ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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domingo, 28 de mayo de 2017

PERMANECE CON NOSOTROS HASTA EL FINAL DE LOS TIEMPOS

(Mt 28,16-20)
Son sus últimas Palabras antes de ascender a los Cielos a la derecha del Padre. Son Palabras de esperanza, de amor y de autoridad. Palabras que nos confortan, nos fortalecen y nos llenan de gozo y de alegría ante todas las dificultades y tropiezos del camino. Porque estamos con el Señor y el mismo nos lo ha dicho: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Jesús, el Señor, lo puede todo. Y todo lo que hará será para el bien de sus amigos, pues ya no nos llama siervos, sino amigos - Jn 15,15 -. Hará lo que nos conviene, y nadie mejor que Él sabe lo que nos conviene a cada uno. Sin embargo, algunos dudamos, tal y como también dudaron algunos de sus discípulos. Y Jesús nos repite que Él es el Señor, y lo puede todo.

Por eso, enviado por el Padre, ha venido a ofrecernos la liberación y a salvanos. Ha venido a liberarnos del pecado, de la ignorancia de creer que sin Él podemos encontrar la felicidad. Necesitamos creer en Él, porque en el mundo y en sus cosas no encontramos la felicidad. Esa es nuestra experiencia, la muerte. Es lo que nos ofrece el mundo, pues detrás de todo lo que nos ofrece se esconde en sin sentido y el vacío.

Sólo en el Señor encontraremos esa felicidad que buscamos y que experimentamos dentro de nosotros cuando estamos en y con el Señor. Y, Él, se va a los Cielos, a la derecha del Padre, a prepararnos un lugar para luego, en su segunda venida, llevarnos con Él. 

Se va, pero nos ha prometido que estará con nosotros hasta el final de los tiempos. Y el Señor lo que dice lo cumple. Así ha sido hasta su Resurrección y Ascensión a los Cielos.

sábado, 27 de mayo de 2017

LA ORACIÓN ES EL VÍNCULO

(Jn 16, 23-28)
Necesitamos ponernos en relación con el Señor, porque necesitamos su intervención para crecer, perseverar y superar los obstáculos a la vida de la Gracia. Y nuestra relación está fundamentada en la oración. Por medio de ella nos relacionamos con el Señor y le pedimos por nuestras necesidades y por nuestra fe.

Tenemos la promesa de que lo que pidamos al Padre en su Nombre nos será concedido, porque, precisamente, Él nos quiere por  nuestro amor al Señor Jesús, su Hijo, y, al menos yo, lo quiero compartir, tengo claro lo que he de pedirle. No es que lo haya tenido claro siempre, ni que no haya pedido otras cosas, pero ahora experimento que lo fundamental y más importante es la "Fe". Porque con la fe todo lo demás vendrá por añadidura.

Eso es realmente lo que quiero y en donde quiero centrar mi petición. Mi oración es pedirte, Padre, en Nombre del Señor Jesús, tu Hijo, que aumentes mi fe, y también la de todos los creyentes. Enciende en nosotros nuestros corazones, para que abandonados a tu Espíritu seamos fortalecidos con la fuerza del Espíritu Santo. Y llenos de sabiduría y voluntad, fortalecernos para enfrentarnos con esperanza de victoria contra todos los obstáculos que nos salen al paso en nuestro camino hacia Ti.

También nosotros, por el Hijo, iremos al Padre. Ese es nuestro destino y, como reflexionábamos ayer, el gozo y la alegría nos inundarán al final de nuestro camino, porque veremos al Padre y al Hijo a su derecha. Esa es nuestra meta que recompensará todas las dificultades que nos presente el camino.

viernes, 26 de mayo de 2017

EL CAMINO ES PESADO Y DURO

(Jn 16,20-23a)
No podemos esconder ni obviar la realidad, el camino y la renuncia se hace difícil y entristece. Enfrentarse a las dificultades, a los problemas, consigo mismo y tratar de hacer lo que no quiero hacer, porque sé que es lo bueno y lo que siento en lo más profundo de mi corazón, se hace muy duro. Y la dureza origina tristeza y amargura. A nadie le gusta sufrir.

Esa es la realidad, pero leamos y escuchemos el Evangelio de hoy: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

El Señor ya sabe lo que nos ocurre, y nos lo descubre, y nos lo dice. Sí, la travesía es dura, pero al final aparece el gozo y la alegría. Y eso ellos no lo sabían, pero sí lo sabemos nosotros, precisamente, por ellos. Porque, el Señor ha regresado ya, está presente en la Eucaristía y desde esa presencia espiritual nos conforta, nos fortalece y nos hace el camino más ligero y hasta alegre. Por eso, el creyente es alegre, porque es capaz de sobreponerse a los sufrimientos que el camino le presenta.

Por eso, amigos y compañeros en la fe, la Eucaristía es un regalo inmenso, pues, nada más y nada menos, que Jesús que se queda con nosotros. Sabemos que, más tarde, regresará tal y como nos ha prometido: "También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar".  

Jesús está realmente con nosotros, y podemos aprovecharnos de su presencia real Sacramental y Eucarística. Es un regalo que nos sobrepasa y que debemos aprovechar siempre que podamos. La Eucaristía es el mismo Jesús que nos habla, que nos conforta, que nos da fortaleza para soportar las dificultades del mundo y nos da la alegría de saber que vamos camino hacia Él.