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martes, 18 de noviembre de 2025

ENCUENTRO QUE TRANSFORMA

Lc 19, 1-10

    Era de noche cuando Juan sintió deseos de caminar. Estaba confuso, y su experiencia le decía que un buen paseo podría aclarar su mente.

    La noche, por otro lado, invitaba a ello: era apacible, y el cielo lucía uno de sus mejores vestidos, un fulgurante manto estrellado capaz de serenarle el alma solo con contemplarlo.

 

    A pesar de ser un hombre rico y bien situado, no era feliz. Lo sabía y le inquietaba no comprender por qué. Reconocía, además, que no tenía buena fama: muchos lo consideraban alguien que se aprovechaba de las debilidades ajenas para acrecentar sus riquezas.


    Y, sin embargo, algo lo rondaba por dentro. No sabía el motivo, pero experimentaba un deseo sincero de averiguar qué le estaba ocurriendo.

    Al pasar junto a una terraza, percibió gran animación. La buena iluminación y un grupo de personas enfrascadas en un diálogo sereno le despertaron una inesperada curiosidad. Sin proponérselo, se dejó atraer por aquel ambiente y se adentró en el lugar.


    —¿Desea algo el señor? —le preguntó Santiago, tomándolo por sorpresa.

    —¡Ah!, sí... un café, por favor —respondió, aún atento a la conversación.

    —Enseguida, señor —dijo Santiago con diligencia.

 

    Juan no apartaba la vista de la tertulia. Cada palabra parecía interpelarlo.

 

  —Es muy difícil que una persona rica cambie de parecer; lo más lógico es que prevalezcan sus caprichos y egoísmos. ¿No les parece? —comentaba Enrique, uno de los tertulianos más participativos.

   —Es posible —respondió Pedro—, pero, ¿no creen ustedes que hay excepciones en toda regla?

 

  Entonces Manuel, que escuchaba con atención, tomó su Biblia —siempre la llevaba consigo—, la abrió y leyó en voz clara:

    Lc 19, 1-10

  «En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura».

 

  Hizo una breve pausa y levantó la mirada hacia los tertulianos. También advirtió que algunos transeúntes y clientes no habituales seguían la lectura con interés. Tras unos segundos de silencio, continuó:

 

    «Corriendo más adelante, se subió a un sicómoro para verlo, porque tenía que pasar por allí».

 

    Alzó las manos en un gesto natural, dirigiéndose a Enrique y Pedro, y prosiguió:

 

  «Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa”.

Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento».

 

 Enrique guardó silencio, reflexivo. Pedro asentía suavemente, convencido de que aquello podía suceder. Todos mantenían sus ojos fijos en Manuel.

 

  Mientras tanto, Juan —aquel observador clandestino— permanecía con la cabeza entre las manos, apoyado sobre la mesa. En su interior se abría paso una verdad que jamás había querido mirar: la riqueza, cuando se convierte en un fin, es una cadena que esclaviza y sofoca la posibilidad de ser verdaderamente feliz.

 

    La voz de Manuel volvió a irrumpir, serena y suave:

 

    «Al ver esto, todos murmuraban diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.

Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: “Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más”».

 

    Hizo una última pausa, miró a los presentes y concluyó:


    «Jesús le dijo: “Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”».

martes, 19 de noviembre de 2024

LA CURIOSIDAD DE ZAQUEO

Es evidente que muchas de las cosas que hemos conseguido se esconde detrás de nuestra propia curiosidad. Porque, la curiosidad nos ha empujado a emprender este u otro camino. Posiblemente, Zaqueo se subió a aquel sicomoro empujado por la curiosidad de ver a Jesús. Una curiosidad despertada por todo lo que había oído hablar de Jesús.

Quizás a nosotros no nos ocurre eso. Ni tampoco nos hemos preguntado quien es Jesús ni experimentamos curiosidad por conocerlo. En mi caso propio hay muchas cosas que no conozco de mi propio pueblo, ni siento curiosidad por conocerlas. En realidad no suponen nada importante en y para mi vida. Mis deseos de felicidad no pasan por conocer estas y otras cosas.

