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sábado, 15 de agosto de 2026

UNA MIRADA IMPREGNADA DE CARIÑO

Lc 1, 39-56

Es posible que muchos acontecimientos pasen por delante de nosotros y no nos demos cuenta. A veces no somos capaces de mirar más allá de lo que realmente tenemos delante ni de interpretar el significado de lo que vemos.

Desde hace tiempo me di cuenta de que este pasaje evangélico de Lucas 1, 39-56 es uno de esos milagros que, quizás, no adviertes fácilmente, pero en cuanto te paras y meditas, «descubres que estás ante un verdadero milagro».

Estamos en un contexto donde moverse no es nada fácil ni rápido. No hay medios para comunicarse. Las noticias tardan mucho en saberse. Son lentas y tardías.

Imaginemos cómo María, después de ser anunciada como la elegida para ser la Madre del Mesías, se encamina humildemente para visitar a su prima Isabel.

Cuando Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor? 

Me pregunto, ¿no es esto un milagro?

Muchas veces pedimos una prueba, un milagro o algún hecho que despierte nuestra fe. Sin embargo, nuestra mirada se queda en lo puramente humano y no se abre más allá de lo evidente, descubriendo lo no dicho, lo velado y lo que realmente tenemos delante.

Pidamos ser capaces de, como María, movernos de nuestro centro para situarnos en el mundo del otro, en su encrucijada, en su realidad. Salir de nosotros mismos para encontrarnos con el otro, ser más humanos y más sensibles a las realidades ajenas.

El milagro no siempre es algo espectacular que irrumpe desde fuera; puede estar ocurriendo delante de nosotros y no percibirlo porque nuestra mirada no sabe descubrirlo.

¿Cuántos milagros de Dios estarán pasando delante de mí sin que yo sea capaz de reconocerlos?

Abramos nuestros ojos a todo lo que nos rodea que nos habla de la presencia de Dios en nuestra vida.

sábado, 21 de diciembre de 2024

LO QUE HA DICHO EL SEÑOR SE CUMPLIRÁ

Nadie pudo decirle a Isabel, salvo el Espíritu Santo, que su prima María había sido la elegida para ser la Madre del Mesías prometido, nuestro Señor Jesús. Y ese Mesías ya estaba gestándose en el seno de María.

De modo que en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Y llena de Espíritu Santo y levantando su voz exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

¿Cómo pudo Isabel descubrir que María llevaba en su seno al Hijo de Dios, al Mesías prometido? ¿No es esto un milagro? Cada vez que reflexiono sobre este pasaje evangélico me sorprendo con este acontecimiento del saludo de Isabel a María. Y no dejo de comprobar la acción del Espíritu que actúa en cada uno de nosotros desde la hora de nuestro bautismo. ¡Abrámonos a su acción!

sábado, 24 de junio de 2023

DOS VIDAS PARALELAS

Ambos, Jesús y Juan, guardan un paralelismo en sus vidas. Ambos son anunciados como acontecimientos milagrosos nacidos en el vientre de sus madres; ambos son celebrados con gran admiración y asombro por todos sus círculos y vecinos en sus respectivos nacimientos; ambos son circuncidados tal y como ordena la ley y ambos viven una vida oculta hasta el instante donde proclaman el anuncio de la Buena Noticia.

Dos mujeres infractoras que se atreven a tomar la palabra en público: María canta la grandeza del Señor e Isabel interrumpe la solicitud de los sacerdotes del templo proponiéndoles el nombre de Juan. Uno, Juan, será el precursor, aquel que preparará el camino al Dios encarnado en Naturaleza Humana. Y Jesús, Dios hecho Hombre, dará certificado de veracidad a la palabra de Juan proclamándola como la Buena Noticia de salvación.

Y esa realidad es la que ha seguido en la historia del mundo hasta nuestros días. La pregunta ahora no puede ser otra: ¿Qué piensas tú de esas dos mujeres? Una la madre de Juan, el precursor. La otra, María, la Madre del Dios encarnado, nuestro Señor Jesús. ¿Crees que son criaturas tomadas por Dios para realizar su Plan salvífico? ¿Y crees que sus hijos son los pilares de ese Plan que nuestro Padre Dios, enviando a su Hijo, nuestro Señor Jesús, Señor, Jesús, nos anuncia su Infinito Amor Misericordioso y su oferta de salvación?

