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viernes, 15 de agosto de 2025

EL MILAGRO DE LA SALUTACIÓN

Lc 1, 39-56

    —¿Sabes, Pedro? Estaba pensando que hay muchos que quieren creer, pero no abren su corazón. Piden un signo, un milagro que justifique su fe. No se fían, como Tomás, aquel discípulo que dijo: “Si no veo, no creo”.
    —La fe es un don de Dios y, al parecer, muchos no la reciben. ¿No lo ves tú así? 
    —Es un don, sí… pero dime, ¿estás tú abierto a recibirlo?
    —Ahora sí que me dejas perplejo. ¿Podemos cerrarnos nosotros mismos a ese regalo?
    —Dedúcelo tú. Pocos hacen caso a los signos que Dios va dejando en sus vidas. Muchos lo atribuyen a la casualidad, pero casi nadie se plantea si Dios está presente y llamando a la conversión.
    —¿De qué signos me hablas? No entiendo lo que dices.
    —Por ejemplo: María, la Madre de Jesús, pudo no creerse lo que el Ángel le anunció. Y más todavía, cuando Simeón le profetizó —Lc 2, 25-35— el camino doloroso que recorrería su Hijo. La huida a Egipto, sin ir más lejos, era suficiente para derrumbar a cualquiera… incluso para dejar al niño. María tuvo muchas pruebas y razones humanas para cerrarse a la llamada de Dios. ¿No te parece?
    —Sí, creo que sí. Su fe es firme, grande, maravillosa. Me asombra su entereza y confianza.
    —¡En Dios, su Salvador!, termina diciendo ella en el Magníficat, como respuesta al saludo que le hizo su prima Isabel.
    —¡Verdaderamente, es un ejemplo de obediencia y fe!
    —Sí, y además, ahí está un gran milagro. Eso es lo que muchos piden, pero que no ven aunque lo tengan delante.
     —¿A qué te refieres? Ahora me dejas intrigado.
     —Cuando Isabel advierte la presencia de María, ocurre algo fuera de nuestro entendimiento. El niño salta en su vientre, Isabel se llena del Espíritu Santo y exclama: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor?”
     —¿Y eso es un milagro? No lo veo claro.
    —Piénsalo: ¿quién pudo decirle a Isabel que María llevaba en su vientre al Mesías? María sabía lo del embarazo de Isabel porque el Ángel se lo dijo, pero Isabel no sabía nada. ¿Cómo, entonces, la recibe como “la Madre de mi Señor”? No hubo mensajeros humanos… fue obra de Dios. Me parece un milagro hermoso y una señal para quienes quieren abrir los ojos.
    —Después de oírte, creo que sí. Es una llamada a todos los que queremos creer.
    —Exacto. María es la primera discípula de Jesús. Dijo sí a la invitación del ángel, acogiéndolo en su seno. Su decisión la llevó a inquietudes y sufrimientos, pero se mantuvo fiel hasta el pie de la cruz. Es nuestra Madre y nos enseña a derribar la soberbia, enaltecer a los humildes, colmar de bienes a los hambrientos y vaciar de autosuficiencia a los ricos. María era de Dios y volvió a Dios, asunta al Cielo. Fiesta que celebramos hoy… y que un día, con la gracia de Dios, celebraremos junto a Ella en la eternidad.

jueves, 15 de agosto de 2024

LA ASUNCIÓN DE MARÍA, LA MADRE DE DIOS

Encontrar las palabras precisas que expresen ese acontecimiento de la concepción de María y la revelación que hace su prima Isabel al descubrir su presencia, no es nada fácil. Primero, porque nos cuesta trabajo entenderlo, y segundo, porque escapa a nuestra experiencia. Es don de Dios y, por supuesto de fe, entenderlo y poder expresarlo.

Sin embargo, desde nuestra propia fe, la que, por la Gracia de Dios, tenemos en estos momentos, damos gracias por la presencia de María, su humildad y su fe con la que da respuesta afirmativa al Plan de Dios en ella. Y quedamos asombrados y perplejos a la revelación de Isabel – su prima – al recibirla y proclamar: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Porque nos preguntamos, ¿de dónde sabe Isabel esa concepción de su prima María? No hay otra alternativa que ser iluminada por el Espíritu Santo. ¿Y no es eso un milagro? Y más todavía al responderle María con ese canto del Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos», donde manifiesta y descubre su fe y humildad.