Sin embargo, la Persona de Jesús es diferente. De Él se dicen muchas cosas que me importan demasiado, hasta el punto de que, según lo que dicen de Él, mi felicidad depende de conocerle o no. Está en juego mi vida y mi felicidad. Y además, gozo eterno. Precisamente lo que más deseo. Por tanto, me interesa y siento gran curiosidad, como Zaqueo, por conocer a Jesús.

Y eso es lo que me he propuesto en mi vida: Conocer a Jesús, seguirle y tratar de vivir mi vida desde su Palabra, en el esfuerzo de hacer su Voluntad.

martes, 15 de noviembre de 2022

TU PRIMER PASO ES CONOCER A JESÚS

Todo empieza por el interés que tengas de conocer a Jesús. Porque, solo conociéndole entenderás cual es tu camino y a lo que estás llamados. Es el caos de Zaqueo, tenía curiosidad por conocer a Jesús. Pero, quizás convenga primero preguntarnos: ¿Por qué Zaqueo tenía curiosidad por conocer a Jesús? ¿De dónde le venía ese interés?

Ese es el primer paso, despertar el interés. Un interés que duerme dentro de nosotros. Quizás, en unos esté más despierto que en otros, pero está en todos. Preguntas como ¿de dónde vengo?; ¿qué hay detrás de la muerte?; ¿por qué siento un gozo interior y siento felicidad cuando hago una buena obra?; ¿por qué deseo vivir eternamente? Y muchas más, nos mueven a actuar y a buscar la verdad, la justicia y el bien.

Zaqueo buscaba ser feliz y la eternidad. Ese impulso está dentro del corazón de todo hombre. Y le interesó la Palabra y las obras de Jesús. Hablaba muy bien; hacia curaciones y milagros; se preguntaba ¿quién era ese Jesús? Y no se quedó en su interés y curiosidad sino que llegó al extremo de hacer el ridículo – subiéndose a un sicomoro – para poder ver a Jesús.

Ahora, Zaqueo puedo ser yo. Es mi tiempo y mi hora. ¿Soy capaz de subirme al sicomoro de mi tiempo para ver y conocer a Jesús? Posiblemente sea esa la pregunta que tendré que hacerme. Y, confieso, que me la hago, pero no soy capaz de darle una respuesta. O, quizás, no sé como darla. O, igual la estoy dando y no llego a descubrirla. De cualquier forma, la confianza en que Dios me escucha sabe de mis esfuerzos y preocupaciones, me tranquiliza. Pero, sobre todo, me da confianza su Infinita Misericordia.

Desde esa perspectiva, cada día es un nuevo día, una nueva oportunidad para, como Zaqueo, subirme al sicomoro y contemplar a Jesús, escucharle y aceptar su invitación de abrirle la puerta de mi corazón.

domingo, 30 de octubre de 2022

EL ENCUENTRO EXIGE BÚSQUEDA

No hay alternativa, quien busca encuentra, y quien no lo hace, lo lógico es que no encuentre. Por tanto, el encuentro demanda inquietud y perseverancia de búsqueda. Comprenderemos que sin búsqueda no hay encuentro.

El encuentro de Zaqueo con Jesús puede iluminarnos mucho en este sentido. Zaqueo ha oído hablar de Jesús, y eso que oye le mueve a buscarle, a conocerle y a acercarse para ver quien es. ¿Sientes tú lo mismo? ¿O te acercas a Él simplemente por cumplir y descargar tu conciencia? ¿Cuál es tu actitud? Sería un buen discernimiento sacar conclusiones a ese respecto.

