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miércoles, 9 de agosto de 2023

LAS QUE ESTABAN PREPARADAS ENTRARON CON ÉL AL BANQUETE DE BODAS.

Esa es la cuestión y lo que verdaderamente importa en este mundo lleno de hipocresías y de mentiras que tratan de seducirte y de que, cuando llegue el Esposo, no estés preparado. Eso fue lo que les ocurrió a aquellas cinco vírgenes necias que descuidaron sus provisiones de aceite y, llegado el momento, pasó lo que pasó.

Igual puede pasarnos a nosotros si no estamos preparados. Cada día, cada hora es un reto porque la muerte puede llegar en cualquier momento. Estar preparado es estar atentos a la escucha de la Palabra de Dios en cada instante. Estar preparados es ponernos en manos del Espíritu Santo para que nos alumbre, nos fortalezca y estemos prestos a vivir según la Voluntad de nuestro Padre Dios.

Y esa preparación se consigue, primero, pidiéndoselo al Señor – oración – y segundo alimentándonos de su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía previo propósito de enmienda de confesar nuestras faltas, fallos y debilidades y abrirnos a la acción del Espíritu Santo que actúa en nosotros desde la hora de nuestro bautizo.

Por tanto, tengamos muy presente el tener nuestras alcuzas llenas de aceite. Ese aceite que contiene la escucha atenta de la Palabra de Dios y nuestro pobre y humilde esfuerzo por sostenernos en su cumplimiento. Para ello tenemos el arma poderosa de la oración, la renovación y misericordia de Dios a través del sacramento de la reconciliación y el alimento espiritual de su Cuerpo en la Eucaristía.

martes, 9 de agosto de 2022

EL DÍA, LA HORA Y EL INSTANTE

Mt 25, 1-13

Sería muy bueno y vital para un creyente pedirle al Señor la Gracia de conocer el día, la hora y el instante de nuestra muerte. De una cosa estamos seguro, ese día, esa hora y ese instante llegará. Por tanto, conocerlo nos será de gran provecho y utilidad pues, incidirá de manera importante e intensa en nuestra manera de vivir y comportarnos. ¿Quién sabiendo su día, hora e instante de muerte no se prepara para ello? ¿Quién, sabiendo el día, la hora y el instante de su partida de este mundo y encuentro con el Señor, no lleva su alcuza y lampara preparada para presentarse ante su Señor?

Todo sería muy diferente. Supongo que desde la fe viviríamos pendientes de ese día y cuidándonos de tener suficiente aceite en nuestras alcuzas para no perdérnoslo por no tener nuestras lámparas encendidas y encontrarnos la puerta cerrada. Sin embargo, pienso que si nuestro Padre Dios así lo ha previsto es porque nos conviene y es la mejor manera para nosotros. Quizás de la otra forma nuestra vida se nos haría imposible y viviríamos encorsetados y temerosos de la llegada de ese día.

Será más sorprendente y gozoso ser llamados de forma inesperada y sorprendidos con nuestras alcuzas llenas de aceite y nuestras lámparas encendidas. Sería muy gozoso ser llamados y encontrados con nuestras manos plenas de amor y de buenas intenciones a pesar de nuestros fallos, debilidades y pecados. Porque, la Misericordia de nuestro Padre Dios es Infinita y sabe lo que realmente se esconde en lo más profundo de nuestros corazones. Sería hermoso ser descubierta nuestra fe libremente y de manera sorpresiva para que no haya duda de nuestro amor y nuestra verdadera intención.

 

—Y es así como lo ha previsto y querido el Señor —afirmó Manuel.

—Sin lugar a duda —respondió Pedro.

—Sería poco meritorio por nuestra parte ser avisados. ¿Dónde estaría nuestro mérito, si así se puede decir? Ser libre exige determinación, discernimiento y elección.

—Y premio —agregó Pedro. Pues, la recompensa de la fe, perseverancia y fidelidad trae y deriva en el gozo y felicidad eterna.

viernes, 27 de agosto de 2021

¡ QUE VIENE EL ESPOSO!

