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lunes, 3 de noviembre de 2025

LA SALVACIÓN NO SE COMPRA

Lc 14, 12-14

     La comida fue suculenta y dejó satisfechos a todos los invitados. El anfitrión estaba complacido: todo había salido como quería.

    Aquel banquete representaba mucho para él, pues le abría puertas a futuros negocios, compras y nuevas relaciones económicas.
«Indudablemente, ha sido un acierto», se dijo a sí mismo.

    Octavio era un personaje bien considerado. Además, su fortuna —ya sustanciosa— crecía con cada uno de estos encuentros. Se rodeaba de grandes inversores y destacados comerciantes, y eso le abría nuevas oportunidades. Su rostro reflejaba una euforia incontenible. La vida le sonreía.

    Llegó la hora final. Todos se habían marchado y, desbordado de alegría, decidió dar un paseo. La tarde, con su plácido anochecer, invitaba a caminar y aligerar el cuerpo después de tan abundante banquete.
    Además —pensó—: «Ahora no puedo conciliar el sueño. Necesito reflexionar, y un paseo me ayudará a poner mis ideas en orden».

    Octavio estaba pletórico. Sus comidas daban buen resultado, y sus negocios marchaban bien. Todo salía según lo planeado. Sus invitados eran de postín, cuidadosamente elegidos para sacarles algún rendimiento.
    Iba tan contento que, al pasar junto a una terraza, le apeteció tomar un café. Eran las siete de la tarde. La terraza estaba animada: un buen ambiente para observar, relajarse y, tal vez, encontrar nuevas ideas.
    «¡Y hasta negocio, por qué no!», pensó.

    —Tengan mucho cuidado —decía Manuel a sus compañeros tertulianos—. No busquen relaciones con el fin de obtener resultados de ellas. Cuando hagan algo por los demás, háganlo sin interés ni recompensa.
   —Pero —replicó Roberto, uno de los tertulianos— siempre te van a ofrecer algo como agradecimiento por lo que haces.
    —Sí, posiblemente —respondió Manuel—. Por eso, lo mejor y más seguro es hacerlo por quienes no pueden pagarte. Jesús lo dice claramente en el evangelio (Lc 14, 12-14), cuando aconseja a uno de los principales fariseos que lo había invitado: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos”. Así tu invitación tendrá la recompensa eterna.

    Aquellas palabras llegaron a los oídos de Octavio. No era lo que buscaba ni deseaba oír, pero lo sorprendieron.
    Se dijo: «Yo ya he recibido mi recompensa en esta vida, pero, ¿y en la otra? ¿Qué recibiré? ¿Acaso me pagarán de nuevo mis invitados?».
    Levantó la cabeza, miró hacia el cielo y murmuró:
    «De aquí en adelante invitaré a aquellos que no me puedan pagar».

martes, 7 de noviembre de 2023

INVITADOS AL BANQUETE ETERNO

¿No te has dado cuenta de que eres libre? Quizás pienses que lo sabes, pero no adviertes que estás sometido a muchas apetencias, apegos y esclavitudes. ¿Acaso no te esclaviza y domina el tabaco, alcohol, sexo, riqueza, poder, fama…etc.? ¿Sientes deseos y eres capaz de liberarte? Esa es la cuestión, descubres que creado en y para ser libre te ves sometido y esclavizado.

Lo peor no es eso, sino que no hayas advertido que has sido invitado a Banquete de la libertad, por un mundo mejor, en paz y en plena felicidad. A ese banquete estamos invitados y rechazarlo sería perdernos precisamente ese tesoro que andamos buscando: la felicidad eterna.

¿Acaso no te has dado cuenta de que en este mundo y todo lo que ofrece no está esa plena felicidad que buscamos? ¿Tu propia experiencia no te lo deja claro o es que estás embobado y seducido ciegamente por el príncipe de este mundo? Es verdad que hay que luchar y sobreponernos a la adversidad, a nuestras propias inclinaciones y a las apetencias y egoísmo de nuestra propia naturaleza herida por el pecado. Pero es ahí donde realmente se encuentra el sentido de esta vida y donde realmente se esconde esa felicidad que buscamos. Ahora en este mundo, y luego en el otro, el Reino de Dios.