Es de sentido común suponer y creer que María fue asunta al Cielo, pues ¿no es ese el mejor regalo que su Hijo podía darle, tenerla y llevarla con el a la Gloria de su Padre? Y, para nosotros, ¿no es el más y mayor regalo tener una Madre, como María, en el Cielo junto a su Hijo y a su Padre Dios? Yo, al menor, lo creo firmemente.

sábado, 15 de agosto de 2020

LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Una de las características que, en este momento, más me llama la atención y me toca el corazón, es la obediencia. La obediencia de María a la elección que Dios hace de ella, la anunciación y su disponibilidad a entregarse a cumplir la Voluntad de Dios. Porque, yo que tanto hablo de María, Madre de Dios, y a la que rezo todos los días varias veces, me  interpelo y me pregunto: ¿Estoy yo abierto, disponible y entregado a obedecer la Voluntad de Dios? Es decir, ¿escucho y estoy atento a lo que Dios me pide y quiere de mí?

Mirándolo de otra manera, ¿estoy yo dispuesto a recibir ese pan de cada día que le pido al Señor? ¿O lo que quiero y deseo es ese pan especial que a mí me gustaría y satisface mis gustos y apetencias? Son preguntas a las cuales debemos de ir respondiendo en la presencia y auxilio del Espíritu Santo. Porque, el ejemplo de María me testimonia la obediencia, el servicio y la vivencia comunitaria con la primera comunidad apostólica.

Indudablemente que María es subida al Cielo, porque, la Madre de Dios, la sierva y primera seguidora de Jesús, su Hijo, no puede estar en otro lugar que junto a su Hijo, a quien ha seguido siempre haciendo la Voluntad del Padre y siendo la primera discípula de su Hijo Jesús. 

Por tanto, cada instante que abro mis labios y rezo un "Ave María" debo tener presente este hermoso testimonio que María, la Madre de Dios, me testimonia: Obediencia - servicio - comunidad.

martes, 15 de agosto de 2017

UN ENCUENTRO LLENO DE PRODIGIOS

Lc 1,39-56
Este hermoso encuentro, lleno de significados, maravillas y esperanza, no se puede producir si no es por la acción del Espíritu Santo. Porque, ni Isabel sabía nada, ni María tampoco respecto a la gestación de Isabel. Todo ha sido preparado por Dios para su Gloria y grandeza, como cantará luego María.

Nos llena, también a nosotros, de esperanza, el contemplar y conocer ese prodigio de encuentro donde, por un lado, Isabel, llena de Espíritu Santo experimenta el salto de gozo del niño que gesta en su vientre, y exclama con gran voz y firmeza: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!». 

Ahora, ¿quién le dijo e informó a Isabel de todo lo acontecido a María respecto a lo que le había dicho el Señor? Las distancias eran notables; no había teléfono ni móvil ni ordenador, ni siquiera correo. Lo anunciado a María fue sólo en su presencia. No había testigos. ¿Qué pudo ocurrir para que Isabel supiera lo anunciado a María? Y, nuestra oscuridad es tan grande que seguimos buscando pruebas para abrir nuestro corazón al Señor.

Este relato bíblico de la visita de María a Isabel descubre y revela la grandeza del Señor, que nos muestra su Poder y la manifestación de la promesa hecha al pueblo de Israel. Y la hermosa respuesta de María, al verse elegida y reafirmada en el saludo de Isabel. Y responde con ese hermoso canto del Magnificat:«Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza...

Hoy celebramos la Asunción de María a los cielos, porque María, la Madre de Dios, no podía sino ser llevada a la presencia de su Hijo.  Ella, que fue la puerta de la entrada de su Hijo en este mundo, también le fue abierta la puerta del Cielo para que llegase directamente, por su Hijo, a la Gloria de Dios.

lunes, 15 de agosto de 2016

TÚ TAMBIÉN ESTÁS LLAMADO AL CIELO



La Asunción de María a los Cielos marca un tiempo de esperanza y de resurrección. Ella, elegida Madre del Mesías prometido, ha sabido en todo momento responder a la Voluntad del Padre disponiéndose y entregada a cumplir lo indicado. Ella, en comunión con el Espíritu Santo, ha seguido las indicaciones, junto a José, el esposo elegido como padre adoptivo de Jesús, que el Espíritu les iba marcando.

