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lunes, 11 de abril de 2022

DAR SIN ESPERAR RECIBIR


Hoy, como ayer, hay también muchos ladrones. Ladrones que roban la verdad vistiéndola de mentira; ladrones que se apoderan del trabajo y dinero de otros empobreciéndolos; ladrones del pensamiento que imponen el suyo hasta el punto de disfrazarlo de verdad – ideologías – en apariencias escondidas en falsedades y mentiras. Siempre habrá pobres, porque, también siempre está el pecado y el mal presente. Precisamente, la vida es el recorrido y la prueba de la lucha del bien contra el mal, y, por supuesto, con la asistencia y auxilio del Espíritu Santo, recibido en nuestro bautismo, podemos salir vencedores.

Hay muchas ONG que, al final, viven de eso, de la limosna de los que, compadecidos, dan para auxiliar a los más pobres y carentes de lo imprescindible para vivir dignamente. Pero ¿qué sucede al final?, pues, terminan en empresas que se acomodan y donde muchos se enchufan y viven cómodamente. La pregunta que nos hacemos es: ¿No es eso también robarle a los pobres? La caridad empieza y, así debe ser, por ser gratuita y sin esperar recompensa. ¿Cómo entonces se termina en ser una fábrica de enchufes? Sí, conviene tener un mínimo para poder dedicarse a ella, pero, nunca un lugar para, quizás, enchufar al amigo. Y no se trata de criticar a ninguna ONG, sino, simplemente, poner el problema sobre la mesa. Cada cual sabrá que es lo que hace.

Jesús, nuestra referencia y modelo, se dio totalmente gratis y sin condiciones. Entregó su Vida plenamente y no se guardó nada. Él es el ejemplo, y así, con nuestras limitaciones y problemas, debemos actuar nosotros en lo que respecta y se refiere a la caridad. Pensar en los pobres y dar lo que tienes a los pobres. Dar de tu tiempo; de tu trabajo; de tus habilidades; de tus conocimientos…etc. Dar de esa mochila – tus talentos – que has recibido gratuitamente. Y dar desde tu libertad y tu amor. Siempre gratuitamente y sin esperar recompensa.

miércoles, 21 de octubre de 2020

LADRONES Y LÍDERES

 
Estar vigilantes es algo consustancial al género humano, porque, el hombre intuye que le pueden quitar lo que tiene. Hemos nacidos por la Gracia de Dios, creados a su imagen y semejanza y, también, se nos ha dado el hermoso regalo de la Vida Eterna. Por tanto, ese espacio entre nuestro origen - venido de Dios - y nuestro destino, la Vida Eterna, se llama vida, es decir, el recorrido de nuestra vida. Y ese hermoso e infinito regalo lo podemos perder si no estamos vigilantes. Así que esa vigilancia es algo natural que debemos de tener muy en cuenta.
 
El ladrón siempre está al acecho buscando que puede substraer o apropiarse. Y no cabe ninguna duda que si supiéramos a qué hora viene el ladrón, no le dejaríamos entrar, pues estaríamos atentos y vigilantes. No sabemos la hora ni el día en que vendrá el Señor y de no estar vigilantes seremos sorprendidos en una actitud contraria a su Voluntad. Porque, vigilantes es estar en actitud permanente en vivir la escucha de su Palabra y ponerla en práctica cumpliendo su Voluntad.

Y esa será nuestra dicha, la de ser sorprendidos cumpliendo la Voluntad del Señor después de escuchar su Palabra y llevarla a nuestras vidas. Porque, eso es lo que ha dicho Jesús: Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Porque, de no estar vigilante podemos caer en la relajación y ser seducidos por los placeres y apetitos del mundo y alejarnos de nuestra misión para la que hemos venido a este mundo. 

Porque, tú y yo tenemos un liderazgo que cumplir en el ámbito doméstico, educacional o profesional. Todos somos líderes en algún sitio por insignificante que sea y en él hemos de derramar todos esos talentos que nos han sido regalados, porque, de ellos, se nos pedirá cuenta.

jueves, 28 de agosto de 2014

CONTINUAMOS DORMIDOS POR EL ACUNAMIENTO DEL MALIGNO

(Mt 24,42-51)


Nos dejamos someter y esclavizar por las luces de este mundo, un mundo de apariencias y caminos falsos que conducen todos al mismo lugar:  al vacío y al sin sentido. Pero lo peor no es eso, sino nuestra propia incapacidad de reacción. Juntamos nuestras manos y nos dejamos encadenar con el yugo de las apetencias y apegos que alimentan nuestra esclavitud y debilitan nuestra voluntad.

No somos conscientes del peligro que supone no saber la hora ni el momento. Podemos ser sorprendidos sin estar preparados porque la hora de la muerte no avisa. Eso nos debe alertar a estar en constante vigilia acercándonos a los sacramentos, penitencia y Eucaristía, y al constante esfuerzo de vivirlos en el amor y el desprendimiento con los demás.

Ser vigilantes nos empuja a estar atentos a la Palabra del Señor que cada día nos habla y nos alumbra el camino que debemos seguir. Hoy, por ejemplo, nos recuerda la necesidad de estar vigilantes y pendientes de la venida del Señor, porque en el momento de nuestra hora tenemos la cita más importante de nuestra vida. Y de ella dependerá el gozo y la alegría vivida en vida eterna.

Sabemos que la última hora no será consecuencia de un momento, sino que será la trayectoria de cada día. Por eso hoy, el Evangelio nos invita a perseverar y estar vigilantes para que no nos sorprenda la llegada del momento final en este mundo sin la actitud y el esfuerzo del vivir cada día en la presencia del Señor.