| Lc 6, 39-42 |
—Es obvio que, en la medida en que te conozcas, serás más comprensivo con las caídas de los demás —dijo Manuel a los tertulianos presentes.
Pedro, frunciendo el ceño, comentó:
—¿Quieres decir con eso que, si conozco mis luces, pero también mis sombras, seré más misericordioso con los demás?
—Sí, eso exactamente quiero decir —respondió Manuel—. Cuando sabes de qué pata cojeas, entiendes mejor las meteduras de pata del otro.
—Sí, creo que tienes razón —dijo Pedro.
Todos estaban de acuerdo. Si conoces tus debilidades, también serás más benigno con las de los demás.
Esto supone reconocer nuestras luces y sombras, conocer las piedras con las que tropezamos constantemente, nuestros límites y nuestras taras.
Y precisamente no para ser duros con nosotros mismos, sino para ser más comprensivos con los demás.
Manuel, con paciencia, tomó de nuevo la palabra y dijo:
—Solo en la medida en que vayas descubriendo tus errores serás capaz de encontrar luz para que otros puedan evitarlos.
Entonces sacó la Biblia y, alzando la voz, leyó:
—Del santo Evangelio según san Lucas 6, 39-42:
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro; si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».
Al terminar de leer, cerró la Biblia y añadió:
—Todo queda muy claro: primero tengo que intentar limpiar las posibles vigas que hay en mis ojos para, después, viendo más claro, poder ayudar a mi hermano a quitar la mota de los suyos.
Porque solo cuando reconozco mis propias limitaciones, mis errores y mis tropiezos puedo acercarme al otro sin juzgarlo y ayudarlo desde la comprensión y la misericordia.
Moniciones:
¿Somos conscientes de que primero tenemos que procurar ver claro en nosotros mismos para poder alumbrar después el camino de los demás?
¿Me doy cuenta de que, cuando conozco las piedras en las que tropiezo, puedo ayudar a otro a reconocerlas y a evitarlas?
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