Mostrando entradas con la etiqueta vida eterna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida eterna. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de abril de 2026

¿DÓNDE BUSCAMOS NOSOTROS?

Jn 20, 19-31

David no estaba conforme. Algo en su interior le inquietaba y le empujaba a buscar el sentido de su vida. Tenía anhelos y esperanzas, pero no encontraba respuestas en los ambientes donde se movía.

Un día, decidido a indagar con más profundidad cuál sería su destino, comenzó a darse cuenta de que el tiempo entre su nacimiento y su muerte era el único espacio para alcanzar sus anhelos.

«Aunque parezca mucho tiempo, no lo es —pensó—, la vida se va volando sin apenas darte cuenta».

Hacía algún tiempo que venía observando cómo nuestro cuerpo va cumpliendo sus etapas hasta llegar a su destrucción.

«¿Y luego qué?», se preguntaba David. «¿A dónde vamos?»

Estaba convencido de que la vida continuaba. Esa era la percepción que experimentaba dentro de sí mismo. Se resistía a pensar que con la muerte todo terminaría.

«¡Tiene que haber algo más!», se dijo con convencimiento.

Su inquietud le llevó a la búsqueda de Manuel. Sabía que podía ayudarle a discernir y encontrar alguna respuesta esperanzadora.

«Posiblemente estará en la terraza —pensó—, donde se reúne con sus amigos. Recuerdo que allí he descubierto muchas cosas que me han servido para luego aplicarlas en mi vida».

—Hola, Manuel. Buenos días, ¿cómo andas?

—Muy bien, gracias a Dios. ¿Y tú?

—Bien también, gracias.

Le miró con precaución y dijo:

—Estoy confuso, mi alma se debate cada día entre la vida y la muerte y…

—Eso es normal, nos sucede a muchos cuando empezamos a hacernos esas preguntas —respondió Manuel interrumpiéndole.

—Pero es que yo creo que la vida no termina en ese momento, sino que sigue...

Guardó silencio unos breves segundos y, preocupado, añadió:

—Algo en mi interior me dice que estamos llamados a la eternidad. ¿Qué opinas sobre esto?

Manuel, tranquilo y seguro, le miró con ternura y, poniendo la mano en su hombro, le dijo:

—Escucha —añadió—, Jesús, el Señor, nos lo ha prometido. Puedes buscarlo en el evangelio según San Juan (20, 19-31) y verás cómo Jesús le dice a Tomás: «Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Entonces, mirándole a los ojos con gran esperanza y fe, exclamó:

—Así termina el pasaje evangélico: Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Los ojos de David se iluminaron. Había encontrado, por fin, la respuesta que tanto buscaba. 

Sí, verdaderamente estamos llamados, en el Señor, a la vida eterna.

martes, 7 de abril de 2026

BUSCANDO LA VIDA ETERNA

Jn 20, 11-18

—Hay momentos —decía Manuel— en que la vida se nos diluye en pesares y angustias. El vivir de cada día se nos vuelve cuesta arriba y todo parece empinado y difícil de subir.

Guardó unos breves segundos, miró a los tertulianos que le escuchaban y, con serenidad pero lleno de esperanza, añadió:

—A veces, lo que buscamos está justo delante de nuestras narices, pero estamos tan ocupados con nuestras tristezas, lágrimas y dramas que no nos damos cuenta.

Hizo una pausa. Observó al grupo que le miraba y dijo:

—Alguien puede preguntarnos por el motivo de nuestro desconsuelo, por lo que buscamos, por lo que deseamos… 

Esperó unos segundos y concluyó:

—¿Y qué respondemos?

Nadie dijo nada. El silencio descubría que el norte de nuestra vida no tenía una dirección clara.

«¿A dónde nos dirigíamos?», se preguntaron muchos.

Entonces, Manuel, con voz firme y segura, continuó:

—Nuestra existencia no está tejida de una felicidad fácil, sino de olas que a veces lo cubren todo. Y son esos momentos los que nos llevan a pensar en la búsqueda de nuestra propia esencia más allá de fachadas y ornamentos.

Volvió a pararse y, ahora, más decidido y convencido, dijo:

—Y es ahí, en medio del llanto, donde también Dios se hace presente… 

Entonces tomó en sus manos la Biblia y, abriéndola, leyó:

—Evangelio según San Juan 20, 11-18:

 En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro, fuera llorando. Y mientras lloraba, se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» …

Al terminar de leer, propuso:

—Desde ahí sí podemos reconocer lo vivido, comunicar y compartir. Y encontrar ese Camino, Verdad y Vida que buscamos.

En el ambiente flotaba esa convicción de que hay un Dios cercano a nosotros que nos llama por nuestro nombre —como a María— y nos dice: «¡Levántate, deja de llorar, porque estoy contigo y he venido a liberarte!».

sábado, 4 de abril de 2026

QUIERO VIVIR

Mt 28, 1-10

Ambrosio se sentía decepcionado. La idea de que un día llegaría la hora de la muerte no encontraba sentido en su corazón. Él quería vivir y eso es lo que más anhelaba.