Y a ese estás invitado. Esa invitación al Banquete del que habla el Evangelio de hoy significa todo eso. Aceptar la invitación es aceptar la Palabra del Señor, abrirle nuestro corazón y seguirle.

¿Cómo? Tratando de vivir en su Palabra y frecuentando el Sacramento de la Eucaristía y Reconciliación, alimentos espirituales que nos fortalecen y nos dan la Gracia para vencer en esta lucha contra el mal y vencernos a nosotros mismos contra nuestras malas inclinaciones.

domingo, 15 de octubre de 2023

ESTÁS INVITADOS, AHORA, TÚ DECIDES

Esa es la Buena Noticia, «estamos invitados a vivir plenamente de gozo y felicidad eterna» Y esa invitación no se puede hacer más notable y manifiesta. Cada día la Iglesia la renueva y la expande por todas partes del mundo. En un mundo actual y globalizado será muy difícil no oírla o conocerla.

El Evangelio de hoy habla de esa invitación y Jesús, siguiendo su peculiar y hermoso estilo de anunciarlo, nos lo expone en una hermosa parábola: (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron…

Ahora, es tu responsabilidad leerla, meditarla y reflexionarla. Porque, solo tú podrás responder a esa invitación que te hace cada día. Y digo bien, «cada día» porque cada día se renueva y se hace Buena Noticia. Dios, tu Padre, sigue pacientemente llamándote e invitándote a ese Banquete eterno y tú tienes todo el tiempo de tu vida para responder. De ti dependerá.

Es posible, lo sabemos, que el mundo, demonio y carne están empeñados en engañarnos. Tiene mucho poder, más que cada uno de nosotros, y lo utilizar inteligentemente para confundirnos y seducirnos. Por otro lado, nuestra naturaleza, herida por el pecado, es débil y fácil de seducir. Nuestras inclinaciones naturales a la comodidad, egoísmo y satisfacciones se lo ponen muy fácil al mundo, demonio y carne. Solo hay una manera de vencer, estar injertado permanentemente en el Espíritu Santo. Ese Espíritu Santo que ha venido a nosotros, para asistirnos, fortalecernos y ayudarnos, el día de nuestro Bautismo.

De ahí la gran importancia de ser bautizados. Revestirnos de ese nuevo vestido de la Gracia nos dará permiso para asistir a ese Banquete al que somos invitados. No podemos presentarnos allí de cualquier manera. Se hace necesario ir revestidos de la Gracia que nos da la fe, la aceptación humilde y contrita de la invitación a la reconciliación y, de manera especial, la Gracia del Bautismo. No perdamos la oportunidad de aceptar esa invitación de Vida Eterna.

jueves, 14 de abril de 2022

AUTORIDAD Y SERVICIO

 
Llega el momento cumbre. Jesús ha pasado toda su Vida haciendo el bien. La Voluntad de su Padre ha sido su prioridad:  Amar misericordiosamente, sobre todo a los más necesitados y carentes de lo necesario e imprescindible para vivir dignamente. Ahora, llega ese momento para el cual ha sido enviado, dar su Vida por y para la salvación de todos los hombres. Liberarlos de la esclavitud del pecado.

Es la hora del gran Banquete Eucarístico.Jesús es el Pan bajado del cielo que se da gratuita y voluntariamente por amor para la remisión de los pecados y salvación de la humanidad. Y el gran gesto de Jesús nos deja sin palabras y nos enseña que función y para que es el poder. Los primeros, los primeros puestos son los para aquellos que están dispuesto a servir y darse en función de las necesidades y bien de los demás. De tal manera que, son los gobernantes y todos aquellos que, ocupando los primeros puestos, deben darse y ofrecerse para el servicio de los más pobres y necesitados.

El poder es servicio y Jesús lo deja muy claro. Jesús, quizás en su última actuación terrenal con sus discípulos dice: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros».