Mt 25,1-13

No se trata del cuento del lobo, sino de la realidad de nuestra vida. Un día nos tocará también a nosotros oír esa voz o anuncio de que ¡llega el Esposo! Y la pregunta que me hago es: ¿Estoy preparado? ¿O puede que me suceda lo mismo que a aquellas cinco doncellas necias? Esa es precisamente la cuestión y de lo que realmente se trata. Estoy preparado para acudir a la llamada del Esposo cuando me llame, o, por el contrario me duermo en la negligencia de no estar debidamente vigilante y preparado.

Porque, es un hecho que nos puede pasar. Dormirnos es hasta cierto punto normal. Nuestra condición humana puede quedar vencida por el sueño, pero, despertados tenemos que encontrarnos preparados y dispuestos a entrar por esa puerta a la que nos invita atravesar. De no estarlo, ¿qué nos puede pasar?

Mi sensación en estos momentos es de no estar preparado. Me inclino más a ser uno de esa partida que se ha dormido sin llevar alcuzas ni la suficiente aceite para reponer las lámparas y mantenerlas encendidas. Y eso me impedirá entrar por esa puerta a la hora que me llame el Esposo. Tengo la esperanza de la Infinita Misericordia del Esposo, pero, también sé de su Infinita Justicia. Y nadie, es de sentido común, me deberá eximir de mis responsabilidades y deberes.

Experimento ese vacío interior de no estar respondiendo a la llamada del Señor tal y como Él quiere. Es decir, vigilante y preparados. ¿Preparado en qué? Pues, preparado en amar. Amar como Él me ama, sin condiciones, sin revancha, sin venganza y sin pedir explicaciones al amado. Será Dios quien nos tenga que juzgar a ambos. Tú, por ahora, trata solo de amar. Y es que el amor no se puede prestar. Se tiene y se da, o simplemente, no se tiene y no se puede dar. Por eso, procuraré tener mi alcuza llena de aceite para que llamado por el Esposo pueda entrar sin más dilación.

viernes, 30 de agosto de 2019

PREPARADOS Y LISTOS PARA PARTIR

Resultado de imagen de Mt 25,1-13
Mt 25,1-13
Cada momento es crucial e importante. Miremos que la última hora sucede en un momento determinado que no conocemos y para lo cual hay que estar muy bien preparado y vigilante. Ahora, en este momento, escribo y reflexiono, pero, al siguiente instante, ¿qué ocurrirá? Quiero significar y llamar la atención sobre la vida, mi vida en este caso. Depende de un hilo y en última instancia de Dios. Porque, Dios puede respetar la vida y dejar que su plazo venza o permitir que continúe. Así lo hizo durante su Vida pública con Lázaro, con el hijo de la viuda de Naín, con el hijo del jefe se sinagoga o con el siervo del centurión. Dios, nuestro Padre, es Señor de la Vida y de la muerte.

Pero, esa ahora está solamente en sus Manos. Nadie la conoce y eso nos exige estar en constante espera, porque, puede ser en este instante, o después, en otro momento o más adelante. Jesús, nuestro Señor, nos lo dice ahora y hoy y nos advierte para que no nos durmamos como ocurrió con las cinco doncellas necias: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

Y velad significa que tengamos la alcuza de nuestro corazón llena del aceite de la fe. Una fe que no se puede dar  porque es personal e intransferible. Solamente se puede testimoniar pero no se puede transferir ni dar porque es intransferible. De modo que, cargar nuestra alcuzas de esa buena aceite que simboliza nuestra fe es totalmente imprescindible y necesario. Y eso se consigue, primero pidiéndola y permaneciendo en el Señor por medio de su Palabra, de la oración y, sobre todo, por la frecuencia de la Eucaristía., donde la fortalecemos y recargamos para sostener encendido nuestros corazones y estar preparados a la llamada del Señor.