Zaqueo no se queda quieto. Hemos visto en la narración evangélica que sale, quiere verle y ante la dificultad de su pequeña estatura y el gentío, sube a un sicomoro para verle pasar. Ha sido capaz de atreverse a sortear y vencer esa dificultad que le impedía ver a Jesús. Se arriesga, incluso venciendo el que dirán y el respeto humano. ¡No le importa! ¡Ver a Jesús le parece más importante y por encima de su respeto humano! ¿Estás tu de acuerdo con la actitud de Zaqueo? ¿Te atreves a dar pasos que te permitan conocer y ver a Jesús?

¡Y la respuesta fue sorprendente! Jesús, que conoce y sabe el movimiento, la inquietud y el deseo de Zaqueo de verle, se le acerca, se le muestra y se autoinvita, conociendo la curiosidad y deseo de Zaqueo, de ir a su casa. ¿Piensas que Jesús responderá así a tus deseo de conocerle? ¿Estás dispuestos a abrirle la puerta de tu corazón? ¿No crees que Jesús pasa y pasa delante de ti en muchos momentos de tu vida? ¿Tienes los ojos abiertos como Zaqueo para que no pase inadvertido y le veas? ¿No sabes que ha venido para eso, para entrar en tu casa? ¡Claro!, siempre contando con tu permiso.

martes, 16 de noviembre de 2021

ENCUENTRO CON ZAQUEO

 

No puedo imaginarme ese encuentro de Jesús con Zaqueo. Algo prodigioso tiene que ser para que una persona, en este caso Zaqueo, haya cambiado de esa forma. Estar con Jesús debe ser algo impensable y extraordinario. Sus Palabras deben ser tan profundas y cargadas de amor hasta el punto de cambiar nuestro corazón. Realmente, las palabras de Zaqueo lo explican todo. Encontrarse con Jesús debe ser lo más grande que nos puede suceder y a lo que debemos aspirar. 

Porque, es Jesús quien quiere encontrarse con nosotros. Nos busca y ha vendido a este mundo para provocar un encuentro con cada uno de nosotros. Ahora, nos ha  dado la libertad de elegir o de desearlo. No nos atosiga ni nos impone encontrarnos con Él. Nos deja liberad de elección y espera pacientemente a que nos decidamos. Ahora, la pregunta que nos hacemos es: ¿Quieres encontrarte con Jesús?

Esa fue la respuesta de Zaqueo. Quería conocer a Jesús. Por supuesto, había oído algo de Él y sentía curiosidad por conocerlo. Salió a su encuentro y buscó la manera de verlo claramente. Se puso en su camino y, al ser llamado, respondió abriéndole su casa - su corazón - y escuchando su Palabra. Le acogió y dejó que su Palabra se hundiera en su tierra buena y echara raíces. La consecuencia fue que dió frutos. 

También tú y yo tendremos que mirarnos interiormente y descubrir si realmente queremos encontrarnos con Jesús. Porque, Jesús no nos va a exigir ni a violentar ese encuentro con Él. Eso sí, te busca y te llama y te abre sus brazos y su Corazón. Ahora, necesita de ti, como hizo Zaqueo, que salgas a su encuentro y te pongas en su camino. Lo ha dejado en tus manos.

domingo, 3 de noviembre de 2019

¿TAMBIÉN TÚ QUIERES VER A JESÚS?

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Lc 19,1-10
Se necesita tener sed y hambre tanto para desear beber como comer. Sabemos que una persona inapetente deja de comer y hasta puede deshidratarse. Y le costará mucho sentir deseos de comer. Es una enfermedad peligrosa. De la misma forma nos puede valer el ejemplo para significar y descubrir que necesitamos despertar nuestra curiosidad e inquietud de y para conocer a Jesús. Hace falta una actitud de búsqueda que arda en deseos de encontrarme con Jesús.