¿Se han leído esta proclama los actuales maestros, intelectuales, padres jefes y gobernantes de nuestro tiempo? El verdadero poder y autoridad es el servicio. Cuánto más alto estás, más debe ser tu actitud de servicio.

jueves, 19 de agosto de 2021

INVITADOS AL BANQUETE

 
Todos estamos llamados al Banquete de Vida Eterna. Nadie queda excluido porque todos estamos salvados por los mérito de nuestro Señor Jesús con su Pasión, Muerte y Resurrección. Así ha querido el Padre proponernos la invitación a la salvación eterna. Hoy, Jesús, nos lo explica a través de la parábola de aquel rey que celebró el banquete de boda de su hijo: (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a...
 
Estamos todos invitados, tanto los considerados buenos como malos. Será el Señor quien determine quienes no merecemos - entre parentisis, porque todo es regalo de Padre Dios -  entrar en el Banquete. Pero, antes nos ha dado la libertad de y para decidir aceptar o rechazar su invitación. No nos quiere obligados, ni presionados ni seducidos. Quiere nuestra confianza y fe en su Palabra y en su Amor. Sus obras están ahí.
 
Hoy, a pesar de la distancia en el tiempo, está sucediendo lo mismo. Muchos rechazan esa invitación que Dios le hace, bien directamente por cualquier acontecimiento, o bien a traves de la Iglesia u otra persona. Muchos consideran más importante su trabajo, sus negocios, sus ocupaciones u otras cosas que les ofrece este mundo y, por tanto, posponen esa invitación al Banquete de Vida Eterna que Dios les propone.
 
No deja de ser una paradoja las diversas respuestas erróneas que rechazan precisamente lo que andan buscando. Porque, derás de esos esfuerzos en sus trabajos, negocios u otras ocupaciones se esconde esa búsqueda desesperada de felicidad. Y es precisamente lo que nuestro Padre Dios nos está proponiendo, entrar en ese Banquete de plena felicidad y Vida Eterna. Un Banquete que nos pide un vestido especial - la Vida de la Gracia - para poder participar del mismo.

martes, 3 de noviembre de 2020

INVITADOS AL BANQUETE

 

Suele pasar que cuando no somos invitados a la fiesta, a la cual nos creemos con derecho a ser invitados,  nos molestamos y hasta nos enfadamos. Sin embargo, hay un Banquete celestial, al que todos hemos sido invitados, y lo rechazamos dándole prioridad a cosas mundanas y caducas. Y cuando digo todos son todos, incluso los pobres, lisiados, ciegos, y cojos. Es decir, una invitación sin condiciones. Todos estamos invitados a ese Banquete.

El Banquete es la más grande invitación a la que todos podemos aspirar, porque es ese lugar con el que todos soñamos y queremos y que muchos, quizás aquellos que rechazan la invitación, buscan en las cosas terrenales y en las satisfacciones del mundo. Un mundo pasajero, caduco y en el que contemplamos como todo se acaba y nada tiene valor, pues lo caduco está llamado a desaparecer y, solo lo permanente tiene sentido, belleza y gozo pleno. 

Hablamos de la Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad. Ese es el Banquete que nuestro Padre Dios nos tiene preparado y al que nos resistimos a ir. ¿En qué estamos pensando? ¿Acaso crees que todo el oro del mundo y toda la felicidad que puedas encontrar aquí abajo te hace feliz? ¿No te das cuenta que todo lo que aquí puedas encontrar tiene sus días contados? ¿Y luego, qué? ¿Para qué tanto deseas si luego no lo vas a disfrutar? 

Tengamos mucho cuidado porque el Evangelio de hoy termina con unas palabras en la que nos jugamos toda nuestra verdadera y única felicidad. Y eso es para siempre: Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena».

martes, 5 de noviembre de 2019

¿ACEPTAS TÚ LA INVITACIÓN DE JESÚS?

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Lc 14,15-24
Posiblemente no te hayas dado cuenta, o quizás nadie te lo haya dicho, o pueda ocurrir que tú mismo te hayas negado a asistir a ese banquete al que Jesús te ha invitado. Sin embargo, quieras o no, Jesús te ha dado una invitación al Banquete, a la Fiesta del Reino. No es una invitación nueva, también ocurrió en tiempos de Jesús. Fue, precisamente, su pueblo, que había sido elegido para llevar el Anuncio del Reino, quien rechazó la propuesta e invitación.

