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jueves, 1 de agosto de 2019

UNA NUEVA FORMA DE ENTENDER LA VIDA

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En el camino hacia la capilla me encontré con unos amigos de la infancia. Tal como ocurre en esos encuentros hablamos de como nos iba la vida y de como nos encontrábamos y de algunos que ya habían dejado este mundo. La salud es quizás el asunto principal en estos encuentros y de como pasa el tiempo por nuestra vida. También, la muerte está presente, porque, aunque queramos obviarla, la sentimos muy cerca y nos cuestiona todo nuestro ser. Nos asusta y tratamos de no mirarla y, mientras nos sentimos con fuerza, mirar para otro lado.

Pero, es la realidad, la muerte es nuestro destino final. Alguno decía como nos sorprendía sin avisarnos y a eso le tenía mucho miedo. Sin embargo, ninguno compartía ese deseo de esperanza de experimentar que la muerte no tiene la última palabra y que hay esperanza de vencerla. Yo, que iba camino de pasar un rato de oración con quien la ha vencido, me sorprendía de que mis amigos permanezcan, estando cerca de la muerte, con los ojos cerrados ante esta realidad. Posiblemente, la causa está en que no conocen la Palabra del Señor ni lo que nos dice cada día. Porque, precisamente hoy nos habla de lo que nos sucederá al final de los tiempos.

Todos buscan la Vida, pero se resignan al triunfo falso de la muerte porque no conocen a quien es la Vida y la Resurrección. Dios está Vivo y dentro de nosotros y Él es el Reino. Él vendrá al final de los tiempos para darnos esa Vida Eterna que nos colmará de gozo y plenitud. Pero, para ello tendremos que permanecer en Él y creer en su Palabra. Mira, hoy nos dice esto:«También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo». Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.

sábado, 1 de diciembre de 2018

LA PRESENCIA DEL SEÑOR

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Lc 21,34-36
El mundo es un paraíso para muchas personas y un infiernos para otras. En estos momentos hay seres humanos que viven en gran abundancia y con toda clase de bienes y privilegios hasta en el campo de la salud. Digamos que viven en la gloria por escenificarlo de alguna manera. Pero, por otro lado, pasa lo contrario. Hay muchos seres humanos que viven, no sólo en la pobreza más absoluta, sin techo y sin las necesidades primarias necesarias, sino también bajo la voluntad de otros que los oprimen, explotan y excluyen de sus derechos.

Vivimos en una sociedad liberal donde lo que prima y es más importante es la economía y, debido a eso, hay muchas personas, sobre todo los débiles y pobres, que son marginados y excluidos de sus derechos como personas. Es la paradoja de la vida. Unos tantos y otros tan poco o nada. Sin embargo, lo importante es estar, tanto de un lado como del otro, en la presencia del Señor. Porque, todo, tanto la abundancia como la escasez son factores finitos que desaparecerán y sólo quedarás Tú, Señor, dueño de cielos y tierras.

Tu venida, que esperamos deseosos, en paz y con alegría esperanzada, es para nosotros lo único importante y, en este sentido, estar en tu presencia significa para nosotros el tesoro más valioso. Ello nos exige el compromiso, contraído ya en nuestro bautismo, estar atento a tu Palabra, porque todo lo demás es efímero y sólo nos sirve para seducirnos y alejarnos de tu presencia. La buena vida, despreocupada y distraida con juergas, comilonas, ociosa y facilona nos acomoda e instala alejándonos de Ti, Señor, y centrándonos en nuestros afanes e inquietudes mundanas.

Y, casi sin advertirlo se nos va la vida y llegará ese día señalado, que sorprenderá a todos los habitantes de la tierra y caerá sobre ellos fulminantemente. Y en ellos estamos todos, también este que reflexiona y escribe, Por lo tanto, tratemos de ser fieles al Señor y perseverar en la firmeza de permanecer en su presencia.

viernes, 1 de diciembre de 2017

SU PALABRA NO PASARÁ

Lc 21,29-33
En el Evangelio de Lucas, capítulo 21, el Señor nos empieza a preparar y a advertir de las señales que irán apareciendo, y nos invita a estar atentos y vigilantes. Concretamente, en el de hoy -Lc 21, 29-33- nos habla de la señales que nos ofrecen los árboles. Concretamente nos habla de la higuera, y nos advierte que cuando vemos que echan brotes sabemos que está cerca el verano.

De la misma forma, el capítulo  21 de Lucas viene cargado de señales que nos indican que el Reino está cerca. Nos lo dice el Señor -Lc 21, 5-11; 12-19; Lc 21, 29-33-, y nos anuncia que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis Palabras no pasarán.

Lo verdaderamente importante es estar vigilantes y atentos. Y eso significa vivir en Gracia de Dios. Una Gracia que nos exige amar y darnos. Es el único mandato que Jesús nos propone, amarnos como Él nos ama. Y, sabemos, que eso no está al alcance nuestro; sabemos que eso nos exige renunciar a nosotros mismos, y nuestra naturaleza humana es débil y pecadora. Sabemos que nos será imposible si pensamos que nosotros solos podemos lograrlo.