Ellos, con el Niño, han huido a Egipto; ellos, respetando todos los tiempos del crecimiento de Jesús, guardaban todas esas cosas que les sucedían en sus corazones. También, tú y yo, como María, hemos sido elegidos para una misión: También, tú y yo, tenemos un camino que recorrer  y una misión, de acuerdo con la Voluntad de Dios, que cumplir. También, tú y yo, no entendemos muchos momentos de nuestra vida y se nos nubla el horizonte de nuestro camino. ¿Qué hacer?

Quizás, Jesús, se esconda para dejarnos en el camino con su Madre. Ella sabe guardarlo, sostenerlo y recorrerlo. Ella sabe de la presencia constante de su Hijo y de cómo pedirle que nos sostenga en su fe. Ella nos enseña a vivir en silencio, a ser dócil y a escuchar la voz del Espíritu que nos guia. Ella es reducto de pecadores y desamparados perdidos en el camino de la vida y desorientados sin saber a dónde acudir. Ella es la Madre. La Madre ascendida al Cielo que espera a sus hijos. A todos esos hijos, que su verdadero Hijo, les dio desde la Cruz en los últimos instantes de su vida.

Pidamos, por intercesión de la Virgen, Madre de Dios, que desde el Cielo, ruegue por nosotros para que, como Ella, sepamos encontrar el verdadero camino para llegar, injertados en su Hijo, Jesús, al Cielo junto a Ella.

lunes, 15 de agosto de 2011

A EJEMPLO DE MARÍA (Lc 1, 39-56)


Todos buscamos algo común tan común que nos parece ya corriente y sin mucho valor, pero que es lo más importante de nuestra vida. Porque, todos, queremos ser felices, y esa felicidad la buscamos por todos los rincones y lugares, pero probablemente muy poco donde debemos buscarla y donde se encuentra.

Ser feliz para siempre y plenamente es lo normal, lo natural, porque Quien nos ha creado nos ha hecho para alcanzar la plenitud eterna. Sin embargo, ser feliz de cualquier manera y sin la plenitud y solo por espacios temporales se ha convertido en lo corriente, en lo que buscan muchos que lo quieren convertir en lo normal.

Porque una cosa es lo normal y otra lo corriente, que porque lo hagan muchos no significa que sea normal y lo que se debe hacer. Por eso, lo normal es luchar y esforzarse en ser santo, como dice Xhonanes Olivas, porque estamos hechos para eso. Para alcanzar la felicidad que todos buscamos, no por un corto o breve tiempo, sino para SIEMPRE, plenamente gozoso y eterno.

Y ser santo no es otra cosa que descubrirlo e intentar serlo. No hay que hacer más, porque Quien nos hizo, nos hizo para eso. Y si nos hizo para eso nos dará lo necesario para poder serlo. Por lo tanto, quererlo, porque ya, por su Gracia, lo somos. Sólo necesitamos poner nuestra voluntad y libertad, que nos la ha regalado para disponerla a nuestro antojo y decisión, a su Voluntad y en sus Manos.

Por todo ello, yo diría, por la Gracia del ESPÍRITU SANTO, que ser santo es dejarse conducir por el ESPÍRITU SANTO, y todo se hará según lo disponga el SEÑOR. Hay una referencia clara, por encima de todos menos de JESÚS, María, mañana precisamente celebramos su Asunción a los cielos. ¿Qué hizo María? Dejar que la Voluntad del ESPÍRITU SANTO actuara sobre ella, y disponer su corazón a ser la esclava del SEÑOR.

¿Podemos hacer nosotros eso? Ese es nuestro esfuerzo, ponernos en Manos del ESPÍRITU para que modele nuestro corazón de hombre viejo en un corazón de hombre nuevo y podamos llegar a ser santo. Para ello empecemos por pedírselo insistentemente, como ayer lo hacía la Cananea. Y confiemos en ÉL.

Danos SEÑOR un corazón humilde y confiado
para saber esperar y guardar todas
las cosas que se presentan en
nuestra vida en la 
esperanza de
que en JESÚS estamos salvados. Amén.

Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.