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domingo, 20 de enero de 2019

SENSIBLES A LA NECESIDAD

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Jn 2,1-12
Necesitamos pensar y reflexionar sobre como vivimos y qué hacemos de nuestra vida. La fe no puede traducirse en unas prácticas y unos actos caritativos desencarnados. La fe se hace presente cuando compromete tu vida y la pone en disponibilidad del bien de los más necesitados. Es posible que tu vida esté centrada en ti y preocupada sólo por ti. Y todos tus esfuerzos están encaminados a tu propio bienestar.

Si eso, descubres, que es así, ¿qué piensas al respecto? ¿No crees que ya pasas tu cielo en este mundo? ¿Cómo vas a reclamar un cielo después de la muerte cuando ya lo has vivido en este mundo? Posiblemente sea un mal negocio, porque en este mundo, a pesar de tus esfuerzos por alcanzar la felicidad, siempre encontrarás sufrimientos y tristeza, más lo que importa es tu actitud y tu disposición.

Amar es estar comprometido en servir a los demás. Amas a tu mujer y te entregas a servirla; amas a tu familia y estas disponibles para servirles, y en todos los aspectos de tu vida servir es la primer opción. O lo que es lo mismo, amar. Y eso se transparenta en la vida de Jesús y de María, su Madre. Invitados a una boda, en Caná, advierte, María, que aquella familia se ha quedado sin vino, y lo van a pasar mal, pues el vino es el centro de la alegría y la fiesta que anima a los invitados. Además, en aquellos tiempos no hay otra clase de bebida.

El problema es serio y el nuevo matrimonio puede quedar marcado por ese fallo. María toma la iniciativa e invita a Jesús a que haga el milagro de solucionar el problema. «No tienen vino». Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga». Y el agua, tal como narra el Evangelio, se transformó en vino. También, quizás haya mucha agua en tu vida, en tu matrimonio, en tu familia y necesites transformala en alegría, en vino del bueno, que da paz y consuelo. 

Sería bueno invitar a Jesús y a su Madre a la fiesta de tu vida. Una fiesta de felicidad a la que aspiramos todos y para la que tenemos muchas dificultades en conseguirla. Jesús lo hará y, por la intercesión de su Madre, convertirá todos tus sufrimientos en un gozo y alegría de paz y de aceptación que darán el salto a la vida eterna. Él es ese manantial de agua que fluye sin cesar y salta a la vida eterna, tal y como se lo dijo a aquella mujer samaritana.

jueves, 18 de agosto de 2016

MIRA EN EL BUZÓN DE TU CORAZÓN, ESTÁS INVITADO

(Mt 22,1-14)


A veces pasamos por la vida sin darnos cuenta. Vivimos muy deprisa e injertos en distracciones, vicios y comodidades y satisfechos de nuestros apetitos y apetencias. Sobre todo si la vida nos va bien. Nos parecemos a ese hombre que teniendo una gran cosecha pensó en hacer unos graneros más grandes, y resuelto su problema económico, retirarse a banquetearse gozosamente.

Pero la vida nos advierte en cualquier momento, y nos descubre que en el buzón de nuestro corazón hay una invitación irresistible e irrenunciable. Se trata de la solución a todos nuestros problemas y del seguro que todos deseamos encontrar. Sin embargo, seguimos distraídos y viviendo alegremente hasta el punto de rechazar la invitación de lo que realmente buscamos por caminos equivocados.

Hoy, Jesús, el Señor, nos habla de esa realidad. Estamos invitados al Banquete y Gozo Eterno, pero hacemos oídos sordos: El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron.

Todavía resuena en nuestros oídos esa invitación, y continúa resonando. Hay muchas oportunidades a lo largo de nuestra vida que nos llegan esas invitaciones: catequesis, reflexiones, funerales, comuniones, bautizos...etc. Son oportunidades en las que oímos hablar de esa invitación, pero que ni siquiera prestamos atención. Es la pura realidad lo que sucede hoy y ahora mismo, y que nos debe servir para hacernos pensar. Es una Palabra viva que habla directamente hoy también.