Estar vigilantes es vivir como si cada momento fuese el último de nuestra vida y la hora del encuentro con Dios nuestro Padre. 

domingo, 12 de noviembre de 2017

EL NOVIO LLEGA REPENTINAMENTE

Mt 25,1-13
Hace escasos minutos, mi mujer recibió un mensaje en su móvil de una amiga que le comunicaba la muerte repentina del hijo, supuestamente joven, de otra amiga común. Al reflexionar este Evangelio me ha venido de inmediato esta triste noticia, la llegada repentina de la muerte. Lo sabemos, la muerte no avisa, pero tampoco el Novio. Eso deja una cosa muy clara, hay que estar preparados.

Sin embargo, a pesar de que lo sabemos, nos dormimos. Lo mismo ocurre, incluso, cuando tenemos serias preocupaciones. Nos dormimos, porque el cansancio no vence. Y, afortunadamente debe ser así, pues de no serlo, difícilmente viviríamos. Nuestra naturaleza es limitada y débil. El pecado la vence y la duerme. Así nos lo dice el Evangelio de hoy: Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. 

Observamos que también se durmieron las prudentes. Y es que el cansancio nos vence, doble razón para estar bien preparados. Porque, no sabemos la hora ni el día, ni tampoco el momento. Puede venir despacio, lentamente o repentinamente. En ambos casos hay que estar preparado, porque, aunque llegue lentamente, si no estás preparado, difícilmente podrás hacerlo. Porque la relación con Dios necesita tiempo y experiencia de encuentro con Él. Claro, para Él todo es posible, y, Él, sabe muy bien lo que hay en lo más profundo de nuestros corazones.

Pero, nuestro compromiso y deber es estar preparado para recibirle en las mejores condiciones posibles. La fe no se puede dar y se necesita mantener encendida. Se tiene o no se tiene. Hay que pedirla, porque sólo Dios la puede dar No puedo llenar tu vida con la mía. Eso te pertenece a Ti. El aceite de mi alcuza dará sólo para sostener mi fe encendida, y de compartirla contigo corremos el riesgo de que sostenga la fe de ambos.

La fe es algo muy personal y que cada cual debe cuidar llenando su alcuza sacramental del alimento espiritual necesario para encontrarse con el Novio. Necia o prudente llegará tu hora, pero será conveniente que seas prudente, porque eso signfica que has llevado tu vida coherentemente con la Palabra de Dios. No así las necias, que se han dejado llevar por el mundo.

viernes, 30 de agosto de 2013

A LA ESPERA DE TU LLEGADA

(Mt 25,1-13)


No sé Señor cuando vendrás. Tú nos lo has prometido, pero no sabemos ni la hora ni tampoco el día. ¿Por qué no puede ser en este mismo momento, o mañana o cualquier día inesperado? Una cosa es segura: vendrás. Vendrás porque Tú lo has dicho, y Tú tienes, Señor, Palabra de Vida Eterna.

También me puedes llamar en cualquier momento de mi vida. Igual puede ser ahora, o mañana o cualquier otro día. Mis días están contados por tu Inifinita Sabiduría, y sólo Tú sabes cuando estaré en tu presencia. Temo Señor ese momento, y no tanto cuando Tú decidas llamarme. 

Eso sí, quisiera aprovechar para pedirte que me sostengas despierto y preparado, como a esas doncellas prudentes. Quisiera pedirte, por encima de todo, que no descuide el tener mi alcuza llena de aceite y presta a mantener mi lámpara encendida alumbrando mi vida para cuando Tú decidas visitarme.

Quisiera pedirte que me des la sabiduría de entender que el aceite de mi fe no la puedo dar, pues la fe solo la regalas Tú. Por eso, necesito estar vigilante, agarrado y sostenido en Ti sin perderte de vista. Tú eres el aceite que sostiene mi lámpara encendida y luminosa para alumbrar mi vida que conduce a ese Banquete que nos tienes preparados.