Mostrando entradas con la etiqueta alegría. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alegría. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de diciembre de 2022

MARÍA, DEPOSITARIA DE LA ALEGRÍA

María nos trae la mayor alegría, una alegría que lleva en su esperanza la vida plena y eterna. No hay una alegría mayor. María nos trae esa alegría y felicidad que todos buscamos, está en cinta y va a dar a luz a un niño. Se levanta y se pone en camino y lleva con ella la alegría de una nueva vida y esperanza.

Trae en su vientre la Buena Noticia y al saludar a su prima Isabel, la criatura que ésta lleva también en su vientre, Juan el bautista, salta de alegría. María, clama Isabel, es bienaventurada porque ha creído en la Palabra de Dios.

También seremos nosotros bienaventurados si creemos en su Palabra y, como María, la llevamos a nuestra vida de cada día. Una Palabra que se manifiesta en nuestro vivir y obrar de cada instante, perseverando en la oración y en el servicio al prójimo lleno de amor misericordioso.

¿Y cómo se concreta esto? Porque es hermoso manifestarlo, pero otra cosa muy diferente tratar de vivirlo. Se trata de desde la paz y la tranquilidad buscar el bien, no el propio sino del que sufre y lo pasa mal. Buscar la verdad y la justicia y arrimar el hombro para que se viva en los valores, el respeto y la verdad. De esta manera estamos colaborando en hacer un mundo más acorde con la Voluntad de Dios. Un mundo más justo y digno para que todos puedan vivir lo más dignamente posible como hijos de Dios.

viernes, 2 de septiembre de 2022

¿CÓMO AYUNAR ESTANDO EL NOVIO PRESENTE?

Lc 5,33-39

—¡Imposible, no se entendería ni tiene sentido ayuna estando el Novio presente y en plena fiesta —exclamó Pedro.

—No solo sentido ni lógica —añadió Manuel.  No puedes estar en dos estados a la vez, triste y festivo; ayuno o abundancia. Menos aún cuando el Novio está presente. Es evidente que se celebre y las celebraciones, ¡ya sabemos!, son festivas y con abundancia de comida y bebida.

—Es lógico —replicó Pedro. Tiempo habrá de ayunar cuando – ausente el Novio – la situación lo requiera.

 

La vida es alegría y esperanza. No se puede vivir en la tristeza porque hemos nacido para ser felices. Esa es la idea para la que Dios, nuestro Padre nos ha creado, y a la que, a pesar de vivir en un valle de lágrimas, nuestro destino es el gozo y la felicidad eterna. Y Jesús, el Novio, ha venido a enseñarnos el camino. Un Camino, Verdad y Vida a donde, Él, nos guía y conduce. Por eso hay que seguirle y creer en su Palabra.

Jesús no puede enseñarnos a estar triste aunque, el Camino que Él nos señala tenga muchos momentos de tristeza – la Cruz – porque, Él es la Vida, es la Alegría y Felicidad Eterna. Sin embargo, sí nos enseña a amar. Un amor que muchos momentos de nuestra vida nos exigirá dolor y sufrimiento. Lo experimentamos en nuestras propias familias con nuestros padres e hijos y personas más cercanas. La vida nos enseña que hay momentos de tristeza y alegría.

jueves, 24 de noviembre de 2016

EL FINAL MARCA Y SEÑALA EL PRINCIPIO

(Lc 21,20-28)
No es cuestión de asustarse sino todo lo contrario. Nos alegramos y llenamos de esperanza, porque las señales de que el final se acerca representan para el creyente en Jesús la esperanza de que va a llegar la Gloria y la plenitud eterna. Todo lo contrario para aquel que pone sus esperanzas en este mundo y ve como se destruye y se acaba.

Experimentamos que el mundo se deteriora a paso agigantado. Vamos observando como la contaminación hace irrespirable los espacios donde vivimos. Todo va consumiéndose sin prisas, pero sin pausas. Y el hombre se siente impotente para pararlo. No hay marca atrás. El camino parece irreversible tal y como nos dice hoy Jesús: «Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito». ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén ... seguir leyendo.

Es, pues, necesario estar vigilantes y atentos. Pero no asustados. El creyente está siempre esperanzado y confiado en las Palabras del Señor. Para los creyentes los momentos finales de su vida, sea la hora de su muerte o porque tenga la dicha de estar presente en las horas finales del mundo, son los momentos más gloriosos, porque se acerca la liberación, eterna plena y gozosa junto al Padre.

Por eso, es bueno recordar que no estamos dejando pasar el tiempo bobamente ni tontamente. Esperamos la segunda venida del Señor. Esa venida donde nos viene a buscar para llevarnos a esa mansión que nos prepara junto al Padre. ¡Alabado y glorificado sea el Señor!

sábado, 1 de octubre de 2016

ALEGRES DE ESTAR INSCRITO EN EL LIBRO DEL CIELO

(Lc 10,17-24)

Ver el final de la vida de Job 42, 1-3. 5-6. 12-16., es comprender la Justicia de Dios y confiar esperanzado que él nos dará su Gloria. No por nuestros méritos, sino porque Él así lo ha querido, simplemente por amor. En el Evangelio de hoy nos llama a estar alegres. No por lo que nos suceda, bueno o malo, sino porque nuestros nombres están inscritos en el Cielo.

