que trata de invadirnos y perdernos para el Señor. Nuestro Señor, que vendrá sin avisarnos y que nos advierte para que sepamos perseverar y mantenernos siempre activos en su Palabra y según su Voluntad.

viernes, 30 de agosto de 2019

PREPARADOS Y LISTOS PARA PARTIR

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Mt 25,1-13
Cada momento es crucial e importante. Miremos que la última hora sucede en un momento determinado que no conocemos y para lo cual hay que estar muy bien preparado y vigilante. Ahora, en este momento, escribo y reflexiono, pero, al siguiente instante, ¿qué ocurrirá? Quiero significar y llamar la atención sobre la vida, mi vida en este caso. Depende de un hilo y en última instancia de Dios. Porque, Dios puede respetar la vida y dejar que su plazo venza o permitir que continúe. Así lo hizo durante su Vida pública con Lázaro, con el hijo de la viuda de Naín, con el hijo del jefe se sinagoga o con el siervo del centurión. Dios, nuestro Padre, es Señor de la Vida y de la muerte.

Pero, esa ahora está solamente en sus Manos. Nadie la conoce y eso nos exige estar en constante espera, porque, puede ser en este instante, o después, en otro momento o más adelante. Jesús, nuestro Señor, nos lo dice ahora y hoy y nos advierte para que no nos durmamos como ocurrió con las cinco doncellas necias: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

Y velad significa que tengamos la alcuza de nuestro corazón llena del aceite de la fe. Una fe que no se puede dar  porque es personal e intransferible. Solamente se puede testimoniar pero no se puede transferir ni dar porque es intransferible. De modo que, cargar nuestra alcuzas de esa buena aceite que simboliza nuestra fe es totalmente imprescindible y necesario. Y eso se consigue, primero pidiéndola y permaneciendo en el Señor por medio de su Palabra, de la oración y, sobre todo, por la frecuencia de la Eucaristía., donde la fortalecemos y recargamos para sostener encendido nuestros corazones y estar preparados a la llamada del Señor.

Estar vigilantes es vivir como si cada momento fuese el último de nuestra vida y la hora del encuentro con Dios nuestro Padre. 

miércoles, 24 de octubre de 2018

TALENTOS Y CUALIDADES

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Lc 12,39-48
¿Por qué unos piensan, tienen capacidad de discernimiento, más capacidad intelectual, son más creativos, desarrollan más destreza y...etc. ¿Han hecho más méritos para conseguir más talentos que otros? La respuesta debemos buscarlas en la distribución de talentos. Dios los ha distribuido según ha querido, a unos cinco, a otros dos y... - Mat 25, 14-30 - de forma gratuita.

¿Como tú ahora te haces dueño de esos talentos y los administras como dueño? ¿Acaso son tuyos? ¿No se te han dado para que los administres para bien y beneficios de todos? ¿Es qué no te das cuenta que iría todo mejor si tú pones esos dones y cualidades para bien de todos? Esa es la cuestión y el Evangelio de hoy pone todo clarito.

Por eso conviene leer el Evangelio, para enterarte de lo que dice y quiere el Señor, el único dueño de todo lo que tú tienes y el único que te pedirá cuenta. Porque, de no hacerlo serías también responsable de tus actos porque has cerrado tu mente a conocer los mandatos de tu Señor. Por lo tanto, necesitamos estar vigilantes, como decíamos ayer, y también en actitud de esfuerzo y de empeñarnos en crecer respecto a todo lo que hemos recibido.

No podemos dejar nada en el saco y no darle utilidad y provecho. Todo lo que sabes y puedes aprender se te exige para que lo pongas en bien común. De todo ello se nos pedirá cuenta cuando nos presentemos delante del Señor y en cada momento de nuestra vida. Nuestra actitud debe ser vigilante y atentos a actuar en cada momento como el Señor nos pide.

martes, 23 de octubre de 2018

EL TESORO DEL TIEMPO

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Lc 12,35-38
La vida siempre es corta, y cuando no lo es se pasa muy mal. Cuántas veces hemos oído decir: ¿qué voy a hacer ahora sin fútbol, o sin trabajo, o cuando me jubile...? Necesitamos buscar compromisos y llenar el tiempo de nuestra vida. Pero, el problema no está en llenarlo sino el saber de que conviene llenarlo. Porque, se puede llenar de muchas cosas superfluas, sin contenidos, vacías y simplemente para pasar el rato.  

Y eso no nos llena. Es posible que nuestra conciencia se vaya alargando tanto que ya no nos importa nada y sólo buscamos ocio y diversión. Nuestro tiempo se convierte en lo necesario para lo imprescindible y, despojado de todo compromiso, satisfacer mis necesidades y mis caprichos y pasarlo lo mejor posible.