El Evangelio de hoy Jesús se encuentra con Zaqueo, un hombre que habiendo oído hablar de Jesús quiere conocerlo. Un hombre con mala fama por su profesión de recaudador y por, aprovechándose de su situación privilegiada, quedarse con dinero que no le pertenece. Desde este panorama de su vida, Zaqueo se mueve, está inquieto por las palabras que oye que dice Jesús, y busca la forma de verle y conocerle. Y se activa para, sabiendo que va a pasar por aquel lugar, situarse en una situación que le permita verle bien. Su pequeña estatura le incita a subirse a un sicómoro para no perderse su paso por aquel lugar de Jericó.

También tú y yo hayamos oído hablar de Jesús, pero igual no nos hemos preocupado más, ni siquiera hayamos intentando buscarle y encontrarlo con Él. O lo que es peor, hayamos parado nuestra búsqueda porque hemos dado por hecho que ya le hemos encontrado. Y nos hemos relajados, instalados y acomodados a una manera de vivir que nos parece correcta. ¿Estaremos equivocándonos? 

Sabemos el resultado de lo que le sucedió e hizo Zaqueo al pasar Jesús un tiempo en su casa, pero no sabemos qué sucedió en cuanto a la conversación de Jesús con Zaqueo. Suponemos que tuvo que ser algo tan maravilloso que transformo y cambió su corazón. ¿No sientes tú también deseos de encontrarte con Jesús y dejar que te transforme y cambie tu corazón? Supongo y me atrevo a creer que todos desearíamos tener la fortaleza, la voluntad y el convencimiento como Zaqueo de renacer a un corazón nuevo, humilde, bueno, generoso, desapegado, justo y lleno de amor y misericordia. Un corazón como el de Jesús.

martes, 20 de noviembre de 2018

TAMBIÉN YO SOY ZAQUEO

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Lc 19,1-10
Hay muchos Zaqueos y en uno de ellos puedo estar representado yo. Porque, dejo de ser Zaqueo cuando me escabullo y me escondo. Cuando la presencia de Jesús me asusta y me da miedo y trato de huir en lugar de hacerme el encontradizo. No soy Zaqueo cuando no quiero moverme ni exponerme a que me vean o a hacer el ridículo. No soy Zaqueo cuando es el respeto humano más fuerte que mi deseo de conocer al Señor.

Me identifico con Zaqueo cuando quiero ver al Señor y encontrarme con Él. Me identifico con Zaqueo cuando dejo entrar su llamada en mi corazón y acepto su invitación. Me identifico con Zaqueo cuando pongo mi corazón en sus Manos y me dejo transformar por ellas en actitud de obediencia y disponibilidad. Y me hago Zaqueo cuando mi conversión no se queda en palabras sino que pasa a la vida y comparto lo que tengo y lo que soy. Respondo a la llamada del Señor cuando hago de Él el centro de mi vida y todos los dioses que antes vivían en mi corazón se apartan para dejar hueco al único Dios verdadero y salvador del mundo.

Por eso, la pregunta que me hago es: ¿qué Zaqueo represento yo? El que busca y quiere encontrarse con Jesús y, encontrado, cambia su corazón y transforma su vida? ¿O el Zaqueo que se acomoda, se atrinchera, se instala en su vieja vida y sigue su camino lejos de Jesús? ¿a qué árbol quiero subirme, al de este mundo donde prima el dinero y el poder, o al que Jesús me invita, abajándome humildemente y ponerme en actitud de servicio y amor?

Es ahora tiempo para reflexionar y sacar tus propias conclusiones, pero nunca solo. El Espíritu Santo está contigo y dispuesto a ayudarte. Confía en Él y, pacientemente, dejate llevar.

martes, 15 de noviembre de 2016

ZAQUEO TAMBIÉN SOY YO

(Lc 19,1-10)

El año pasado, creo que después de reyes, aproximadamente el siete u ocho, planté doces azucenas. Llevaban ya tiempo los bulbos en casa y pensé, sé poco de jardinería, que podían estar secos. Decidí plantarlos y ver qué ocurría. Pasaban los meses y no pasaba nada. Llegué a pensar que realmente estaban secos. Pero hace poco, brotó una. Casualmente la primera que planté, y meses más tarde ha brotado otra, creo que la que hace el número siete. Y no han nacido más. No sé qué ocurrirá.