Y ocurre que buscamos escusas en muchas ocasiones para justificar nuestro rechazo, pero, también, posponemos esa invitación para otro momento, que quizás no llegue nunca, porque nuestro corazón está ocupado por otras cosas que se anteponen y ocupan el centro de nuestros corazones. En nuestra escala de valores, la invitación de Jesús ocupa un lugar secundario y la vamos aparcando en el rincón del olvido hasta olvidarlo e incluso rechazarlo.

La Eucaristía es el banquete del Reino, pues es Jesús, nuestro Señor, el Reino de Dios. En ella comemos el Cuerpo de Cristo y nos alimentamos para alcanzar la Vida Eterna que Jesús nos ha prometido: Jn 6, 51-58. Pero, nuestro corazón, sometido a la carne y a las pasiones de este mundo queda atrapado y esclavizado sin capacidad de respuesta. Y muchos así lo piensan dejando su respuesta y aceptación para otro momento más propicio y más tarde. De momento, sus objetivos es disfrutar de la vida y ya habrá tiempo más oportuno para mirar con mas atención esa invitación.

Sin embargo, la cosas no son como nosotros las vemos y las pensamos. La ocasión no llegará tan fácilmente como nos parece y pensamos. Las dificultades serán siempre las mismas, y cuanto más tarde, más difícil. El corazón estará más endurecido y más difícil de suavizarse. Quizás sean ya casi insalvables. El tiempo es oro y nuestro Padre Dios es Misericordioso, pero también justo y equitativo, y no se puede jugar con esas decisiones. Lo tomas o quizás pierdes el tren. El demonio está al acecho y juega su basa.

Como se describe al final de este Evangelio, son los más pobres, los más limitados los que responden a la invitación de Jesús, pues experimentan el sufrimiento más de cerca y la necesidad de ser aliviados. Por eso, son los preferidos de Jesús y por los que realmente ha venido a salvar.

jueves, 22 de agosto de 2019

CON LOS OJOS VENDADOS

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Mt 22,1-14
Es fácil constatar que vamos ciegos por el mundo. La realidad se nos muestra clara y nos descubre como el mundo nos somete hasta el punto de dejarnos ciegos y esclavos de sus tentaciones y seducciones. Y es que, a pesar de "erre que erre" no terminamos de darnos cuenta que el mundo nos tiende una trampa hasta el punto de esclavizarnos, someternos y vendarnos los ojos. Porque, da abrirlos todo queda a la vista, pues la felicidad que tanto buscamos no se encuentra en este mundo.

Sí, es verdad. Este mundo es una buena oportunidad y un camino a través del cual podemos encontrar el camino, valga la redundancia, para llegar al Reino de Dios. Un Reino de amor, justicia y paz. Por eso, tomar conciencia de esa oportunidad que presenta nuestra vida en este mundo, es abrir los ojos, quitarnos la venda y descubrir que quien nos invita al Banquete de la Vida Eterna es el Rey, no sólo de este mundo, sino del Universo tanto visible como invisible.

Rechazar o cerrar nuestros ojos a esa realidad es negarnos a nosotros mismos y cambiar nuestra invitación a ser felices plenamente y a la Vida Eterna por un mundo caduco y de muerte. Se hace necesario y urgente abrir los ojos a esa invitación al Banquete Eterno. Una invitación para la que tenemos que estar preparados y bien ataviados con el traje de la Gracia y abierto y disponible a la acción del Espíritu Santo en actitud de dejarme modela según la Voluntad de mi Padre Dios.

martes, 6 de noviembre de 2018

¿DÓNDE ESTÁ LA INTELIGENCIA DEL HOMBRE?



Resultado de imagen de Lc 14,15-24Todos buscamos lo mejor, y lo mejor es la felicidad plena y eterna. Claro, creemos que eso es imposible, al menos en este mundo, pero, así y todo lo buscamos incesantemente. Pero, de la misma forma somos capaces de rechazarlo cuando nos ha sido ofrecido por el Señor. Hoy nos lo explica claramente en esta parábola: 



            «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’. 

»Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena». 