Ahora es momento de salvación y está en nuestras manos admirarnos y asombrarnos como aquellas personas de su tiempo y abrir nuestros corazones a su Palabra.

martes, 31 de mayo de 2022

MARÍA, ABIERTA AL SERVICIO

Tras el anuncio del ángel, María sale hacia la casa de su prima Isabel. Le ha sido anunciada por el ángel que Isabel está ya embarazada, de seis meses. Será la madre de Juan el bautista, el precursor, que preparará el camino al Señor. Y, María, acude en servicio de su prima, mujer ya anciana, pero, por obra y gracia de Dios, en estado de buena esperanza.

Milagro tras milagro, porque, de ser una persona, de edad avanzada, imposible de dar a luz, tampoco podía saber que María, anunciada por el ángel, era la elegida para ser la Madre del Mesías anunciado y prometido. ¿Cómo, pues, Isabel saluda a María de esa forma? Hace ya tiempo que este pasaje evangélico me ha sorprendido. Se descubre claramente la intervención del Espíritu Santo. Isabel, por la acción del Espíritu,  exclama ese hermoso y sorprendente saludo a María. Ella, a todas luces, no puede saber que María ha sido elegida por Dios para ser la Madre del Hijo enviado.

Y, la respuesta de María es otra acción del Espíritu que, llena de Gracia, canta ese hermoso Magníficat que recitamos todas las tardes en la oración de víspera y que, bien reflexionado, descubrimos en él como se ha cumplido en María. Madre de Dios y de todos los pueblos de la tierra.

martes, 21 de diciembre de 2021

¿Y NOSOTROS, EXPERIMENTAMOS GOZO AL CELEBRAR EL ACONTECIMIENTO DEL NACIMIENTO DEL SEÑOR?

 

Esa es la clave y la cuestión, ¿realmente somos consciente de lo que celebramos estos días? ¿Nos damos cuenta de que celebramos y renovamos la venida del Niño Dios a nuestras vidas, y que con ella nace la esperanza y el gozo de la vida eterna en nosotros? Porque, puede suceder que la Navidad se convierta en otro tipo de fiesta donde el Misterio del nacimiento del Dios encarnado en naturaleza humana – Dios hecho hombre – pase desapercibido y casi por debajo de la mesa. Donde l principal sean los turrones, las fiestas y comilonas, los regalos, el ambiente de luces y animación festiva.

Supongo que María, aquella joven, sencilla y humilde, se apresuró – llena de gozo y alegría – a visitar a su prima Isabel. Y, de la misma forma, al ser oído su saludo por su prima, la criatura que – a pesar de ser estéril estaba ya de seis meses – saltó de gozo en su vientre. El encuentro estaba lleno de esperanza, de alegría y gozo. Pensemos, ¿es eso lo que celebramos?

Porque, lo que ocurrió – ya ahora lo conmemoramos y celebramos – es que Dios, encarnado en el vientre de María, tomó naturaleza humana y habitó entre nosotros. Es, precisamente eso, lo que tratamos de celebrar, revivir y vivir, porque, Jesús, sigue Vivo entre nosotros y, a cada momento, a cada instante y en todo momento está dispuesto – si le dejamos – a nacer entre nosotros. Y, de una manera muy particular y notoria. Dentro de tu corazón. También en el mío. Por eso me alegro e invito a todos a dejarle un hueco a Jesús en nuestro corazón para que también nazca entre nosotros.

Es entonces cuando todas las luces, los turrones, las comidas, lo festivo, cantos y villancico tienen sentido. Y, desde el fondo de nuestros corazones sale el grito irremediable de:

FELIZ NAVIDAD

domingo, 15 de agosto de 2021

LA RESPUESTA SORPRESIVA DE ISABEL

 

Desde hace un cierto tiempo, el hechos de la visitación ha alimentado mi fe al comprobar la existencia de un milagro asombroso que antes pasaba por mis ojos y mi corazón desapercibido. ¿Cómo se puede entender que María, aquella joven que había recibido la visita del ángel Gabriel, fuese anunciada que había sido elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, el Mesías prometido? ¿Y cómo María, después de recibir esa grandiosa noticia aceptó serenamente y humildemente asumir la Voluntad de Dios con obediencia, sumisión y humildad?

