sábado, 18 de abril de 2026

TRAVESÍAS Y PELIGROS

Jn 6, 16-21

A Santiago la vida se le hacía cada día más insoportable. Padecía miedos y angustias ante cualquier situación que se le presentara.

No tenía descanso y, en algunos momentos, deseaba no existir.

Uno de sus mejores amigos, consciente de su situación, trataba de ayudarle.

Pensando en ello, le dijo:

—Te invito a un café —le dijo Armando—, en la terraza de tu tocayo.

Su intención era propiciar un encuentro con Manuel para tratar de ayudar a su amigo.

Cuando llegaron a la terraza, Armando advirtió que Manuel aún no estaba. De todos modos, tomó asiento y pidió dos cafés.

—Buenos días, amigos —saludó el camarero mientras servía—. Me alegro de verte, Armando. Hacía tiempo que no venías por aquí.

—Sí, a veces se encadenan situaciones que no te dan respiro ni oportunidad de saborear estos buenos cafés. Pero hoy me he dicho: vamos a la terraza de Santiago.

Y mira, te presento a este buen amigo, tocayo tuyo.

—Bienvenido, tocayo —respondió el camarero—. Aquí estamos para cuando guste.

—Oye —dijo Armando—, ¿y Manuel? ¿No ha venido?

—Estará al llegar. Suele venir a esta hora. Mira, ahí viene.

—Buenos días, amigos —saludó Manuel—. Veo que la conversación es agradable, por las caras que traen.

—Buenos días, Manuel —respondió Armando—. Precisamente preguntábamos por ti.

Señalando a su amigo, añadió:

—Te presento a Santiago, un gran amigo. Hoy le he invitado a tomar un café contigo.

—Mucho gusto —respondió Manuel—. Aquí estamos para charlar y ayudarnos en lo que podamos.

—De eso se trata —intervino Armando—. Santiago está angustiado, con miedos que no logra explicar, y no encuentra paz. ¿Qué piensas?

—Mejor será que hable él —respondió Manuel—.

Hubo unos segundos de silencio. Santiago levantó la cabeza y, mirando a Manuel, dijo:

—No sé realmente qué me pasa. Me asaltan pensamientos que me angustian y me llenan de miedo. Cualquier cosa me preocupa hasta convertirse en una obsesión.

Manuel guardó silencio. Lo observaba con atención. Luego, colocando su Biblia sobre la mesa y apoyando la mano sobre ella, dijo:

—La vida tiene momentos alegres y momentos difíciles. Se trata de vivir unos y encajar otros, sin dejar que los difíciles se apoderen del corazón.

Hizo una pausa, tomó un sorbo de café y continuó:

—De lo contrario, se convierten en cadenas que aprisionan, en sombras que oscurecen el alma, en un corazón sin aliento…

Miró fijamente a Santiago y añadió:

—Es la sensación de estar atrapado en un ciclo de sufrimiento que se repite una y otra vez.

El rostro de Santiago cambió. Sus ojos reflejaban ahora algo distinto: esperanza.

Tomó el brazo de Manuel y, con emoción, le dijo:

—¿En quién puedo apoyarme para vencer estos miedos?

Manuel abrió la Biblia y señaló:

—En el Evangelio de Jn 6, 16-21. Jesús dice: «Soy Yo, no teman».
Mantén la fe y la esperanza.

—No estamos solos —añadió—. En Él encontramos un puerto seguro.

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