Pero, no solo él, me atrevo a decir que todos. Recuerdo de una persona cercana y muy querida que en sus últimas horas me dijo: Creo en el Señor, pero quiero vivir.

Sí, es verdad, todos queremos vivir y la cercanía de la muerte nos lleva a buscar la vida. Y la vida solo se encuentra en aquel que es la Vida, la Verdad y el Camino.

Enfrascado en esos pensamientos, se acercó a la terraza de Santiago con la intención de encontrar respuestas a sus deseos de eternidad.

La terraza estaba activa y se discernía precisamente sobre la eternidad.

—Todos queremos ser felices —hablaba Joaquín—, y buscamos la forma de conseguirlo.

—Estoy de acuerdo, pero no hay manera de lograrlo —respondió Ambrosio—. Eso es lo que más anhelo en esta vida, ser eterno.

Y mirando con cara de resignación a Joaquín, dijo:

—¡Hasta ahora nadie lo ha logrado!

Se detuvo unos segundos y, con melancolía, clavó sus ojos en él y añadió:

 —Y con el tiempo, nos hacemos viejos, hasta que llega el momento en que la vida se nos apaga.

Manuel, que había oído toda la conversación, levantó su cabeza, alzó los brazos y, llamando la atención, proclamó:

—El Evangelio de hoy (Mt 28, 1-10) anuncia la Resurrección de Jesús: … No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho…

María Magdalena y la otra María son testigos del primer anuncio que les da el ángel cuando se dirigían al sepulcro.

Entonces, se puso de pie y moviendo los brazos exclamó:

—No encuentran lo que esperan, sino a un mensajero y su mensaje: No teman, ya sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí: ha resucitado.

Guardó silencio unos segundos y, con alegría y convencimiento, proclamó:

Sí, Jesús, el Señor, ha resucitado. También nosotros, los que creemos en él, resucitaremos.

En ese instante, el corazón de Ambrosio vibró de alegría y gozo. Sí, su vida tenía ahora sentido y esperanza. Hay vida más allá de este mundo: vida eterna en y con el Señor.

viernes, 9 de mayo de 2025

UN ALIMENTO QUE DA VIDA ETERNA

Todos buscamos comer bien, y, el objetivo, a parte de sabores, va buscando salud. Es decir, vida lo más eterna que se pueda. Sin embargo, tenemos la oferta de Vida Eterna al alcance de nuestra mano y, muchos, ni siquiera la toman en cuenta, indagan sobre ella o se interesan en conocerla, escucharla, experimentarla y tener una experiencia de encuentro con ella.

Simplemente, esa oferta es Jesús, el Hijo de Dios Vivo. Nos lo dice Él claramente en el Evangelio de hoy: (Jn 6,52-59): En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día …

Más claro no se te pude decir. Simplemente, leerlo, entenderlo, reflexionarlo y experimentarlo. Es gratis y no pierdes nada, pero no basta decir: No me convence sin antes tratar de acercarte, probar e intentar escuchar y conocerlo. Claro, todo eso exige sinceridad y mucha humildad, pues un corazón endurecido y cerrado a la verdad no se abrirá a la acción del Espíritu Santo.

Esta propuesta no se impone, ni se exige. Simplemente se propone, y así te la propone el Señor: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y Yo en él». Eres libre para aceptarla, acogerla y experimentarla. Tu decides, pero también responsable de tu decisión.

miércoles, 5 de junio de 2024

SOMETIDOS A NUESTRA PROPIA IGNORANCIA

Queremos atrapar con nuestro entendimiento lo que nos es imposible. Y eso nos ensoberbece hasta el punto de revelarnos y no creer en la Palabra del Señor. No podremos imaginarnos, por mucho que pensemos, de como será la otra vida. La verdadera vida eterna. No entra en nuestra razón y será mejor dejarlo en manos de nuestro Padre Dios.

Nuestra razón nos lleva a pensar en una vida parecida a la que vivimos en este mundo. Pensamos en matrimonios, familias y cosas parecidas a las que vivimos ahora sin pararnos a pensar que nada de esto tendrá lugar allí. Pero, se nos hace imposible imaginarnos nada que no sea como lo de este mundo nuestro.

Es evidente que la vida eterna es otra vida, hasta ahí podemos llegar, pero imaginárnosla no es imposible. Eso sí, podemos pensar que tendrá que ser algo maravilloso, inaudito, inimaginable de gozo y felicidad plena. Porque, estar con el Señor es la dicha plena de gozo y felicidad.

Pienso que lo verdaderamente bueno y esperanzador es vivir nuestro presente con la esperanza de alcanzar un mundo nuevo, eterno y pleno de gozo y felicidad. Porque, eso es lo que realmente sentimos dentro de nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón y a eso es a lo que queremos llegar. Y es que experimentamos que cuando realmente amamos es cuando más felices somos. Amar es el denominador común que experimentamos todos los mortales y que, de una u otra manera buscamos, y que cuando lo realizamos experimentamos gozo y felicidad.