No se puede entender esto sino desde y por la acción del Espíritu de Dios. Pero, también he podido comprender, por la Gracia de Dios, que María puso en manos de Dios todo lo que humanamente de Él recibió. Es decir, toda su voluntad y talentos. Luego, lo demás lo hizo la Gracia de Dios. María, extraordinariamente, fue llena de la Gracia de Dios y su obediencia y humildad rendida al amor de Dios es sencillamente de una belleza incalculable, extraordinaria, sumamente hermosa. No cabe duda que por eso es la Madre de Dios.

Y cuando esa joven, llena de Gracia, llevando a Niño Dios encarnado en su vientre, llega a casa de su prima Isabel, ¿se puede entender como ésta la recibe y sabe que lleva en su vientre al su Señor? ¿De dónde saca esas sapientísimas palabras? Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Sin lugar a duda, María, la Madre de Dios, fue, por la Gracia de Dios, asunta al Cielo en cuerpo y alma. No podría ser de otra manera. La Madre de Dios tiene un lugar privilegiado junto a su Hijo.

lunes, 21 de diciembre de 2020

EL CAMINO DE MARÍA

 

No sé cómo me quedaría yo si recibiese una noticia extraordinaria que fuese capaz de cambiar mi vida. No sé cómo reaccionaría a tal acontecimiento. Sin embargo, si sé como actuó María al recibir el Anuncio del Ángel Gabriel anunciándole - valga la redundancia - que iba a ser la Madre del Hijo de Dios. Y su reacción, llena de humildad, de entrega y servicio la dispuso en el camino hacia la casa de su prima Isabel.

María, que había sido avisada por el Ángel Gabriel, que su prima Isabel, a pesar de su vejez, había concebido un hijo, y ya está de seis meses, no se queda encerrada en su propia vanidad o vanagloria al ser elegida la Madre del Señor, sino que se apresura a servir a su prima Isabel.

Este relato del Evangelio de Lucas me ha llamado la atención últimamente al ver como Isabel, que no podía saber nada del anuncio del Ángel Gabriel a María, al oír su saludo irrumpe, llena de Espíritu Santo, a vos en grito: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!». Y yo me quedo asombrado, ¿cómo podía Isabel saber lo que le había dicho el Ángel Gabriel a María? 

Indudablemente, está claro, Isabel fue iluminada por el Espíritu Santo, como también queda dicho en el relato evangélico. ¿No es esto un extraordinario milagro? Y José, tampoco sabía nada, ¿cómo pudo después saber que esto era el Plan de Dios? Y ahora,  nos toca a nosotros discernir y responder al Anuncio del Señor que nos hace la Santa Madre Iglesia. Celebramos en unos días el nacimiento del Niño Dios. ¿Estamos abiertos y dispuestos a acogerlo y a hacer la Voluntad del Padre como Él nos propone cada día?

sábado, 21 de diciembre de 2019

LA FE DE MARÍA E ISABEL

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Desde hace algunos años he descubierto, por la Gracia de Dios, el misterio que se realiza en el acontecimiento de la visitación. María acude, avisada por el ángel Gabriel de que lleva ya seis meses de embarazo , a casa de su prima Isabel para servirle durante el periodo de gestación. Y se produce algo admirable que me deja maravillado y extasiado. 

¿Cómo Isabel descubre que en el vientre de María está el Hijo de Dios cuando dice: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

¿Puedes darle una explicación racional a ese hecho histórico? ¿O lo justifica mirándolo de lado y tomándolo como una leyenda, cuento o lo que te parezca? En el rezo del santo Rosario ocupa el segundo misterio de gozo. Y es que es realmente un misterio y un milagro que Isabel pudiera saber que su prima María estaba también en cinta del Hijo del Altísimo.

A veces buscamos pruebas y hechos que nos den razones para creer y pasamos por encima de ellas sin ni siquiera mirarlas o detenernos a pensar. Como este acontecimientos hay muchos que llenan la vida de nuestro Señor. Y no digamos de sus milagros, los que sabemos por medio de los Evangelios, porque, seguro que hay más que no se han escrito, pues se harían interminables.