A pesar de todo lo que puedas experimentar, el final será vacío e insatisfactorio. Por una simple razón, todo eso es hueco, caduco y no te llena. Igual que entra y parece alegrarte y satisfacerte, con la misma se va y vuelves a lo mismo. Sin darte cuenta te esclavizas cada vez más y quedas atrapado por una espiral que te domina y somete. Terminas angustiado y desesperado y con la vejez cada vez más cerca. 

Es posible que no te des cuenta, pero tu tiempo es tuyo y de ti será también tu responsabilidad. No te faltarán argumentos, pues tu vida la empleas como quieras, pero dependerá de lo que des lo que tú también recibas. Y cuando todo termine el Dueño de la vida repartirá premios, premios de eternidad y plenitud, pero quienes lo hayan recibido ya en este mundo no recibirán más. Ya han gozado lo que han elegido.

Necesitamos aprovechar el tiempo de nuestra vida para ahorrar un verdadero tesoro que sea eterno y pleno, y eso sólo lo lograremos estando vigilantes y en actitud de vivir esa vida según la Voluntad de Dios.
#alaluzdelespiritu

jueves, 30 de agosto de 2018

DISTRAÍDO POR EL MUNDO, DEMONIO Y CARNE

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Es posible que no lo adviertas ni te des cuenta. Es posible que no lo notes, pero el Señor está y pasa por tu lado a cada instante. Está dentro de ti y, como diría San Agustín, tú lo buscas afuera mientras Él permanece en tu interior. Y un día, sin saberlo, te encontrarás con Él cara a cara. Ese día será un día grande, el más grande de tu vida, pero también puede ser el peor día de tu vida. Dependerá de tu vigilancia y de estar atento a ese encuentro.

Y, para que no ocurra lo que tú ni nadie quiere, hay que estar vigilantes, porque no sabemos la hora ni el día, pero sí sabemos que llegará ese instante. No hay nada más cierto que la muerte, pero, también más incierto que la hora de su llegada. Podemos vislumbrarla, pero nunca saber qué día será. Nos hacemos viejos, pero tampoco nos damos cuenta cómo nos vamos haciendo. Todo crece en silencio sin darnos cuenta hasta que un día lo advertimos.

Y cuando nos damos cuenta ya es tarde. Lo que se ha hecho, hecho está y no hay más posibilidades de volver atrás. Tu tiempo y el mío ha acabado. De ahí la gran importancia de permanecer en constante vigilia y atentos a nuestra forma de vivir para que nos sorprenda el Señor haciendo su Voluntad y no la nuestra según rezamos diariamente en el Padrenuestro.

Y para eso lo mejor es permanecer unido al Señor en la oración, la Eucaristía y la Penitencia, que nos fortalece y nos da la Gracia de reflexionar y corregirnos cada día. No podemos alejarnos porque el demonio está al acecho y juega con muchas cartas a su favor, el mundo y la carne. Son, junto con él los mayores peligros que nos amenazan. Por lo tanto, estemos atentos y vigilantes porque no sabemos a qué hora llega el Señor.

domingo, 3 de diciembre de 2017

EL SEÑOR INSISTE EN DESPERTARNOS

Mc 13,33-37
Empezamos el Adviento, y eso significa que es tiempo de preparación y de espera expectante a la venida del Señor.No sabemos la hora de su llegada ni tampoco el día. No sabemos cuando será el final. Sólo sabemos que debemos estar vigilantes y preparados, pues llegará sin avisar.

Es muy importante tomar conciencia de Dios. Un Dios que vive y que se ha hecho Hombre, tiempo que preparamos ahora, encarnado en la Virgen María. Un Dios que vino sin avisar, sin armar escándalo. Sólo un humilde aviso a aquellos pastores que pastoreaban sus rebaños. Pero, un Dios hecho Hombre revestido de humildad y sencillez. Un Dios hecho Hombre que anuncia su Reino. Un Reino que no es de este mundo y que se hace en la medida del amor que gastemos en nuestro camino.

Porque, ese Dios, sin reino aquí en este mundo, nos deja un sólo mandato: "Ámesen unos a otros como Yo les he amado". Él es la referencia, el guía, el modelo. Por lo tanto, esperar y vigilar no es cruzarse de brazo y montar guardia, sino vivir cada instante de nuestra vida en constante esfuerzo por amar. Y eso significa estar atento a lo que sucede a nuestro derredor y a lo que, cada uno de nosotros, podemos dar y ofrecer como alivio a los demás.

Estar atento y expectante para que, la venida del Señor, no nos coja distraidos consiste en vivir en actitud de parecernos a Jesús. Para eso, leemos todos los días su Palabra en el Evangelio de cada día, y tomamos conciencia de ella haciéndola nuestra aplicada a nuestra vida. Precisamente, hoy nos recuerda esa actitud vigilante. Nos sugiere estar atentos y con nuestras lámparas bien cargadas y nuestras alcuzas llenas. Porque, como a los doncellas necias, nos puede ocurrir que venga el Señor y no nos enteremos o no estemos lo debidamente preparados. Y se nos puede cerrar la puerta.