Por tanto, tratemos de amar y dejar en manos de Dios que nos prepare ese lugar que el Hijo, nuestro Señor Jesús ha ido a prepararnos (Jn 1, 12).

jueves, 18 de abril de 2024

VIDA ETERNA

Se dice pronto y su expresión es breve: «Vida Eterna», pero su búsqueda es incesante en el camino de nuestra vida. ¿Quién no quiere ser eterno? Claro, eterno pero en plenitud de gozo y felicidad. De otra forma no merece la pena. Es lo que nos sucede con las cosas de este mundo, nos dan felicidad pero muy breve en el tiempo, no en la expresión de la palabra.

¿Vale la pena pasarlo bien un rato? Diríamos que no, pero como no hay otra manera de hacerlo ni otra posibilidad de pasar un rato feliz, lo deseamos y buscamos. Sin embargo, nuestro mayor deseo es ser feliz siempre, que no se acabe ese momento. Diríamos que la eternidad es la prolongación, sin final, de ese momento feliz. Y eso es lo que buscamos en todo instante, pasarlo bien.

La propuesta de Jesús es precisamente esa: (Jn 6,44-51): … Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».  Ahora, la cuestión es fiarte o no de la Palabra del Señor. Son muchos los que se han fiado, entre ellos yo. Y muchos también que no se fían, apuestan por esta felicidad que te ofrece el mundo pero que se acaba más pronto que tarde. ¿Tú, que quizás lees esta reflexión, ¿qué eliges?

Ahora, sabes el camino, y si no lo sabes Jesús, Camino, Verdad y Vida te lo muestra y enseña. Será cuestión de escucharle, conocerle, acercarse a Él y, confiando en su Palabra, seguirle. Así de fácil y sencillo, pero así de difícil y duro. La verdadera felicidad que buscamos, nos dice el Señor, está en nuestra disponibilidad a despojarnos de nosotros mismos para darnos en servicio por amor a los demás, sobre todo a los más necesitados.

viernes, 17 de febrero de 2023

DETRÁS DE ESE CAMINO DE DOLOR ESTÁ LA FELICIDAD ETERNA.

Nos asusta y nos da miedo la muerte. Sin embargo, para un cristiano debe ser el inicio de la vida eterna y plena de felicidad y gozo. Esa es la promesa y lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará… (Mc 8,34-9,1).

Es indudable que seguir a Jesús traerá complicaciones, peligros, luchas interiores y, sobre todo, dolor de corazón. Hay que vencer mucha soberbia, envidia, celo, egoísmo, pereza, individualismo, carne, debilidad…etc. La lucha es constante y el camino se hace duro. El dolor estará siempre presente en el camino y nuestra actitud será la de tomar la cruz de cada día y seguir adelante. Esa es la propuesta.

Quienes ven ese camino de dolor y lucha y no se fijan en el final, posiblemente terminarán por abandonar. El mundo, demonio y carne les vencerán. Pero, quienes no pierden la perspectiva de que al final, tras la muerte, vendrá la Gloria y Resurrección para vivir una vida de gozo y felicidad eterna, perseverarán e, injertados en Xto. Jesús darán su vida para ganar la verdadera: La Vida Eterna junto al Padre.

Así de simple. No es fácil pero, para eso, hemos recibido al Espíritu Santo en la hora de nuestro Bautizo. Y debemos aprovecharlo, dejarnos llevar y asesorar por Él para fortalecernos e ir por el camino correcto.

domingo, 6 de noviembre de 2022

CREADOS PARA VIVIR ETERNAMENTE

Ese es nuestro destino, la Vida Plena y Eterna. Para eso nos tiene Dios en su pensamiento, y nos ha creado con ese fin: Una Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad. Sin embargo, ha dejado algo a nuestra elección. Para eso, nos ha creado libres. Libres de decidir aceptar su propuesta de Eternidad plena y gozosa, o libres para rechazarla y vivir una eternidad de dolor y sufrimiento.

Esa es la gran pregunta de nuestra existencia. Una pregunta que, para muchos, subyace escondida en su corazón y ahogada por las seducciones que les ofrece el mundo. Una pregunta que enterrada por el deseo inmediato a gozar de la aparente y falsa felicidad que te ofrece este mundo, no emerge ni cuestiona nuestro camino y peregrinar.

Es cierto que se hace duro y difícil la lucha contra las ofertas que el mundo te hace. Lo podemos observar en la primera lectura de la misa de hoy domingo – 2Macabeos 7, 1-2. 9-14 – y da verdadero miedo. No creemos tener la fortaleza para soportar tales sufrimientos y tormentos. Sin embargo, la historia del seguimiento y fidelidad a la Palabra de Dios está llena de esos hermosos y valerosos testimonios. La conclusión a la que se llega de forma irremediable es que con Dios todo es posible.

Y esa es nuestra esperanza. La esperanza de todos aquellos que creen en la Palabra del Señor Jesús, el Hijo de Dios. Él, no solo nos lo ha dicho, sino que nos ha dado testimonio y ejemplo con su Vida, entregándola para salvarnos de ese tremendo y craso error de rechazar su propuesta y camino de salvación. Hemos sido creados para siempre, no para unos cuantos años. Pero, para ser siempre felices, sin dolor ni sufrimientos.