La fe de María es grande y por esa fe entra la salvación en el mundo. También, Isabel, su prima, cree y sabe, por la acción del Espíritu Santo, que la promesa de Dios a María se cumplirá. Y esto no lo puede saber sino también por la acción del Espíritu. Son dos ejemplos y testimonios que nos pueden servir para también ablandar nosotros nuestros corazones y confiar en la Palabra de nuestro Padre Dios.

viernes, 31 de mayo de 2019

LA ALEGRÍA DE SER MADRE

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La maternidad es siempre un acontecimiento de alegría y de celebración. Es una nueva vida que viene al mundo y que se celebra con gran alegría, sobre todo por el padre y la madre y toda la familia. Sin embargo, en los últimos tiempos todo ha ido cambiando y hoy´, no sólo no se celebra con gran alegría en algunos casos, sino que se intenta controlar la vida y hasta desecharla y negarla cuando los intereses se anteponen por encima de la misma vida.

Y fue de esa forma como Dios quiso, tomando Naturaleza humana, hacerse hombre y nacer al mundo como un niño más, sin ruido ni anuncios publicitarios que llamaran la atención. Simplemente desapercibido, en un pesebre y bajo la tutela de una joven y humilde María y un sencillo carpintero José. Una maternidad que da vida y que trae la verdadera Vida al mundo.

Y es que no hay acto más grande que el de dar la vida y entregar la tuya a cambio por la felicidad de ese nuevo ser. Porque, así se construye el mundo y se hace un mundo en paz, justo y fraterno. Así lo hizo María siguiendo la Voluntad de Dios, por el que fue elegida, y así entró la salvación en este mundo. Y así lo descubre también Isabel, prima de María, cuando es visitada por ésta. 

Su presencia despierta en ella un sobresalto del niño que lleva también en su vientre y su saludo, asistida y llena de Espíritu Santo, le lleva a exclamar: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

La respuesta de María no se hace esperar y deja entrever el por qué Dios la elije como su Madre: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

lunes, 25 de marzo de 2019

UN SÍ, SUFICIENTE, PARA PROLONGAR TU VIDA HACIA LA ETERNIDAD


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Lc 1,26-38
María se abre a la acción de Dios. Recibe su Palabra y la acepta y con esa aceptación nos da también a nosotros esa posibilidad de alargar también nuestra vida. Venimos a la vida esclavizados y sometidos por la muerte. Somos reo de muerte, pero se nos brinda una gran posibilidad, volver a la vida, a la verdadera vida. Esa Vida con mayúscula que se nos brinda con la disponibilidad que nos da el Sí decidido y obediente de María. Gracias, María, Madre de Dios y Madre nuestra.

Ella es la respuesta que nos da la Vida, que, luego nosotros tendremos que certificar quererla y recibirla con nuestra respuesta también afirmativa y obediente a la Palabra que el Señor, encarnado ya en María, nos la revela en su venida a este mundo y a través de su Palabra. Una Palabra que nos es transmitida a través del colegio apostólico por medio de la Iglesia hasta nuestros días, y que nosotros recibimos en la medida que tratamos de abrirnos y responder como la Virgen: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Ahora, ¿Estamos en esa sintonía? ¿Estamos atento a discernir cada día si realmente estamos en la misma frecuencia de la Palabra de Dios? ¿Escucho yo y escudriño la Palabra que Dios, a través de las Escrituras, tratando de esforzarme según su Voluntad? ¿Vivo con intensidad esa hermosa oración que Jesús me enseñó? ¿Le llamo Padre, le santifico, me abro a su Reino y Voluntad, confío que me sostiene y me da todo lo que necesito, perdono tal y como Él me perdona y me aparto de la tentación para que con su ayuda no caiga en ella librando del mal?

Descubrimos que necesitamos todos los días un poquito de reflexión y oración para revisando todos esos puntos no apartarnos de sus mandatos y de sus orientaciones y caminar, como María, en su Voluntad.

domingo, 23 de diciembre de 2018

EL ENCUENTRO

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Lc 1,39-45
Encontrarse no se limita a la sola presencia física. El encuentro, el verdadero encuentro, es algo más profundo e intenso. Habla de la empatía, de la sincronización y la unidad en el pensamiento de los corazones encontrados. Habla del sentir y experimentar la misma vivencia de sus vidas. María e Isabel se encuentra compartiendo en Dios la elección de ser elegidas para ser madres de dos hijos que cambiaran el mundo.

Uno, anunciando la venida del segundo y sentando las pautas y preparando el camino para que les sigan, y el otro, el Mesías, el elegido y enviado por Dios para anunciar a los hombres su plan de salvación. Ambas mujeres, una, elegida para ser la Madre del Hijo de Dios y la otra para ser la madre del mayor profeta nacido de mujer, que tiene el honor de bautizar al Mesías, prometido y enviado, en el Jordán.