Necesitamos al Señor para, llenos de su Gracia, nuestro poder y nuestra fuerza ante el mal y las tentaciones, salgan triunfantes. El Espíritu de Dios está para eso. Necesitamos confiar en Él y llenarnos de esperanza, porque la Palabra del Señor no pasará como Él nos dice hoy. Todo tocará a su fin, y el mundo va dejando su estela de caducidad. Se acaba, y cada detalle nos anuncia un nuevo ciclo. Termina uno para empezar otro, pero llegará un día que el Señor, de forma repentina y como un rayo fulgurante se manifestará para poner todo en orden y lugar.

Mientras, a nosotros no toca confiar, esperar vigilantes y esforzarnos en saber que, con la Gracia de Dios, venceremos. A pesar de nuestros pecados y miseria, porque el Señor sólo nos pide nuestra voluntad y libertad para hacer de nosotros verdaderos santos. Su Misericordia es Infinita.

jueves, 24 de noviembre de 2016

EL FINAL MARCA Y SEÑALA EL PRINCIPIO

(Lc 21,20-28)
No es cuestión de asustarse sino todo lo contrario. Nos alegramos y llenamos de esperanza, porque las señales de que el final se acerca representan para el creyente en Jesús la esperanza de que va a llegar la Gloria y la plenitud eterna. Todo lo contrario para aquel que pone sus esperanzas en este mundo y ve como se destruye y se acaba.

Experimentamos que el mundo se deteriora a paso agigantado. Vamos observando como la contaminación hace irrespirable los espacios donde vivimos. Todo va consumiéndose sin prisas, pero sin pausas. Y el hombre se siente impotente para pararlo. No hay marca atrás. El camino parece irreversible tal y como nos dice hoy Jesús: «Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito». ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén ... seguir leyendo.

Es, pues, necesario estar vigilantes y atentos. Pero no asustados. El creyente está siempre esperanzado y confiado en las Palabras del Señor. Para los creyentes los momentos finales de su vida, sea la hora de su muerte o porque tenga la dicha de estar presente en las horas finales del mundo, son los momentos más gloriosos, porque se acerca la liberación, eterna plena y gozosa junto al Padre.

Por eso, es bueno recordar que no estamos dejando pasar el tiempo bobamente ni tontamente. Esperamos la segunda venida del Señor. Esa venida donde nos viene a buscar para llevarnos a esa mansión que nos prepara junto al Padre. ¡Alabado y glorificado sea el Señor!

domingo, 13 de noviembre de 2016

PALABRAS MUY SERIAS Y DURAS

(Lc 21,5-19)
El Señor no se anda por las ramas. Habla muy claro y el Evangelio de hoy lo demuestra una vez más: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato».  Y la pregunta es: ¿No esta sucediendo esto?

El mundo en el que vivimos está amenazado por enfrentamientos que ponen en peligro la convivencia y la paz entre los hombres. Guerras que amenazan destruir el planeta; consumo desmesurado que influyen en el clima y lo alteran. Sólo hace falta encender la televisíon y comprobar la inestabilidad que se cierne sobre el mundo que habitamos. Y esos enfrentamientos nace de las ideologías de nuevos líderes que se erigen como jefes y profetas de un nuevo orden.

La confusión cada vez es más compleja y muchos tratan de apoderarse de la voluntad de los hombres para dirigirlos según sus ideologías amenazando la libertad de poder elegir tu propio camino. Ayer veía en la televisíón un documental sobre la amenaza que vivió el planeta en tiempos de Kennedy y Kruschev que estuvieron a punto de desencadenar una guerra mundial. Vivimos al filo de la navaja y pendientes de que en cualquier momento la tragedia se cierna sobre el mundo.

Realmente la realidad actual se parece a todo esto que Jesús ya nos ha dicho: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Pidamos luz y fortalece para que en medio de estos acontecimientos no perdamos la senda del camino recto y perseveremos en el Señor.

martes, 24 de noviembre de 2015

EL MUNDO SE DESTRUIRÁ

(Lc 21,5-11)


Los, aparentes, avances son una farsa, pues si observamos, experimentamos que el mundo no camina derecho, ni, tampoco, en sentido lineal. Mejor, parece que da un paso para adelante y dos para atrás. Hoy, a pesar de tantos avances técnicos y progresos científicos, la vida está más en peligro que antes.

Los últimos atentados terroristas, al parecer por fundamentalismos religiosos, nos sobresaltan y ponen la vida humana en constante peligro. ¿Dónde está la civilización adelantada?  Países que padecen hambre y sed, y que son explatados y esclavizados. No hay seguridad y la paz está amenazada y en peligro. Luego, ¿cuáles son los adelantos?

Las Palabras de Jesús en el Evangelio de hoy nos tranquilizan y nos dan serenidad y paz. Porque nos avisan de que el final está marcado por disturbios y guerras: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida». Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».

Estamos avisados y no hay por qué inquietarse. Pasará lo que tenga que pasar, pero el Señor vendrá. Habrá grandes señales del Cielo que anunciarán la llegada del Señor, y su Palabra, Palabra de Vida Eterna, se cumplirá. Por lo tanto, a pesar de todo lo que estamos viendo no hay por qué desesperar. Esperamos, incluso, cosas mayores o peores, porque el mundo, de espaldas a Dios, busca su propia destrucción.

Gracias, Señor, por tus Palabras y te pedimos serenidad, confianza y valor para perseverar, a pesar de tantas dificultades y obstáculos con los que el mundo tratan de desviarnos de tu camino.