Por tanto, esta vida es un camino previo, un camino de fe y de examen, porque, al final de nuestra vida, como dice San Juan de la Cruz, seremos examinados solamente del amor que hayamos sido capaces de dar en esta vida.

martes, 2 de agosto de 2022

ENCUENTRO LIBERADOR

Posiblemente, a lo largo de tu vida no te hayas percatado, ¡y menos descubierto!, que lo único y verdaderamente importante es el encuentro con Jesús. ¿Por qué?, puedes preguntarte. Pues, porque el encuentro con Jesús responde a todas tus inquietudes, deseos y anhelos en este mundo y, sobre todo y lo más importante, al otro mundo. Al mundo en plenitud de gozo y alegría eterna.

Porque, todos aspiramos, aunque no lo percibamos, al gozo y plenitud de un mundo eterno en la otra vida. Sabemos que aquí tenemos los días contados, pero, eso no nos dice que el mundo y nuestra vida se acabe con la muerte en este mundo. Intuimos que hay otra vida a la que aspiramos y anhelamos gozar, y esa Vida nos la da el encuentro con Jesús. Un encuentro que provoca Él primero y que busca que ser produzca, pero que necesita nuestra colaboración. ¡Dejémonos seducir por el Señor!

Perderemos inútilmente nuestra vida si no nos dejamos encontrar por el Señor. Será una vida desperdiciada y perdida, a pesar de que esté rodeada de riqueza, fama, y éxito. Porque, lo que verdaderamente importa no es está vida y este mundo, sino la que empieza después, la Vida Eterna. Será, pues, de vital importancia presentarnos ante el Señor con las manos llenas de amor y misericordia. Amor y misericordia gastados en nuestras relaciones con los demás. Sobre todo con los pobres, los inocentes, los marginados y necesitados de ayuda.

No cabe ninguna duda que la fe, de la que nos dice hoy Jesús en el Evangelio, es poca. Necesita crecer y fortalecerse y eso, ya que nosotros no podemos, necesitamos y debemos pedírsela y hacerlo con insistencia en perseverante oración. Él nos enseña a tener espacios de oración con nuestro Padre, tal y como leemos hoy en el Evangelio.


—La fe —argumentó Manuel— es un don que solo puede darnos nuestro Padre Dios. Es evidente que tenemos que buscarla y, sobre todo, pedirla. Ello nos exigirá buscarle y tener un encuentro con Él.

—Y no desistir —afirmó Pedro. La paciencia e insistencia son pruebas de que la fe está ya en nosotros.

—Indudablemente —dijo Manuel. Quien insiste es prueba de que cree y confía que será escuchado y atendido.

 

Ambos amigos decidieron que seguirán insistiendo sin desfallecer. Si el Amor de Dios es Infinito y Misericordioso, Dios, nuestro Padre, nos dará esa fe que necesitamos para creer y seguirle.

viernes, 29 de julio de 2022

LLAMADOS A UNA VIDA PLENA Y ETERNA

Si nos preguntamos que buscamos, sin lugar a duda todos coincidiríamos en señalar la felicidad. Una felicidad plena y eterna. Pero, el error, ¡y muy grande!, es buscarla en las cosas de este mundo. En él no se encuentra y perderemos esa vida plena, que no eterna, porque viviremos eternamente. Lo penoso es que viviremos sufriendo.

No hemos nacido para vivir unos años y para no ser feliz. El regalo de nuestra vida es para toda la eternidad y en plenitud de gozo y felicidad. ¡Ahora, abramos los oídos y nuestro corazones, es un regalo, pero, un regalo por Amor Misericordioso y que no merecemos. Un regalo para que, por la Gracia y Misericordia Infinita de Dios, recibamos el perdón de nuestros pecados y, siguiéndole e imitándole, vivamos en la Voluntad de su Palabra y de su Amor Misericordioso.

Ese es el desafío y el reto. Se nos pone como condición amar. No amar según mis gustos y egoísmos, sino amar según nos ha enseñado Jesús, nuestro Señor e Hijo único de Dios. Por tanto, todo lo que no sea eso, será un espejismo que terminará con la muerte en este mundo. Y, luego, las consecuencias serán la Gloria o condenación eterna.

 

«Realmente, vale mucho la pena plantearse tal situación», pensó Pedro. Y acelerando el paso se dirigió al lugar de costumbre donde esperaba encontrar a Manuel.

—¿Has leído el Evangelio de hoy? —preguntó Pedro.

—Sí, y se me ha puesto la piel de gallina. Realmente, nos jugamos mucho cada instante. Reconozco que la Misericordia de Dios es Infinita, porque, no merecemos nada, y, por su Amor Misericordioso nos da todo. Precisamente eso que buscamos con tanto afán.

—Es un misterio —dijo Pedro. No entiendo como el Amor de nuestro Padre Dios nos da todo sin merecerlo.

—No solo no lo entenderemos, —dijo Manuel— sino que nunca podremos entenderlo hasta que estemos delante de Él y, entonces, solo llevaremos el amor que seremos capaz de dar ahora.