Y el mundo está preparado para adormecernos, para distraernos y para despistarnos. Tiene muchos recursos y ofertas que nos seducen y puede distraer nuestra atención. Tengamos cuidado.

martes, 24 de octubre de 2017

VIVIENDO EXPECTANTES A TU LLEGADA

Lc 12,35-38
Lo verdaderamente importante en la vida eres Tú, Señor, y, para mí, lo más grande que puedo hacer es estar atento a tu venida, que será el día de mi hora final en este mundo. Ni que decir tiene que será el día más glorioso de mi vida. ¡Qué dicha esperar así la hora de la muerte!

Sí, sé ciertamente que eso pocos lo entienden, y que me tacharán de loco, incluso en mi propia familia. La gente está atenta a las cosas del mundo, un mundo caduco que desaparecerá. No significa esto que, mientras estemos aquí abajo, no tengamos que estar pendiente, luchar y trabajar por las cosas de este mundo. Sobre todo tratar de mejorarlo, pero otra cosa diferente es estar pendiente de él como si nos fuera la vida en ello.

Quien importa es el Señor y Él es lo primero, porque de Él depende todo lo que está y no está contenido en el mundo. Precisamente, nuestro principal y verdadero mundo empieza cuando le abramos la puerta de nuestra vida a Él. Y eso ocurrirá en el momento final de nuestra vida en este mundo. Entramos en el otro, y eso dependerá mucho de cómo hayamos gastados nuestro tiempo y de cómo lo hayamos empleado. Nadie podrá abrir la puerta por ti. Estás solo ante Él, y sólo a Él rendirás el empleo de tu tiempo y de tu amor.

¡Que importante será estar preparado y vigilante! Y eso significa estar atento a su Palabra y al esfuerzo de cada día por vivirla. Vamos deprisa el encuentro con Él. Nuestra vida corre velozmente y su recorrido por este mundo se acaba. Llega la hora de empezar el verdadero tiempo eterno de nuestra verdadera vida, y eso dependerá mucho de cómo hayamos gastado nuestro tiempo. Y, para gastarlo bien, necesitamos estar pendiente del Señor, de su Palabra y de la acción del Espíritu Santo en nosotros.

Estar atento es vivir pendiente de la puerta, de esa puerta de nuestro corazón entregado al Señor y vigilar para estar preparado para cuando nos llame. Y nos preparamos tratando de vivir cada instante en el esfuerzo de amar entregando la vida en beneficio del bien, la verdad y la justicia.

jueves, 31 de agosto de 2017

TODO SE REDUCE A UN MOMENTO

Mt 24,42-51
Nos jugamos nuestra vida en un momento. Y no sabemos cuándo, ni dónde, ni tampoco cómo. Pero toda tu vida, tus obras, tus afanes, tus proyectos y tu gozo y alegría, te la juegas en un instante. Ese mismo instante que sucedió con el buen ladrón -Lc 23, 39-43-. Todo fue en un momento. Su corazón se encontró con el de Jesús y supo reconocer su condición pecadora y postrarse a los pies de Jesús y a su Misericordia. Hermoso y emocionante, porque salvó su vida en un instante.

Hoy, ayer, en su audiencia de los miércoles, nuestro Papa Francisco nos hablaba de ese primer encuentro con Jesús que cambia nuestra vida. Para Dimas, el buen ladrón, ese momento, instantes antes de su muerte, fue el primer y ultimo encuentro con Jesús en la tierra, para luego pasar toda su vida con Él en el gozo eterno del Cielo. 

También nosotros hemos tenido ese primer encuentro con Jesús, y debemos traerlo a nuestra memoria, como nos recordaba el Papa, para gozar de él y refrescarlo, avivando nuestro primer amor con el Señor y llenarlo de entusiasmo y esperanzas renovadas. Porque no sabemos ese instante y debemos tener nuestra libreta de ahorros bien llena de horas gastadas por y con amor. Porque esa es la moneda de cambio que se acepta en el cielo. No se puede pagar sino con amor, y a quien le falte amor lo pasará muy mal.

Por lo tanto, la vigilia es lo más importante que podemos hacer en nuestra vida. No relajarnos con las cosas de este mundo, que, aunque nos apetecen y son buenas, pueden convertirse en nuestra perdición cuando las deseamos como fuentes de nuestra felicidad. Porque, en ellas no está la felicidad, pues son caducas y efímeras. Pertenecen a este mundo y todo lo de aquí abajo se corrompe y desaparece. Vigilar es, pues, lo que se impone, y eso significa estar atento a vivir amando y perdonando, tal y como vivió Jesús en su paso por este mundo.

