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lunes, 15 de enero de 2024

CON EL ESPÍRITU SANTO NOS ABRIMOS A UNA VIDA NUEVA

No hemos recibido el Espíritu Santo para seguir igual. Todo lo contrario, el Espíritu de Dios nos invita a abrirnos a una vida nueva. Una vida que, poco a poco, va germinando, como si de una semilla se tratara, para dar frutos de amor y misericordia. Porque, para eso ha venido el Hijo de Dios, para transformar nuestros corazones en corazones – valga la redundancia – de amor y misericordia.

Y ha llegado el Reino de Dios. ¡Está entre nosotros!, por tanto no podemos ayunar mientras vivimos injertados en el Señor. Él vive en nosotros y derrama su Gracia en nuestros corazones de modo que no necesitamos ayunar porque estamos en y con Él. Otra cosa que en muchos momentos de nuestra vida debamos prepararnos para fortalecernos ante las seducciones y tentaciones. La oración se fortalece con el ayuno y también nuestra voluntad se ve reconfortada y fortalecida con la sobriedad y sacrificio.

Sin embargo, lo verdaderamente importante es nuestra actitud para estar abiertos al Espíritu Santo y a la novedad que cada día nos alumbra la Palabra de Dios. Una novedad cuyo fundamento principal es el amor y la misericordia. Porque, de nada vale el sacrificio y el ayuno si dejamos a un lado al pobre, al que sufre y al que nada tiene.

Nuestro principal ayuno es abrirnos a las necesidades de aquellos que sufren y que carecen de lo imprescindible para vivir dignamente. Ese es el vino nuevo que hay que echar al odre nuevo.

lunes, 17 de enero de 2022

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE NOSOTROS

 

La diferencia y el cambio que existe entre el Antiguo Testamento y el Nuevo están en la venida de Jesús, el Hijo de Dios. El Mesías prometido. Con Él se inaugura el Reino de Dios; con Él ha llegado el Reino de Dios que, desde ese momento, está entre nosotros. Porque, Jesús es el Reino de Dios, es el Mesías, enviado por el Padre a restaurar el Reino de Dios en este mundo.

Esa cambio trae la novedad del significado del ayuno, que deja de ser meritorio e impuesto – por los judíos – para pedir la llegada del Reino de Dios, porque ya está entre nosotros. Ya no tiene sentido, está con Jesús entre nosotros, vive entre nosotros y nos anuncia esa Buena Noticia del Amor Misericordioso de Dios Padre.

Y es lógico y de sentido común: Mientras está el Mesías, el Salvador, el Esposo con sus amigos, ¿cómo van a ayunar los amigos? Ahora, otra cosa será el día que falte y no esté con sus amigos, será, entonces, necesario hacer ayuno. Y así lo manda la Iglesia en algunos días concreto – Miércoles de ceniza y Viernes santo – pero no para mover a Dios en su favor, pues, Dios, ya en el Hijo, nos anuncia que nos ama con locura, y le envía para rescatarnos del pecado y liberarnos de la esclavitud a la que nos somete, dándonos la Gracia y Fortaleza de corresponder a ese Amor Infinito y Misericordioso que Dios, nuestro Padre, nos ofrece gratuitamente.

Ahora, nuestra relación con Dios pasa por Jesús. Él es nuestro camino y llegamos a Dios por Jesús. Es el Salvador que por los méritos de su Pasión y Muerte nos libera del pecado y gana – por sus Méritos – la Misericordia de Dios y nuestra dignidad de hijos. Se rompen las antiguas tradiciones expresadas en las metáforas  paños viejos y nuevos u odres nuevos y viejos. Jesús el Dios encarnado y hecho hombre viene para perfeccionar la Ley y mostrarnos el verdadero y único Camino, Verdad y Vida que nos lleva a la salvación eterna