Ponte en el lugar de los invitados, porque tú y yo somos esos invitados que el Señor llama e invita gratuitamente a su banquete. Un banquete eterno y pleno de felicidad. ¿Qué piensas? ¿Crees que eso es de inteligente o estamos embobado y sometidos por el diablo? ¿Cómo podemos rechazar precisamente lo que buscamos con ansiedad?

jueves, 23 de agosto de 2018

¡SOMOS INVITADOS AL REINO!

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Mt 22, 1-14

No somos unos cualquiera, somo invitados al reino de Dio. El hombre es el centro de la invitación de Dios y nos lo manifiesta en esta hermosa y trágica parábola. El problema es que muchos la desconocemos y otros, no sólo eso, sino que no hacemos caso de la invitación. Pero, Dios persiste y continua invitándonos. Dependerá de nosotros que escuchemos su invitación y acudamos a la invitación al reino.

Es una muy buena oportunidad para preguntarnos y situarnos delante de Dios. ¿Dónde estoy yo? ¿Soy de los que no escuchan la invitación y no respondo ni asisto? ¿Soy de los que pongo excusas y me justifico? ¿O soy de los que incluso me revelo y responde con violencia y muerte? ¿Dónde me encuentro en estos momentos claves de mi vida? ¿O soy de los que asisto indiferente sin tomar loen serio ni revestirme de y con la Palabra y los hechos?

A pesar de mis actitudes, Dios me sigue invitando y continua esperando pacientemente mi respuesta. Dependerá de mí, porque me ha dada esa capacidad de libertad para que sea yo quien elija mi respuesta: ¿Asisto revestido por la Vida de la Gracia, o renuncio a la invitación que Dios me hace al gozo, felicidad y plenitud eterna?

Es la gran cuestión de nuestra vida y la que realmente tiene importancia y trascendencia, pues todo lo demás se queda en el camino y desaparece. Estamos llamados al banquete de la Vida Eterna y es esa respuesta la única importante de nuestra vida y en la que nos jugamos eso que tanto buscamos, la felicidad Eterna.

domingo, 15 de octubre de 2017

INVITADOS AL BANQUETE

Mt 22,1-14
No hemos sido creados para morir. Sería absurdo pensar así. Al menos, nuestra razón lo entiende de otra forma. El sentido común nos dice que si hemos sido creados es para vivir plenamente y eternamente. Ese es el deseo que arde dentro de nuestros corazones. Y, por eso, somos invitados al Banquete, ese Banquete de la eternidad donde la abundancia del gozo y felicidad se hace eterna.

La parábola que hoy nos describe el Señor descubre la intención del Padre de invitar a su pueblo, Israel, por la Alianza hecha con su Hijo, al banquete de la salvación. Y como el pueblo la rechaza e incluso se revela matando a sus enviados, los profetas. También nos revela como el Señor les castiga.

Pero, no por eso el Señor suspende el Banquete. Sigue abierta la invitación y ahora va dirigida a todos, malos y buenos, que andan por los caminos. Los apóstoles son enviados a evangelizar y a bautizar, y a extender la Palabra de Dios por todo los caminos. Y el Banquete, la Iglesia, se llena y a ella acuden mucha gente. Pero, ¿llevan el vestido adecuado?

Esa es la pregunta y nuestra reflexión. ¿Estamos revestidos del vestido adecuado, los Sacramentos, para asistir al Banquete que el Señor nos prepara? ¿Hemos acudido al Banquete arrepentidos de nuestros pecados y con la disponibilidad de vivir en los mandatos del Señor? ¿O, simplemente, acudimos para saciarnos del hambre y sed del mundo y satisfacer nuestros apetitos y pasiones?

Dar respuesta a nuestras actitudes a la hora de acudir al Banquete que el Señor nos prepara y nos invita es la mejor opción de nuestra vida. No hay banquete mejor, porque este se trata de un Banquete de felicidad y Vida Eterna. Banquete al que estamos llamados y para el que nos hemos de preparar. 