Y para ello le necesitamos. Necesitamos relacionarnos con Él, y hacerlo nuestro alimento espiritual. Para ello, la Iglesia, con nuestro Papa a la cabeza, directo sucesor de Pedro, en quien Jesús fundó su Iglesia, nos ofrece la posibilidad de, en cada Eucaristía, alimentarnos con su Cuerpo y Sangre para mantenernos atento a nuestro instante y estar directamente con Él.

jueves, 25 de agosto de 2016

AMAR, AMAR Y AMAR A CADA INSTANTE

(Mt 24,42-51)

No se trata de estar inquieto, asustado o agobiado por la espera o la llegada del Señor. Se trata de esperarlo confiado y esperanzado en su Misericordioso Amor, que nos perdona y nos salva. Pero hay una forma concreta de espera, que no falla nunca y es la que el Señor espera que hagamos en nuestra vida. Se trata de amar.

Amar, amar y amar a cada instante. Que nos sorprenda amando. Y esto sucede cuando vivimos en el esfuerzo del amor. ¿Qué significa esto? Significa que amar no consiste en sentir, ni apetecer, ni gustar. Amar es un compromiso por el que tú o yo nos esforzamos en servir, en escuchar, en comprender, en perdonar y en ser pacientes. Y, quizás, muchas cosas más.

Amar es respirar inocencia, buena intención, ingenuidad, unidad, deseos de paz y concordia. Amar es construir justicia, fraternidad, generosidad, amabilidad y paz. Amar es perfumar con el olor de tu corazón todo el ambiente que te rodea y llenarlo de justicia, misericordia y fe. Para que cuando llegue el Señor te encuentre perfumando el ambiente con ese perfume de la marca "amor".

Y cada instante de tus instantes amas, si pones tu vida al servicio del otro; amas, si lo que te importa es ser luz, camino y bien para el otro; amas, si,  olvidándote de ti, te das para que el otro viva por ti. Y, el amor, no es heroico ni de grandes batallas, sino de pequeñas cosas que saben morir cada día para que el otro viva. Es un amor que se deja ver en tus esfuerzos misericordiosos, de justicia y de fe.

Amar es tomar a Jesús por modelo y, en Él, procurar vivir lo que Él vivió e hizo durante su tiempo en la tierra. Amar, al final, es silenciar tu vida y tus proyectos, y, dejándolos en Manos del Espíritu Santo, dejarte llevar para que Él te indique donde debes ponerla.

jueves, 27 de agosto de 2015

YO QUIERO SALVARME, ¿Y TÚ?

(Mt 24,42-51)


No nos hemos dado cuenta de la hora en que vinimos al mundo. Pero si conoceremos y viviremos las, al menos, últimas horas que estaremos y despediremos este mundo. Ahora, si eso es así, lo importante es saber qué sucederá al final, es decir, después de la despedida.

Ni que decir tiene que la fe juega un papel vital y definitivo. Creer o no creer es la cuestión y el gran Tesoro. Porque de ello dependerá nuestra salvación y felicidad eterna. Todo nos lo jugamos a una carta: La fe. Pero para ello necesitamos estar vigilantes. El Evangelio de hoy nos lo desvela y descubre en la Palabra del Señor: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.

Y estar vigilantes es estar a la escucha, atentos a sus pasos y en perseverante seguimiento de su Palabra. Viviéndola y vivenciándola en el prójimo. El otro camino es seguirte tu mismo, o seguir a uno que, a pesar de su inteligencia y poder, es de este mundo y está sujeto a la caducidad y a la muerte tal y como lo estás tú. Lo primero es tomar conciencia que seguir alguien mortal como tú no da mucha garantía. 

Lo segundo es que la experiencia de nuestro propio camino nos enseña que ese camino, valga la redundancia, no es el camino de la salvación. Porque cuando tu amor se queda en ti y no se regala y da al otro, el efecto del gozo es perecedero, temporal y caduco. Y el Amor es imperecedero, no se gasta nunca, es eterno.

Hay un testimonio, un ejemplo y una Vida que lo demuestra y revela: Jesús de Nazaret. El amor del mundo es amor caduco que no da la felicidad plena. Y yo, como digo arriba, quiero vivir eternamente y plenamente feliz. Porque puedo ser eterno pero no feliz. Las Palabras de Jesús: "allí será el llanto y el rechinar de dientes"  revelan que nadie va a permanecer muerto, porque estamos hechos para la eternidad. Pero otra cosa es ser plenamente feliz. Puede ocurrir que, porque rechazamos la fe en el Señor, elegimos ser infeliz eternamente.

Yo, por la Gracia del Señor, quiero abrirme a la fe que Él me regala como un don gratuito, y ser feliz plenamente y eternamente. Amén.