 

La lección es muy aleccionadora. Gastar esta vida en dar verdadero amor es lo verdaderamente – valga la redundancia – lo que importa.  Porque, dependiendo de la cantidad de amor que gastemos al estilo de nuestro Señor, así será nuestra gloria eterna.

lunes, 2 de mayo de 2022

ALIMENTO DE VIDA ETERNA

 
Jn 6,22-29
Es evidente que tanto ayer como hoy buscamos lo divino, el milagro, el poder de conseguir lo que creemos que necesitamos. Y, desafortunadamente, nuestra naturaleza humana – herida por el pecado – busca satisfacer sus apetencias, egoísmos ante que sus necesidades espirituales. Buscamos antes la salud, la sed y el hambre de nuestro cuerpo que el bien espiritual del mismo. Siempre caemos en el mismo pecado; siempre tropezamos con la misma piedra. Buscamos al Señor pensando en solucionar nuestros problemas y necesidades corporales y materiales, cuando, lo fundamental y para lo que el Señor ha venido es para salvarnos, para indicarnos el camino hacia la Casa del Padre. Y, claro, eso pasa por amar misericordiosamente como Él nos ama.

Aquella multitud de personas, después del milagro de los panes y los peces, buscaban a Jesús para seguir alimentando sus necesidades materiales: salud y hambre. No entendían lo que Jesús proponía y nos daba:  el alimento espiritual que, precisamente, es el único que sacia al hombre y le da la vida eterna, que anhela y persigue. Pero, ni se dieron cuenta muchos contemporáneos suyos ni nos damos cuenta ahora muchos creyentes y no creyentes. Es verdad que necesitamos el alimento del cuerpo y que hay que buscarlo, pero, ese alimento no nos resuelve el deseo interior e insatisfecho de vida eterna en plenitud. Está en Jesús, Pan de Vida Eterna. Son precisamente sus Palabras las que nos descubren esa ruta que, sometidos a nuestra naturaleza humana, nos confunde y desvía del verdadero camino: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».

jueves, 7 de abril de 2022

LLAMADOS A LA VIDA ETERNA


Jn 8,51-59
Creer en Jesús significa no saber lo que es morir. Es decir, vencer a la muerte, o lo que es lo mismo, no morir sino pasar de este mundo, dejándolo todo aquí a otro mundo donde Jesús nos ha dicho – Jn 14, 2 – que ha ido a prepararnos una morada. Y eso, que Jesús, no solo nos lo dice, sino que nos lo promete, es lo que, simultáneamente, también sentimos nosotros. Nos estremecemos cuando leemos esas Palabras que nos dice Jesús: (Jn 8,51-59): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás».

Es evidente, primero, porque nos lo dice y promete Jesús, quien cumple todo lo que dice; segundo, porque es lo que, precisamente, queremos y sentimos en lo más profundo de nuestro corazón. Diríamos, es lo que realmente queríamos oír. Y, quien lo dice tiene Palabra de Vida Eterna. Las Palabras de nuestro Señor son determinantes, esperanzadoras y firmes: «Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás» Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Él ha vencido la muerte y ha Resucitado, por tanto, nos da la Vida Eterna.

Estamos llamados a la Vida, y tras pasar del útero de nuestra madre a este mundo, pasaremos después, de este mundo, a esa morada que Jesús nos ha preparado. Indudablemente, no hemos sido creados para morir. Lo experimentamos desde lo más profundo de nuestro ser. Estamos llamados a vivir y nunca morir, tal y como nos dice y promete Jesús, nuestro Señor.

Por tanto, nuestra esperanza es la vida. Una vida que desde su concepción en el seno materno pasamos a este mundo. Y, llegada la hora final en este mundo, pasamos a ese otro mundo eterno que Dios nos tiene preparado. Porque, nuestra máxima aspiración es la vida y, para eso hemos sido creados, para vivir eternamente.

lunes, 7 de marzo de 2022

¿CASTIGO ETERNO O GOZO ETERNO?

 

Tienes dos elecciones. Dos elecciones porque no hay más, la vida o la muerte. La vida, representa ese gozo eterno junto a Dios. Compartir su Gloria con Él. La muerte, es la condenación eterna en agonía, sufrimiento y angustia. Eso supone y clarifica que la resurrección es un hecho para todos. Todos resucitaremos, pero, muchos para la Vida y muchos para la muerte. El Evangelio de hoy lo deja muy claro. En él, se resume todo nuestro recorrido por este mundo – espacio de salvación – por el cual tenemos la oportunidad de ganar, por la Gracia y la Misericordia de Dios, esa Vida Eterna en gozo y plenitud.