Eso es lo verdaderamente importante, responder a esa inscripción que Dios ha hecho de cada uno de nosotros. Y para eso necesitamos ser sencillos y humildes. Ser pequeños y tener un corazón de niño, confiado y abandonado en las Manos de nuestro Padre Dios. Estar dispuestos a dejarnos modelar por el Espíritu Santo y a someternos, cada hora e instante de nuestra vida, a la Voluntad del Espíritu Santo.

 «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».

Somos privilegiados al estar nuestros nombres inscritos en el Cielo porque hemos escuchado la Palabra de Dios por medio de su Hijo Jesús. Somos privilegiados porque aceptamos la Voluntad del Padre a través de su Hijo Jesús, y somos privilegiados porque el Señor nos revela su alegría por seguirle y estar dispuestos a perseverar en todo lo que Él nos enseña y nos manda.

Sigamos sus pasos con alegría y entusiasmo. Pero no tanto por los frutos que quizás podamos ver, sino porque nuestros nombres están inscritos en el Reino de los Cielos. Dejémosno llenar nuestros corazones de humildad y buenas intenciones y seamos fieles a la Palabra de Dios.

sábado, 4 de octubre de 2014

ALEGRES POR ESTAR INSCRITOS EN EL REINO

(Lc 10,17-24)

Son Palabras tuyas Señor, y tu Palabra es Palabra de Vida Eterna. Yo, indigno de merecer tanta Gracia por tener mi nombre inscrito en el cielo, te pido Señor que no tengas en cuentas mis pecados, mis fallos, mis fracasos, mis miserias, y como el buen ladrón, inscribas mi indigno nombre por tu Amor y Misericordia, en tu Reino.

Sé que no lo merezco, ni nunca alcanzaré méritos para merecerlo. A mi naturaleza caída por el pecado le es imposible hacerlo, pero también sé de Tú Amor y tu Misericordia. Y en esa esperanza me atrevo a caminar hacia Ti Señor. Dame la Gracia del gozo y la alegría de dar y compartir, y el aliento esperanzador de gozar con la alegría de los otros. 

Pero también te pido, Señor, la paciencia y fortaleza de compartir las tristezas y sufrimientos de los que padecen en el camino de su propio desierto. Aumenta mi fe y fortalece mi Espíritu, para que de mis labios brote todo el amor que mi pobre corazón sea capaz de recibir de tu Palabra, y dé frutos, los frutos que Tú, Dios mío, esperas de tu siervo.

Pero también que, no sólo me quede en sembrar, sino que sea, al mismo tiempo, capaz capaz de labrar, cuidar y cultivar mi propia siembra y dar los frutos por Ti esperados.

lunes, 13 de mayo de 2013

AHORA SÍ QUE HABLAS CLARO

(Jn 16,29-33)


La guerra está ganada, somos vencedores aunque algunas batallas se pierdan. Esta es la esperanza que nos mantiene siempre vivos, siempre motivados, siempre en camino, siempre alegres y fortalecidos. No hay miedos, aunque en muchos momentos sintamos temores y angustias. Nuestra naturaleza pecadora no nos permite dejar esas limitaciones y sentimientos, pero la esperanza de que todo pasará y será transformado en alegría nos alienta a seguir con firmeza hacia adelante.

No cabe ninguna duda que nuestro camino estará sembrado de tribulaciones, sacrificios y sufrimientos. Él, nuestro Señor, los sufrió primero, y nosotros no vamos a ser menos. Nos lo ha dicho, no nos miente y nos advierte lo que nos espera, pero nos promete que todo terminará en victoria y alegría. Se puede decir más alto, pero nunca más claro. Él ha vencido al mundo, y en Él, nosotros venceremos también.

Los valores del consumismo, del capitalismo, de la sensualidad y del materialismo están en boga y en contra de todo lo que suponga ponerse en sintonía con las exigencias evangélicas. No obstante, este conjunto de valores y de maneras de entender la vida no dan ni la plenitud personal ni la paz, sino que sólo traen más malestar e inquietud interior. Al final nos espera el vacío y la insatisfacción. ¿No será por esto que, hoy, las personas van por la calle enfurruñadas, cerradas y preocupadas por un futuro que no ven nada claro, precisamente porque se lo han hipotecado en cosas caducas, finitas y que vienen y van sin dar respuesta a nuestras inquietudes y preguntas más vitales y trascendentes?

Jesús es la respuesta a todos nuestros interrogantes. Los discípulos se dieron cuenta: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». La pregunta es ahora, ¿nos damos cuenta también nosotros?