Reflexiónemos en este sentido y dispongámonos a prepararnos y revestirnos de la Vida de la Gracia para ser bien acogidos en el Banquete de la Vida Eterna.

jueves, 18 de agosto de 2016

MIRA EN EL BUZÓN DE TU CORAZÓN, ESTÁS INVITADO

(Mt 22,1-14)


A veces pasamos por la vida sin darnos cuenta. Vivimos muy deprisa e injertos en distracciones, vicios y comodidades y satisfechos de nuestros apetitos y apetencias. Sobre todo si la vida nos va bien. Nos parecemos a ese hombre que teniendo una gran cosecha pensó en hacer unos graneros más grandes, y resuelto su problema económico, retirarse a banquetearse gozosamente.

Pero la vida nos advierte en cualquier momento, y nos descubre que en el buzón de nuestro corazón hay una invitación irresistible e irrenunciable. Se trata de la solución a todos nuestros problemas y del seguro que todos deseamos encontrar. Sin embargo, seguimos distraídos y viviendo alegremente hasta el punto de rechazar la invitación de lo que realmente buscamos por caminos equivocados.

Hoy, Jesús, el Señor, nos habla de esa realidad. Estamos invitados al Banquete y Gozo Eterno, pero hacemos oídos sordos: El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron.

Todavía resuena en nuestros oídos esa invitación, y continúa resonando. Hay muchas oportunidades a lo largo de nuestra vida que nos llegan esas invitaciones: catequesis, reflexiones, funerales, comuniones, bautizos...etc. Son oportunidades en las que oímos hablar de esa invitación, pero que ni siquiera prestamos atención. Es la pura realidad lo que sucede hoy y ahora mismo, y que nos debe servir para hacernos pensar. Es una Palabra viva que habla directamente hoy también.

Pero, ¡¡¡cuidado!!! no consiste en simplemente asistir al Banquete, es necesario llevar el vestido adecuado. Es decir, revestidos de la Vida de la Gracia.

jueves, 20 de agosto de 2015

INVITADOS A LA FIESTA

(Mt 22,1-14)


Nacemos porque Dios lo ha querido. No se nos ha pedido permiso, ni se ha contado con nosotros. Pero, al ser creados libres si se contará con cada uno de nosotros, porque hemos sido invitados y dependerá de cada uno el aceptar o no la invitación. Somos hijos de Dios, pero los únicos que podemos enseñarles los dientes y rechazar su Amor.

Una invitación supone una elección. Una elección que exige discernimiento y también unas condiciones. Cuando eres invitado no puedes asistir de cualquier manera. Hay un protocolo y unas exigencias que cumplir. Nuestra invitación exige un determinado traje de fiesta. Es la fiesta del gozo y la alegría eterna, y se hace necesario revestirnos del traje del amor.

Amar es la condición necesaria e imprescindible, tanto para aceptar la invitación como para ser admitido en la misma. Es el amor el compromiso que nos compromete, valga la redundancia, a despojarnos de todas nuestras apetencias y egoísmos, que nos alejan a los unos de los otros. Es el amor la razón que nos mueve a renunciar a nuestras prioridades materiales y caducas que nos pierden y nos enfrentan a una lucha de muerte. Y prescindir de él sería quedarnos a merced del que le interesa que rechacemos la invitación del banquete. Y revestirnos del traje de la codicia, de la soberbia, del egoísmo y del pecado.

La vida es un banquete. Un banquete que, a los invitados, le proporciona la oportunidad de alcanzar el mayor Tesoro que todos perseguimos: La Vida Eterna y plenitud de gozo. Todos nuestros esfuerzos están, aunque no los descubramos, encaminados a buscar la felicidad. Pero no una felicidad cualquiera, sino una felicidad plena y eterna que colma el gozo total de nuestra felicidad.

Y todos aunque sea reiterativo, estamos invitados, y somos responsables de aceptar o no esa invitación que se nos ha hecho desde el primer instante de nuestra creación. Descubrirla es la tarea más importante de nuestra vida, y la Fiesta más grande también. Y en eso debemos poner todos nuestros esfuerzos, tanto por nuestra parte como por pedir esa Gracia que nos dé la sabiduría de descubrirla.