Es evidente que todos buscamos la felicidad, pero la experiencia nos dice que, en este mundo, no parece que se encuentra. La gente, ricos y pobres, pasan la mayor parte de la vida luchando y en conflicto, cuando no sufriendo. Guerras, envidas, enfrentamientos, ambiciones, soberbias, poder, fama… no hacen sufrir. Experimentamos que el recorrido de este mundo no nos lleva a ninguna parte. No tiene sentido nacer para, luego, morir. Dentro de nosotros hay un deseo, una chispa de eternidad que queremos alcanzar. Por tanto, Alguien ha puesto ese deseo de eternidad en nuestra alma y corazón. Queremos vivir eternamente. Ese Alguien, por supuesto, es Dios. Ha enviado a su Hijo para anunciárnoslo. Está claro que no ha sido el mundo, pues, ¿no es el mundo caduco y finito? Luego, no podría ser el mundo.

Esa chispa de Eternidad la ha puesto Dios. Un Dios Bueno y Misericordioso que nos ha creado para compartir con Él su Gloria eternamente. Y ha enviado a su Hijo, nuestro Señor Jesús, para que nos lo anuncie. El Evangelio de hoy – Mt 25, 31-46 – nos lo explica y anuncia claramente. Su Palabra al final es muy reveladora cuando se refiere a los que no han hecho su voluntad: …Y estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida Eterna. El único sentido de nuestra vida es conseguir esa Vida Eterna en plenitud de gozo y alegría. Será el verdadero descanso eterno. Por tanto, de nada nos valdrá todo lo que consigamos en este mundo.

La Eternidad es por tanto una realidad. Y es, precisamente, lo que sentimos y queremos. Ahora, mientras dure nuestra vida en este mundo tenemos la oportunidad de trabajar en ese sentido, para que al final, cuando se acabe, estemos entre los justos. La pregunta, pues, que nos hacemos es: ¿Dónde queremos estar nosotros? Jesús te muestra y señala el camino. Precisamente, Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

jueves, 19 de agosto de 2021

INVITADOS AL BANQUETE

 
Todos estamos llamados al Banquete de Vida Eterna. Nadie queda excluido porque todos estamos salvados por los mérito de nuestro Señor Jesús con su Pasión, Muerte y Resurrección. Así ha querido el Padre proponernos la invitación a la salvación eterna. Hoy, Jesús, nos lo explica a través de la parábola de aquel rey que celebró el banquete de boda de su hijo: (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a...
 
Estamos todos invitados, tanto los considerados buenos como malos. Será el Señor quien determine quienes no merecemos - entre parentisis, porque todo es regalo de Padre Dios -  entrar en el Banquete. Pero, antes nos ha dado la libertad de y para decidir aceptar o rechazar su invitación. No nos quiere obligados, ni presionados ni seducidos. Quiere nuestra confianza y fe en su Palabra y en su Amor. Sus obras están ahí.
 
Hoy, a pesar de la distancia en el tiempo, está sucediendo lo mismo. Muchos rechazan esa invitación que Dios le hace, bien directamente por cualquier acontecimiento, o bien a traves de la Iglesia u otra persona. Muchos consideran más importante su trabajo, sus negocios, sus ocupaciones u otras cosas que les ofrece este mundo y, por tanto, posponen esa invitación al Banquete de Vida Eterna que Dios les propone.
 
No deja de ser una paradoja las diversas respuestas erróneas que rechazan precisamente lo que andan buscando. Porque, derás de esos esfuerzos en sus trabajos, negocios u otras ocupaciones se esconde esa búsqueda desesperada de felicidad. Y es precisamente lo que nuestro Padre Dios nos está proponiendo, entrar en ese Banquete de plena felicidad y Vida Eterna. Un Banquete que nos pide un vestido especial - la Vida de la Gracia - para poder participar del mismo.

domingo, 4 de abril de 2021

¡HA RESUCITADO!

Jn 20,1-9

La muerte ha sido vencida y el triunfo, a pesar de los prolegómenos de incertidumbre, tristeza y dolor, se manifiesta en una alegría desbordante y en una esperanza que nos llena de gozo y fortaleza. Pero, podemos preguntarnos: ¿A quién seguimos? ¿A un muerto? ¡Indudablemente, eso sería un disparate absurdo y absoluto! ¡Está fuera de todo sentido! ¡Mi Dios es un Dios Vivo!

Un Dios eterno y un Dios que da Vida eterna. Precisamente, hoy, celebramos eso, el triunfo de un Dios, encarnado en naturaleza humana - hecho hombre - que triunfa sobre la muerte. Él, el Camino, la Verdad y la Vida, ha vencido a la muerte, al pecado y ¡ha Resucitado! Hoy nuestra alegría se transforma en esperanza y gozo que se eternizan para gloria de Dios.

Es posible que no entendamos, pero, ¿acaso no bulle dentro de nosotros - en nuestros corazones - un halito de eternidad? ¿Y eso por qué? ¿Es posible que no nos preguntemos quién ha puesto ese hálito de esperanza eterna en nuestros corazones? ¿No es esa la chispa - alma -  de eternidad que sentimos dentro de nosotros? 