Y digo esto porque la siembra tiene su tiempo y necesita de paciencia, pero también de cuidados y, sobre todo, de agua. Hay que regar la tierra y esperar. Lo mismo ocurre con el Señor. Jesús, nuestro Señor, viene a buscar a quienes estén perdidos A aflorar y reconocer el seguimiento de muchos, oculto a la sombra del respeto humano o de la capa de la vergüenza, o, simplemente no saber cómo enfrentarse a la vida de fe. El Señor lleva la iniciativa, sorprende y te invita a abajarte del árbol de la suficiencia o de la indiferencia.

Sí, posiblemente para eso puede pasar tiempo. La conversión no es un huevo que se echa a freír. Puede que a veces suceda de un momento a otro, pero, por regla general, exige tiempo, como el ejemplo de mis propias azucenas. Pero, sin darnos cuenta explota y aparece la Luz. Una Luz que exige, como hemos visto días atrás, paciencia, perseverancia y constancia. Es necesario estar al quite, al cuidado, subido al árbol como Zaqueo, porque el Espíritu sopla donde quiere y cuando quiere.

Quizás tú y yo necesitamos también subirnos a nuestro árbol para ver mejor al Señor. Para observarlo y mirarlo. Porque el Señor merece todo esfuerzo por costoso que sea. Pues su Mirada cautiva, sorprende y llena de gozo y de paz. Dejémonos mirar por el Señor y escuchemos su invitación. Abrámosle las puertas de nuestro corazón y comamos con Él. No tengamos miedo, seguro que como Zaqueo dejaremos muchas cosas en el camino que nos impedían caminar.

domingo, 30 de octubre de 2016

BUSCANDO A JESÚS

(Lc 19,1-10)
Quizás a ti también te está invitando el Señor a bajar y a comer en tu casa. Quizás a ti también te está hablando directamente el Señor en el Evangelio de hoy domingo. Jesús observa y descubre la curiosidad de Zaqueo y decide autoinvitarse a su casa. «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».  Y es que Zaqueo se había subido a un árbol, porque su pequeña estatura no le impedía verle.

¿Estamos también nosotros dispuestos a aceptar y a dejarnos invitar por Jesús? Jesús invita a Zaqueo porque sabe de sus inquietudes de búsqueda y de su curiosidad por conocerle. Es tanta que no le impide subirse a un árbol para poder verle, pues la gente y su pequeña estatura se lo impedían. ¿Experimentamos nosotros curiosidad por conocer a Jesús?

En el camino encontraremos siempre dificultades, tanto venidas del exterior como nacidas en nuestro interior. Zaqueo se atrevió con su pequeña estatura y venciendo el respeto humano se subió a un árbol para poder ver a Jesús. ¿También estamos nosotros dispuestos a vencer las dificultades que no salen al paso? Y esa curiosidad se convierte en una disponibilidad total a la conversión según habla con Jesús.

No nos habla el Evangelio de lo sucedido en el diálogo de Zaqueo con Jesús, pero conociendo el desenlace final del mismo podemos aventurar y suponer la buena disposición de Zaqueo a la Verdad. Sus palabras transparentes y claras no dejan lugar a dudas. Su transformación y conversión radical a la Palabra de Dios revelan, descubren y justifican esa inquietud y curiosidad por conocerle y por su actitud a dejarse invadir por su Palabra.

Levantándose dijo: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más». No hay ninguna duda, tal y como dijo Jesús: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

martes, 17 de noviembre de 2015

¿QUÉ SUCEDIÓ PARA QUE ZAQUEO CAMBIARA?



Supongo que nunca sabremos que ocurrió en aquella comida en casa de Zaqueo. Supongo que tuvo que ser algo extraordinario y maravilloso, y difícil de rechazar para que Zaqueo manifestara lo que manifestó. Supongo que viviré, en este mundo, con el deseo y las ansias de conocer ese diálogo, como tantos otros, que tuvo Jesús. En este caso con Zaqueo.