¿Puede haber mayor gozo y gloria que esa? María e Isabel se encuentran y, llenas de gozo y alegría, comparten esa grandeza y ese honor de ser las mujeres, entre todas las mujeres, las elegidas para tal honor.Y una es humilde y sencilla y la otra estéril y mayor. No hay mayor signos de pobreza y sencillez para mostrar la Gloria y el Poder del Creador.

También nosotros, Señor, queremos encontrarnos contigo. Y seguro que nos habrá hecho llegar tu anuncio, y también querrás contar con cada uno de nosotros. Depende ahora nuestra respuesta y de nuestra disponibilidad. María, no sólo dijo que sí sino que se puso a tu disposición descubriéndose como tu esclava, y prueba de ello es que se puso en camino hacia la casa de su prima Isabel para servirla.

¿Decimos sí también nosotros? Pues, sólo tenemos que ponernos en camino sabiendo que Dios va con nosotros y el Espíritu Santo nos prepara, nos dirige y nos auxilia instruyéndonos y formándonos. Empecemos a caminar.

sábado, 22 de diciembre de 2018

CANTO DEL MAGNIFICAT

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Al saludo de Isabel tras la presencia de María, ésta responde con el canto del Magnificat: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

María está llena de gozo y desborda agradecimiento por la Infinita Misericordia de Dios. María está llena de Gracia y el Señor está en su presencia. Por eso, Isabel, al advertir su presencia irrumpe con esa hermosa exclamación que nos sorprende y nos llena de alegría: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

María es un ejemplo de las maravillas que hace la Misericordia de Dios y de su Gloria. Invadidos por su Gracia, nuestra vida se transforma, se abaja, se humilla, se da, se entrega, se abre a la disponibilidad y a la generosidad, se llena de gozo y alegría a pesar de la lucha y el dolor de cada día. María canta y descubre la Gloria y el Poder de Dios.

María es la elegida y ante tan alta dignidad, no hay nada mayor, María se muestra sencilla y humilde. Sabe que todo es Gracia y que sus méritos no alcanzan para tan alta dignidad. Miremos a María para, acompañados por ella mostrarnos humildes y abiertos a la Gracia y la Misericordia de Dios.

viernes, 21 de diciembre de 2018

EL MIGLAGRO DE LA VISITACIÓN

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Y digo milagro, porque, ¿cómo es posible que Isabel al advertir el saludo de María, su prima, exclama: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

¿De dónde puede Isabel saber y decir eso sino por obra del Espíritu Santo? No hay otra respuesta, porque en aquel momento no había medios para poderle llegar la noticia. Y también, ¿cómo María se dirige a casa Isabel porque sabe que esta en cinta? Sabemos, y eso confirma, la anunciación por el Ángel San Gabriel?

Y pasa desapercibido este pasaje del Evangelio donde María es elegida la Madre de Dios. Donde, María es llena de Gracia no por sus méritos sino por Gracia de Dios y donde se puede ver claramente la acción divina de la Mano de Dios. Confieso que a mí me pasó desapercibido hasta hace muy poco tiempo, y después de leerlo y oírlo muchas veces.

Sucede que muchas personas piden signos y hechos que les ayuden a ver y a encender su fe. El signo está claro, es la Cruz y la Resurrección, pero también hay muchos otros acontecimientos que nos descubren la presencia de Dios entre nosotros. Y estos de la Anunciación y Visitación nos descubren que la acción de Dios se pone de manifiesta en la elección de la Virgen y en la de su prima Isabel.

Y es que no se puede explicar de otra forma. Dios actúa y nos llena de gozo y alegría a pesar de que la misión comporta riesgo y dificultades. Mantengámonos expectante y disponibles a dejarnos transformar y conducir por la acción del Espíritu Santo, tal y como hicieron María, José e Isabel.

miércoles, 15 de agosto de 2018

UN MILAGRO ESCONDIDO EN MARÍA

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Lc 1,39-56
A menudo dejamos pasar muchas cosas que escapan a nuestra distraída mente, a nuestros despistados ojos y casi cerrados oídos. Leemos y no entendemos, tenemos ojos pero no vemos y oídos y tampoco oímos, ¿qué nos puede suceder? Posiblemente, andamos despistados y con el corazón en otro lugar sometido a las distracciones y seducciones de este mundo.