Todo empezó con nuestro Bautismo. En esa hora nos revestimos de esa vestidura blanca - vestido para la boda (Mt 22, 11-12) - que nos hace hijos de Dios y nos vigoriza para cumplir con nuestro compromiso bautismal de hijos y discípulos. ¡Sin lugar a duda, Jesús, el Señor ha Resucitado! Y su presencia nos fortalece y nos anima en el recorrido de nuestra vida hasta la hora de compartir nuestra muerte a los pies de su Cruz.

lunes, 15 de marzo de 2021

CREER Y FIARSE DE LA PALABRA DE JESÚS

 

Nuestra razón no es de fiarse, necesita signos y pruebas. Muchas veces hemos oído, y hasta afirmado, que no creemos sino en lo que vemos. Es decir, todo lo creído pasa por, primero, quedar demostrado y luego comprobado. Sin embargo, posiblemente de forma inconsciente y espontanea, hacemos ejercicios de fe a cada instante. Nos fiamos, y por supuesto, creemos, en ese taxista que nos lleva en su coche. O en ese piloto que nos transporta en avión. Creemos en muchas personas y, podemos afirmar que sin fe no podríamos vivir.

No se entiende como no creemos en Jesús, pues sus milagros lo avalan y demuestran su poder. Hizo muchos milagros y el Evangelio los narra. Precisamente, en este de hoy se cuenta  la curación del hijo de un funcionario real. Y hablo de aquella época contemporánea de Jesús en la que muchos presenciaron esos milagros e incluso, escucharon su Palabra. Pero, también de la de hoy, en la que tenemos esa Palabra y esos hechos que la Iglesia nos ha transmitido y nos presenta.

Jesús Vive y también actúa hoy y nos habla a través de su Espíritu que está presente entre nosotros. Sigue actuando y haciendo verdaderos milagros y revelándonos su Palabra de Vida Eterna. No importa la distancia en el tiempo o en kilometros, Él rompe con todas esas barreras. Está en todo lugar y puede actuar al mismo tiempo en todas partes. Es Dios y nada le es imposible. El Evangelio de hoy nos habla de la curación del hijo del funcionario real y lo hace desde donde se encuentra, sin moverse ni tener una presencia: Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo». Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive».

También puede decirnos lo mismo a nosotros en este momento, sígueme que yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Quien cree en mí vivirá siempre.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

HAMBRE Y SED

Mt 15,29-37

Es cierto que primero hay que llenar el estomago y que con la barriga llena podemos empezar a hablar. Ni que decir tiene que el hambre nos mueve y nos despierta y nos dispone a buscar saciar el hambre y la sed, pero, también podemos y debemos hacernos esta pregunta, ¿basta con eso? ¿Todo se reduce a satisfacer nuestra necesidad de hambre y sed? 

Porque, hay muchas clases de hambre y de sed. Y todas son necesarias e importantes, pero una sobresale por encima de las demás, el Pan de Vida Eterna, porque ese alimento es la clave y nuestro destino. Estamos llamados a la Vida Eterna. Es también claro que de la fortaleza de ese alimento se desprende todos los demás, pues, estando en el Señor tendremos la fortaleza de su Gracia y la capacidad para compartir con los demás.

No cabe duda que hay muchas clases de hambre. Hambre de justicia y verdad; hambre de libertad y de respeto a los derechos de la Ley Natural; hambre de derechos fundamentales que emanan de la dignidad de la persona por el hecho de ser hijos de Dios. Pero, sucede que, dentro de todas esas necesidades nosotros priorizamos la salud y el dinero. Es decir, la vida y el poder. Y nos olvidamos de que lo más importante es el encuentro con el verdadero alimento que es el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor.

Porque, ese alimento es el que nos llevará a la Vida Eterna, meta y fin de nuestra máxima aspiración y lo que toda persona humana desea y busca. Y que nos capacita, con y por su Gracia,  para compartir con los demás.

domingo, 22 de noviembre de 2020

CADA DÍA ESTAMOS JUGÁNDONOS LA VIDA ETERNA

Mt 25, 31-46

Si miramos que cada día tenemos una nueva oportunidad para atesorar puntos - por expresarlo de alguna manera - para hacer que mi Vida Eterna, a la que estoy destinado, sea gozosa y plena de felicidad, descubrimos que nuestros días tienen un valor extraordinario y valen su peso en oro. Tomar conciencia de lo que nos estamos jugando es lo más grandioso que podamos hacer. Resulta, igual no te enteras, que cada día te juegas el vivir feliz y gozoso eternamente. ¿Te das cuenta? ¿Lo has pensado alguna vez?

Pues, te doy un consejo. Debes pensarlo y, al menos, escuchar a quien te lo dice, conocerlo y saber que ha anunciado y cómo lo ha anunciado. Igual no le conoces por ti mismo, sino por lo que te han contado otros, y eso puede engañarte o no ser lo correcto. Es mejor conocerlo personalmente, de buena tinta y, después sacar tus conclusiones. 

¿Por qué te digo esto? Porque, conózcalo o no, al final tú serás responsable de lo que hagas y, también, de que no hayas querido conocerlo o te hayas dejado llevar por los que te lo han presentado engañosamente. Así, que mejor hacerlo por decisión propia y responsablemente. Porque, si te acercas seriamente y abierto a escucharle, seguramente te gustará, porque lo que dice es la verdad y coincide con la que tú quieres y llevas impresa en tu corazón. Quizás no la vivas, pero sabes que es lo que debes vivir. Quizás quieras justificarte que no tienes voluntad o te es muy costoso, pero, si se lo dices y planteas así, Él te ayudará y el esfuerzo será más llevadero.