Pero, también, creo que Jesús lo tiene con cada uno de nosotros, y conmigo también. El problema es que, quizás, yo no le escuche o reaccione como lo hizo Zaqueo. Descartamos todo tipo de magia o de gracia que no tengamos nosotros también. Zaqueo tuvo que hace un gran esfuerzo, y sufrir una gran transformación desde dentro para cambiar los impulsos egoístas de su corazón. Y eso nos ocurre también a nosotros.

No es nada fácil. Ni para Zaqueo lo fue, ni tampoco lo será para cada uno de nosotros. Pero hay un detalle que quizás nos puede pasar por alto. Zaqueo esta ya de antemano inquieto. Algo le inquietaba dentro de su atormentado corazón. Lo que sabía de Jesús le atraía, y quería conocerlo. No se sube uno a sicómoro así porque sí, a la luz de todos, y dispuesto a hacer el ridículo. Eso descubre un inquietud seria y dispuesta a ver quien era ese Jesús que zozobraba su corazón. 

No cabe ninguna duda que, una tierra abonada de esa forma, con la semilla de la inquietud y el estiércol de la curiosidad, está preparada para ser fertilizada con la Palabra del Sembrador. Y así sucedió. ¡Qué maravilla ver esa siembra y presenciar los frutos del amor!

La pregunta introspectiva despertará en nosotros la reflexión de responder como Zaqueo. No estamos en desventaja. Quizás tenemos ventaja, porque Jesús sigue Vivo y muy cerca de cada uno de nosotros. Nos podemos alimentar con su Espíritu, cosa que Zaqueo no pudo, y dejarnos transformar con la acción del Espíritu Santo.

Pero no creamos en milagros sorprendentes o asombrosos, incluso fuera de nuestro mundo. Todo sucede de forma muy natural y sencilla. Como muere un semilla, para dar lugar al árbol que después dará frutos. Despacio y en el tiempo, y por la Gracia de Dios. Es lo normal y como Dios actúa, sin eso dejar de suponer que Dios puede hacerlo como quiera.

martes, 18 de noviembre de 2014

RESPONDER COMO ZAQUEO

(Lc 19,1-10)

Me gustaría responder como Zaqueo. Es decir, ser como Zaqueo, porque él marca las tres actitudes que  se necesita para quien quiera creer en Jesús. Primero, Zaqueo busca, se interesa y prioriza ver a Jesús. Quizás provocar un encuentro con Jesús. Jesús, que anuncia su venida a Jericó, ocupa la prioridad y el interés de Zaqueo. Pone en funcionamiento su astucia y encuentra la manera de situarse frente a Jesús.

Podríamos preguntarme si yo estoy en esa misma dinámica. ¿Busco ver y conocer a Jesús? ¿Mi interés es tal que estoy dispuesto hasta hacer el ridículo si hace falta por colocarme en situación de ver a Jesús? ¿Supera mi interés por ver a Jesús mis respetos humanos y vergüenzas? Son preguntas que exigen respuestas tal y como las resolvió Zaqueo.

La segunda actitud: Ante la llamada de Jesús, que posiblemente sabía del interés de Zaqueo, responde de inmediato sin titubeos. Jesús responde a sus esperanzas y expectativas, y gozoso y alegre baja del árbol y acepta la auto invitación que Jesús le hace de ir a comer su casa. Su corazón está alegre y parece que ha encontrado al que buscaba. ¿Respondemos nosotros así al Señor? ¿Estamos alegres de ser llamados y a aceptarlo a comer en nuestra casa? ¿Le abrimos nuestro corazón?

Y tercera actitud: Zaqueo no se queda por las ramas. Baja y toma un nuevo rumbo. El encuentro con Jesús le despierta su fe, y su fe le exige cambiar. Y cambia. Su corazón, huraño y egoísta hasta ahora, se vuelve generoso, desprendido y justo. Y actúa, es decir, ama, porque amar es el compromiso de ser desprendido para compartir con los demás.