Pero, ¡¡¡cuidado!!! no consiste en simplemente asistir al Banquete, es necesario llevar el vestido adecuado. Es decir, revestidos de la Vida de la Gracia.

domingo, 17 de enero de 2016

ERAN AMIGOS

(Jn 2,1-12)

Se supone que aquellos esposos, al menos sus familiares, eran amigos de la familia de Jesús, José y María, y del mismo Jesús. Y hasta de sus discípulos. Alguien conocido del lugar que los invita a la boda de sus hijos. Y están ellos allí, sucede que por algún despiste se acaba el vino. María consciente del problema, invita a Jesús a intervenir: «No tienen vino». Jesús le responde: « ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga».

Se me ocurre pensar que María sabía que había llegado la hora para que su Hijo, Jesús, el Mesías enviado, entrara en la historia de la salvación con sus hechos y palabras. Se me ocurre pensar que María, inspirada por el Espíritu Santo, sabía la misión del Hijo y le da el pistoletazo de salida, usando el símil de las carreras. Y sabemos lo que ocurre después. Jesús convierte aquellas tinajas, llenas de agua, en vino. Y al parecer un vino excelente que sorprende al maestresala, elogiando este al novio y extrañándole que guardara el mejor vino para el final.

Jesús empieza a hacer señales de su Divinidad para que crean en la Palabra de Dios. Nuestro mundo necesita señales para convertirse y creer. Necesitamos ver para creer, y difícilmente creeremos lo que se nos diga si no tenemos señales que lo demuestren. Jesús, el Hijo de Dios, aprovecha las necesidades y carencias humanas para demostrar que el Hijo de Dios tiene poder sobre la naturaleza y las leyes que la dominan.

Dios, por medio de su Hijo, Jesús, se hace presente entre los hombres y se comunica con ellos. Y les enseña el verdadero camino para llegar a Él. Les habla con Palabras y Obras, que Jesús se encarga de ir haciendo en los momentos puntuales que le son pedidas o necesarias. Jesús va dando respuestas a todas las súplicas y necesidades que los hombres le plantean.

El Hijo de Hombre ha venido para salvar, para establecer la paz y hacer el bien a todos los hombres. Dónde Él se encuentra, allí se respira aroma y perfume que proclaman la paz y la fraternidad entre todos los hombres.

domingo, 12 de octubre de 2014

LA ESPERANZA DEL BANQUETE


Mt 22, 1-14

Sin lugar a duda que a todos nos gusta la fiesta. Y la fiesta se significa con un banquete, una comida por lo alto, pantagruélica, festín, diversión, gozo, alegría... La fiesta es el colofón de la alegría, de la meta conseguida, del éxito cosechado y la felicidad alcanzada. Todos con la fiesta queremos significar el culmen de nuestras aspiraciones.

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:
"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda."
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. Leer más...

Estamos invitados a un gran Banquete. Un Banquete con mayúscula que va a satisfacer todas nuestras aspiraciones de felicidad eterna. ¿No lo sabías? Mira bien en tu buzón porque esa invitación ha llegado ya. Quizás no esté en el buzón, pero seguro que está en tu corazón. 

Estamos llamados a vivir gozosamente felices y eternamente. Esa es nuestra invitación, y nos la pasa Jesús, el Hijo de Dios Vivo, a través de su Iglesia. Posiblemente no te haya enterado bien, o te haya llegado falsos rumores que te han confundido. Posiblemente tengas tu traje algo manchado y no te atreves a limpiarlo, o quizás lo hayas perdido. No importa, en la Iglesia hay medios y respuestas para limpiarlo, Penitencia,  o para hacértelo nuevo, Bautismo.

No rechaces la invitación y procúrate el traje adecuado. Es la mejor y única invitación de tu vida que puede darte lo que tú tanto buscas afanándote en otras ocupaciones. Suelta lo que tengas, ponte el traje adecuado y acude a esa invitación. Veraz la fiesta maravillosas que empezarás a vivir.