Por eso, nuestras últimas palabras de esta humilde reflexión irán encaminadas a suplicar al Espíritu Santo la Luz que nos dirija y nos abra el camino y la esperanza de aceptar la invitación de esa invitación y de ir revestido con el traje apropiado. Amén.

jueves, 21 de agosto de 2014

¿CÓMO Y DÓNDE TENGO MI TRAJE DE BODA?

(Mt 22,1-14)

Debo estar preparado porque la invitación llega muchas veces de improviso y sin esperar. Y luego el tiempo apremia y quizás no tengas el suficiente para proveerte y estar preparado. Pero, también debo de estar atento a la invitación, porque de no estarlo igual paso de ella y me muestro indiferente a la misma.

Ocurre que todo depende de la importancia que le demos a la invitación, porque muchos la despreciamos y no le damos ninguna importancia. Es más, priorizamos nuestros asuntos, negocios o intereses antes que gastar tiempo en ese banquete de boda. Sé de personas que incluso, asistiendo al banquete Eucarístico, lo abandonan en el momento del banquete. Algo que no se comprende sino desde la ignorancia de conocer el fundamento y la verdad del mismo.

Sólo desde la importancia que demos al verdadero valor de la invitación pondremos todo lo de nuestra parte para estar prestos a la invitación y preparado el traje adecuado con la fiesta a la que somos invitados. No cabe duda que será una fiesta única y la más importante de nuestra vida, pues de ella se desprende el gozo y la felicidad eterna.

Abramos nuestros oídos y nuestros corazónes para acudir preparados al Banquete de boda más importante de nuestra vida, y no dejemos que nuestra preparación esté acompañada por el Verdadero Maestro que nos acompaña y nos asiste en nuestro camino, el Espíritu Santo. Amén.

martes, 5 de noviembre de 2013

ESTAMOS INVITADOS



Nadie está excluido, sin embargo muchos se excluyen por sí mismo. La parábola que Jesús nos cuenta hoy, explica muy claramente lo que ocurre en la realidad. Todos estamos invitados y llamados a gozar de la vida eterna en plenitud, pero muchos la rechazan porque, al parecer, tienen cosas más importante que atender.a

Porque según donde pongamos nuestro corazón, pondremos nuestras inquietudes y nuestras valoraciones. Así damos más importancia, por paradójico que parezca, a las cosas de este mundo: dinero, riquezas, bienes, poder, placer...etc., que a los valores espirituales y, sobre todo, a la Vida de la Gracia que Jesús nos ofrece como Camino para conseguir lo que realmente buscamos: la Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad.

Así, todos estamos llamados a participar y gozar de ese banquete al que, muchos, como nos cuenta la parábola (Lc 14, 15-24) rehusan asistir por asuntos que consideran más importante. Asuntos que, por propia experiencia, experimentamos caducos y que al final de nuestra vida no valen para nada.

Pidamos paz, sabiduría y fortaleza para encontrar luz que nos alumbre el camino que nos conduzca al banquete eterno que estamos invitado.


jueves, 22 de agosto de 2013

TÚ Y YO TAMBIÉN ESTAMOS INVITADOS

(Mt 22,1-14)

Tenemos una invitación mientras nuestro camino, aquí en la tierra, no termine. Una invitación a un banquete que será eterno, pero que no terminamos de creérnoslo o no nos convence. Porque nuestro corazón lo tenemos apegados a otras cosas que creemos más importantes, que nos resultan más satisfactorias de inmediato.

A pesar de negarnos, esa invitación sigue vigente. Incluso aunque nuestra condición cambie y perdamos nuestro turno en la lista del banquete. El Anfitrión sigue invitándonos con la esperanza de que decidamos aceptar. No tiene en cuenta nuestro rechazo ni nuestras justificaciones. La invitación es firme, incluso hasta en el caso de que nosotros mismos queramos borrarnos de esa lista.

Está dispuesto a que sus enviados sufran y hasta pierdan la vida en la misión de recorrer los caminos para conseguir invitados a su boda. No quiere suspenderla e invita ya hasta los que no figuraban en la lista. Todos están invitados sean de la condición que sean. Nadie tiene derecho. Se sólo por invitación, pero se exige una cierta actitud, una cierta compostura que nos reviste con el traje adecuado para poder entrar.