Y se nos pasa por alto muchas cosas que el Espíritu quiere llamar a nuestra distraída atención. Hoy, por ejemplo, el acontecimiento de la visitación esconde signos que nos delatan la presencia y el Poder de Dios y las maravillas que hace en sus hijos, concretamente en este pasaje evangélico donde María visita a su prima Isabel.

En principio podemos deducir que María va a visitar a su prima Isabel avisada por el ángel Gabriel, ¿y no es eso un signo del Poder de Dios? ¿Cómo podría saber María lo de la gestación de su prima Isabel? Son tiempos donde la comunicación tiene grandes obstáculos imposibles de salvar. Hay que suponer también que si el ángel le dice a María que su prima Isabel está en cinta es para que ella vea y conozca que para Dios no hay nada imposible.

Y María se pone en camino hacia la casa de Zacarías, esposo de Isabel, para visitarla, servirla y acompañarla por un tiempo. Pero, lo más sorprendente es que al oír Isabel el saludo de María queda llena de Espíritu Santo y descubre que María está llena de Gracia y ha sido elegida para ser la Madre del Señor. Ahora podemos serenamente reflexionar y preguntarnos, ¿de dónde sabe Isabel que María ha sido elegida para ser la Madre de Dios? ¿Me lo puede explicar alguien?

¡Sí, claro!, por el Espíritu Santo. ¿Y no es eso un signo claro de la presencia y Poder de Dios? La respuesta de María - el Magnificat -  no es menos sorprendente, llena de profecías que se cumplirán en su Hijo. Un episodio sencillo que suele pasar desapercibido o incluso como algo fantasioso que muchos cristianos dejamos pasar por debajo de la mesa sin darle mayor importancia.

jueves, 21 de diciembre de 2017

EL GOZO DE MARÍA

Lc 1,39-45
Todo está puesto en Manos del Señor. María camina llena de gozo y alegría. Se hace camino con la Palabra de Dios. En Él se confía y su Palabra tiene verdadero cumplimiento. El Señor nunca falla. Es Dios y para Él no hay nada imposible. No lo sé, pero me gusta imaginarmelo, entre otras cosas porque así lo experimento y lo siento yo. Y me llena de gozo y alegría pensar que María, llena de paz, de alegría y amor corría apresurada a visitar a su prima Isabel. Ambas tenían motivos más que sobrados para cantar alabanzas al Señor.

Y se produce uno de los milagros, al menos para mí, que me han llenado de gozo, de alegría y de paz. El encuentro de María y su prima Isabel. Es de sentido común que Isabel no podría saber nada de María. Las comunicaciones en ese tiempo no eran fluidas ni fáciles de establecer entre un pueblo y otro. Además, el anuncio del Ángel Gabriel no fue publicado. Había sido un anuncio en privado. Sólo a María.

Me pregunto, ¿cómo podría Isabel saber que María, su prima, llevaba en su vientre al Mesías? ¿De dónde, entonces, su respuesta al saludo de María? ¿Y el salto de Juan en el vientre de su madre Isabel? ¿Se puede entender esto fuera del poder de Dios? ¿Por qué permanecen nuestros corazones cerrados? ¿No sería una buena Navidad abrir nuestro corazón al nacimiento del Señor y permitirle nacer en él?

¿Por qué no dejarnos llenar de bienaventuranzas como María y creer en el Señor confiando que su Palabra tendrá pleno cumplimiento? Seguro que una madre quiere lo mejor para su hijo. Tengamos plena seguridad y confianza que María, Madre de Dios pero también Madre nuestra, quiere lo mejor para todos sus hijos. Y seguramente nos visita y nos saluda presentándonos a su Hijo. Seamos agradecidos y tratemos en estas navidades de corresponderle devolviéndole el saludo y haciéndole un hueco en nuestro corazón a su Hijo, el Mesías prometido que nos visita y nos llama a conversión para salvarnos y darnos la Vida Eterna.

miércoles, 31 de mayo de 2017

EN LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

(Lc 1,39-56)
Sin lugar a duda, si lo piensas detenidamente, Isabel, la prima de María, fue asistida y llena del Espíritu Santo cuando dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Porque, Isabel, no sabe nada respecto al estado de María, y menos, sobre la anunciación del Ángel Gabriel y la elección y misión que Dios presenta con el Ángel a María. Y, para más asombro, que ese que María alberga ya en su seno es el Hijo de Dios. Luego, por sentido común, Isabel fue asistida e iluminada por el Espíritu Santo para dar ese anuncio de bienvenida a María.