No basta la fe si, a la par, no la llevamos a la vida, no transforma nuestro corazón. Una fe sociológica que no nos hace más verdaderos, más justos, más caritativos, no vale Sólo nos coloca el "cartelito" de cristianos.

martes, 19 de noviembre de 2013

¿ME PONGO EN LUGAR DE ZAQUEO?

(Lc 19,1-10)


Las palabras cuando se escuchan, si no tomas tú su lugar, ellas siguen y se van movidas y balanceadas por el viento. Sólo se pararan y anidaran cuanto tú las detengas y las acojas en tu corazón. Así si tendrán vida y actuarán en tu vida. Creo que muchas palabras que han pasado por mi vida han tomado la dirección que le viento les ha dado. Pocas se han hospedado en mi corazón. Sólo se me ocurre decir: ¿Dios mío, gracias porque sé que me perdonas".

Pero, no por eso no dejo de sentir vergüenza, mucha vergüenza, y más cuando descubres que te das cuenta. Quizás, de todas las que se han ido, no tenga mucha responsabilidad, pues no había caído en la cuenta. Pero de las de hoy en adelante empezaré a temblar, porque la Palabra actúa cuando tu la acoges e impides que el viento se la lleve.

Hoy mi nombre es Zaqueo. El Señor en él me llama a mí y se autoinvita a comer conmigo. Me dirás muchas cosas, que si abro mi corazón empezaré a oírlas. Pero, ¿tendré el valor de actuar como Zaqueo? Tiemblo porque mi compromiso se tambalea y mis fuerzas quedan en ridículo. Sin embargo, sé que el Espíritu Santo sigue ahí, quizás con una sonrisa compasiva y misericordiosa, pero animándome a que con Él puedo lograrlo. Jesús no nos pide cosas imposible, sino las que su Padre les ha dicho.

Intentar, esforzarnos, orar y pedírselo es el reto y compromiso adquirido. De repente, experimentas que la vida cambia, que la oración se fortalece; que la necesidad de buscarle, de alimentarte de su Vida, de hablar y agarrarte a Él es lo primero, lo más importante de tu vida. Claro, así la ilusión, a pesar de todas las dificultades, crece y aumenta y experimentas como Zaqueo que puedes llegar a compartir y repartir tu vida y tus bienes con los demás. 

La Gracia del Señor se encargará del resto al que tú ni yo llegamos.

domingo, 3 de noviembre de 2013

LA INQUIETUD DE CONOCER


(Lc 19,1-10)

Curiosidad, inquietud o simplemente deseos de conocer son los móviles que nos impulsan a movernos y tratar de encontrarnos con ese Jesús del que tanto se habla. Su personalidad atrae y despierta curiosidad, y Zaqueo, aquel jefe de publicano, se sintió atraído por la Persona de Jesús.

Y no reparó en gestos o esfuerzos para tratar de satisfacer esa curiosidad, hasta el punto de subirse a un árbol, pues era pequeño de estatura, con el fin de conseguir verlo. Su inquietud por conocerlo superaba a sus miedos al ridículo o al compromiso. Nunca sabremos como transcurrió aquella conversación de Zaqueo con Jesús, pero si sabemos los resultados de la misma.

Zaqueo transforma su vida, hasta el punto de compartirla con los más desfavorecidos y adquiere el compromiso de restituir cuatro veces más a todo aquel del que considere haberse aprovechado. Queda al descubierto que el encuentro de Zaqueo con Jesús tuvo sus consecuencias y compromisos, y es que sólo hay encuentro cuando de él se desprenden cambios y transformación en la vida de la persona.

¿Está nuestra vida sufriendo y descubriendo ante los demás estos cambios y transformaciones? ¿Hay respuestas al encuentro con Jesús que transforman mi vida?