Quieras o no, tarde o temprano te encontrarás con Él, y, a partir de ese momento ya no habrá marcha atrás ni ninguna posibilidad de enmendar ni arrepentirte de nada. Todo se ha consumado y gastado. Dejas de ser libre y recibirás la vida que has querido elegir y has vivido. El Evangelio de hoy domingo te lo dice muy claro. Te aconsejo que te tomes un tiempo y lo leas tranquilamente. Y no te asuste, pues Jesús te avisa y se brinda a ayudarte. No quiere que estés en la izquierda. Le gustaría que estés en la derecha.

lunes, 2 de noviembre de 2020

UN LUGAR EN EL CIELO

Jn 14, 1-6
 
No es un sueño ni tampoco una ilusión. Es una promesa hecha por quien siempre cumple lo prometido: "No estéis angustiados. Confiad en Dios, confiad también en mí. En la casa de mi Padre hay sitio para todos; si no fuera así, os lo habría dicho; voy a prepararos un sitio. Cuando me vaya y os haya preparado el sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros; ya sabéis el camino para ir adonde yo voy". Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?". Jesús le dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí." 
 
Hay algo más grande y hermoso que esta promesa que nos ha hecho el Señor, que con su Resurrección ha vencido la muerte y nos ha prometido que nosotros también resucitaremos si estamos en y con Él. ¿Te ofrece esto el mundo o a cambio de placeres y espejismos caducos te tienta y amenaza tu vida condenándola a vivir eternamente alejada de tu Padre Dios?

Nuestro destino es la Vida Eterna. A ese banquete hemos sido invitados y para eso Dios, nuestro Padre, nos ha creado. Sería una tragedia - la peor tragedia - perder esa oportunidad que tenemos en el recorrido de nuestra vida. Porque, Jesús nos lo ha dicho, volverá y será para llevarnos a esa morada que ahora prepara para nosotros. Abramos los ojos y no nos dejemos embaucar por la falsas seducciones que el mundo nos ofrece.

viernes, 16 de octubre de 2020

MIEDO A SER CONDENADO

 

La realidad, y no se puede negar, es que todos tenemos miedo a la muerte. La prueba es lo que nos cuidamos, las dietas para estar saludables y ejercicios físicos para mantenernos en forma. Si, bien es verdad, que en muchos momentos nos descuidamos y cometemos excesos. Descubrimos nuestra condición humana débil y frágil. Sin embargo, para un creyente, la muerte no tiene la última palabra y eso significa que tampoco se le debe tener miedo, a menos que nos coja alejados de Dios.

Hay un don del Espíritu Santo que nos habla del santo temor de Dios. Un temor diferente al de nuestra propia muerte, un temor reverencial. Dios es el Creador de todo lo visible e invisible y, por tanto, lo reverenciamos porque es nuestro Señor. Y siendo el dueño de todo nos puede también, si nuestra vida no está en consonancia con su Palabra y Voluntad, condenarnos a la perdición eterna. Nos lo ha dicho varias veces en su Palabra. Por tanto, debemos tener presente ese miedo a perder la Vida Eterna plena de gozo y felicidad prometida, que es lo verdaderamente importante. Pero, nunca temer que Dios nos condena, sino nuestros propios pecados, que, reconociéndolos, nuestro Padre Dios nos los perdona. 

Por tanto, nunca temer a nuestro Padre Dios, sino confiar en su Amor Misericordioso y, eso sí, estar atentos en no apartarnos de su presencia y alejarnos de Él, porque, si nos quedamos solos, el peligro amenazante del demonio, puede engañarnos y, seduciéndonos con la falsa felicidad de este mundo, alejarnos del Camino, Verdad y Vida que nos pone en contra de Dios y nos condena al infierno. Es ahí donde está realmente el único y verdadero peligro. Ayer compartía en FaceBook esa frase que Jesús dedica a los fariseos, escribas y maestros de la ley: - Lc 11,42-46 - « ¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que... 

Conviene leerlo bien y meditarlo, pero, sobre todo, pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a ir transformando nuestros corazones en esos corazones coherentes en lo fundamental, que es precisamente el amor a Dios y al prójimo, sobre todo más necesitado. Porque, viviendo en esa actitud y deseo, el Espíritu, que nos auxilia y nos acompaña, irá transformando, contando con nuestra disponibilidad, nuestro corazón.

La felicidad que buscamos en este mundo no la encontramos, valga la redundancia, en las cosas de este mundo, sino en el cumplimiento de la Voluntad de Dios. Ese es el tema, vivir en el cumplimiento de la Voluntad de Dios. La Palabra de Jesús, el Hijo de Dios, que venció a la muerte nos da garantía de que también nosotros, si escuchamos la Palabra y la cumplimos - la Buena Noticia - encontraremos esa felicidad Eterna que buscamos.