Y, si todavía se quiere más, observemos como Isabel exclama y experimenta ese salto que su hijo dio en su seno, afirmando también el gozo de aquella que se ha fiado del Señor. Da la sensación que Isabel presenció la anunciación del Ángel Gabriel, o que el Espíritu de Dios está actuando en Isabel e iluminándola para que sus labios expresen esa maravilla de confesión.

En muchas ocasiones he proclamado este acontecimiento de la visitación como un milagro y una prueba más de la manifestación de Dios a los hombres. Y ni que decir tiene lo que sucede después, el canto del Magnificat. Como María da rienda suelta a su confianza y fe en el Señor proclamando esa maravilla de canto, de manifestación gozosa y agradecida por todo lo que Dios hace en ella: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

martes, 20 de diciembre de 2016

ABIERTA A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU

(Lc 1,26-38)
La cuestión es estar dispuesto y abierto a la acción del Espíritu Santo. No se trata de lo que somos, podemos o tenemos. Simplemente, Dios mira la disponibilidad y humildad de nuestro corazón, porque, abiertos a su Gracia, Él tomará nuestra vida y transformará nuestro corazón.

Esos son los atributos de María: humilde, sencilla, disponible ante la Voluntad de Dios, generosa y llena de Gracia, porque el Señor la mira y derrama sobre ella su Gracia. Y Dios tiene sus planes para ella, como también los tiene para ti y para mí. Claro, Dios no nos ha creado para que sobráramos, sino que ha pensado en tu misión y también en la mía. Descubrirla nos toca algo a nosotros, porque Dios nos está tocando a través de su Espíritu en cada instante.

No se trata de desesperar, sino de esperar. María, espera pacientemente con humildad, sencillez, entrega y generosidad, y el Señor la elige. No es cuestión de hacer, sino de esperar que el Señor haga en ti. Eso sí, tú tienes que tener el campo abonado para que la semilla de Dios pueda germinar y dar frutos. Y ese abono tiene que contener las semillas de la humildad, de la sencillez, del servicio, de la entrega, del amor.

Dios toma lo pequeño, lo humilde, lo que no hace ruido, lo que no se mira y está perdido en el mundo de los hombres. Una chica joven, humilde, insignificante, sin notoriedad; un pueblo pequeño sin ninguna relevancia, ni siquiera reseñado en el mapa. Un acontecimiento sin espectáculo, pero un acontecimiento grandioso, inmenso, vital para la vida del hombre.

Prepararnos para la Navidad es contemplar estas sencillas estampas del nacimiento del Señor, el Hijo de Dios, y de las actitudes de María y José. Contemplarlas que significa imitarlas y reflexionarlas y descubrir cuáles son las mías. ¿Busco yo vivir la disponibilidad de estar abierto a descubrir lo que Dios espera de mí?

lunes, 21 de diciembre de 2015

LA FE DE MARÍA EJEMPLO A SEGUIR

(Lc 1,39-45)

Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

No se puede explicar de otra forma sino desde la presencia del Misterio de Dios. Las palabras de Isabel están llenas de la acción del Espíritu Santo. Ella no puede saber lo que María lleva en su vientre, y menos que se trata del Hijo de Dios. Su proclamación descubre también la presencia del Espíritu Santo, y de como nos asiste y nos ilumina.

He oído decir a muchos que se resisten a creer, que no ha venido nadie, después de muerto, a decírnoslo. Y sí que ha venido uno: El Señor Jesús, que ha Muerto y Resucitado. La mejor y evidente prueba de su Divinidad es la Resurrección, y también el fundamento de nuestra fe. Ha venido, pero no le han creído. Las pruebas no pueden ser como tú y yo queramos, sino como Dios lo ha hecho. Por eso necesitamos la fe, que la dejaremos de necesitar cuando estemos en la presencia de Dios.

María, sin embargo, creyó. Y creyó aún siendo complicado para ella. No estaba en una situación fácil para creer lo que el Ángel le anunciaba. No conocía varón, y, ¿qué pasaría con José de quedar embarazada? ¿Sería capaz de creerle? A pesar de todo eso, María creyó en el anuncio del Ángel y se postró ante la Palabra y mandato del Señor. He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra..